Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 21 julio 2018
Informe Especial
Un foro del Washington Post examinó el futuro de la libertad de expresión

Funcionarios, comediantes, activistas e influencers examinaron la evolución del debate sobre la libertad de expresión en la era digital en las oficinas de The Washington Post.

Fue la segunda jornada del evento "Free to State" de Washington Post Live, una serie de mesas redondas sobre los derechos que protege la Primera Enmienda de los Estados Unidos en el turbulento contexto político actual, abordando cuestiones como corrección política, neutralidad de la red, discurso de odio y sátira.

"Hoy en día la libertad de expresión está en primer plano y bien visible”, dijo Martin Baron, editor ejecutivo de The Washington Post, en su discurso de apertura.

Baron se refirió a momentos de la historia estadounidense que redefinieron las leyes de la Primera Enmienda y al debate actual sobre la libertad de expresión y sus efectos sobre la salud general de la democracia. Cuestionó si prohibir discursos hirientes condona la censura y si la tecnología moderna permite la libre expresión que previeron quienes fundaron el país.

Ruth Marcus, columnista de The Washington Post, moderó el primer panel sobre problemas de la Primera Enmienda en los campus universitarios, en los tribunales y en el fútbol americano.

Marcus se refirió a distintas formas de protesta, como la que hicieron los jugadores de la NFL arrodillados durante el Himno Nacional y los grupos de odio dando charlas en campus universitarios, para alentar a los panelistas a explorar de qué modo esos ejemplos definen el umbral de la libertad de expresión.

Susan Herman, presidente de la American Civil Liberties Union (ACLU) ofreció una solución: en lugar de censurar, conversar.

"Todos temen las ideas de los demás", dijo Herman. "Creo que tenemos que aprender a hablar entre nosotros para descubrir qué valores fundamentales todavía tenemos en común".

Jesse Panuccio, fiscal general adjunto interino, dijo que el potencial que tiene la libertad de expresión para provocar violencia, como en el caso de los grupos de odio que hablan en los campus, no puede ser motivo para censurar el discurso.

“La respuesta al discurso que no te gusta es más discurso”, dijo.

Suzanne Nossel, CEO de PEN America, estuvo de acuerdo.

"Es mejor dejar que un Richard Spencer o un Milo Yiannopoulos vengan, digan lo que tengan para decir, que haya protestas, pero sin interrumpir su discurso", dijo Nossel. "No pueden iniciar una demanda. No se destacan. Y el momento pasa".

El primer panel llegó a un consenso general: la comunicación libre y abierta permite una sociedad sólida.

Otras mesas redondas se centraron en la derogación de la neutralidad de la red, en cómo influye el big data en el comportamiento electoral y en el papel de los comediantes en el panorama político actual.

En una conversación individual con Elahe Izadi, periodista de cultura pop del Washington Post, el comediante Patton Oswalt consideró su responsabilidad social en la era Trump.

"Nuestra responsabilidad es seguir hablando y seguir estando involucrados”, dijo, “y tratar de derrocar a figuras que parecen invulnerables y que creo que nos están llevando en la dirección equivocada”.

Rayna Rossitto/ /ijnet.org

 
Consejos para tiempos sombríos

Thomas Jefferson, uno de los padres de la democracia norteamericana, anotó en 1786: “La opinión pública es la base de nuestro sistema, y la tarea más importante es mantener este derecho. Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin prensa o prensa sin gobierno, no dudaría en preferir lo segundo”.

Ojalá que estas palabras —un sólido acto de fe en el sentido de la existencia de la prensa independiente, así como en la necesidad de periodistas valientes y honrados— sean nuestra guía.

Merece la pena acudir a nuestros antiguos maestros en busca de ayuda y consejo, pues son más sabios que nosotros. Son ellos quienes pueden guiarnos por el laberinto de estos tiempos sombríos.

Por eso deberíamos recordar el caso Dreyfus, cuando un periódico independiente francés, gracias a la pluma del gran escritor Émile Zola, salvó a un hombre inocente, así como el honor de todo Francia frente a una acusación falsa, formułada por el statu quo de depravados acólitos del chovinismo, el militarismo, el antisemitismo... el estatus de una élite enfundada en uniformes militares y elegantes trajes de la clase dirigente: la élite francesa.

Recuperamos hoy la memoria de Jefferson y Zola, reafirmados por la importancia de la prensa independiente en los escándalos de los Papeles del Pentágono y el Watergate. Incidimos en ello, pues tenemos la sensación de que los valores entonces amenazados y defendidos, vuelven a ser objeto de una agresión por parte de los sectores populistas, chovinistas e intolerantes de la ultraderecha, cuya fuerza no hace sino aumentar. Vuelven así los demonios de las ideologías totalitarias, con su desprecio al pluralismo, al Estado de derecho, a la igualdad de los ciudadanos, el diálogo y el compromiso. Vuelve el desprecio al Otro, a la persona de otra religión, nacionalidad o color de la piel. En nuestro mundo vemos cada vez más xenofobia y homofobia, mientras que en otros lares crece el fundamentalismo islámico, el cual suele empuñar el arma criminal del terrorismo.

La prensa independiente, cercenada en Turquía y Rusia, y liquidada en Budapest, además de en otros países de Europa central, resulta ser el último baluarte en defensa de la constitución y del orden democrático.

El populismo de la ultraderecha —como sucede también con la izquierda radical— manifiesta su desprecio por el sistema de valores cristiano y por la razón ilustrada; suplantar los argumentos con invenciones no es sino eliminar el respeto a la verdad, aparte de igualar esta con la mentira. Y es que la verdad y la mentira no son dos puntos de vista diferentes. Al igual que el negro y el blanco no son dos tipos de blanco. La mentira y las fake news no son más que veneno al servicio de la estupidez más intransigente, que considera a la libertad como su mortal enemigo.

John Milton preguntó en Areopagítica (1644): “Y aunque todos los vientos de la doctrina huvieran de desatarse para azotar la tierra (...) ¿acaso se ha visto alguna vez que la Verdad sea derrotada en una confrontación franca y leal?”. John Stuart Mill añadió que ello significa la necesidad de “una búsqueda de la verdad concienzuda y consciente”. Y precisó: “Debido a la condición imperfecta de la mente humana, el interés en la verdad exige la diversidad de opiniones”.

Es precisamente esta diversidad la que ataca el populismo de la ultraderecha —o de la izquierda radical— cuando se erige en el dueño y señor de la Verdad única y definitiva. De esta forma, consciente o inconscientemente reproduce las ideas totalitarias de los años 30, tristemente famosas, cuando los nazis y los bolcheviques proclamaron la muerte de la democracia liberal. Aquello fue entonces —al igual que hoy— un campo abonado para la dictadura de la mentira en la vida pública.

El gran escritor francés Michel de Montaigne era de la opinión de que la mentira es “la mayor ofensa que se nos puede infligir con la palabra” y añadió: “¡el vicio de mentir es algo que repugna! Hubo un autor clásico que lo describió de forma sumamente ofensiva, diciendo que ello implica “dar testimonio de que se tiene a Dios por menos que nada, al tiempo que se teme a los demás”. “Resulta increíble alabar una y otra vez la repugnancia de semejante vileza:¿qué cabría imaginar más repulsivo que ser cobarde con los demás, y osado con Dios? Al realizarse nuestro entendimiento únicamente por la palabra, aquel que la falsea traiciona la relación pública. Es la única herramienta que aúna voluntades e ideas, pues viene a ser el traductor de nuestra alma. Si llega a faltarnos [la verdad] dejamos de sostenernos, dejamos de reconocernos mutuamente. Si nos engaña, rompe nuestro trato disolviendo todos los lazos de nuestra sociedad”

Cabe resaltar, sin embargo, que los enemigos a la libertad no son hoy el filósofo del derecho alemán Schmitt ni tampoco Vladímir Lenin, sino sus caricaturas, los demagogos Marine Le Pen, Trump, Orbán o Kaczyński, y sobre todo Vladímir Putin. Su misión es la destrucción del imperio de la democracia, sembrar la confusión y el caos. Tras la organización de los troles internautas a cargo de Putin se oculta siempre el mismo denominador común: apoyar al populismo y las tendencias antidemocráticas más radicales de la Unión Europea y EE. UU. Un camino que destruye la confianza en las instituciones del Estado democrático de Derecho, vistas como un hatajo de corruptos. De esta forma, se destruye a los referentes, tildadas élites mentirosas, granujas y ladrones, además de agentes extranjeros. En Rusia se ha presentado bajo esta luz a los galardonados con el Premio Nobel Pasternak y Solzhenitsyn, Sájarov y Brodsky. En Polonia, por su parte, a Miłosz y a Szymborska, a Andrzej Wajda y Bronisław Geremek. A estas autoridades de la vida pública se les ha embarrado y tratado exactamente igual que antaño a los “apátridas cosmopolitas” o representantes del “arte degenerado”. Los motivos para indignarse y mantenerse alerta son evidentes. Las formaciones chovinistas y xenófobas acrecientan su empuje. El estancamiento puede paralizar al mundo democrático, lo que favorecerá a las fuerzas autoritarias, si no sabemos defender nuestro mundo frente a sus agresores, disfrazados con la máscara del nacionalismo y del fanatismo religioso. Por eso merece la pena recordarnos a nosotros, los periodistas, aquellas palabras pronunciadas en las postrimerías de la Segunda Guerra mundial por el extraordinario escritor y periodista polaco Ksawery Pruszyński. Pruszyński escribió:

“Siempre debemos hacer lo que hay que hacer, independientemente de que nuestra acción pueda tener efectos seguros o aunque solo podamos tener probabilidades de conseguir efectos e, incluso, aunque tengamos el temor de que no los conseguiremos, por mucho que alguien nos garantice que sí. La tarea del comentarista no es, pues, tocar un interminable sztajerek [una polca briosa] para satisfacer el gusto del público. La tarea del comentarista es explicar lo que ha entendido con su mente, independientemente de que el razonamiento en cuestión guste o no guste al poder, a la Iglesia, a las masas, a la sociedad, al pueblo, a la opinión pública. Siempre defender la convicción de que los consejos que da o las advertencias que hace son justos, aunque no gusten. La tarea del comentarista es también defender sus opiniones hasta el fin, a pesar de otros e, incluso, en contra de otros. Como dicen los anglosajones, again and again. Y el escritor tiene que defenderse solamente en el búnker de su propia conciencia ante los reproches de que no gusta, que no cumple las esperanzas depositadas en él o, lo que es aún peor, que se está quemando, que está acabado. Tiene que saber decir lo que debe cumplir, tiene que repetirlo hasta el fin, aunque todo sea cada vez peor, y, en particular, cuando todo es peor, o cuando nadie le haga caso; especialmente cuando no le hacen caso”. Ksawery Pruszyński se mantuvo además fiel a esta declaración de principios.

Un gran maestro de nuestra profesión, un hombre de un inconformismo total y absoluto y de una honradez sin par fue Georges Orwell

En 1944 escribió Orwell a sus colegas periodistas: “No vayan a creerse que durante años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Basta con que una vez te prostituyas, para que te conviertes en una puta”.

Estas recetas son de incalculable valor para nosotros, redactores y periodistas, en nuestros tiempos nada fáciles y teñidos de negro.

Adam Michnik/El País (España).

 

 
De viñetas y jíbaros

“Acabo de leer una noticia que publicó este diario hace más de un año titulada Un museo holandés vende una cabeza jibarizada de un europeo. Sé que la rectificación es imposible luego de tanto tiempo, pero para futuras notas sobre el pueblo indígena al que llaman jíbaro quisiera aclarar que es un término mal utilizado. Su nombre correcto es ‘nacionalidad indígena Shuar’ y sigue siendo un pueblo que habita en la Amazonía ecuatoriana. El ritual de reducción de cabezas, aunque ya dejó de practicarse, tiene el nombre de Tzantza”. Así de rotunda se expresa una lectora, Carla Andrea Ledezma, en la carta que me remite desde Ecuador.

Es cierto que los periodistas procuramos subsanar los errores cuanto antes, pero el tiempo transcurrido no debe ser un obstáculo para rectificar un fallo. El diario estadounidense Los Angeles Times no dudó en corregir en 2015 un obituario publicado 101 años antes, como recoge en su resumen de fes de errores curiosas de ese año el periodista del Instituto Poynter Alexios Mantzarlis.

En el caso que apunta la señora Ledezma, sin embargo, y aunque agradezco su interesante carta, no veo necesidad de rectificación. Además de ser mucho más conocido que ‘nacionalidad indígena Shuar’, el término jíbaro, adjetivo que se usa también como sustantivo, figura en el diccionario de la RAE con nueve acepciones, la primera de las cuales es: “Dicho de una persona: De un pueblo amerindio de la vertiente oriental del Ecuador”.

De mayor actualidad es el otro tema que me propongo abordar: las quejas a que han dado pie un par de viñetas. Una de ellas, firmada por El Roto, figuraba en las distintas ediciones de EL PAÍS del miércoles 13 de junio. En ella, dos hombres tocados con barretina sostienen un gran lazo amarillo, y uno de ellos explica: “Los lazos son para cazar a los que no los llevan”. La viñeta ha levantado cierta polvareda en algunos diarios de Cataluña, y ha provocado un tuit de condena por parte del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. Algunos lectores, como Miguel Oppenheimer, que firma su carta en Bruselas, me han escrito para dejar constancia de su disgusto: “No llevo ningún lazo amarillo pero la viñeta de El Roto (…) me ha parecido profundamente ofensiva”, dice.

La otra viñeta que ha provocado también una agria polémica la firma Flavita Banana, una reciente incorporación a EL PAÍS, y se publicó en el suplemento Ideas del pasado 3 de junio. En ella se mostraba a una pareja rodeada de niños y en el bocadillo se leía: “Y estos son nuestros hijos: tradición, patriarcado, pasado, iglesia, machismo y la pequeña monogamia. Por supuesto, de mayores podrán ser lo que quieran”. Algunos lectores, padres o hijas de familias numerosas, se han sentido aludidos y han interpretado que los términos, algunos claramente negativos, con los que se bautiza a los niños de la viñeta, no eran otra cosa que una alusión a la ideología que la autora identifica como propia de las familias numerosas. Es el caso de Enrique Abiega, suscriptor del diario, que escribe: “Llevo leyendo su periódico mucho tiempo. Comparto bastantes de sus ideas progresistas, y así intento educar a todos mis hijos. No sé qué tiene que ver tener más o menos hijos con machismo, monogamia, etcétera”. Otra lectora, Ana María Muñoz Sánchez, que dice haber crecido en una familia numerosa, me ha enviado un escrito para la autora de la viñeta en el que da rienda suelta a su indignación.

Las viñetas son espacios de humor que ofrecen otra lectura de la realidad y no pueden juzgarse con el criterio con que se lee un artículo de opinión. Veo, eso sí, diferencias entre ambos casos. Mientras la viñeta de Andrés Rábago El Roto es una sátira clara sobre los lazos amarillos, y como tal lo asume el autor con todas sus consecuencias —“¿Qué sería la sátira sin disconformes?”, me escribe—, en el caso del chiste de Flavita Banana, la propia autora se confiesa sorprendida por las reacciones. Su dibujo no pretende satirizar a las familias numerosas. Si recurre a una hipotética prole es para poder construir la metáfora de las muchas actitudes o instituciones que la autora espera que desaparezcan. La pareja y los niños del dibujo, por tanto, no representarían a nadie.

Lola Galán/El País (España).

 
Ideas conservadoras y fundamentalistas amenazan derechos de la mujer

GINEBRA.- Expertos en derechos humanos de la ONU pidieron “acciones inmediatas” para frenar el retroceso de los derechos de las mujeres en el mundo, que se ven amenazados por una alianza de ideologías políticas conservadoras y fundamentalismos religiosos.

“Prácticas como la poligamia, el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina, los llamados ‘asesinatos de honor’ y la criminalización de las mujeres por comportamientos sexuales y reproductivos no tienen cabida en ninguna sociedad”, según los miembros del Grupo de Trabajo de la ONU contra la discriminación de las mujeres.

En un informe dirigido al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los expertos temen que los “tan luchados logros en materia de derechos de las mujeres se vean ahora revertidos a causa del auge de los autoritarismos, las crisis económicas y la creciente desigualdad”.

El grupo de trabajo destacó los esfuerzos más recientes en materia de derechos reproductivos, “lo cual es alentador en un contexto global de retrocesos en este campo”.

El texto también puso de relieve los movimientos en marcha en varios países para eliminar la brecha salarial de género y para reforzar la penas por delitos de violación y otras formas de violencia sexual.

“Todos estos frentes son éxitos claves para la eliminación de la discriminación de las mujeres”, sostuvieron los expertos.

Lamentaron que, “a pesar de cumplirse setenta años desde que el derecho a la igualdad se consagró en la Declaración de los Derechos Humanos y casi cuarenta años de la Convención para la Eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, ningún país en el mundo ha conseguido eliminar esta forma de discriminación ni ha alcanzado la igualdad total entre géneros”.

El documento concluyó que la persistente discriminación en los ámbitos de la familia, la cultura y la salud sexual y reproductiva “tiene un impacto debilitante en la capacidad de las mujeres para reclamar la igualdad en todos los aspectos de la vida”.

Por ello, se urge a la comunidad internacional a avanzar hacia la igualdad de género y a mantenerse en guardia ante el actual clima de retroceso.

EFE/Foto: elconfidencial.com

 
Cómo los periodistas responden a la falta de protección en Latinoamérica

Con frecuencia los periodistas deben tomar riesgos al informar sobre temas escabrosos como violencia, corrupción o crímenes. Y ese riesgo está aun más latente cuando hay falta de protección por parte del propio Estado. ¿Qué hacer cuando los periodistas reciben ataques o amenazas y las instituciones que deberían defenderlos no reaccionan?

Para responder esa pregunta, el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por su sigla en inglés), Connectas, Freedom House y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de República Dominicana organizaron un panel el pasado 24 de mayo, dirigido por Luis Manuel Botello (director adjunto de ICFJ), en el que periodistas de diferentes partes de Latinoamérica profundizaron sobre la situación de sus países y los desafíos que deben enfrentar.

Repasamos a continuación la situación en cuatro países, narrada directamente por sus protagonistas.

Nicaragua

Octavio Enríquez, periodista del periódico La Prensa, comentó la crítica situación que viven sus colegas en Nicaragua, que se ha acrecentado luego del 18 de abril, cuando se publicó oficialmente la reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, que desató una ola de protestas contra el gobierno encabezado por Daniel Ortega.

Desde entonces, un periodista ha sido asesinado, 12 fueron agredidos, y existen ataques de paramilitares afines al gobierno. Según dijo, el presidente tiene un control muy fuerte de la televisión está prácticamente controlada por su familia, dado que sus hijos controlan la mayoría de los canales, lo que ha permitido que se haga una “distorsión” de la realidad.

Venezuela

La situación del periodismo independiente en Venezuela es una de las más complicadas de Latinoamérica y de forma inmejorable lo relató Laura Weffer, directora editorial y cofundadora de Efecto Cocuyo. Por ejemplo, contó  que desde que asumió el gobierno Nicolás Maduro, ya se han cerrado 40 periódicos.

A diferencia de México, Venezuela no registra tantos asesinatos de periodistas, pero para Weffer esos registros pueden estar subestimados. Según dijo, en los últimos años ha habido cinco periodistas asesinados, aunque “no se ha logrado determinar que su muerte esté directamente relacionada con su actividad periodística”. Sin embargo, resaltó que en todos los casos se trataba de periodistas que trabajaban para pequeños periódicos del interior del país que eran críticos con el gobierno.

República Dominicana

Si bien el periodismo no vive un momento tan crítico en República Dominicana como en otros países de Latinoamérica, la realidad dista mucho de ser la ideal, según describió Adalberto Grullón, gerente de noticias de Tele Antillas. Aunque allí no existe una política de “ataque frontal” contra los periodistas, sí dijo que hay muchas limitaciones, como la presión del gobierno y actores privados hacia los medios de comunicación o la autocensura.

Según Grullón, el gobierno además contrata directamente periodistas. “El gobierno tiene 1.228 periodistas que trabajan en oficinas de relaciones públicas, y los 16 medios más importantes del país, los ocho canales y diarios más importantes, entre todos tienen 1.000 periodistas”, aseguró. La autocensura es otro problema: los periodistas trabajan en condiciones muy precarias y ganan en promedio 570 dólares, lo que hace que tengan que pensar dos veces si es que quieren publicar una historia que puede perjudicar a algún anunciante del medio.

México

Seguramente México sea uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Las cifras lo confirman. Solamente en Veracruz ha habido más de 20 periodistas muertas y cuatro en los últimos años, informó Flavia Morales Carmona, de AVC Noticias. Según dijo, la mayoría de las víctimas reporteaban en condiciones precarias.

Morales Carmona también contó que ante una agresión a un periodista, lo primero que se busca hacer es desacreditar su trabajo, y además se minimiza la problemática y las agresiones que sufre.  Además, dijo que existe una gran impunidad en esos crímenes.

En Veracruz, explicó, se conjugan varios problemas: “la impunidad, el poder, el crimen organizado y las condiciones precarias de los compañeros periodistas”.

La alianza como solución

¿Cómo los periodistas pueden defenderse en estas situaciones opresivas? Weffer explicó que en Venezuela existen mecanismos de defensa en las redes y de forma online. Estos mecanismos se basan en la alianza no solo entre periodistas, sino también entre medios. “Se trata de formar un frente común, cada uno manteniendo su espacio  y su línea editorial, pero si en ese entendimiento, si afectan a uno, afectan a todos”, dijo.

Ante este tipo de situaciones, para Grullón es clave no apartarse de los valores del periodismo para no minar su credibilidad. En su país, contó, “ha habido una respuesta de medios digitales y tradicionales" frente a la presión oficial, y los periodistas “bocinas”, aquellos que responden al gobierno, están “acorralados en cuanto a su credibilidad”.

En tanto, Morales Carmona dijo que a pesar de la violencia extrema que se vive en Veracruz, esa situación les ha permitido unir fuerzas y reflexionar sobre la profesión: “Nos une solo una cosa, hacer más y mejor periodismo, y en eso ya hay un camino avanzado”.

El periodismo como herramienta

Durante el encuentro, una asistente preguntó si no consideraban que sus reclamos como periodistas podían ser vistos como una forma de activismo. Pero Enríquez respondió que "los hechos hablan por sí solos" y que, frente a acontecimientos como casos de corrupción o asesinatos, es necesario asumir una posición. “En mi condición de periodista y de ser humano, ¿voy a mirar hacia otro lado?”, se preguntó.

Para Grullón el periodismo sin responsabilidad social “sirve para poca cosa”. “El periodismo tiene una función esencial: canalizar las denuncias. Y si las cosas se demuestran con información y con datos, no podemos tener miedo a que nos acusen de activistas”.

Según Weffer, la forma de responder a esa acusación es “con más periodismo y menos opinión”. “La respuesta de los periodistas debe ser siempre desde el periodismo, con hechos, investigando, buscando e indagando hasta la raíz. Es ahí cuando un trabajo deja de hacer activismo y se convierte en una pieza periodística producto de tu trabajo, que es una pieza imparcial”.

/ijnet.org/es/Santiago Sánchez

 

 
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