Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Domingo, 20 enero 2019
Informe Especial
Papa Francisco: “Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo”

(Zenit– 19 dic. 2018). “Procuremos no mundanizar la Navidad, ni convertirla en una bonita fiesta tradicional pero centrada en nosotros y no en Jesús”, es el corazón del mensaje que ha dejado el Papa Francisco en la audiencia general, este miércoles, 19 de diciembre de 2018.

“Acoger las sorpresas” es el consejo que da el Santo Padre. “Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo y celebrar a un Dios que revoluciona nuestras lógicas humanas”.

En este sentido, Francisco exhorta a mirar a Jesús, quien da sentido a esta fiesta: “Vivir la Navidad es entender que la vida no se programa sino que se da, que no podemos vivir para nosotros mismos sino para Dios, que descendió hasta nosotros para ayudarnos”.

Dedicar tiempo al silencio

“Celebraremos la Navidad si sabemos dedicar tiempo al silencio, como hizo José” ha asegurado el Papa. Si le decimos a Dios “aquí estoy”, como María, también es fundamental en esta fiesta, según el Pontífice.

Salir de nosotros mismos “para ir al encuentro de Jesús, como los pastores” es el verdadero sentido de la celebración navideña. Por ello, celebraremos la Navidad, continúa el Papa, “si no nos dejamos cegar por el brillo de luces artificiales, de regalos y comidas, y en cambio ayudamos a alguien que pasa necesidad, porque Dios se hizo pobre en Navidad”.

Sorpresas

El Evangelio nos habla “de las sorpresas” y “cambios de vida” que trajo consigo aquella primera Navidad de la historia, cómo la llegada de Dios “cambió de manera radical los planes de María y José”, ha recordado el Santo Padre en el resumen de su catequesis en lengua española.

Y la sorpresa más grande llega en la noche de Navidad, cuando el Altísimo aparece como un niño pequeño, reconocido solo por unos sencillos pastores, ha explicado.

LA VOCACIÓN DE MARÍA. NUESTRA VOCACIÓN

— La Virgen, elegida desde la eternidad.

— Nuestra vocación. Correspondencia.

— Imitar a la Virgen en su espíritu de servicio a los demás.

I. Estamos ya muy próximos a la Navidad. Ahora va a cumplirse la profecía de Isaías: Una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y se llamará Emmanuel, que significa «Dios con nosotros»1.

El pueblo hebreo estaba familiarizado con las profecías que señalaban a la descendencia de Jacob, a través de David, como portadora de las promesas mesiánicas. Pero no podía imaginar tanto: el Mesías iba a ser el mismo Dios hecho hombre.

Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer2. Y esta mujer, elegida y predestinada desde toda la eternidad para ser la Madre del Salvador, había consagrado a Dios su virginidad, renunciando al honor de contar entre su descendencia directa al Mesías. Desde la eternidad fui yo predestinada –dice el libro de los Proverbios, prefigurando ya a Nuestra Señora–, desde los orígenes, antes que la tierra fuese3.

Son muchos los frutos que podemos obtener en estos días con el trato y amor a la Virgen. Ella misma nos dice: Como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos. Yo soy la madre del amor, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza.

Venid a mí cuantos deseáis y saciaos de mis frutos. Porque recordarme es más dulce que la miel, y poseerme, más rico que el panal de miel4.

María aparece como la Madre virginal del Mesías, que dará todo su amor a Jesús, con un corazón indiviso, como prototipo de la entrega que el Señor pedirá a muchos.

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió al Arcángel Gabriel a Nazaret, donde vivía la Virgen. La piedad popular presenta a María recogida en oración mientras escucha, atentísima, el designio de Dios sobre Ella, su vocación: Dios te salve, llena de gracia, le dice el Ángel...5 como leemos en el Evangelio de la Misa de hoy.

Y la Virgen da su pleno asentimiento a la voluntad divina: Hágase en mí según tu palabra6. Desde ese momento acepta y comienza a realizar su vocación; consiste esta vocación en ser Madre de Dios y Madre de los hombres.

El centro de la humanidad, sin saberlo, se encuentra en la pequeña ciudad de Nazaret. Allí está la mujer más amada de Dios, Aquella que es también la más amada del mundo, la más invocada de todos los tiempos. En la intimidad de nuestro corazón, ahora, en nuestra oración personal, le decimos: ¡Madre! ¡Bendita eres entre todas las mujeres!

En función de su Maternidad, fue rodeada de todas las gracias y privilegios que la hicieron digna morada del Altísimo. Dios escogió a su Madre y puso en Ella todo su Amor y su Poder. No permitió que la rozara el pecado: ni el original, ni el personal. Fue concebida Inmaculada, sin mancha alguna. Y le concedió tantas gracias «que por debajo de Dios no se pudiera concebir mayor, y que nadie, fuera de Dios, pudiera alcanzar a comprender»7. Su dignidad es casi infinita.

Todos los privilegios y todas las gracias le fueron dadas para llevar a cabo su vocación. Como en toda persona, la vocación fue el momento central de su vida: Ella nació para ser Madre de Dios, escogida por la Trinidad Beatísima desde la eternidad.

También es Madre nuestra, y en estos días se lo queremos recordar muchas veces. Con una oración antigua, que hacemos nuestra, le podemos decir nosotros: Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas buenas de mí.

II. La vocación es también en cada uno de nosotros el punto central de nuestra vida. El eje sobre el que se organiza todo lo demás. Todo o casi todo depende de conocer y cumplir aquello que Dios nos pide.

Seguir y amar la propia vocación es lo más importante y lo más alegre de la vida. Pero a pesar de que la vocación es la llave que abre las puertas de la felicidad verdadera, hay quienes no quieren conocerla, prefieren hacer su propia voluntad en vez de la Voluntad de Dios, quedarse en una ignorancia culpable en vez de buscar con toda sinceridad el camino en que serán felices, alcanzarán con seguridad el Cielo y harán felices a otros muchos.

El Señor hace llamamientos particulares: también hoy. Nos necesita. Además, a todos nos llama con una vocación santa: una invitación a seguirle en una vida nueva cuyo secreto Él posee: si alguno quiere venir en pos de mí...8. Todos hemos recibido por el Bautismo una vocación para buscar a Dios en plenitud de amor. «Porque no es la vida corriente y ordinaria, la que vivimos entre los demás conciudadanos, nuestros iguales, algo chato y sin relieve. Es, precisamente en esas circunstancias, donde el Señor quiere que se santifique la inmensa mayoría de sus hijos.

»Es necesario repetir una y otra vez que Jesús no se dirigió a un grupo de privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios. Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos, cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su profesión u oficio. La vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él, para realizar –en el lugar donde estamos– su misión divina.

»Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad»

La llamada del Señor a una mayor entrega nos urge, entre otras razones, porque la mies es mucha y los operarios pocos10. Y hay mieses que se pierden cada día porque no hay quien las recoja.

Hágase en mí según tu palabra, dice la Virgen11. Y la contemplamos radiante de alegría. Nosotros, mientras hacemos nuestra oración, nos podemos preguntar: ¿Busco a Dios en mi trabajo o en mi estudio, en mi familia, en la calle... en todo? ¿Soy audaz en el apostolado? ¿Quiere el Señor algo más de mí?

III. Ante la Voluntad de Dios, la Virgen tiene una sola respuesta: amarla. Al proclamarse la esclava del Señor, acepta sus designios sin limitación alguna. En la antigüedad, cuando está plenamente vigente la esclavitud, se valora en toda su fuerza y profundidad esta expresión de María. El esclavo, se puede decir, no tenía voluntad propia, ni otro querer fuera del de su amo. La Virgen acepta con suma alegría no tener otro querer que el de su Amo y Señor. Se entrega al Señor sin limitación alguna, sin poner condiciones.

Imitando a la Virgen, no queramos tener otra voluntad y otros planes sino los de Dios. Y esto en cosas trascendentales para nosotros (en nuestra propia vocación) y en las pequeñas cosas ordinarias de nuestro trabajo, familia, relaciones sociales.

Uno de los misterios del Adviento es el que contemplamos como segundo misterio de gozo del Santo Rosario: la Visitación. Pero vamos a fijarnos en un aspecto concreto del servicio a los demás que lleva consigo la vocación: el orden de la caridad.

Esta delicada visita de nuestra Madre a su prima Santa Isabel es también una manifestación del orden de la caridad. Amor a todos, porque todos son o pueden ser hijos de Dios, hermanos nuestros. Pero amor, en primer término, a los que están más cerca, a aquellos con quienes nos unen especiales lazos: nuestra familia. Ese orden ha de manifestarse también con obras, no solo con el afecto. Pensemos ahora en el trato con nuestra familia, en las mil oportunidades que nos brinda de ejercitar, de un modo natural, la caridad, el espíritu de servicio.

Queremos vivir estos días de Adviento con el mismo espíritu de servicio con que los vivió nuestra Madre. Apoyados en la entrega humilde de María, vamos a pedirle como buenos hijos que nos ayude para que, cuando el Señor venga, encuentre nuestro corazón dispuesto y sin reservas, dócil a sus mandatos, a sus consejos, a sus sugerencias.

«Supliquemos hoy a Santa María que nos haga contemplativos, que nos enseñe a comprender las llamadas continuas que el Señor dirige a la puerta de nuestro corazón. Roguémosle: Madre nuestra, tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia»12.

1 Primera lectura de la Misa, Is 7, 14. — 2 Gal 4, 4. — 3 Prov 8, 23-31. — 4 Eclo 24, 23-24. — 5 Lc 1, 28-33. — 6 Lc 1, 38. — 7 Pío XI, Bula Ineffabilis Deus. — 8 Mt 16, 24. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 110. — 10 Cfr. Mt 9, 37. — 11 Lc 1, 38. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., 174.

“Nuestra tendencia al egoísmo no muere”

No pongas tu “yo” en tu salud, en tu nombre, en tu carrera, en tu ocupación, en cada paso que das... ¡Qué cosa tan molesta! Parece que te has olvidado de que “tú” no tienes nada, todo es de El. Cuando a lo largo del día te sientas –quizá sin motivo– humillado; cuando pienses que tu criterio debería prevalecer; cuando percibas que en cada instante borbota tu “yo”, lo tuyo, lo tuyo, lo tuyo..., convéncete de que estás matando el tiempo, y de que estás necesitando que “maten” tu egoísmo. (Forja, 1050).

Conviene que dejemos que el Señor se meta en nuestras vidas, y que entre confiadamente, sin encontrar obstáculos ni recovecos. Los hombres tendemos a defendernos, a apegarnos a nuestro egoísmo. Siempre intentamos ser reyes, aunque sea del reino de nuestra miseria. Entended, con esta consideración, por qué tenemos necesidad de acudir a Jesús: para que El nos haga verdaderamente libres y de esa forma podamos servir a Dios y a todos los hombres. (...)

Estemos precavidos, entonces, porque nuestra tendencia al egoísmo no muere, y la tentación puede insinuarse de muchas maneras. Dios exige que, al obedecer, pongamos en ejercicio la fe, pues su voluntad no se manifiesta con bombo y platillo. A veces el Señor sugiere su querer como en voz baja, allá en el fondo de la conciencia: y es necesario escuchar atentos, para distinguir esa voz y serle fieles. (Es Cristo que pasa, 17).

http://www.ideasclaras.org

 

 
La primera palabra vale

Cuando era estudiante en una escuela fiscal de Cangallo, en las discusiones que se armaban mientras jugábamos con “daños”, que era como denominábamos a las canicas o bolitas de cristal, éramos respetuosos de “la primera palabra vale”, es decir no había lugar a equivocarse.

No habíamos leído en ese entonces a Aristóteles (ni sabíamos de su existencia), y pese al tiempo transcurrido, parece que tampoco lo ha leído el ex presidente Alan García Pérez, que hoy trata de explicar y desdecir lo que ya dijo: que tenía infiltrados en el Ministerio Público que lo mantenían informado de todas las acciones que hacían los fiscales del caso Lava jato.

“Primera palabra vale”, decíamos en esa infancia pueblerina, que en términos aristotélicos significa que uno es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio, algo que también repitió Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.

Es que la viveza le sale por los poros al es presiente García Pérez. Es su ese ego que supera todas las reacciones de su vida. Ha olvidado, y siguiendo la línea de gran filósofo griego, que el hombre sabio – y los políticos lo deberían serlo y más aún, los que ganan 100 mil dólares por conferencia – que nunca hay que decir todo lo que se piensa, pero si pensar antes de abrir la boca y soltar unas palabras para los titulares o usar el twitter escribiendo sin pensar.

Y este es un serio problema del ex presidente. Sus frases célebres, no por el mensaje constructivo, sino porque esconden las malas artes de la política, van quedar en la memoria de los peruanos, como aquella que le dijo a Jaime Bayly: “la plata llega sola”.

No está hablando se sacarse la Tinka, ni de ganar cien mil dólares en una partida de póker, como confesó una de las hijas del dictador. Está señalando que hay un dinero que se nueve en las esferas empresariales, destinado a contentar y mejorar la vida de quienes ejercen el poder. Si, a ellos, la plata les llega sola, pero, ¿a cambio de qué?, es la pregunta.

Por supuesto, el ex presidente está rodeado de personas que le rinden pleitesía y están dispuestos de sacrificarse por él. Mantilla fue uno de ellos, pero estando en la cárcel, los dirigentes apristas lo iban a visitar y le daban todas las consideraciones. Rómulo León, en un arrebato, lo señaló como responsable, pero después calló y consiguió que se investiguen a los chuponeadores y no a los chuponeados y el tráfico de influencias en Perú Petro. Salió libre.

Como siempre, los aduladores están atrás, porque así medran del poder. Son piezas descartables, que se pueden usar, remover y dejarlas cuando ya no sean útiles. El adulador se siente alagado en el maltrato y no se inmuta. Son hombres de poco valor que se sacrifican, aceptando que los llamen ratas, como lo hicieron los implicados en los petroaudios.

Por supuesto, que es el señor de los discursos que encandilan a las gentes. Pero los discursos, son palabras que se las lleva el viento y el papel soporta todo. Son las acciones las que mandan, y eso es lo que está en evaluación en la Fiscalía.

Julio/Abril

 
Un cuento de Navidad

Pocos escritores han tenido una influencia tan grande sobre los tiempos en los que les tocó vivir y han alcanzado una fama tan universal como Charles Dickens. A sus lecturas públicas acudían multitudes, mientras que sus novelas por entregas disparaban las tiradas de las publicaciones periódicas en las que aparecían. El narrador británico fue un intelectual comprometido, que denunció las injusticias de la Revolución Industrial. Recordamos los principios de sus libros —“Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos”— y seguimos utilizando a sus personajes para describir nuestra realidad. Dickens cobra además una especial importancia por estas fechas porque, tal y como se tituló una película estrenada el año pasado, fue el hombre que inventó la Navidad.

Una de las herencias que había dejado el puritanismo en la sociedad anglosajona era una celebración bastante tibia de estas fiestas. Cuento de Navidad, que Dickens escribió en el otoño de 1843, cambió las cosas. La historia del avaro Ebenezer Scrooge visitado por tres fantasmas durante la Nochebuena, que le hacen salir de la miseria moral en la que vivía, se convirtió en un best seller nada más editarse. Su biógrafo Peter Ackroyd sostiene en Dickens (Edhasa) que es exagerado afirmar que inventó la Navidad, pero reconoce que le dio un tono mucho más festivo e impulsó costumbres como el pavo o las tarjetas de felicitación. “Lo que Dickens hizo fue aderezar aquel día al gusto de sus aspiraciones, querencias y temores”, escribe.

La universalidad de su relato se basa en la idea de ofrecer a alguien la posibilidad de mirar su vida desde fuera y actuar en consecuencia, un tema que retoma Frank Capra en su clásico navideño ¡Qué bello es vivir!, que ha homenajeado Saturday Night Live en un maravilloso sketch en el que un ángel muestra a Trump cómo sería el mundo si no hubiese alcanzado la presidencia. Pero, por encima de todo, para los Scrooge y los pequeños Tim, para los creyentes y los paganos que todavía celebran las Saturnales, para los que se quedan en casa gruñendo y los que congregan multitudes en torno a una mesa, si algo demuestra la historia de Dickens y la Navidad es el poder que la imaginación humana ejerce sobre la realidad y también que la generosidad, la empatía y la solidaridad pueden cambiar la propia vida y, de paso, la de todos.

Guillermo Altares. El Pais (España).

 

 
Quince mensajes en Twitter del Papa Francisco sobre el Adviento

1.-El Adviento es un camino hacia Belén. Dejémonos atraer por la luz de Dios hecho hombre. (21-12-2013)

2.-El Señor viene. ¡Recibámoslo con el corazón abierto! (24-12-2013)

3.-El tiempo de Adviento nos infunde esperanza, una esperanza que no defrauda. El Señor nunca falla. (4-12-2014)

4.-El Adviento nos invita a iniciar un nuevo camino. Dejémonos guiar por María, nuestra Madre. (6-12-2014)

5.-A veces el pecado nos tiene esclavizados. Señor, ven y sálvanos. (23-12-2014)

6.-En el Adviento nos ponemos todos en camino, a través del tiempo, hacia Jesús, hacia su Reino de justicia y de paz. (27-11-2016)

7.-El Adviento es un tiempo para preparar nuestros corazones a acoger a Cristo Salvador, nuestra esperanza. (4-12-2016)

8.-Que el Adviento sea un tiempo de esperanza. Salgamos al encuentro del Señor que viene a visitarnos. (11-12-2016)

9.-Nuestra alegría proviene de la certeza de que el Señor está cerca con su ternura, su misericordia, su perdón y su amor. (18-12-2016)

10.-Se acerca el nacimiento de Jesús, que viene a hacerse cargo de nuestra debilidad. (22-12-2016)

11.-El Señor se hace hombre para caminar con nosotros en la vida de cada día. (23-12-2016)

12.-¡Salid al encuentro de Jesús, estad con Él en la oración, confiad toda vuestra existencia al amor misericordioso del Señor! (19-12-2017)

13.-El Adviento es tiempo de renovar la fe, para purificarla a fin de que sea más auténtica. #SantaMarta (3-12-2018)

14.-En este Adviento, hazte pequeño, hazte humilde, hazte servidor de los demás y el Señor te dará la capacidad de comprender cómo se hace la paz. #SantaMarta (4-12-2018)

15.-El Adviento es un tiempo para reconocer los vacíos que hemos de colmar en nuestra vida, para allanar las asperezas del orgullo y dejar espacio a Jesús que viene. #Adviento (9-12-2018).

http://www.ideasclaras.org

 
La desigualdad atenta contra la democracia

La desigualdad económica, que incluye tanto a los ingresos como a la concentración de la riqueza, aumenta en casi todo el mundo desde la década de los años 80. De hecho, tras ser moderada durante casi todo el siglo XX, y en especial después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y hasta los años 70, en la actualidad alcanza niveles nunca antes vistos.

No hay más prosperidad inclusiva

El Informe sobre la Desigualdad Global de 2018 concluyó que uno por ciento de las personas más ricas concentraron 27 por ciento de los ingresos entre 1980 y 2016. En cambio, la mitad más pobre solo accedió a 12 por ciento. Y en Europa, las primeras se quedaron con 18 por ciento, mientras que la otra apenas con 14 por ciento.

El estudio “Premiar el trabajo, no la riqueza”, de Oxfam, concluye que 82 por ciento de la riqueza creada en 2016 terminó en manos del uno por ciento de las personas más ricas, mientras que 3.700 millones de personas de la mitad más pobre de la humanidad no recibieron casi nada.

En 2016 se dio el mayor crecimiento de multimillonarios de la historia, con un nuevo cada dos días. La riqueza de los millonarios aumentó 762.000 millones de dólares entre marzo de 2016 y marzo de 2017. “El enorme aumento podría haber terminado la pobreza extrema en el mundo siete veces”, observó Oxfam.

El último Informe Mundial sobre Desigualdad alerta: “si la creciente desigualdad no se controla ni se atiende, puede llevar a varios tipos de catástrofes políticas, económicas y sociales”.

El estudio “Estado Global de la Democracia 2017: Explorando la resiliencia de la democracia” anticipó eso mismo: “las desigualdades socavan la resiliencia democrática. La desigualdad aumenta la polarización política, perturba la cohesión social y socava la confianza y el apoyo a la democracia”.

La creciente desigualdad diezma el progreso

Alexis de Tocqueville cree que las democracias con una severa desigualdad económica son inestables porque es difícil que las instituciones democráticas funcionen adecuadamente en sociedades profundamente divididas por ingreso y riqueza, en especial si casi no se hace nada para remediar la situación o si empeora.

También sostiene que no puede haber una equidad política real sin algún tipo de igualdad económica. Los ciudadanos más pobres no gozan del mismo acceso a la política ni tienen influencia, pues esta se concentra en manos de los más ricos.

Amartya Sen opina que la “capacidad” o la “libertad sustantiva” de los sectores más pobres de perseguir objetivos y metas está circunscripta. Los que tienen más poder no solo impiden la redistribución progresista, sino que diseñan normas y políticas en su propio beneficio.

Por su parte, Robert Putnam, señala que la desigualdad económica también impacta en aspectos civiles, como es la “confianza”, fundamentales para la legitimidad política. La creciente desigualdad exacerba el sentido de justicia sobre el status quo sostenido por y para los plutócratas.

Y para Joseph Stiglitz, la creciente desigualdad debilita la cohesión social. La menguante confianza incrementa la apatía y la acrimonia, lo que a su vez desalienta la participación civil. Así, la desigualdad económica empeora la “anomia política”, erosiona los lazos comunitarios, además de contribuir al comportamiento antisocial.

Una democracia significativa necesita de la participación de la ciudadanía en los asuntos comunes, la que suele mayor en la “clase media”. La creciente polarización económica vació a esta última, redujo la participación civil, y exacerbó el “déficit democrático”.

La exclusión y la privación exacerban el alejamiento, causando un mayor abandono de las normas sociales prevalecientes. Mientras, los más privilegiados sienten, de forma indignante, que los otros no son merecedores de “transferencias sociales”.

El populismo amenaza el multilateralismo

A De Tocqueville le preocupa que la creciente desigualdad erosione de forma gradual la “calidad” de la democracia, aun en sociedades de altos ingresos. El aumento del “populismo plutocrático” contribuyó a la última política de identidad en Estados Unidos y Europa.

Los discursos públicos y los medios culpan a “otros”, inmigrantes y personas de otras culturas, de los mayores males sociales. Así, los plutócratas logran satisfacer a “su pueblo” con privilegios y “derechos” que adoptan modos contemporáneos de “dividir y gobernar”.

Con los medios, los privilegiados suelen oscurecer el gobierno de la plutocracia, a veces incluso hasta justificando sus peores características, como legitimar la elevada remuneración de los altos ejecutivos calificándola de “solo premios”, mientras los magnates se aseguran descuentos fiscales a expensas del gasto social y de los servicios públicos para todos.

En la actual economía de “el que gana se queda con todo”, los que están en la cima presionan y se aseguran menores impuestos. Pero denuncian con indignación los déficits presupuestales como irresponsables y causantes de inflación, lo que amenaza el valor de los bienes financieros.

Estados Unidos dividido

En Estados Unidos, la parte de la renta del uno por ciento más rico está en su mayor nivel desde la Edad Dorada (1870-1890). Mientras, la mitad más pobres de los estadounidenses concentró solo tres por ciento del crecimiento desde 1980. La disparidad alcanza un grado nunca antes visto en la modernidad.

Así, en 2013, 0,01 por ciento de los ciudadanos más ricos, unas 14.000 familias, concentraban 22,2 por ciento de la riqueza de Estados Unidos, mientras que 90 por ciento, unas 133 millones de familias, apenas tenían cuatro por ciento. Uno por ciento de las familias más ricas triplicaron su parte de la renta en una generación, con 95 por ciento de los ingresos desde la crisis financiera y económica de 2008-2009 en manos de ese uno por ciento privilegiado.

Además, las reformas legislativas, entre otras, así como las designaciones de los magistrados empujaron más al sistema legal contra los sectores con menos poder e influencia.

Un nuevo estudio concluyó que más de 70 por ciento de los hogares estadounidenses de bajos ingresos mantuvieron disputas legales civiles el año anterior, en casos de desalojo y laborales, más de 80 por ciento de los cuales sin representación legal.

La falta de atención a las personas que están abajo de la pirámide empeora su sensación de abandono y de exclusión.

Muchos estadounidenses, en especial en las regiones desfavorecidas, se sienten desilusionados y excluidos, pero también más susceptibles a políticos xenófobos que prometen protegerlos del “otro”, ya sean importaciones o inmigrantes.

www.ipsnoticias.net/Anis Chowdhury y Jomo Kwame Sundaram

 
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