Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Viernes, 25 mayo 2018


En la disputa por la atención, la voz más fuerte no es necesariamente la más importante

En tiempos en que los medios están luchando constantemente por los clics, la atención se ha convertido en la nueva moneda de cambio. Los lectores digitales son bombardeados constantemente con titulares provocativos y contenido viral.

Sin embargo, la voz más alta no necesariamente lleva el mensaje más importante. En lugar de gritar constantemente, vale la pena hacer una apuesta por construir confianza con las audiencias, argumentaron los oradores de un panel sobre economía de la atención en el festival digital re:publica de Berlín.

En esta lucha por la atención de los lectores, los medios se enfrentan a un dilema que tiene dos principios centrales, explicó Bernhard Pörksen, profesor de ciencia de los medios en la Universidad de Tubinga. Por un lado, está el principio de popularidad; muchas publicaciones tienden a orientarse hacia lo que su público quiere leer, lo que resulta en la estrategia de “servirles lo que quieran”. El otro es el principio paternalista, que se refiere al deseo de los medios de brindarle a las personas la información que esos medios consideran importante.

“Creo que ninguno de estos dos principios puede ser independiente, y debemos trabajar por un equilibrio entre ambos”, dijo Pörsen.

Las formas en que tratamos el tema de la atención difieren mucho cuando comparamos medios tradicionales y redes sociales, dijo Barbara Hans, editora en jefe de SPIEGEL ONLINE.

"En las redes sociales, el usuario es el punto de referencia", dijo. "Sin usuarios, no habría redes sociales".

Sin embargo, esos usuarios se enfrentan al conocido problema de las burbujas de filtro, que no están destinadas a iluminarlos, sino a confirmar la visión del mundo que ya tienen. Las oficinas editoriales, por el contrario, se esfuerzan por traer material nuevo y relevante a sus lectores.

"El trabajo del periodista es confrontar a los lectores y desconcertarlos con información que no sabían que era importante para ellos; que ni siquiera sabían que existía", dijo Hans. "Si nosotros, como medios de comunicación, estamos todo el tiempo gritando a quienes nos leen, perderemos no solo nuestra credibilidad, sino también la oportunidad de escuchar y aprender de ellos".

El editor de política de BuzzFeed Alemania, Marcus Engert, puso el ejemplo de Facebook para mostrar cómo los medios están adaptando su contenido para mantenerse en la carrera por la atención online. Desde la introducción de Instant Articles al fomento del video, las plataformas sociales como Facebook determinan qué tipo de contenido será más agradable y visible para sus usuarios.

BuzzFeed es famoso por su mezcla de contenido viral, como videos de gatos y listicles, combinado con análisis político en profundidad. Esta ha sido una estrategia bastante exitosa para llamar la atención de los lectores.

“En la sección de política de BuzzFeed no copiamos recetas de entretenimiento; aprendemos de ellas”, dijo Engert.

Una pieza política de largo aliento no recibe tantos clics como un video viral de un minuto, pero eso tiene más que ver con la capacidad de atención de la audiencia y no con la naturaleza del contenido, dijo. También explicó que los artículos serios no necesitan ser difíciles de leer o carecer de imágenes.

El "griterío" de los medios no solo refiere a los titulares clickbait; también hace referencia a la velocidad de producción de las noticias. Cuando los medios están tan ocupados por la primicia que publican información que no ha sido verificada adecuadamente, contradicen los principios del buen periodismo y muestran que "no toman a sus lectores en serio, porque creen que pueden darles lo que sea", dijo Engert.

Finalmente, los panelistas coincidieron en que la receta para el éxito en la era digital es mantener su compromiso con los principios básicos del periodismo: demostrar primero, publicar después, y recurrir a varias fuentes y ser transparentes.

/ijnet.org/es

 
Los cinco libros esenciales de Tom Wolfe

La obra del escritor y periodista estadounidense Tom Wolfe (1930-2018) fue una de esas que marcan una época y abren nuevos caminos. En plena década de los 60 del siglo pasado, en medio del auge de movimientos como los hippies o los Panteras Negras, Wolfe se dio cuenta de que el periodismo no entendía o no contaba bien los cambios que estaba sufriendo la sociedad estadounidense. Así que hizo algo que parecía evidente, pero que nadie había decidido hacer: “Pegó la oreja a la realidad, escuchó lo que decía la gente y lo contó”, explica José Manuel Calvo Roy, director adjunto de EL PAÍS, que en 2005 entrevistó a Wolfe en su apartamento de Nueva York.

Guiado por ese instinto, Wolfe escribió las crónicas más relevantes de aquella época haciendo uso de algunos recursos de la novela que no se habían utilizado antes en la prensa. Y fue él mismo el que le dio nombre a esa nueva corriente: Nuevo Periodismo. A esta nueva forma de contar historias se unieron otros colegas de profesión como Norman Mailer, Rex Reed, Terry Southern, Gay Talese o Hunter S. Thompson, entre otros, y terminó por traspasar las fronteras de Estados Unidos hasta llegar a influir en plumas tan destacadas como la de Gabriel García Márquez. “Para escribir hace falta el mismo esfuerzo que para informar: el esfuerzo de tener la boca cerrada y escuchar exactamente cómo habla la gente y qué es lo que dice”, reflexionaba Wolfe sobre el estilo del que es considerado como el padre.

La Izquierda Exquisita & Mau-mauando al parachoques (1970)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: La crónica de aquella fiesta que el compositor Leonard Bernstein ofreció en Nueva York en homenaje a los Panteras Negras para intentar comprenderlos y apoyarlos, confirma en este libro “al mejor Wolfe periodista”, asegura Calvo. El autor evidencia en este marco a “la élite neoyorquina rendida a los radicales” y mira con “el sarcasmo más feroz a las clases altas de buen corazón que se identifican con las causas perdidas”, repasa el director adjunto de EL PAÍS. Al final, son los jóvenes militantes los que se ríen de la ignorancia de los otros sobre la realidad que quieren ayudar a transformar.

El Nuevo Periodismo (1973)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: Calvo cree que Wolfe lo tenía claro cuando decidió publicar este libro: quería “dinamitar la novela tradicional y los autores dinosaurios, y sustituirlos por una forma distinta de narrar”. Esto era el Nuevo Periodismo. Y para demostrarlo, recopiló en este volumen varios textos suyos y de los mejores periodistas literarios del momento, como Rex Reed, Terry Southern, Nicholas Tomalin o Barbara L. Goldsmith. Sigue siendo un manual de referencia en la mayoría de las facultades de periodismo.

La hoguera de las vanidades (1987)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: La labor de Wolfe no se limitó solamente a la no ficción. Esta fue la obra con la que dio el gran salto a la novela, en cuyas páginas retrata a la ciudad de Nueva York desde sus cloacas. “Número uno sin discusión”, destaca el director adjunto de EL PAÍS. Aquí “se atraviesa a toda velocidad la distancia que separa al cielo —el dinero y la fama— del infierno —la destrucción y el olvido—”, precisa Calvo. De esta historia surgió, detalla, la popular expresión de “master of the universe”.

Lo que hay que tener. Elegidos para la gloria (1988)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: Este gran reportaje nos introduce en las entrañas de la más grande aventura del ser humano en el siglo XX: la conquista del espacio. Pero la gran aportación narrativa del autor está en su punto de mira: “¿Quiénes eran y de dónde salían los astronautas, los protagonistas?”, detalla el director adjunto de EL PAÍS. Todos provenían del mundo de los pilotos de pruebas; eran bravos vaqueros que en las máquinas del futuro pasaron a tener condición de autómatas y conejillos de indias. Para Calvo, este es “otro clásico de Tom Wolfe”.

Todo un hombre (1998)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: Si en La hoguera de las vanidades disecciona Nueva York, en esta novela Wolfe pasa el bisturí por la ciudad de Atlanta, capital del estado de Georgia. En esta urbe, una de las más pobladas de Estados Unidos, “el conflicto racial aparece y desaparece” en la historia del país, comenta Calvo, siempre “acompañado de sexo, violencia, quiebra financiera y corrupción inmobiliaria y política”. Nuevamente relucen en esta historia la grietas de una de las metrópolis más importantes de EEUU.

elpais.com/

 
Muere Tom Wolfe, escritor y padre del nuevo periodismo

Tom Wolfe, el reportero cuyo estilo marcó no solo el periodismo sino, también, la literatura y hasta el lenguaje coloquial de Estados Unidos y del mundo, ha muerto. La estrella del llamado Nuevo Periodismo -un término con el que él tuvo una relación problemática, y que alude a la ruptura del formalismo de las noticias con la introducción de elementos literarios- falleció a los 88 años de neumonía en un hospital de Nueva York, la ciudad de la que se hizo devoto y a la que, al mismo tiempo, satirizó durante medio siglo.

En vida, Wolfe dio al mundo varios best-sellers, una inmensa lista de obras maestras del periodismo, y un ego grande incluso para los parámetros de las estrellas de la profesión.

Su legado es un periodismo de crítica cultural marcado por la subjetividad, el histrionismo y la pirotecnia que, sin embargo, nunca utilizó como excusa para inventarse o embellecer sus relatos, al contrario que otros ídolos de las redacciones de su misma generación y estilo.

El estilo de Wolfe fue innovador. Pero su ética profesional se ajustó a las normas más clásicas del oficio.

Su producción abarca cinco décadas y media. En ella hay desde súper ventas de ficción -en particular el retrato de la Nueva York de la década de los 80 que hizo en su primera novela, La hoguera de las vanidades- hasta largos reportajes, como su libro Lo que hay que tener, sobre los inicios de la exploración espacial. Muchos de sus textos han pasado a ser de lectura obligatoria en las escuelas de periodismo, por su dinamismo, su capacidad de provocación, y el impresionismo de sus descripciones. También, por el uso -y abuso- de los elementos estilísticos, de la ficcionalización, y de la presencia del narrador -en el relato. Y, desde luego, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡por la presencia en dosis masivas de signos de puntuación (¡¡¡¡vinieran al caso o no!!!!!!) Y DE MAYÚSCULAS!!!!!!!!!!!Wolfe fue el ideal platónico de cosmopolitismo y dandismo militantes y neoyorquinos, a pesar de que en sus artículos siempre abunda la crítica a las élites culturales de esa ciudad. Es solo una contradicción más en alguien que, como suele ser el caso en muchos ejemplos de dandismo cosmopolita, tuvo unos orígenes que representaban exactamente lo contrario de esos valores.

Thomas Kennerly Wolfe había nacido en la adormecida y racista ciudad de Richmond, en Virginia el 2 de marzo de 1930. Su padre, director de la revista agrícola El plantador sureño, fue una de las mayores influencias a la hora de que el joven Tom optara por las letras, algo que él tuvo muy claro desde la infancia (su madre, diseñadora de jardines, trató sin éxito que fuera artista).

Cuando, a los ocho años, Wolfe empezó a escribir su primer libro, no optó por un tema menor o infantil, sino que se lanzó, directamente, a escribir una biografía, que nunca terminó, de Napoleón. "Hay una ventaja muy grande en tener la impresión - erróneamente o no - de que se tiene una vocación desde pequeño, porque a partir de ese momento empiezas a concentrar todas tus energías hacia ese objetivo", declararía el periodista en 1991, cuando estaba en la cima de su fama y prestigio, a la revista literaria estadounidense The Paris Review. No sabemos cómo era el estilo del Wolfe a los ocho años. Pero de lo que no cabe duda es de que su tendencia a romper las normas estilísticas a cualquier precio estaba bien asentada.

Tuvo que reescribir su tesis doctoral en la Universidad de Yale para hacerla más objetiva. Y, cuando obtuvo el título, rechazó cualquier trabajo en el mundo académico para dedicarse al periodismo. Así es como acabó en The Washington Post, que en aquella época no era el gigante en que se convertiría poco después, donde "los jefes no sabían qué hacer con el talento heterodoxo de Wolfe", según narra el ex corresponsal del diario Chalmers Roberts en su libro In the Shadow of Power.

Así, tras cubrir la revolución cubana, la futura estrella se fue a Nueva York, a trabajar en el Herald Tribune en 1962 "como un animal atado con una correa", en palabras de Roberts. Y allí Wolfe tuvo la oportunidad de su vida: una huelga que le dejó sin trabajo y sin sueldo. Fue un golpe brutal. Wolfe era tan pobre que solo podía permitirse un traje que sirviera para el verano y el invierno, así que optó por uno blanco, que valía, literalmente, hiciera frío o calor, como ha explicado uno de sus discípulos, Michael Lewis, en la revista Vanity Fair. Necesitaba trabajar, y se dirigió a la revista Esquire, que se convertiría en el nido del Nuevo Periodismo, con otras plumas de la misma cohorte, como Gay Talese. Así es como Wolfe viajó a California a hacer un reportaje sobre las carreras de coches customizados. Fue un desastre.

El periodista no sabía cómo escribir la historia. Así que Byron Dobell, su jefe (¿qué ha pasado con esos jefes?), le dijo que, simplemente, le escribiera un memorando, al que darían forma en Nueva York. Wolfe le mandó a Dobell una parrafada que arrancaba con las palabras "Querido Byron", tras las que seguía una especie de monólogo interior lleno, en el más puro estilo del periodista, de palabras sin sentido ("¡varooom, varoom!", "thphhhhhh" para imitar el sonido de los motores y de los neumáticos, por ejemplo).

Al jefe de Wolfe le gustó tanto que le quitó el "querido Byron" y dejó lo demás. Acababa de nacer la estrella del Nuevo Periodismo. Wolfe siempre tuvo vocación de mito. Su traje blanco se convirtió en su signo de identidad. Una extravagancia más en un estilo extravagante.

A medida que fue avanzando en su carrera se dedicó más y más a la crítica de la cultura dominante en Estados Unidos y, en particular, de la izquierda neoyorquina. Su reportaje sobre el director de orquesta Leonard Bernstein (Radical chic) es un cuidadoso descuartizamiento de de lo que hoy llamaríamos "la izquierda caviar". Su moralismo fue creciendo, y alcanzó su cénit en La hoguera de las vanidades, publicada en 1985.

Casado con una diseñadora de portadas de Harper's, con quien tuvo un hijo y una hija -ella trabaja en The Wall Street Journal-, vio decaer su fama a partir de la los 90. La crítica le acusó de repetitivo, de ir cayendo en clichés, y de disfrazar de novelas lo que eran, en realidad, reportajes ficcionalizados, algo especialmente visible en sus dos últimas novelas, Soy Charlotte Simmons, de 2004, y Bloody Miami, de 2012.

La élite intelectual de la que formaba parte pero a la que criticaba sin piedad perdonó como una extravagancia su falta de simpatía por los críticos de Ronald Reagan, pero no le toleró que apoyara a George W. Bush. A él no pareció importarle lo más mínimo. Al fin y al cabo, había cambiado el lenguaje escrito y hablado de EEUU. Ése ha sido su legado.

http://www.elmundo.es

 
FIP condena asesinato de periodista mexicano y exige no quede en la impunidad

Un conductor de radio y televisión fue acribillado el pasado 15 de mayo al salir de su casa, en el estado de Tabasco. La Federación Internacional de Periodistas (FIP) organización que representa a 600.000 comunicadores y comunicadoras en el mundo, condena este hostil asesinato y exige a las autoridades una investigación seria que determine los responsables.

Se trata del periodista Juan Carlos Huerta, presentador de un programa de televisión y director de una emisora de radio local. Según informó la prensa local, el comunicador salió de su domicilio el martes 15, cuando un grupo de hombres armados le bloqueó el paso con una camioneta y le disparó al menos cuatro veces.

El fiscal del estado, Fernando Valenzuela Pernas, descartó que se haya tratado de un intento de robo, y asegura que los responsables acudieron al lugar especialmente a matarlo. Hasta el momento se buscan a dos sospechosos y aún no se descarta que el motivo del asesinato se vincule con la profesión de la víctima.

Según el registro de la FIP, Juan Carlos Huerta es el tercer reportero asesinado en lo que va del 2018, y se suma a las decenas de casos de violencia extrema que sufre el gremio periodístico en todo el país. El 15 de mayo del 2017, exactamente un año atrás, era asesinado en Sinaloa el periodista Javier Valdez. El comunicador era reconocido por ser autor de varios libros donde relataba el drama del narcotráfico y la situación de los periodistas que desarrollan su labor en el clima de violencia instalado por el crimen organizado en el país norteamericano. Si bien el gobierno mexicano confirmó la detención de uno de los supuestos asesinos, el 99,85% de los crímenes contra periodistas continúa impune.

El Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa (SNRP), afiliado mexicano de la FIP se pronunció: “Exhortamos a las autoridades estatales, asimismo a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) a implementar las investigaciones de forma inmediata y destinar los recursos necesarios para castigar con todo el peso de la ley a cada uno de los responsable, pues este crimen lacera no sólo a la sociedad tabasqueña, sino también la libertad de expresión de un país entero. Y resulta emblemático que justo a un año de la muerte de Javier Valdez Cárdenas, otro destacado comunicador resulte vilmente asesinado”.

Ante el alarmante escenario de violencia que sufren los y las periodistas en México, la FIP acompaña el reclamo del SNRP hacia las autoridades para frenar el ataque al gremio periodístico en su conjunto y erradicar la impunidad. La libertad de expresión no puede ejercerse si los periodistas realizan su trabajo en condiciones de temor.

 
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