Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 23 marzo 2019
Informe Especial
Proteger la verdad más allá de Trump

Los reporteros Michael Rothfeld y Joe Palazzolo desvelaron el 12 de enero en The Wall Street Journal que un abogado próximo a Donald Trump había pagado 130.000 dólares a una actriz porno un mes antes de las elecciones para que no contara que habían mantenido una relación sexual.

El Wall Street Journal es un diario conservador y es propiedad del magnate Rupert Murdoch. En sus editoriales ha defendido los intentos de Trump de desmantelar la reforma sanitaria de su predecesor o su decisión de abandonar el Acuerdo de París. Eso no evitó que sus reporteros publicaran la exclusiva que ha empujado al presidente hasta el precipicio de la destitución.

A menudo, leo que los periódicos de EE UU o sus reporteros libran una cruzada ideológica contra Trump. No es cierto. Ni los reporteros ni los periódicos tienen una ideología uniforme y, en cualquier caso, esa ideología es irrelevante. Ningún diario serio deja de dar una noticia porque no case con su línea editorial. La misión de la prensa en Estados Unidos no ha cambiado en este año y medio. Tampoco sus controles de calidad. Un ejemplo son los textos de revistas como Atlantic o The New Yorker. Varios editores afinan el enfoque y reescriben los textos. Al final, se los envían a una persona que coteja todos los datos y solicita al autor la transcripción de las entrevistas que hizo y un teléfono donde pueda encontrar a cada interlocutor. No son procesos infalibles, pero están diseñados para que no se publique algo que no es verdad.

La elección de Trump tampoco ha cambiado la estructura de los diarios. Su línea editorial no la marca el director, sino un equipo independiente que solo depende del editor de la publicación. Es ese equipo el que escoge a los colaboradores ocasionales y a los columnistas. Directores como Dean Baquet o Marty Baron coordinan la información del diario, no sus páginas de opinión.

El triunfo republicano y la convicción de que muchos estadounidenses viven en burbujas ideológicas ha empujado a algunos medios a añadir voces distintas en sus páginas de opinión. The New York Times ha contratado a colaboradores conservadores como Bret Stephens o Bari Weiss. Algunas voces de la izquierda han criticado esa decisión pero se ajusta a la misión que estableció Adolph Ochs cuando compró el periódico en 1896: “Invitar a un debate inteligente desde todas las corrientes de opinión”. Lo que sí ha cambiado en este año y medio son los insultos de Trump contra los periodistas y que son inéditos en un presidente e indignos de su responsabilidad. Otros presidentes se quejaron de artículos críticos. Ninguno deseó su cierre, insultó a sus periodistas o amenazó con quitarles la credencial.

Esa conducta no es casual. La hemos visto en líderes autoritarios en países como Venezuela, Filipinas o Perú. Trump apunta contra las instituciones cuyo control no tiene a su alcance: los servicios de espionaje, los tribunales, los diplomáticos, las universidades, el Ejército o el FBI.

Cada una de esas instituciones cumple una función distinta, pero todas tienen algo en común: en una sociedad cada vez más polarizada, quienes las gestionan hacen su trabajo con independencia y sin dejarse llevar por criterios ideológicos. Profesores e investigadores se rigen por el método científico. Jueces y policías hacen cumplir la ley. Espías y diplomáticos velan por proteger los intereses de EE UU y su seguridad. Los reporteros son una pieza esencial en ese engranaje: investigan esas instituciones y se aseguran de que hacen su trabajo con independencia, y no en su propio beneficio o en el beneficio del partido en el poder. En un espacio público lleno de voces interesadas, los buenos reporteros son casi los únicos actores cuya única misión es el servicio público: asegurarse de que los ciudadanos pueden distinguir la mentira de la verdad. “Los reporteros construyen el mundo de los hechos y no son lo mismo que esa ciénaga difusa y amplia que llamamos los medios”, decía hace unos meses el historiador Timothy Snyder.

La distinción de Snyder es importante. Ni todos los periodistas ni todos los medios son iguales. Es hora de deslindar el trabajo de los buenos reporteros de lo que no es periodismo: los histriones que pueblan algunas tertulias televisivas, los medios que viven del opaco pesebre del erario público, los mercenarios que publican basura o noticias sin contrastar. La culpa no siempre es de políticos o de empresarios. Muchos medios son cómplices de su descrédito al mezclar podredumbre con caviar.

La irrupción de Trump plantea problemas inéditos para el trabajo cotidiano de los reporteros. Nunca un presidente dijo tantas mentiras: 3.001 hasta el 1 de mayo de este año, según el recuento de The Washington Post. Cubrir a Trump requiere distinguir sus ocurrencias de sus políticas públicas y evaluar en cada caso si merece la pena reproducir su último tuit.

Cada texto está expuesto a críticas legítimas, pero también a las presiones de quienes viven de alimentar la cólera de los extremos: centros ideológicos, fundaciones opacas, activistas y sí, también medios (o seudomedios) que viven de alimentar la polarización. Hoy más que nunca los periodistas debemos explicar con transparencia cómo hacemos nuestro trabajo y elegir con tiento las palabras con las que describimos la realidad.

Defender la libertad de prensa en EE UU no es una proclama hueca. Cuatro periodistas y una empleada de ventas de The Capital Gazette de Annapolis fueron asesinados el 28 de junio por un tipo furioso por un artículo. Al menos 24 periodistas han sido agredidos este año y muchos más han recibido amenazas de grupos racistas, sobre todo en los Estados del Sur. Aun así, la prensa ha seguido haciendo su trabajo, en ocasiones en medio de despidos, del acoso de sus dueños y de represalias ideológicas y casi siempre con menos recursos para averiguar la verdad.

En ese entorno hostil, los reporteros publican historias que mejoran las vidas de personas concretas. The Miami Herald reveló los abusos que sufren los jóvenes en los reformatorios de Florida. Una serie de la radio pública investigó por qué EE UU es el país donde más mujeres mueren al dar a luz y descubrió que al menos la mitad de esas muertes se pueden prevenir.

El impacto de nuestro trabajo se mide por ese tipo de investigaciones mucho más que por las palabras de un editorial. Publicarlas requiere tiempo, recursos y respaldo de los propietarios. Los periódicos de Estados Unidos han perdido miles de periodistas en la última década, pero nunca han tenido tan clara su misión.

Angustiado todavía por el impacto de la propaganda durante la I Guerra Mundial, el influyente periodista Walter Lippmann publicó en 1920 el libro Liberty and the News con el ánimo de impulsar un periodismo más próximo al rigor del método científico y más independiente del poder. “No podemos luchar contra las mentiras que nos envuelven paseando nuestras opiniones”, escribió Lippmann. “Las opiniones verdaderas solo pueden prevalecer si se conocen los hechos a las que se refieren. Si no se conocen, las ideas falsas son tan efectivas como las verdaderas, si no más”. Como periodistas, proteger y difundir esos hechos debe ser nuestra misión.

Eduardo Suárez/elpais.com

 
La venganza de Gutenberg

La república que quería Thomas Jefferson está bien viva. Mejor prensa sin gobierno que gobierno sin prensa. Gobierno no lo hay, porque la Casa Blanca de Trump es cualquier cosa menos un Gobierno, pero hay prensa, vaya si hay prensa, y es la prensa de siempre, con la que no han podido las redes sociales en las que tan bien se mueven el magnate inmobiliario y sus amigos.

Todo lo que se daba por muerto ha resucitado. Nada como un buen libro o un extenso artículo frente a la breve estupidez de ciertos mensajes, como son los tuits matutinos con los que Trump pretende gobernar Estados Unidos y el mundo. Nada como la noticia comprobada a través de cientos de conversaciones con las fuentes reservadas que confían en el prestigio y en la autoridad de los buenos periodistas, frente a los bulos, las noticias falsas o las fantasías narrativas que nos sumergen en realidades paralelas.

Solo la osadía podía cortar el nudo gordiano que se ha ido enmarañando alrededor de Trump, un presidente megalómano, inepto, mentiroso, un peligro nacional e internacional, vigilado por sus propios colaboradores. El mandoble que lo ha cortado ha sido doble: de una parte el libro de Bob Woodward, el veterano héroe del Watergate, eficaz recolector de los desastres presidenciales mediante más de 200 entrevistas con altos funcionarios; de la otra, la tribuna sin firma de un destacado colaborador presidencial, publicada por The New York Times en incumplimiento de la norma de obligada identificación de la autoría de todos los artículos.

El cuadro que pintan el libro y el artículo es el de un Donald Trump enloquecido, y permanentemente vigilado en sus actuaciones y rectificado en sus efectos por el entero equipo de sus colaboradores, auténticos resistentes contra el presidente y salvadores de la administración y de los intereses estadounidenses frente al caos del trumpismo.

Nada puede remediar el efecto de los dos impactos. La desconfianza se ha instalado para siempre alrededor del presidente maldito. Todos son sospechosos. El periodismo elitista de The New York Times y de The Washington Post, a los que Trump denigra a diario, le han doblado el espinazo. Woodward, 75 años, tres más que Trump, le ha superado con creces, incluso en seguidores de Twitter. Es la venganza. De Gutenberg, el papel, la imprenta, los textos largos, la verdad.

Lluís Bassets/ El País (España).

 
Cómo cubrir casos de femicidio y violencia contra las mujeres

Luego de una histórica votación que desafió la prohibición del aborto en la Argentina, y que no fue aprobada por el Senado, no faltaron discusiones sobre temas que afectan a las mujeres en la última edición de la Media Party de Buenos Aires.

Florencia Alcaraz y su equipo de LatFem, una revista digital que cubre noticias latinoamericanas desde una perspectiva feminista, subieron al escenario para hablar sobre las mejores prácticas para cubrir femicidios y violencia doméstica, un problema desenfrenado en América Latina. Las seis oradoras hicieron un recorrido a través de ejemplos de artículos publicados por medios argentinos, señalando los estereotipos o tropos dañinos que los autores de esos artículos utilizaron para describir a las víctimas, incluyendo expresiones como “amante de las discotecas”, “víctima de un crimen pasional” y más.

El equipo brindó consejos sobre cómo escribir sin estereotipos ni sesgos implícitos. Por ejemplo:

Evita el uso de eufemismos y estereotipos

Habla de manera explícita sobre los eventos y las personas involucradas en ellos. Usar un lenguaje críptico como "crimen pasional" puede minimizar el impacto de un asesinato o la incidencia de la violencia doméstica en el hecho. Igualar la pasión y la violencia también establece un precedente peligroso para las relaciones y normaliza el abuso doméstico.

Del mismo modo, evita hacer comentarios sobre la vida personal de las víctimas, ya que esto invierte la responsabilidad del crimen, situándola sobre la propia víctima. También refuerza los sesgos culturales que ya rodean la violencia contra las mujeres.

Escribe de manera directa y usa la voz activa

En las coberturas de femicidios existe una tendencia a enfocarse sobre la víctima y minimizar el rol del perpetrador. Es importante ser directo y usar una voz activa al describir las acciones del perpetrador y su relación con la víctima. Esto coloca la responsabilidad del crimen sobre su responsable, alejando la culpa de la víctima.

Utiliza datos para mostrar el patrón

El femicidio es un problema recurrente. Esto no significa que no haya violencia contra los hombres, sino que ocurre a un ritmo mucho más bajo. Aun así, muchas personas no comprenden la penetración e incidencia del femicidio o de cualquier tipo de violencia contra las mujeres. Los periodistas tienen la responsabilidad de arrojar luz sobre el tema utilizando datos de fuentes confiables –como esta campaña de Naciones Unidas– que puedan ayudar a ilustrar la prevalencia del problema.

Recurre a múltiples fuentes

Como en cualquier historia, incluye varias voces y fuentes. Los datos policiales y los comentarios en las redes sociales son un gran punto de partida, pero la ramificación de esas fuentes ayuda a dar una imagen más completa de un evento violento y del problema de la violencia contra las mujeres en general.

Jacqueline Strzemp/https://ijnet.org

 

 

 
¿El nuevo presidente de México mejorará la situación de la prensa?

Los periodistas mexicanos necesitan buenas noticias. Después de una década de ver a un número cada vez mayor de colegas asesinados por su trabajo, necesitan una señal de lo que está por venir. ¿El cambio podría llegar con el nuevo presidente?

En diciembre, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se convertirá en el primer mandatario de México después de las mayores elecciones en la historia del país. Con 30,1 millones de votantes, AMLO recibió la mayor cantidad de votos que ningún candidato mexicano había recibido nunca. Pero con su popularidad ha surgido también cierta cautela ante el cambio que se avecina. Y para los periodistas que trabajan en entornos peligrosos, esa incertidumbre es particularmente importante. Si bien es demasiado pronto para conocer con certeza el impacto de AMLO en la seguridad de los periodistas, las organizaciones internacionales y sus homólogas mexicanas han comenzado a especular y ofrecer recomendaciones al presidente entrante.

Los periodistas mexicanos se encuentran entre los más amenazados del mundo. Según el Índice Global de Impunidad del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), México ocupa el sexto lugar, detrás de países que actualmente son zonas de guerra, y el 90% de los crímenes contra periodistas mexicanos queda impune. Según el informe, 21 periodistas mexicanos fueron asesinados con total impunidad en la última década. La mayoría de los afectados son periodistas locales en estados dominados por carteles de drogas, que informan sobre crimen, corrupción y política.

Es importante señalar que muchos de esos asesinatos se perpetran con el conocimiento e incluso la participación de funcionarios públicos, dice Jan-Albert Hootsen, corresponsal en México del CPJ. "La línea entre el crimen organizado y los funcionarios públicos, especialmente a nivel local, puede ser muy difusa".

El contexto de las elecciones históricas de este año exacerbó esas tensiones. Reporteros sin Fronteras (RSF) y su socio mexicano Propuesta Cívica monitorearon el avance de la victoria de AMLO, registrando 45 ataques contra periodistas desde enero hasta mayo de 2018. Los principales responsables fueron candidatos, partidarios políticos, equipos de campaña de los candidatos, y muchos buscaban puestos de poder: "Los ocho candidatos que cometieron ataques se postularon para alcaldes, gobernadores o senadores".

México ya cuenta con un marco institucional y legal para proteger a los periodistas. Sin embargo, dice Hootsen, "el gran número de ataques mortales y no mortales contra trabajadores de la prensa nos dice que ese marco no funciona".

Si las declaraciones de AMLO a principios de este año (y la confianza de sus seguidores) son alguna señal de lo que vendrá en el futuro, su administración podría indicar un cambio radical. "Vamos a cuidar a los periodistas para que no estén amenazados, porque hemos llegado al extremo de que ya no pueden escribir libremente, porque están bajo amenaza. Bajo mi gobierno tendrán libertad plena", dijo el entonces candidato en enero pasado.

Las administraciones anteriores expresaron en su momento sentimientos similares, sin tomar medidas concretas para apoyar a la prensa mexicana. La pregunta ahora es si las afirmaciones de AMLO son retórica de campaña o el emblema de una política real.

"Ha hablado sobre la seguridad de la prensa, pero al igual que muchas de las propuestas políticas del presidente electo, son largas en términos generales y muy cortas en detalles", dice Hootsen. "Creo que es demasiado pronto para expresar optimismo o pesimismo sobre las intenciones de AMLO".

Hasta cierto punto, limitar la violencia contra los periodistas solo se puede lograr reduciendo la violencia general. De acuerdo con la investigación del CPJ, las dos suben y bajan en paralelo. Sin embargo, el 28 de mayo de este año, RSF, CPJ y Artículo 19 México presentaron un documento al staff de campaña de AMLO expresando sus preocupaciones de seguridad y haciendo recomendaciones de políticas concretas para mitigar las amenazas a la prensa.

"El próximo presidente de México (...) necesitará hacer de esta política un elemento crucial del programa de su administración si se quiere revertir la tendencia mortal", habría dicho el titular de la oficina de RSF en América Latina, Emmanuel Colombié.

Las recomendaciones incluyen reforzar el mecanismo federal para proteger a los periodistas y combatir la impunidad, especialmente a través de otorgar más recursos para investigar y resolver crímenes a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión (FEADLE).

También incluye procedimientos nuevos y estandarizados para investigar delitos contra periodistas, así como mejores mecanismos para monitorear la dimensión psicológica de las amenazas a los periodistas. En una nota relacionada, el informe enfatiza la importancia de coordinar con la Comisión Ejecutiva de Atención a las Víctimas (CEAV) para evaluar el riesgo a escala nacional.

La seguridad a la prensa no se menciona en el "Proyecto de la nación", el documento de 461 páginas de AMLO que presenta sus planes para la presidencia.

Hootsen también señala que AMLO ha indicado que no avanzará con una propuesta de reforma constitucional, que le daría mayor independencia al Fiscal General, lo cual es preocupante, ya que "una de las razones por las que los niveles de impunidad son tan altos en México es que no tiene un poder judicial independiente”.

Sin embargo, cuando se trata de cambiar el status quo de los periodistas, las malas hierbas de la política son quizás menos importantes que la actitud general del público mexicano hacia el futuro de su país. Los mexicanos están más preocupados que nunca por erradicar la corrupción, y convertir esta exigencia en una prioridad fue una parte importante de la campaña de AMLO. Si avanza en lo que ha prometido, los periodistas locales –que han estado haciendo ese trabajo durante décadas– y su seguridad serían inestimables para ese progreso. Es muy pronto para saber qué impacto tendrá AMLO, pero muchos mexicanos son cautelosamente optimistas.

"Creo que viene un gran cambio", dice el profesor Gaston Melo, ex vicepresidente de Televisa y ex asesor del gobierno. "Durante 50 años la sociedad civil ha tratado de romper los muros de la oligarquía y cambiar el status quo, y creo que esta es una oportunidad muy singular para el país, tanto para los periodistas como para el gobierno".

Lisa Martine Jenkins/ //ijnet.org/es

 
México aún busca a sus periodistas desaparecidos

En México, los periodistas sortean las balas, la presión de los grupos criminales, incluso del propio Estado y también el miedo de ser desaparecidos. En el día internacional de las víctimas de desapariciones forzadas, instaurado por la ONU, la organización Artículo 19 ha recordado que 24 comunicadores han desaparecido en los últimos 15 años.

Los periodistas de los que no se tiene rastro, algunos desde 2003, trabajaban en su mayoría en diarios locales,ubicados en zonas rojas copadas por el crimen organizado como Tamaulipas, Guerrero y Michoacán. El último caso del que se tiene constancia es el de Agustín Silva, un periodista de 22 años de El Sol del Istmo, desaparecido el 22 de enero de este año en Oaxaca. La Fiscalía aseguró que su desaparición no estaba relacionada con "el ejercicio de la función periodística".

México ha sido considerado como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo al mismo nivel que Siria, según un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF), que cifra en 21 los periodistas desaparecidos. La diferencia con las cifras ofrecidas por Artículo 19 se debe a la metodología para corroborar los casos.

"Sabemos quiénes son los periodistas [que no consideramos]. Lo que pudimos verificar el año pasado con sus colegas [de los periodistas] era que no había certeza de que estuvieran desaparecidos", señala Balbina Flores, representante de RSF, y agrega que, tras sus reiteradas pesquisas, determinaron que los reporteros, después su desaparición "ya no trabajan en un medio hacía tiempo y se dedicaban a otras actividades incluso relacionadas con presuntos grupos delictivos", agrega.

Las investigaciones que ha hecho Artículo 19, con oficinas en México, han detallado que el 96% de las desapariciones se ha identificado como un antecedente de la cobertura informativa relacionada con temas de corrupción y de seguridad. "En el 23% de los casos, los comunicadores recibieron amenazas previas por su labor informativo".

"El nuevo gobierno mexicano debe redoblar sus esfuerzos para que las investigaciones sean más eficientes", ha comentado Emmanuel Colombié, director de la oficina de RSF en América Latina, en referencia a la futura Administración de Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo con la ONG, México es uno de los países con menor libertad de prensa de acuerdo al número de agresiones que reciben sus informadores.

México cerró el año pasado con 12 periodistas asesinados. Artículo 19 ha registrado 1.986 agresiones contra reporteros desde 2012. En lo que va del año han sido asesinados siete comunicadores. En menos de dos meses fueron acribillados a tiros el director y un reportero del semanario Playa News, Rubén Pat y José Guadalupe Chan Dzib, respectivamente. Pat había denunciado amenazas en 2017 después de publicar una investigación en la que desvelaba una vinculación entre funcionarios públicos y el crimen organizado. Ese mismo año fue detenido arbitrariamente y torturado por policías municipales. El reportero atribuyó ese arresto a una información que había publicado sobre una "narcomanta" en la que se refería que el director de la policía local, Joaquín Morales Hernández, pertenecía a un grupo de la delincuencia organizada.

Hace unos días fue encontrado el cuerpo de Javier Rodríguez Valladares, camarógrafo de Canal 10 de Cancún. Fue asesinado a tiros. La Fiscalía de Quintana Roo ha descartado, hasta el momento, que su muerte sea "un ataque directo a la libertad de expresión" porque, según ellos, estaba fuera de su horario laboral y no portaba uniforme.

D. Mancera/El País (España).

 
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