Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Domingo, 20 enero 2019
Informe Especial
Trincheras digitales

Si en este momento en tu muro de Twitter todos se muestran indignados, o si has recibido insultos por expresar lo que piensas, no estás solo. A medida que las audiencias han ido adquiriendo estos patrones, las redes se polarizan cada vez más, y dejamos que nos utilicen demagogos y falsos jueces que reaccionan, indignados, ante otras opiniones, amplificando sus insultos en lugar de exponer sus motivaciones y los argumentos críticos.

Algunos psicólogos sociales como el estadounidense Peter T. Coleman llaman a este fenómeno social un "conflicto intratable”, porque es un estado que podría describirse como una permanente disputa: “En este estado hipervigilante, sentimos una necesidad involuntaria de defender nuestro lado y atacar el otro. Esa ansiedad nos hace inmunes a nueva información”.

Bertrand Russell escribió en 1951 en el New York Times que la mejor respuesta ante este “fanatismo” es una “búsqueda tranquila de la verdad”. Russell defiende la esencia de la perspectiva liberal en la esfera intelectual, que “es la creencia de que la discusión imparcial es una cosa útil y que los hombres deberían ser libres de cuestionar cualquier cosa que puedan apoyar mediante buenos argumentos”. Favorecer el debate basado en argumentos e ideas, porque este tipo de debate enriquece al invitar a la reflexión, y deja a un lado el atrincheramiento y el fanatismo. Crea un decálogo, que deberían leer muchos políticos, periodistas y analistas, en el que recomienda: “Encuentre más placer en la disidencia inteligente que en el acuerdo pasivo, ya que, si valora la inteligencia como debiera, la primera implica un acuerdo más profundo que la última”.

El problema no es que las personas estemos en desacuerdo, sino que hemos dejado de lado el civismo y el análisis, y en este clima “cada vez hay más espacio para la demagogia, la xenofobia, la política del miedo y el nacionalismo”, como advierte Riemen en Para combatir esta era, un libro que analiza la anatomía del fascismo, y explica cómo pervive en nuestras sociedades modernas gracias a la politización de la mentalidad y al fanatismo ideológico.

Debemos tener presente que un lenguaje simplista, apasionado, agresivo, que invita a posicionarse pasivamente en lugar de pensar, y basado en la repetición, es lo más cercano a la propaganda, y deja a un lado la capacidad de crítica y el debate ciudadano que caracteriza a una sociedad abierta y democrática. “Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”, estos eran los consejos de Joseph Goebbels.

En este punto, cabe preguntarse cuál es la responsabilidad del ciudadano democrático. En Contra la democracia, el filósofo Jason Brennan define el prototipo más común de votante de nuestras democracias modernas, el “hooligan”. Los hooligans son, dice el autor, aquellos hinchas fanáticos de la política que tienen una visión del mundo sólida y muy establecida, y que tienden a buscar información que confirme sus opiniones políticas preexistentes. Sus opiniones políticas forman parte de su identidad y están orgullosos de ser miembros de su partido político. Brennan cree que la democracia solo podría funcionar si el modelo de votante informado fuera del prototipo “vulcaniano”, un ciudadano que piensa en la política de una forma desapasionada, más científica y racional, cuyas opiniones están fundamentadas y argumentadas, y que está bien informado.

Brennan concluye que estamos inmersos en un clima de polarización, de posicionamiento ideológico y posturas firmes, en parte por la simplicidad y subjetividad del arquetipo de votante hooligan. Esta referencia a la subjetividad del arquetipo de votante común es una constante en The Righteous Mind, del psicólogo social Jonathan Haidt, que explica cómo funciona nuestro cerebro en el ámbito de la política. Haidt sostiene que los juicios sociales y políticos son particularmente intuitivos, las personas reaccionamos intuitivamente, y lo hacemos de forma automática. Este mecanismo viene a funcionar así: 1) nuestros cerebros evalúan constantemente en términos de amenaza/beneficio y 2) ajustan su comportamiento para obtener un mayor “beneficio”. El autor cita asimismo el concepto de “sesgo de confirmación” de Peter Wason, que explica nuestra tendencia a interpretar los hechos de forma que confirmen nuestras creencias previas, y no al contrario. En resumen, de forma automática seleccionamos aquello que nos “beneficia” en términos de autoafirmación de nuestras creencias y valores.

El problema es que este comportamiento no enriquece el debate público, sino que perpetúa e intensifica el posicionamiento pasivo y la tendencia de atacar al contrario por el mero hecho de “oponerse a mi opinión, a mis valores”. Hay en este comportamiento un elemento identitario; el individuo se ha identificado con ciertas ideas, creencias y valores en los que se reafirma constantemente… y las asocia (erróneamente) con su identidad personal, tomando las críticas por un ataque a su persona. Este es un elemento fundamental de las políticas identitarias que estudian en la actualidad autores como Mark Lilla o David Brooks. Ambos analizan cómo las políticas identitarias van conformando una sociedad individualista y egocéntrica, una mentalidad de cruzada y un clima de indignación. La identificación del individuo con un partido político o una ideología determinada hace que lo que pudiera ser un debate constructivo o una disputa razonable con “los otros”, acabe en una batalla entre las fuerzas del bien y del mal.

Al mismo tiempo, los medios apuestan por posicionarse, y parece que cada vez más se emplea esta fórmula. Según una encuesta reciente de Pew Research Centre, las publicaciones que se enfocan en criticar personajes públicos expresan oposición o rechazo y comentarios políticos cargados de indignación generan mayor interacción y más visitas.

Periodistas y analistas deben buscar nuevas fórmulas de informar a las audiencias y a los consumidores de información, fomentando el análisis y a la reflexión. Deben invitar a las audiencias a dejar sus trincheras ideológicas y políticas y crear un análisis más objetivo, razonado y argumentado, menos sensacionalista. El periodismo debería poder mostrar una crítica objetiva, desinteresada, un espacio de reflexión fuera de la onda expansiva del sensacionalismo.

En un ensayo reciente, Amanda Ripley analiza la polarización en el ámbito de los medios y propone contar historias que nos inviten a salir de esquemas mentales cerrados, en lugar de reforzar nuestras certezas. Ripley apuesta por la complejidad para reducir la simplicidad de la mentalidad binaria, donde la discusión ciudadana es un juego de suma cero. ¿Podría esa complejidad ser inducida artificialmente? ¿Es posible cultivar otro clima en la conversación social? Ripley recomienda amplificar contradicciones y ampliar las lentes, hacer preguntas que motiven, escuchar más y mejor, exponer a las personas a la otra tribu y contrarrestar el sesgo de confirmación. “Tenemos la responsabilidad de utilizar todas las herramientas que podamos encontrar, incluidas las lecciones de psicología”, dice Ripley.

Complicar las narrativas y fomentar un debate social respetuoso contribuyen al intercambio de ideas y a la reflexión. En el ámbito político, muchas veces, los espacios reservados para este ejercicio, como el Congreso de los Diputados, muestran espectáculos bochornosos, de continuo ataque y desprestigio del adversario político.

Las ideologías funcionan como espacios donde acoger a los cruzados, que llevados por la euforia, se afanan en atacar al contrario y se olvidan de ejercer la persuasión mediante argumentos razonados. Es lo que algunos autores han denominado “la futbolización de la política”.

Se requiere un debate más pausado, desde el escepticismo natural de la moderación. El objeto de este debate público no sería exponer una posición ideológica, sino perseguir una búsqueda desinteresada de la verdad. O desligarnos de la posverdad: “una aprehensión subjetiva de la realidad donde los hechos importan menos que nuestras emociones”.

 

http://www.letraslibres.com/Cristina Casabón

 
La tecnología, un arma de doble filo para los periodistas

Un espacio en común con cientos de ordenadores, personas corriendo y vociferando de un lado al otro y teléfonos sonando sin parar. Esa suele ser la imagen que se tiene de las redacciones periodísticas. Y cada vez se ciñe menos a la realidad.

La tecnología está revolucionando el periodismo. La digitalización de la información y la consolidación de nuevos hábitos de consumo han causado estragos en el sector, que todavía busca dar con la fórmula que conjugue estos cambios con la rentabilidad.

Más allá de trastocar el modelo de negocio, la tecnología se está dejando notar también en la forma de trabajar de los periodistas. Muchos medios han comenzado a modificar la forma de organizarse y hasta sus métodos de trabajo. Un caso excepcional de colaboración deslocalizada es el de Panama Papers. La investigación, que constó de una gran filtración de documentos con la que se desveló cómo muchas grandes empresas ocultaban ganancias en paraísos fiscales para evadir impuestos (y lo mismo con políticos, empresarios, deportistas y personalidades del arte), fue realizada por más de 370 periodistas de 76 países que trabajaron remotamente, coordinados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

Karma Peiró, periodista especializada en internet, tecnologías de la información y periodismo de datos, comparte en esta nueva entrega de la serie #DataFutures su experiencia y nos cuenta cómo cree que evolucionará la profesión.

El análisis de datos y el periodismo forman un tándem difícil de romper, independientemente de la temática tratada. Civio, por ejemplo, es un proyecto que vigila a los poderes públicos y busca conseguir la transparencia en las instituciones a través de los datos. ¿Cómo construir una historia en base a datos? Por ejemplo, revisando la información que la organización Wikileaks pública a través de su sitio web. Los informes anónimos y documentos filtrados aportados por esta organización se transformaron en noticias tras centenares de horas de trabajo.

Las nuevas habilidades del periodista

Hace un tiempo, los periodistas recorrían la web de forma manual para rescatar datos. Hoy es posible recopilarlos de forma automatizada a través de técnicas como el scraping. En este sentido, destacan tres habilidades fundamentales: la búsqueda de datos, el análisis de los mismos para encontrar la historia detrás del dataset y la visualización de toda esa información.

Otro entorno en el que van ganando presencia los periodistas digitales es en el de programar bots, como el caso de Politibot, un servicio de chat que brinda información política, o el bot de The Wall Street Journal.

Cada vez tenemos más datos pero menos archivos. Las redes sociales pueden ser, tomando mil precauciones y verificando cuanto se extraiga de ellas, una plataforma en la que encontrar pistas para elaborar informaciones. Dentro de la cacofonía que son las redes también hay información valiosa, que sin embargo se desvanece si no queda recogida en algún medio de comunicación. El problema radica en su volatilidad y en que esos datos se encuentran en manos de empresas como Twitter, Google o Facebook.

Esos datos podrían ser considerados algún día documentos históricos. Así lo cree, por ejemplo, la Associació d'Arxivers de Catalunya (AAC), que recopiló las denuncias online de más de dos millones de mujeres que sufrieron abusos y violencia machista, le dieron forma y lo publicaron a través del hashtag #Cuéntalo. Para Peiró, estos datos forman parte de la memoria colectiva y son patrimonio cultural de la humanidad.

Un futuro que mola…

Según Peiró,el futuro que mola en la intersección entre datos y periodismo sería aquel en el que los periodistas estuviéramos tan capacitados para extraer historias muy potentes de los datos que superásemos a la inteligencia artificial.

Por El País Retina

 
La verdad

Comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión” no solo asegura nuestro derecho a conocer y explicar lo que acontece, también es una garantía esencial para la configuración de la opinión pública, ese sentir mayoritario que resulta imprescindible para construir una sociedad libre, plural y democrática. Por eso, informar e informarse es un derecho fundamental independiente y preferente, y el periodista es el encargado de facilitarlo como el profesor lo es de enseñarlo.

Pero escuchar la vida es más complicado que vivirla. Al igual que informar es más difícil, más sacrificado, más caro que comunicar. Dos géneros, dos formas de expresión con naturaleza, alcance y protección diferentes. Opinar no es lo mismo que informar aunque tampoco se den en estado puro.

La academia nos dice que la verdad es lo que distingue la información de la opinión, que una noticia falsa nunca puede constituir el ejercicio legítimo del derecho a informar. Pero menuda palabra escogió la Constitución para defendernos de los rumores, engaños y falsedades. La verdad es tan grande, tiene tanta amplitud, significa tantas cosas que sirve de poco. Quizás se refiera a la correspondencia entre lo que se cree y lo que se dice, porque la verdad también hay que creérsela. Sin duda es una palabra muy recurrente pero también engañosa, y desde luego insuficiente para enjuiciar el fraude y la manipulación de las noticias. Además, para informar, no es necesario ser tan ambiciosos, podemos funcionar con términos más blandos y relativos como validez, evidencia, realidad, acontecimiento. Cuando hablamos de información nos basta con que esta sea probable, neutral o, mejor, cierta. Reconozcámoslo, la verdad es una expresión muy nuestra, incluso demasiado nuestra, caprichosa, siempre interesada y muy cómoda porque no compromete a nada y obliga a muy poco y si no preguntadlo a los poderosos que ayudan a que un determinado bulo, enredo o falsedad corra en la dirección correcta y triunfe.

A mi modo de ver, no es la verdad sino la técnica lo que diferencia la comunicación de la información, la opinión de la noticia. El Tribunal lo califica como un deber de diligencia profesional, como una exigencia y responsabilidad del sujeto más que del objeto. Sin duda, editar una información consiste en trabajar con adiestramiento previo para dotar de significado a los hechos y a las cosas que ocurren y apagar los rumores o acontecimientos inventados o desfigurados. El periodismo es una actividad técnica, profesional, de comprobación de lo que acontece de forma suficiente, lo más cercana posible y con medios y tiempo para que las noticias maduren.

Pero la realidad es oscura, no es lo que parece y hay que buscarla con excavadoras. De manera que la técnica, este trabajo profesional de edición, también requiere una maquinaria para manifestarse. Así es, para dotar de sentido a los acontecimientos, para situarlos en su contexto se necesita una estructura informativa independiente, sólida, capaz de convertir la verdad y con ella la posverdad en un concepto retórico, incluso folclórico y casi exclusivamente religioso o político al demostrar que un acontecimiento no necesita ser verdadero cuando se descubre evidente.

Pero a la información le ha salido un competidor. La globalización ha convertido la comunicación en un producto de entretenimiento y consumo masivo y ha creado un nuevo género, un nuevo estilo de informar que es a la vez opinión y noticia y que reina por encima de la verdad y de la realidad. Un nuevo género informativo que hacemos y consumimos nosotros incluso cuando estamos en el retrete, por eso lo sentimos como algo muy nuestro y lo defendemos sin decirlo.

En los cinco continentes se ha impuesto esta manera de comunicación de masas con titulares dirigidos a la zona del cerebro que regula las emociones para que nuestro corazón palpite a ritmo diferente. Una zona situada debajo de la corteza cerebral, que dirige nuestras sensaciones más primitivas, como el miedo, la ira o el placer.

Este es el objetivo de la posverdad, nuestro “cerebro reptil” que se encarga de los instintos más básicos y nos somete inconscientemente a las más fuertes ataduras. Una nueva forma de información que nos convierte en consumidores compulsivos de noticias muy verdes y adulteradas. Cuantos más clics hacemos más los necesitamos y el negocio aumenta.

En fin, un estilo de información rápida y sin esfuerzo, lleno de titulares, gritos, gestos y flashes dirigidos directamente al corazón ¡me gusta! Un género barato, global, sin límites, que a base de tuits intenta dirigir nuestros gustos. No importa que el mensaje sea mentira y provoque dolor, todo es cuestión de preferencias sin ninguna implicación ni responsabilidad y con mucho anonimato. Las apariencias no engañan: en el nuevo género informativo el que miente, triunfa. Esta es la realidad.

Además, la posverdad, esta información espectáculo difundida por las gigantescas plataformas de comunicación lo está enredando todo y no es fácil decirlo pero puede llegar a confundir y distorsionar la opinión pública, afectando al funcionamiento democrático de nuestros estados cuyas estructuras estorban a los mercados globales.

Así, pues, navegar por Internet es muy divertido, emocionante porque te pierdes y te encuentras y aunque la tentación de limitar este vagabundeo es grande, por suerte es muy difícil. El control de la Red no puede hacerse exclusivamente desde fuera. Cada vez resulta más complicado saber a quién tenemos que dirigirnos para que nos ayude, de manera que no tenemos más remedio que aprender a cuidarnos nosotros mismos. Nos han puesto en el centro del nuevo mundo y tenemos que ser más desconfiados y no creer en lo que dicen sin mirar quién lo dice.

No hay que caer en la tentación. Los tuits nos conectan y entretienen pero no podemos tomarlos muy en serio ni hacerles mucho caso. Aquel que construya su opinión solo con tuits o siga a rajatabla todo lo que le diga la revista de moda o el vecino, tiene un problema.

Lo más delicado es que mientras la comunicación y sus plataformas se han globalizado el periodismo no lo está haciendo a la misma velocidad. Los medios profesionales de información, por su propia naturaleza, son más caros y lentos, pero también son demasiado pequeños, locales y poco atractivos para recibir anuncios y sobrevivir. Claro que necesitamos Internet y mucho entretenimiento, pero para tener conocimiento, para vivir libre-mente necesitamos, más que nunca un periodismo técnico, independiente, responsable, plural y con su correspondiente y eficiente maquinaria en la Red. De lo contrario ya sabéis, a río revuelto…

Antonio Rovira

 

 
Lucha contra el terrorismo necesita un enfoque de género

Comprender las diferentes formas en las que los terroristas apuntan contra las mujeres y cómo prevenir su reclutamiento podría ser muy significativo para los esfuerzos contra el terrorismo, un enfoque que gana cada vez más reconocimiento internacional.

“Cualquier programa de prevención tiene que ser totalmente consciente de sus implicaciones de género, y debe diseñarse para comprender el dolor de mujeres y hombres explotados por los reclutadores”, explicó Mattias Sundholm, asesor de comunicaciones del Comité Ejecutivo contra el Terrorismo, en diálogo con IPS.

Cientos de delegados de organizaciones de la sociedad civil y de representantes de los países miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se reunieron en su sede de Nueva York a fines de junio en la Conferencia de Alto Nivel sobre Antiterrorismo.

En los dos días del encuentro se debatió en profundidad el papel de las cuestiones de género en las estrategias de lucha contra el terrorismo.

“La comunidad internacional reconoce cada vez más la importancia de integrar la perspectiva de género a los esfuerzos globales contra el terrorismo”, coincidió un funcionario de la Unión Europea (UE) que prefirió mantenerse en el anonimato.

“La desigualdad de género y la corrupción, sumados a la falta de información, de acceso a la educación y de comprensión sobre lo que ocurre en el campo de batalla parece desempeñar un papel importante en el reclutamiento de combatientes mujeres”, explicó.

A pesar de las derrotas del Estado Islámico (EI) en algunos países de Medio Oriente, sigue siendo prioridad de la ONU contrarrestar su influencia en los medios de comunicación y en la opinión pública, así como la de Al Qaeda y la de Boko Haram.

La Asamblea General de la ONU decidió el año pasado implementar la Estrategia Global contra el Terrorismo, y creó la Oficina de las Naciones Unidas de Lucha contra el Terrorismo; también se debatió la creación de una Red Global de coordinadores contra el terrorismo.

El tema de la reunión de este año fue “Fortalecer la cooperación internacional para luchar contra la amenaza del terrorismo” con el objetivo de crear alianzas y encontrar soluciones prácticas.

Diferentes enfoques para reclutar hombres y mujeres

Es diferente la forma en que los reclutadores terroristas encaran a mujeres y hombres pues les prometen recompensas distintas que les resulten atractivas.

“Los grupos armados extremistas explotan con habilidad el género al igual que explotan cualquier otra posible herramienta de reclutamiento”, observó Letta Tayler, investigadora sobre terrorismo de Human Rights Watch (HRW).

“A las mujeres les presentan la promesa de aventura, viajes, romance, compromiso con una causa, y la posibilidad de formar parte de una familia extendida, aunque lejos del yugo de sus familiares inmediatos”, indicó.

“Para los hombres, los argumentos suelen ser más de macho, con la promesa de gloria y varias esposas”, apuntó

Por su parte, Megan Manion, analista política de ONU Mujeres, coincidió en que a ellos los suelen atraer con la promesa de que los combatientes obtienen esposas como recompensa. “Los extremistas también les ofrecen salarios por su servicio como combatientes”, añadió.

En cambio, a las mujeres les ofrecen diferentes cosas, explicó Manion.

“Las mujeres se  unen a grupos extremistas con o para seguir a sus esposos o novios”, observó.

“También se unen a grupos extremistas violentos para tener oportunidades que no tendrán en sus comunidades debido a las desigualdades (de género)”, apuntó.

Si las estrategias de reclutamiento incluyen narrativas con perspectiva de género, lo mismo debe ocurrir con los planes de prevención.

“Las mujeres tienen un papel particularmente influyente en las familias y pueden desempeñar un papel importante en la prevención de la radicalización”, observó el alto funcionario de la UE.

Por ello, las estrategias de prevención deben elevar el nivel que tienen las de los reclutadores extremistas en su variedad de matices.

“Cuando los grupos extremistas comprenden las desigualdades, y el impacto y el poder que tienen, y nosotros, los que prevenimos el extremismo violento, no, hay un elemento significativo en torno a identificar y responder a las violaciones de derechos humanos, así como riesgos e implicaciones graves en materia de seguridad”, explicó Manion.

Al ser consultada sobre cómo enmarcar las estrategias de prevención, Tayler respondió de forma rotunda que cualquier estrategia de prevención para ser exitosa debe ofrecer el mismo sentido de pertenencia y emoción que prometen grupos como el EI.

“Eso solo puede funcionar si los estados dejan de marginar a las comunidades y a las personas vulnerables al reclutamiento”, observó Tayler.

Una de las formas de implementar estrategias con perspectiva de género podría ser fortalecer el papel de las mujeres en las fuerzas de seguridad y la policía, tanto en número como en la jerarquía, opinó el representante de la UE.

También planteó la necesidad de llegar a todas las comunidades, en especial a las que no están radicalizadas.

“Las lideresas religiosas y el diálogo interconfesional local tienen un papel importante en la construcción de un entorno menos conducente al extremismo violento”, apuntó.

Algunas organizaciones civiles, como el Centro Internacional para la Religión y la Democracia, ya incluyen actores religiosos en sus estrategias contra el terrorismo.

Sundholm añadió que también hay que empoderar a los jóvenes, y en particular las mujeres “para liderar y participar en el diseño y la implementación de los programas de prevención”.

Tayler explicó que HRW tomó en cuenta el género cuando fue necesario. Por ejemplo, las violaciones del EI y la esclavitud sexual de mujeres yazidíes requieren un enfoque con una fuerte perspectiva de género.

Otro caso sería Nigeria, donde hay denuncias de que las “mujeres que logran escapar de Boko Haram sufren violaciones a manos de las fuerzas de seguridad nigerianas, que dicen ser sus rescatadores”.

¿Qué deberían hacer los estados miembro?

La mayoría de los expertos y dirigentes políticos sostienen que la lucha contra el terrorismo debería ser responsabilidad de los estados miembro, porque controlan las fronteras y aprueban leyes, que pueden otorgar privilegios o marginar a las organizaciones.

También debería dar ejemplo e incluir la perspectiva de género en el diseño de las políticas.

“La integración de la cuestión de género debería darse en el trabajo y los programas tanto de los estados miembro como de la ONU”, subrayó la fuente de la UE.

Manion coincide en que ellos tienen la clave de la prevención.

“Las leyes represivas y la falta de seguridad, del imperio del derecho y de buena gobernanza son poderosos motores de la radicalización de mujeres y hombres”, puntualizó.

“Tienen que asegurarse de que las leyes que aprueban para responder a las amenazas terroristas no impongan cargas insostenibles sobre las mujeres, incluidas las organizaciones civiles que a menudo trabajan en el frente para identificar y prevenir la radicalización y la reintegración de los retornados”, añadió.

Pero Tayler alertó que si bien el género debe formar parte del foco de la lucha contra el terrorismo, “ni la ONU ni los gobiernos deben asumir que es la panacea”.

“Tildar la casilla de ‘género’ no es una estrategia efectiva contra el terrorismo. Las autoridades deben atender la miríada de causas (de ese flagelo)”, añadió.

Carmen Arroyo/ipsnoticias.net/

 
Feminismo en América Latina busca incluir a clases marginadas en sus políticas

MONTEVIDEO/Uruguay.- El feminismo en Latinoamérica debe incluir en sus políticas públicas a las mujeres “marginadas, campesinas, negras y trans”, dijo a Efe Marie-Anne Stival Pereira e Leal Lozano, doctora interdisciplinar en Ciencias Humanas.

“Las políticas que estamos haciendo adoptan un feminismo hegemónico, heterosexista y heteronormativo, y hay mujeres que aún no están incluidas en ellas porque siguen silenciadas”, señaló la experta brasileña que se desplazó a Montevideo en el marco de las V Jornadas de Debate Feministas, que se realizan en la capital uruguaya desde hoy hasta el próximo viernes.

En ese sentido, Leal Lozano aseguró que América Latina tiene “mucho que hacer” porque el feminismo todavía se guía por la “clase media” y no incorpora otros sectores y situaciones sociales.

“Aunque empezamos a abrigar otros feminismos de mujeres trans, de las campesinas, de negras, aún esos discursos siguen con poca fuerza. Creo que está cambiando pero tenemos que poner atención en las mujeres marginadas“, apostilló la doctora.

Asimismo, la experta reconoció que las perspectivas feministas “tratan de una diversidad de discursos” que permitieron el surgimiento de una “variedad de feminismos” que no pueden ser traducidos en una sola “posición particular”.

“Es fundamental la emergencia de movimientos que rompan con las tradiciones etnocéntricas y universalizantes que caracterizan a los feminismos hegemónicos”, resaltó.

Leal Lozano también destacó que es “fundamental” proponer “nuevas maneras” de comprender las relaciones globales y locales, entendiendo que el pensamiento “moderno y occidental” está relacionado con el colonialismo y el capitalismo como una “hegemonía de poder y saber”.

“Ese poder y saber desvaloriza, ignora, invisibiliza, excluye y silencia saberes potenciales de las poblaciones marginadas (…) Es necesario que se recuperen las historias de esas mujeres con el sentido de dirigir mejor la implementación de políticas especificas”, acotó.

Por otro lado, la licenciada en Psicología Lucia Gulisano dijo a Efe que “el campo popular” debe unirse ante una “lucha común” contra el poder hegemónico y las políticas neoliberales.

“Yo creo que tenemos que entender que no hay una sola lucha, la lucha tiene que ser transversal a muchos aspectos, porque la realidad es compleja, porque el poder es complejo y lo urgente hoy es lograr la unión”, concluyó Gulisano.

EFE

 
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