Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 28 marzo 2020


ANP: Gobierno debe garantizar servicios esenciales, entre ellos derecho a la información

La Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP) consciente de la crisis sanitaria, económica y social generada por la pandemia COVID-19 que afecta a todos los sectores productivos y de servicios del país llama la atención sobre la situación que atraviesan los medios de comunicación locales y regionales.

Considerando que los servicios de comunicación son contemplados como esenciales en Emergencia Nacional vemos con preocupación que varios de ellos han dejado de circular en sus versiones impresas ante el retiro intempestivo de publicidad y la considerable reducción de su distribución. Las radios y televisiones locales también evalúan la posibilidad de recortes de programación e incluso la suspensión total del servicio informativo al ser nulos sus ingresos y con ello la posibilidad de seguir operando. Esta situación afectará seriamente el derecho a la información en las regiones al no contar con información local en plena emergencia sanitaria y asilamiento social.

En San Martín el diario Voces desde el 15 de marzo solo edita su versión digital por el recorte intempestivo de la publicidad que le impide sacar la edición impresa; lo mismo ocurre con el semanario Expresión en Chiclayo, el diario Expresión y La Prensa en Andahuaylas. En Abancay, el diario Pregón y El Chaski tampoco están imprimiendo por limitaciones presupuestarias.

En Trujillo TV Cosmos y en Chancay radio Líder, están evaluando suspender su programación informativa por falta de ingresos que los hagan sostenibles. En Chimbote, Radio Stereo 100, ha reducido coberturas. De igual manera radio Urbana, en Caraz y Canal 15, Canal 41 y la revista Mi Región de Ica. Igual situación ocurre en otras regiones en las que los medios están literalmente en cuidados intensivos ante la ausencia de publicidad. Tal el caso de Canal 45 en Chincha, radio Nuevo Norte en Sullana y radio Inkasur y radio TV Bahía, en Pisco.

Radio Estación Wari, en Ayacucho, junto a otras radioemisoras, trabajan a pérdida y siguen operando exclusivamente por el sentido de responsabilidad social en esta hora difícil para los peruanos y peruanas.

A todo este panorama regional se suman acciones tomadas en la prensa nacional. Las ediciones regionales de medios como Correo, en Chiclayo, Trujillo, Azángaro y Tumbes han dejado de circular. Esto se da en paralelo al retiro temporal del personal sin vínculo contractual (locadores de servicios).

Es oportuno considerar que en provincias los periodistas autogestionan su trabajo, no tienen seguro de salud y se autofinancian con la publicidad. Ellos hoy se encuentran en completo desamparo al haber tenido que cerrar sus espacios. Esta población vulnerable requiere atención prioritaria del Estado en esta coyuntura junto a sectores de pobreza y extrema pobreza del país.

En razón a ello, hacemos una invocación especial al gobierno central, gobiernos regionales y gobiernos locales, para considerar medidas extraordinarias que garanticen el funcionamiento de los medios locales y regionales que cumplen importante labor informativa como servicio esencial.

Lima, 21 de marzo del 2020

COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL

 
La hora de ser más humanos que nunca

La pandemia del coronavirus que se ha desatado con violencia extrema en todos los continentes, con miles de muertes que amenaza con aumentar, requiere ser afrontada con actos de solidaridad, primer deber del ser humano. No bastan las medidas materiales y políticas que están adoptando quienes tienen la delicada tarea de proteger la salud y la vida en los pueblos, en los países, en los continentes.

Cualquiera sea el color de nuestra piel, de nuestro credo, del status social y económico, estamos en la obligación de solidarizarnos con quienes mucho o poco, sufren los embates de tan terrible mal. Tengamos presente que la solidaridad es virtud de la persona humana, que siendo más inteligente que otros vivientes, debe ponerla en práctica. Esto significa sentirnos unidos con nuestros semejantes. No es el materialismo el camino primero. Más grande es la mística y la espiritualidad del consejo, de la recomendación, de la advertencia oportuna y permanente. Significa tener en cuenta que vivimos no solamente para nosotros, sino también para los otros, los humildes, los olvidados, los postergados.

Roberto Mejía Alarcón

Presidente ANP

(Foto EFE)

 
El Perú es más grande que sus problemas

El Perú, nuestra patria, nuestra nación, vive momentos graves. Esa pandemia que ha llegado desde tan lejos y que se le conoce como Coronavirus, está causando daños irreparables. El pánico y la amenaza de sembrar dolor y muerte se va extendiendo en la población, la misma que con valor y sacrificio las afronta, siguiendo, en su gran mayoría, con las disposiciones gubernamentales, como pocas veces se ha visto a lo largo de la historia. El sentido de responsabilidad de quienes tienen la delicada tarea de proteger la salud de la población es digno de todo encomio; la disciplina de quienes mantienen el orden público es plausible. En medio de ello, no escapa al buen observador, las múltiples muestras de solidaridad fraterna de muchos. La unidad se va fortaleciendo en estos tristes momentos, dejando de lado aquellas diferencias por el color de la piel, del rango económico y social, del credo sea cual fuere, entre otras perversidades que subsisten en la raza humana.

Y es que como bien dijera hace décadas Jorge Basadre, el Perú es más grande que sus problemas. El gran historiador de la república condensaba con esa frase inmortal, que esta tierra de trayectoria sin par, no se puede perder por la obra o la inacción de los peruanos, que los problemas de orden material, de reformas sociales, de organización estatal, no son diferentes a los problemas de renovación de valores, de fervor espiritual, de capacidad de entusiasmo y de mística colectiva.

Existen páginas enteras de la enorme capacidad de resistencia de los peruanos. Y de fuerza moral inquebrantable. La presencia de los voluntarios y voluntarias que dieron origen a las primeras ambulancias civiles y con ello al Comité Local de la Cruz Roja Peruana, cuando la infausta Guerra del Pacífico, es una muestra de eso. Perdimos Arica en lo material, pero jamás el orgullo de ser peruanos. Los Daniel Alcides Carrión, José Casimiro Ulloa, José Antonio Roca y Boloña, constituyen paradigmas inolvidables, como, en diferente circunstancia, hacen lo propio en estos momentos otros celosos cuidadores de la vida y salud del pueblo. Tan igual y en otra y difícil tarea, asimismo, participan de este combate contra un mal foráneo que ha invadido nuestro suelo, héroes epónimos que visten el uniforme militar y policial.  La consigna disciplinada y hasta incomprendida de hacer cumplir la emergencia nacional y la inmovilización social, va superando embrollos. En ellos está la espiritualidad y el coraje de nuevos Grau, Bolognesi, Ugarte, que nos dejaron la herencia de respeto y amor al Perú como nación.

Este temperamento fue bien descrito por la literatura de Enrique López Albújar y el personaje que bajo el nombre de Aparicio Pomares dialoga con los comuneros de Obas, en Huánuco, despertando en estos la resistencia campesina contra los invasores que, a sangre y fuego, hollaron el suelo patrio en la contienda bélica de 1879. Esa mística colectiva a la que se refiere Basadre no se ha perdido. Fue puesta a prueba en tiempos recientes, cuando el fenómeno del "Niño Costero". En el norte, de tierra cálida, la población se movilizó para llevar consuelo a quienes más sufrieron los daños del torrentes pluvial, se compartió el mismo pan, se entregaron los mismos techos, como igualmente aconteció con las familias expuestas a las heladas en las zonas altoandinas. La dignidad que significa amor por el prójimo estuvo presente en forma de auténtica solidaridad.

Lo expresado tiene como finalidad, traer al recuerdo lo que somos como peruanos, llenos de fervor, entusiasmo y mística nacional. La solidaridad real no es entre nosotros una palabra hueca. Tenemos nuestras miradas de futuro, conocemos nuestros problemas y las circunstancias individuales que nos rodean. Pero la solidaridad del buen consejo, de la recomendación necesaria, de la advertencia oportuna, de la entrega de lo que es nuestro y de necesidad del otro, forma parte de esas virtudes sociales del peruano de siempre. Caminemos por el mismo sendero del bien, aquel que transitan todos los hombres, todas las mujeres, la multitud de grupos, las comunidades de cada región, participemos haciendo cumplir la inmovilización social y la higiene de las manos como recomiendan los celadores del orden, el bienestar y la salud. Hay que superar la concepción puramente individualista. El ser humano nació para ser unido y respetuoso de sus semejantes. No neguemos la sociabilidad que tenemos como seres vivientes, pero dejemos de lado la desinformación y la conjetura. Hagamos patria en esta hora difícil. La tristeza y el dolor no podrán vencernos jamás.

Roberto Mejía Alarcón

 
Lo que fue y lo que no pudo ser

Las metamemorias de Alan García Pérez constituyen un relato interesante de las aventuras y desventuras de quien, siendo muy joven, alcanzó el honor de llevar sobre el pecho la banda presidencial y, tiempo después, a pesar de sus amargas experiencias políticas, volver a ostentar tan alta distinción y todo por la decisión democrática y voluntaria de la ciudadanía.

Entre líneas, de otro lado, la narración nos revela algunos secretos, no muy bien guardados, sobre sus preferencias para relevarlo como candidatos presidenciales, según el humor que tenía en aquellos instantes o las circunstancias que le rodeaban. Los tres están vivos y gozan de buena salud, hasta donde se sabe, tratando de obtener esa primacía. Jorge del Castillo Gálvez, Javier Velásquez Quesquén y Mauricio Mulder Bedoya, con diferente edad cronológica y experiencia política, son quienes son citados por el desaparecido líder aprista. El problema se da en estos nuevos tiempos y con fracasos repetidos en las justas electorales, si ellos estarán en capacidad, primero, de ponerse de acuerdo en medio de las grandes discordias que existen al interior del viejo partido fundado por Haya de la Torre y, de otro lado, con posibilidades reales de enfrentar   los retos a futuro, cuando los electores le han dado la espalda, al parecer de manera definitiva. Lo ocurrido en la última consulta popular no releva de mayores comentarios. El APRA no está presente, en el nuevo Congreso de la República.

García Pérez advierte en su libro esta tragedia electoral, pero no por ello deja de repetir el viejo grito “el APRA nunca muere”. Le anima el optimismo, pero se percibe también algo de desaliento y por eso señala, “seguramente somos menos que 1945, 1985 o que en 2006”.

Los recuerdos y las promesas se multiplican en esta obra postrera, con ofrecimientos, inclusive, que tienen mucho de sarcasmo, como ocurre cuando explica la razón de su suicidio y que, en uno de sus párrafos finales, deja como heredad luctuosa su cadáver a sus adversarios. No calla su desprecio hacia estos, a quienes hicieron lo posible e imposible por manchar su dignidad. Cierto o verdad, la justicia y la historia lo dirán, pero lo real es que tal cadáver nunca quedó en manos de los adversarios, pues el cuerpo yacente fue incinerado en un crematorio limeño y las cenizas entregadas a sus deudos.

El autor más allá de sus propias creencias personales, no deja de reconocer a Haya de la Torre como un inmenso líder; extrovertido, vital, orador sin par, también un ideólogo, según él “el más grande que en términos teóricos ha dado América Latina. Su contestación al capitalismo y comunismo, su reivindicación de la justicia con libertad, y su anticipada y audaz propuesta de integración continental lo ubicarán en el más alto sitial”. Pero a renglón seguido señala que “todo ello no lo habilitaba para la táctica política, en la que otros muy inferiores intelectualmente, son diestros y actúan con mayor astucia”. García Pérez interpreta a Francois Bourricaud, profesor de la Sorbona, y hace suya la consideración de que Haya no pasaba de ser un ideólogo y un conductor religioso.

Resulta complejo entender lo dicho, más aún cuando las evocaciones hablan de todo lo que hizo Haya de la Torre, por llevar a su partido al poder político, que significa ostentar la primera magistratura de la Nación. Privaciones de la libertad personal, persecuciones, exilios, intentos de asesinato y una vida llena de peligros constantes de un personaje público que supo de sufrimientos e incomprensiones, no permiten encontrar una total coincidencia, cuando el mismo García Pérez reconoce que Haya de la Torre “debió pensar que al ofrecer un cambio integral del mundo, había despertado enormes ilusiones y que los ilusionados, al confrontar lo imposible, podían concluir, como muchos lo hicieron que los había traicionado. Ellos, además, debían explicar su propia frustración, culpándolo a él en vez de asumirlo colectivamente”.

La narración no está exenta de las confesiones propias de su personalidad y hace un apunte de lo que muchos calificaron como  el ego colosal. Confiesa que ello comenzó siendo un profesional de 27 años y aunque califica todo de una leyenda sobre su vanidad intelectual, reconoce que, seguramente, al calor de las discusiones, tuvo mucho de cierto. Eso, mezclado, en los años siguientes con su poco respeto “por los grandes dueños del dinero, vendedores de productos con poca formación, y tal vez debido a mi orgullo del Perú como madre patria de Sudamerica y mi estatura, que en su mejor momento fue de 1.93 metros, difundieron la leyenda que un embajador norteamericano sintetizaría  en su Wikileaks como un “ego colosal”, quizás porque nunca tuve ante su embajada ningún temor reverencial.

En las metamemorias de Alan García hay mucho por leer y meditar, más aún cuando está tarea le corresponde a quienes son o se consideran políticos. Todo nos lleva a la conclusión que en nuestro país hay experiencias y ausencias de conocimientos, desde los primeros tiempos republicanos. Resulta difícil encontrarle el verdadero sentido a la práctica y a la vida en democracia, a la organización y al rol que deben cumplir los partidos políticos y de la misma gobernabilidad, esto último para coadyuvar al desarrollo del país y sacarlo de su condición de “tercermundista”. Pecados hay y muy graves a lo largo de la historia. Existen y están de pie los mismos males de hace más de doscientos años, entre ellos la corrupción, el uso del poder político, para obtener riquezas mal habidas, la discriminación y el olvido en lo social y en lo económico, la demagogia y la frustración de millones de personas que, como en la hora presente, se encuentran desorientadas y sin abrigo, ante epidemias como la infección del Coronavirus. Quienes han hecho política y otros que empiezan a hacerlo, al parecer no entienden que pandemias, como la señalada, no se remedian simplemente lavándose las manos. Hay que tener presente que en el Perú hay enormes colectividades humanas, en cada una de las tres regiones naturales, en donde resulta imposible contar con agua y jabón, simplemente porque la ausencia de los más elementales servicios sanitarios, como el suministro de agua potable, no existen.

Roberto Mejía Alarcón

 

 
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