Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 22 setiembre 2018
Informe Especial
Julio Ramón Ribeyro: Julio Cortázar siempre iba a mi casa a comer cebiche

Periodismo histórico. En una entrevista realizada por el periodista Fernando Ampuero a Julio Ramón Ribeyro en 1986, el destacado escritor peruano reveló detalles de su amistad y la pasión por la comida peruana de Julio Cortázar. Una conversación que duerme en las hemerotecas y recatamos para que la disfruten:

-Tú llevas muchos años viviendo en Europa. ¿Qué cambios genera el exilio en un escritor?

-Bueno, en principio, debo hacer una precisión: yo no soy un exiliado. Soy simplemente una persona que viajó a Europa y se quedó viviendo ahí por diversas razones, pero sin tener ningún impedimento para regresar a mi país.

-¿Lo podemos llamar autoexilio?

-De acuerdo. ¿Qué cambios produce en un escritor vivir afuera? En primer lugar, ofrece un ensanchamiento de la percepción, a causa del contacto que se siente con otras culturas. Y luego, un trato directo con lo que hemos soñado y leído.

-¿Eso fue lo que te impulsó a viajar?

-Es difícil definir mi intención original. De lo que sí puedo hablar, me parece, es de los resultados: me deshice de cierto provincianismo.

-¿Buscaste gente? ¿Estableciste algún tipo de contacto con escritores que admirabas?

-Nunca sentí la necesidad de buscar escritores conocidos o famosos. En París, en mis primeros años, abundaban los escritores. Estaban Carpentier, Miguel Ángel Asturias y García Márquez, aunque este último por entonces era casi desconocido. Con el único que tuve contacto y amistad fue con Julio Cortázar. Era un hombre muy cordial y sencillo; muy amable, sobre todo, con los escritores jóvenes. Cortázar no hablaba mucho de literatura. Cuando se reunía con sus amigos, hablaba de otras cosas: del tango, de la buena comida (le encantaba la buena comida y a mi casa iba siempre a comer cebiche). Era un tipo formidable, imaginativo y brillante. En una ocasión, en que hablábamos de un escritor que él juzgaba anticuado, me dijo que cuando abría sus libros todas las letras salían volando, como una nube de polillas.

-¿Cómo fueron tus comienzo en Europa? ¿Qué tipo de empleos conseguías?

-Tuve que desempeñar varios empleos, pero yo no quisiera glorificar esa época.

-¿Fue una época dura para ti?

-Bastante dura, como es la vida allá para la mayoría de estudiantes. Tuve trabajos esporádicos. Cuando se me acabó la beca, y mientras aguardaba obtener otra, me puse a trabajar. El dinero que me enviaban, de casa tardaba en llegar. Era una cuestión de supervivencia. Recuerdo que trabajé, entre otras cosas, como portero de un hotel. Afortunadamente era un hotel pequeño: tenía seis o siete habitaciones.

-¿Pero de día o de noche?

-Era portero permanente, de día y de noche. Y también debía ocuparme de hacer la limpieza y cobrar el alquiler, hacía de todo. De todas formas, no fue un empleo tan difícil, pues los inquilinos (había tres peruanos y un escritor francés, ahora muy conocido) eran muy comprensivos conmigo. Ellos se hacían su habitación y eso me permitía contar con las tardes libres para dedicarme a escribir. Un trabajo duro, por el contrario, fue el que tuve en una estación de ferrocarril. Allí era cargador de bultos, con carretilla y todo; trasladaba cargas de los trenes a los camiones o de los camiones a los trenes. Trabajo durísimo, auténtico trabajo de obrero. En cuadrilla de trabajadores figuraban algunas personas, ahora honorables y respetables, ¿sabes? Estaban el poeta Leopoldo Chariarse y los pintores Eduardo Gutiérrez y Sigfrido Laske. En fin, yo no pude soportar mucho tiempo este trabajo: demandaba un esfuerzo físico enorme. Pero ahí tuve por primera vez la experiencia de lo que es el trabajo físico, un trabajo que te transmuta en robot, a tal punto que cuando concluyes la jornada no tienes ganas de leer ni de pensar; sólo provoca tomarse una cerveza y echarse a dormir.

-¿Cómo entiendes la repercusión de tu obra, no estoy refiriéndome a la crítica especializada, sino a la que se da en la gente común, esos lectores que siempre se acercan a saludarte? ¿Qué crees que gusta o interesa más de tus cuentos y novelas?

-A mí siempre me ha intrigado esa especie de fervor que noto en un público joven y, más aún, en un público popular. Me pregunto qué cosa encuentran en lo que escribo. Supongo que ven, en cierto modo, una imagen en la cual se reconocen. Pero, ¿por qué se reconocen sin son relatos en los cuales comúnmente las situaciones resultan deprimentes y los desenlaces trágicos? ¿Se identifican? ¿Se sienten un poco como mis personajes? Puede ser. Aunque también advierto que a otros no les atrae tanto mis temas en sí, sino cierto humor. Eso me agrada. Muchos hallan comicidad donde yo justamente quise ponerla…

-¿”Tristes querellas en la vieja quinta”?

-Por ejemplo.

-Es un cuento excelente, con un notable sentido del humor.

-Y hay otros cuentos con humor, que los críticos rara vez han señalado.

-Julio, con la violencia que vive el país (terrorismo, delincuencia y una crisis económica mucha más aguda que la de los años cincuenta), ¿qué situaciones imaginas que protagonizarán tus personajes si vivieras ahora en Lima?

-Tendría evidentemente que modificar mi galería de personajes. Para empezar, figuraría en uno o varios relatos el personaje del narcotraficante, pequeño o grande; luego, el hampón, las bandas de secuestradores y, desde luego, la gente vinculada al terrorismo. Son situaciones reales, graves. Ciertamente en mi obra hay violencia; puede detectarse una violencia contenida y una violencia explícita, pero no refleja lo que acontece hoy en el Perú. En uno de mis cuentos aparece un pequeño delincuente, un carterista. ¿Qué significa este sujeto frente una banda organizada? Es otro mundo.

-Una última pregunta, Julio. ¿Opinas que el artista, específicamente el escritor, debe ser una persona incómoda para el poder?

-Eso depende del poder. Si se trata de un gobierno despótico, el escritor estará atacándolo y el poder sentirá que es incómodo. De ahí que haya tantos escritores exiliados, deportados y encarcelados. No es el caso de los gobiernos democráticos. El escritor puede entonces apoyar al poder, incluso apoyarlo por omisión, si no se pronuncia, o proceder como un crítico saludable o un crítico a secas. Lo que sí juzgo inconveniente es que se convierta en adulador del poder. Porque la adulación es negativa tanto para el que adula como para el que es adulado. De todos modos, la legitimidad del poder no deriva de que los escritores se adhieran o no a un determinado gobierno, sino de la adhesión del pueblo.

Investigación: Walter Sosa Vivanco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
¿Qué se hace cuando un gobierno censura a los medios? Se usan las redes sociales

Esa es la forma en que miles de jóvenes nicaragüenses han empezado el movimiento social #SOSNicaragua. Esto, mientras el gobierno de Daniel Ortega censuraba medios independientes y reprimía violentamente protestas, tras haber propuesto una reforma de seguridad social que elevaba las cuotas de aporte y reducía las pensiones y jubilaciones. Todo en apenas siete días.

Al igual que la Primavera Árabe y el 19S en México, la población ha logrado organizarse e informar a través del único medio que no es controlado por el Estado: internet. Esta nueva plataforma para hacer política ha sido clave para que un país como Nicaragua el pueblo tomara las calles y exigiera justicia, después de 11 años bajo el gobierno de Ortega.

Redes sociales, la segunda trinchera

La población ha utilizado las redes de distintas formas. El canal principal es Twitter, ya que como asegura el periodista web Misael Centeno, esta red “es el canal de comunicación más eficaz a la hora de una protesta porque es una comunicación breve y sincrónica”.

Así mismo, se trata de una plataforma usada por periodistas e intelectuales; y que por ello, cuenta con mayor credibilidad. “Son micro influenciadores, usuarios cuyo reconocimiento no se los da la televisión ni la prensa sino grupos activos en redes sociales, algunos con 200 seguidores que son capaces de viralizar cualquier tema”, indica Centeno.

Por otro, Facebook se convirtió en el canal oficial de los medios independientes. En medio del caos, los periodistas utilizaron esta herramienta para mostrar las agresiones. Como dice el experto en tecnología Carlos R. Fonseca: “los Facebook Live, vídeos y fotografías tomados fueron las herramientas con las que [los periodistas] pudieron contar” lo que ocurría.

WhatsApp también ha sido crucial para la mayoría de los adultos, ya que de forma orgánica, permite que las personas compartan información. “Las personas están involucradas en diferentes grupos de Whatsapp: con los padres de los niños que asisten al colegio con sus hijos, con amigos de infancia, con compañeros de trabajo, etc. y en todos esos grupos comenzaron a compartirse muchos contenidos”, explica Fonseca.

Nuevos retos periodísticos

Cuando la única fuente de información son los usuarios de redes sociales, se originan mayores retos para el trabajo periodístico. Uno de ellos es lograr verificar la información y a su vez, combatir las noticias falsas.

Rodrigo Serrano, cofundador del movimiento #YoSoy132 y #Verificado19S, opina que se vive una guerra informativa debido a las noticias falsas, que ya son parte de la estrategia de comunicación de gobiernos como el de México.

“La manera de combatirlo es, en primer lugar, la parte pedagógica, que implica, por ejemplo, enseñarle a tu tía que en el WhatsApp no comparta todo, si no que busque la fuente y que aprenda a distinguir si la página que está leyendo es un medio clonado o no”, aconseja Serrano.

En segundo lugar, destaca que es necesario un trabajo profesional, donde el periodista debe buscar y pedir declaraciones. Sin embargo, Serrano opina que este procedimiento “es muy reactivo, entonces en el tiempo en que te tardas en verificar, la noticia falsa ya se viralizó”.

En crisis como la de Nicaragua, también se presenta el reto de poder documentar lo que sucede y a la vez llevar el ritmo acelerado de las redes. Para lograrlo, Serrano sugiere crear una brigada de sistematización que documente todas las pruebas y testimonios. “Mañana eso puede ser clave para poner una demanda a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y si bien esos procesos tardan 10 años, a fin de cuentas tienen un resultado positivo”, reflexiona.

El siguiente paso para #SOSNicaragua

El movimiento ha surgido de forma horizontal, como la mayoría de colectivos que nacen y se construyen en las redes sociales. Sin embargo, algunos demandan una organización política que le haga frente al partido de gobierno.

“Basado en mi experiencia. Hay dos caminos: o poder tener una incidencia a nivel político dentro del sistema organizado, o seguir organizándose de forma horizontal a través de las redes. Ambas son un poco incompatibles entre sí”, reflexionó Serrano.

Por otra parte, Serrano recomienda fortalecer las conexiones creadas durante esta crisis, para que el movimiento prevalezca a largo plazo. “El fin del asunto es generar  confianza y es crear esas redes. Y esas redes hoy van a funcionar de un modo específico, pero el objetivo es que puedan seguir articuladas para el futuro”, comenta.

Actualmente se está preparando una mesa de diálogo con distintos sectores de la sociedad nicaragüense, incluyendo a los estudiantes, que ahora formaron el movimiento de “Autoconvocados”. Nadie sabe a ciencia cierta lo que podrá suceder, pero el país ya no es el mismo.

La forma en que funcionan las redes sociales ha hecho que los jóvenes descubran una alternativa al sistema político tradicional. Ahora, el pueblo está organizado y no necesita de viejas estructuras para hacerlo.

Ana Siu/ijnet.org/es

 
Prensa libre bajo acoso creciente de gobernantes

Impulsados por líderes como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cada vez más gobernantes fomentan ataques contra la prensa, lo que dificulta el trabajo de los periodistas en todo el mundo.

Esa fue la conclusión de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF), que analiza la situación de los medios en 180 países.

En la presentación del informe, el secretario general de RSF, Christopher Deloire, reflexionó sobre la erosión de uno de los más preciados principios de las sociedades libres: la libertad de prensa.

“El despliegue del odio hacia los periodistas es una de las peores amenazas a las democracias. Disputar la legitimidad del periodismo en la actualidad es jugar con un fuego político extremadamente peligroso”, alertó Deloire.

Estados Unidos está peor

Según el informe de RSF, Estados Unidos es parcialmente responsable de la decadencia de la imagen de los medios en el mundo.

El informe subraya el impacto que ha tenido el eslogan de “noticias falsas” de Trump, una referencia empleada por el presidente estadounidense para desacreditar y tratar de desmentir la información de prensa.

Las “noticias falsas” de Trump sin duda han tenido un impacto mundial.

“Los gobernantes de países tanto democráticos como autoritarios aprovecharon para tildar de noticia falsa o de maniobra de desinformación a toda cobertura crítica”, dijo a IPS la directora para América del Norte de RSF, Margaux Ewen.

El método de Trump de desacreditar a la prensa fue adoptado por numerosos gobernantes, concluye el informe.

“Cada vez más gobernantes elegidos democráticamente ya no ven a los medios como un elemento esencial de la democracia, sino como un adversario. El propio Trump dijo que los periodistas eran “enemigos del pueblo”, recordó Ewen.

“Es triste que Estados Unidos, considerado un faro brillante en materia de libertad de prensa y democracia, deje de ser un modelo”, continuó.

No llama la atención que en la clasificación de este año, Estados Unidos haya caído al lugar 45, dos más abajo que en 2017.

Europa “no es perfecta”

Suecia y Noruega mantienen uno de los entornos más libres para la prensa. Sin embargo, la región tiene más países donde empeoró la situación que cualquier otro continente.

Naciones europeas como Malta, Eslovaquia, República Checa y Serbia cayeron de forma considerable.

“Con el auge de líderes populistas y hombres autoritarios, la tendencia a la baja probablemente continúe”, alerta el informe.

El asesinato de conocidos periodistas, como Daphne Galizina, en Malta, y Jan Kuciak, en Eslovaquia, se atribuye a esa caída en la clasificación.

El informe subraya varios casos en que los países están peor debido a líderes autoritarios.

Por ejemplo, Filipinas descendió al lugar 133 en gran parte debido al presidente Rodrigo Duterte, quien suele justificar públicamente el asesinato de periodistas.

El año pasado, cuatro periodistas fueron asesinados realizando su trabajo, lo que le valió ser considerado el país más peligroso de Asia para ser ejercer la profesión.

Turquía también cayó en la clasificación de este año al lugar 157. Su presidente Recep Tayyip Erdogan hace tiempo que desprecia a los medios de prensa.

Y ese país tiene más periodistas presos en la actualidad que ningún otro estado del mundo.

Asimismo, Eritrea quedó al final de la clasificación. El informe señala que los medios están sujetos a los caprichos del presidente Isaias Aferworki, responsable del deterioro de los derechos humanos y de las libertades, en general.

Tras cuestionar las tendencias autoritarias del gobierno, el periodista sueco-eritreo Dawit Isaak fue fue a la cárcel en 2001, donde permanece desde entonces, sin haber comparecido nunca ante un juez.

Desde entonces, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reclama su liberación.

Hace poco RSF envió un informe a la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos expresando su preocupación por la situación de la libertad de prensa en esa nación de África oriental.

A pesar de eso, la organización concluyó que, en general, la libertad de prensa en África mejoró, aunque todavía hay grandes diferencias de un país a otro.

Ewen reconoció que no son muchas las conclusiones positivas del informe, aunque destacó como elemento positivo la futura designación de un representante especial de la ONU para la prensa.

“Eso quiere decir que podremos coordinar de inmediato esfuerzos internacionales para la prensa cuando haya un periodista en peligro. RSF promueve eso desde hace unos años, junto con unas 130 organizaciones no gubernamentales y medios de prensa”, comentó Ewen a IPS.

“Es algo a lo que podemos aspirar”, destacó.

http://www.ipsnoticias.net

 
Los periodistas de Ecuador merecen seguridad y libertad para ejercer su profesión

#NosFaltan3. Esta frase ha estado omnipresente en Ecuador desde el 26 de marzo, cuando los tres miembros de un equipo periodístico del diario El Comercio fueron secuestrados cerca de la frontera con Colombia.

El 13 de abril, tras varias semanas llenas de confusión e información contradictoria, las autoridades ecuatorianas confirmaron que los tres habían muerto, probablemente a mano de sus captores, una disidencia del grupo guerrillero colombiano FARC.

La pérdida de estas tres personas –el joven reportero Javier Ortega, el veterano fotógrafo Paúl Rivas y el chofer Efraín Segarra– ha destrozado al gremio periodístico ecuatoriano, donde los actos de violencia física contra periodistas son raros. Desde que el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) comenzó a documentar casos de periodistas caídos en el ejercicio de la profesión, en 1992, solamente dos periodistas ecuatorianos habín muerto por motivo de su labor informativa, el más reciente en 2012.

En discurso pronunciado el 13 de abril y en el cual confirmó la muerte de los integrantes del equipo de El Comercio, el presidente Lenín Moreno rindió homenaje al sacrificio de los periodistas y exhortó a los medios de comunicación y a la sociedad ecuatoriana a ejercer su derecho a la libertad de expresión para criticar la respuesta del Gobierno.

Viniendo de Moreno, el vicepresidente del país durante la gestión del ex mandatario Rafael Correa, quien pasó una década convirtiendo a Ecuador en uno de los climas mediáticos más represivos de las Américas, tales palabras fueron particularmente significativas.

Durante la gestión de Correa, las empresas de medios fueron diezmadas y los periodistas fueron silenciados mediante la intimidación. Correa utilizaba sus intervenciones semanales por radio y TV para atacar a los medios, criticar a periodistas individuales y deslegitimar a los medios de prensa mucho antes de que la frase “fake news” ingresara al léxico mundial. Correa fustigaba a todo el que consideraba crítico, y recurría a los ataques personales y a demandas exorbitantes concebidas para llevar a la quiebra a medios de prensa.

Esta amenaza constante dejó ansiosos y miedosos a los periodistas independientes ecuatorianos. Los periodistas dejaron sus empleos o se autocensuraron para protegerse. El ejemplo dado por la Presidencia se esparció a los gobiernos locales y regionales, donde los funcionarios se sentían envalentonados para perseguir a los periodistas por su trabajo periodístico, que consideraban como un atentado a su reputación.

“Aprendimos a jugar a filo de la línea”, declaró Alexis Serrano, periodista de la sección de Política del periódico La Hora.

“No sabes a qué [respuesta] te podrías exponer cuando haces un reportaje”, expresó Carolina Mella, la presentadora del programa Visión 360 de Ecuavisa, un canal noticioso privado que era uno de los principales blancos de la ira de Correa.

Desde que Moreno asumió el poder hace casi un año, ha habido un cambio claro en la retórica oficial. Moreno se ha distanciado del legado de Correa y ha prometido mejorar la relación del Gobierno con los medios de comunicación, ha sostenido encuentros con periodistas y le ha ordenado a su administración aprobar reformas jurídicas para mejorar el clima de libertad de prensa en todo el país.

Los periodistas afirman que el cambio de tono les ha permitido respirar con un poco más de libertad por primera vez en muchos años.

“Hay un mejoramiento del clima, con una cese de agresiones contra los medios”, declaró César Ricaurte, director de la organización ecuatoriana defensora de la libertad de prensa Fundamedios, a una delegación del CPJ que visitó Ecuador en marzo. “Es un momento de romance entre la prensa y el Gobierno, la prensa ha sido mucho más favorable a Moreno”.

Pero es probable que este romance sea breve si las autoridades no se toman medidas para respaldar la retórica. El daño provocado por una década de guerra abierta contra los medios no se puede reparar en un año, y muchas de las políticas más destructivas se han incorporado a la ley ecuatoriana, lo cual no se puede cambiar con unas pocas oportunidades para aparecer juntos en fotos.

Puede que el elemento más hostil de la estructura jurídica creada por Correa sea la Ley Orgánica de Comunicación de 2013, a menudo llamada Ley Mordaza. Esta ley convirtió a Ecuador en uno de los países más represivos de los medios en el mundo hispanohablante, gracias a restricciones concebidas para silenciar o desmantelar sectores completos de los medios.

“Prácticamente tuvimos que trabajar con la ley en la mano, por supuesto eso genera la autocensura”, manifestó Milton Pérez, productor ejecutivo de noticias del canal de televisión Teleamazonas.

Además, el Gobierno de Correa también creó un organismo, la Superintendencia de Información y Telecomunicaciones, o Supercom, para vigilar la observancia de la ley. La Supercom actuaba como juez y parte, aplicando sanciones e imponiendo absurdas multas que servían de advertencias dirigidas a otros periodistas.

Ahora la Supercom ha perdido su poder en gran medida, ha emitido una cantidad muy inferior de citaciones y ha carecido de titular desde que su anterior director, Carlos Ochoa, caído en desgracia, fuera cesado del cargo en marzo. Por otra parte, el Poder Judicial ha comenzado a emitir fallos a favor de la libertad de prensa, y recientemente desestimó las acusaciones presentadas contra los conocidos periodistas Martín Pallares y Fernando Villavicencio , quienes hacían frente a querellas por difamación derivadas de la época de Correa.

De todos modos, la ley sigue siendo una amenaza mientras continúe vigente. Durante nuestra visita a Ecuador, muchos periodistas se refirieron a la ley como una “pistola cargada”, quieta por el momento, pero tan peligrosa como siempre.

“Mientras la ley exista, es totalmente intimidatoria”, declaró César Pérez, subdirector del diario El Universo.

La Constitución ecuatoriana exige una ley de comunicación nacional, y por ello el Gobierno ha declarado que no puede eliminarla, pero ha prometido reformarla. En un encuentro sostenido con el CPJ en marzo, el Secretario de Comunicación, Andrés Michelena, prometió implementar reformas antes del fin el año. El Gobierno también ha invitado a los expertos internacionales David Kaye y Edison Lanza, relatores especiales para la Libertad de Expresión de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, respectivamente, a visitar el país y asegurar que las reformas propuestas cumplan con las normas internacionales.

Estas promesas muestran la voluntad de desmantelar las peores partes de una época oscura, cuando las personas temían expresarse, escribir o incluso dibujar caricaturas políticas . Si Moreno de veras quiere erradicar la corrupción, debe entender que no lo puede hacer sin una prensa libre e independiente.

Ahora que se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la trágica pérdida del equipo periodístico de El Comercio ha puesto en primer plano la cuestión de la libertad de prensa en el diálogo público nacional, pero lo cierto es que los periodistas ecuatorianos han estado bajo asedio durante años.

Ahora resplandecen rayos de luz por entre las grietas de la estructura que Correa creó, pero hará falta voluntad política y el compromiso del Gobierno, y el apoyo de todos los sectores de la sociedad, para asegurar que Ecuador pueda volver a construir una prensa verdaderamente libre y, mediante ello, una democracia fuerte.

Natalie Southwick

CPJ Americas Researcher

 
Mujeres periodistas lanzan Press Forward contra el acoso sexual en redacciones

Lo que comenzó como una conversación en una página de Facebook se convirtió en un movimiento nacional contra el acoso sexual en las redacciones. Un equipo de 13 periodistas fundó la organización Press Forward y la presentó en público el 13 de marzo pasado, en un evento en el National Press Club de Washington.

El grupo se conectó e intercambió experiencias en las redes sociales a principios de septiembre de 2017, en plena efervescencia del movimiento #MeToo".

"Algunas de las integrantes buscaban una suerte de grupo de apoyo", cuenta la londinense Dianna Burgess, una de las fundadoras de la organización. "Pero todas sentíamos que era realmente necesario hacer algo positivo a partir de las experiencias negativas que habíamos vivido”.

Aunque el grupo de fundadoras es diverso en edad, etnia, sexualidad y lugar de residencia, se unieron por su experiencia en los medios y por el deseo de impulsar cambios, dice Burgess.

Otra miembro del grupo, Eleanor McManus, trabajó más de 10 años en CNN, desde que tenía 22 años. Cuando el historial de acoso de Mark Halperin llegó a las primeras planas, ella compartió públicamente su experiencia, pero siempre quiso hacer más.

"Nos dimos cuenta de que éramos un grupo de periodistas y productoras talentosas que salían al terreno para hacer una diferencia, para ayudar a contar una historia", explica McManus. "Unidas podemos ayudar a futuras periodistas”.

Las fundadoras dejaron de encontrarse en Facebook para hacer una lluvia de ideas sobre su futuro proyecto. Se comunicaron vía email, redes y llamadas online para planificar el siguiente paso.

La organización anunció su formación el mismo día en que Time Magazine nombró a “the silence breakers” como personalidad del año, lo que inspiró mucho interés y apoyo a Press Forward.

Sin embargo, para las integrantes era importante establecer metas y estrategias claras antes de que otras personas se involucraran. "Queríamos organizar una propuesta que tuviera verdadero sentido", dice Burgess.

En marzo ya tenían una misión claramente definida: "Crear un ambiente de trabajo seguro y elevar el valor de las mujeres en el entorno laboral, comenzando por las redacciones".

Muchas de las integrantes se conocieron por primera vez en el evento de lanzamiento, que contó con oradores, anuncios y mesas redondas. Los panelistas incluyeron fundadores y miembros de su junta asesora, como Ted Koppel, Jake Tapper y Sara Just.

Aunque algunos de los comentarios de los panelistas fueron provocadores, Burgess cree que se puede estar en desacuerdo mientras se trabaja para lograr el mismo objetivo.

La estrategia de Press Forward se divide en cuatro ejes principales: el diseño de capacitaciones innovadoras para tomar conciencia sobre el acoso sexual, la realización de evaluaciones sobre la cultura de la redacción, la creación de un modelo para promover cambios y la definición de estándares para alentar mejores prácticas.

A través de mesas redondas, eventos educativos y divulgaciones en escuelas de periodismo, Press Forward también espera educar y capacitar a staffs de periodistas –desde directores hasta pasantes– sobre cómo enfrentar los problemas a medida que surgen. Para ello trabajarán junto al Instituto Poynter.

"La mayoría de los medios ni siquiera ofrecen capacitaciones sobre acoso sexual", observa Kelly McBride, vicepresidenta del Instituto Poynter. "De los entrenamientos que existen, la mayoría parece ineficaz. Queremos desarrollar una formación que esté enraizada en los valores centrales del periodismo. En lugar de decirle a las personas que se porten bien, queremos enseñar a los líderes a construir redacciones más equitativas".

Burgess cuenta que la iniciativa más ambiciosa de Press Forward será realizar un gran estudio de seis meses en las redacciones de todo Estados Unidos con el fin de comprender mejor la cultura que se vive allí y hacer recomendaciones basadas en datos.

"Se necesita más investigación sobre el estatus de las periodistas y las condiciones en las que trabajan", sostiene Elisa Lees Muñoz, directora ejecutiva de la International Women's Media Foundation (IWMF), que se ha asociado con Press Forward en la iniciativa. "Sin datos ni cifras que respalden la evidencia anecdótica que hemos escuchado a lo largo de los años, resulta difícil difundir el impacto del problema y proponer soluciones".

Press Forward actualmente acepta donaciones, pero todavía busca más fondos. Hasta ahora, todo el trabajo ha sido voluntario, y los próximos proyectos, como la contratación de expertos para realizar el estudio, requieren un ingreso constante.

A McManus le preocupa que el movimiento contra el acoso en el entorno laboral pierda impulso, pero continúan programando eventos para mantener viva la discusión.

Próximamente harán mesas redondas en Washington y Nueva York, y ya han hecho apariciones en universidades. Además, comparten recursos a través de su sitio web y de las redes sociales.

"Realmente solo se trata de cambiar el punto de partida", dice Burgess. "Sé que suena simple y básico, pero ¿y si el punto de partida fuese que una mujer con un problema pueda acudir a alguien en quien confíe, y que ese alguien le crea?

/ijnet.org/es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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