Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Jueves, 13 agosto 2020
Informe Especial
¿Qué transformaciones sociales nos traerá el coronavirus?

ESPAÑA.- Las crisis aceleran las transformaciones sociales. La respuesta económica, política y social a la crisis del coronavirus ya nos está empezando a dejar ver algunas transformaciones en el funcionamiento de la sociedad que posiblemente, al menos en parte, se mantengan en el futuro. Y nos ha hecho ver posibilidades de mejora que no deberíamos dejar pasar.

La economía del confinamiento ha intensificado tendencias ya presentes en nuestra sociedad. Ha forzado el teletrabajo y la enseñanza a distancia. Ha potenciado las ventas “online” y la distribución a domicilio, potenciando a las grandes distribuidoras, pero incorporando también al pequeño comercio de barrio, con otros sistemas.

El consumo de ocio por internet se ha disparado prácticamente en todos los sectores sociales. Incluso estando abierta, la banca presencial se ha reducido al mínimo y la prensa se ha hecho también más digital.

Se ha potenciado la relación telemática con la administración pública.

Todo ello tendrá fuertes implicaciones en la organización del trabajo y en las relaciones laborales y puede poner en cuestión un modelo de integración social muy basado en el empleo asalariado.

¿Volverán los hábitos de los consumidores?

¿Volverán las pautas de los consumidores, las estrategias de las empresas y las instituciones y los hábitos de la ciudadanía a ser exactamente igual que antes?

Cabe pensar que no. Al menos, sabemos que va a haber quien intente que así no sea. En algunos aspectos, no será malo: hemos visto que nos podemos ahorrar desplazamientos y, con ello, reducir el consumo de energía y la contaminación.

Pero sabemos también que se van a intensificar tensiones sociales que ya veíamos: se ha visto claramente, por ejemplo, cómo está afectando en este curso la brecha digital en los menores de familias más vulnerables, que pueden acabar perdiendo el curso.

Esa brecha digital no afecta solo a los menores. En la nueva sociedad, es ya una brecha que fractura el conjunto de la estructura social. Y no es sólo una brecha digital, sino una brecha educativa y social en la que no todos los padres pueden ayudar del mismo modo a sus hijos e hijas.

El valor de lo público y lo comunitario

Por otra parte, esta crisis ha permitido “redescubrir” la importancia del sector público, al que todos hemos dirigido la mirada en búsqueda de respuestas. Es mejor descubrir el poder del Estado con una pandemia que con una guerra (de verdad).

Se ha puesto de manifiesto que, cuanto más débil es el sistema sanitario público, más difícil es dar una respuesta a una crisis sanitaria como esta.

Y en lo económico, hasta los ultraliberales se han convertido (transitoriamente) en keynesianos y demandan mayores paquetes de intervención pública, más expansión del gasto y más garantías del Estado.

¿Cómo saldría la economía de mercado sola de este atolladero? En el ámbito de la administración pública, se han introducido medidas de flexibilización de los recursos humanos que agradecería mucho la ciudadanía también en otros momentos para responder mejor a sus necesidades.

Y en el ámbito de lo social, hemos descubierto el carácter esencial de los servicios sociales, los de gestión pública y los de iniciativa ciudadana, que están al pie del cañón ayudando a los sectores más vulnerables a hacer frente a esta crisis que les está afectando especialmente, como en las residencias. Un esfuerzo insuficientemente reconocido, por cierto.

También en el ámbito de lo comunitario, hemos visto resucitar los barrios, la solidaridad más primaria entre los vecinos, tanto en la respuesta a las necesidades más básicas de aquellos que más lo necesitan, como para insuflarnos ánimo mutuamente cada día en los balcones.

De la capacidad que tengamos de dar una respuesta a esta crisis, no solo en lo sanitario, sino también en lo económico y en lo social, aprovechando los elementos positivos de las transformaciones en curso y compensando los negativos, depende el tipo de sociedad en el que vamos a vivir en el futuro.

Miguel Laparra Navarro (IPS).

 
La curva del cambio climático también debe aplanarse

GINEBRA.- La temperatura del planeta se eleva, los glaciares se derriten y los desastres naturales acechan mientras avanza el coronavirus, por lo que se requiere no solo aplanar la curva de la covid-19 sino también la del cambio climático, destacó la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

La pandemia “ha provocado una grave crisis económica y sanitaria de alcance internacional, pero no hacer frente al cambio climático puede poner en jaque el bienestar de las personas, los ecosistemas y las economías durante siglos”, dijo el líder de la OMM, Petteri Talas.

Con motivo del Día de la Tierra, que se celebra desde hace 50 años cada 22 de abril, la OMM renovó sus alertas sobre los riesgos asociados al calentamiento global, como el auge de enfermedades, la inseguridad alimentaria y el retroceso de la economía.

También los desastres naturales, como los ocasionados a comienzos de abril por el paso del huracán Harold, categoría cinco, sobre las islas del Pacífico sur. La covid-19 “no hizo sino aumentar las dificultades para la evacuación de las personas afectadas”, recordó Talas.

La concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2) es 26 por ciento mayor que la registrada en 1970, cuando se celebró por primera vez la fecha de la Tierra, la temperatura promedio ha subido 0,86 grados centígrados desde entonces y está 1,1 grados por encima del promedio de la era preindustrial.

Para fines de 2020 las emisiones globales de carbono deben disminuir 7,6 por ciento y continuar disminuyendo en esa misma proporción cada año durante la próxima década para que se logre mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados centígrados a finales de siglo, según especialistas de Naciones Unidas.

En el 2019 se registraron los valores más elevados de contenido calorífico, de los que se tenga constancia, en los 700 metros superiores del océano. El alza pone en peligro la vida marina y los ecosistemas.

Las olas de calor fueron el riesgo meteorológico más letal en el período 2015–2019, ocasionaron récords de temperatura en muchos países y estuvieron acompañadas de incendios forestales sin precedentes en Europa, América del Norte, Australia, la selva amazónica y las regiones árticas.

Las lluvias intensas y las crecidas asociadas a ellas crean las condiciones favorables para la aparición de brotes epidémicos. En los países donde el cólera es endémico, 1300 millones de personas están en riesgo de contraer la enfermedad. Solo en África unos 40 millones de personas viven en «puntos calientes» de esa dolencia.

El aumento de las temperaturas socava el desarrollo. El Fondo Monetario Internacional determinó que, para los países en desarrollo de ingresos bajos y medios cuya temperatura media anual es de 25 grados centígrados, una subida de la temperatura de un grado conlleva una reducción del crecimiento de 1,2 por ciento.

Aunque la covid-19 ha llevado a una reducción transitoria de seis por ciento en las emisiones de gases de efecto invernadero, al cesar actividades productivas y de transporte, no sustituye una acción climática continuada, consideró la OMM.

La actual pandemia “es una advertencia. Si hubiéramos avanzado más en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París sobre el cambio climático, podríamos enfrentar mejor este desafío”, dijo en su mensaje de este día el secretario general de la ONU, António Guterres.

Talas insistió en que “se debe actuar con decisión para proteger al planeta tanto del coronavirus como de la amenaza existencial del cambio climático”.

Como se espera un repunte de la economía después de la recesión general causada por la pandemia, la OMM demandó que “el gasto de dinero en la recuperación debe ir acompañado por la creación de nuevos trabajos y empresas mediante una transición limpia y ecológica. Empleos verdes y crecimiento sostenible”.

La “artillería fiscal” o estímulos financieros desde los Estados “debe impulsar el paso de la economía gris a la verde, y aumentar la resiliencia de las sociedades”.

Los riesgos y oportunidades climáticos tienen que incorporarse al sistema financiero, así como a la formulación de políticas públicas, y a las infraestructuras. Los fondos públicos deben fluir hacia sectores y proyectos sostenibles que ayuden al medio ambiente y al clima, concluyó postulando la organización.

(IPS)

 
Oleada de críticas a Bolsonaro por renuncia de Moro como ministro de Justicia

SAO PAULO.- La renuncia del exjuez Sergio Moro a su cargo como ministro de Justicia en Brasil desató una oleada de críticas contra el Gobierno de Jair Bolsonaro, a quien llegaron a acusar de dar un "golpe a la democracia" del país.

Uno de los discursos más discursos más duros fue el gobernador del estado de Sao Paulo, Joao Doria (Partido de la Social Democracia Brasileña, centro-derecha), quien tachó de "un golpe a la justicia, a la libertad y a la democracia de Brasil" la salida del ministro, conocido por conducir el caso de Lava Jato y llevar a la cárcel al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

"Lamento mucho que nuestro país tenga que luchar contra dos virus, el coronavirus y el que está en el Palacio de Planalto en Brasilia", añadió el gobernante de la región más poblada e industrial de Brasil, en una referencia directa al presidente Bolsonaro.

También desde su partido, el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) pidió este viernes la renuncia del mandatario para "ahorrar" un "largo proceso de impeachment" en Brasil.

"El presidente está cavando su tumba. Que renuncie antes de ser renunciado. Que nos ahorre de, además del coronavirus, tener un largo proceso de impeachment", señaló en redes sociales el ex jefe de Estado y uno de los líderes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

El gobernador del estado de Río de Janeiro, Wilson Witzel (también del espectro de la derecha), transmitió a través de su cuenta oficial de Twitter su "tristeza" ante la renuncia de Moro.

"Estaría honrado con su presencia en mi Gobierno aquí, vuestra excelencia, tiene carta blanca siempre", complementó Witzel.

En menos de una semana, Sergio Moro se convirtió en el segundo ministro de Bolsonaro en salir del Gobierno, detrás del titular de Salud, Luiz Henrique Mandetta, quien fue sustituido por el oncólogo Nelson Teich la semana pasada en plena pandemia de COVID-19.

En Twitter, el exministro Mandetta, que como Moro gozaba de altos índices de popularidad, agradeció la labor del antiguo titular de Justicia por estar "siempre pensando en el bien común".

También se expresó por la red social la expresidenta Dilma Rousseff, la ahijada política de Lula y destituida del cargo por un juicio político en 2016.

"Si el señor Moro tuviera un 10 % de la sinceridad que intentó transmitir en su declaración contra Bolsonaro, su exjefe, habría aprovechado y pedido disculpas al pueblo brasileño por todas las mentiras que contó sobre Lula", criticó Rousseff.

De los hijos del presidente Bolsonaro considerados una suerte de consejeros, se pronunció el concejal de Río de Janeiro Carlos Bolsonaro quien, en un ataque a los medios de comunicación, criticó las noticias que lo vinculaban con la salida del titular de Justicia.

"¿Alguien cree que apoyar a Bolsonaro y no recibir críticas diarias de la prensa no es, como mínimo, incoherente?", preguntó retóricamente el hijo del presidente.

Otro hijo del presidente, el diputado federal Eduardo Bolsonaro, insistió en que el director general de la Policía Federal "salió por petición propia, aunque buena parte de los medios insisten en decir que fue interferencia de Jair Bolsonaro".

La abogada de la familia Bolsonaro, Karina Kufa, escribió para sus casi 40.000 de seguidores en Twitter que "Jair es honesto y siempre quiere el bien del país".

Por su parte, el presidente de la Frente Parlamentaria de la Seguridad Pública en el Congreso, el diputado Capitao Augusto, se limitó a escribir en sus redes sociales el hashtag "ficamoro" (#quédatemoro).

EFE

 
Bolsonaro asumió el riesgo de ser tildado de presidente de la muerte

RÍO DE JANEIRO.- Hay fuertes competidores en el mundo, pero el presidente Jair Bolsonaro aventaja en la disputa por el título de campeón de la muerte de la pandemia de covid-19, por jugar políticamente con millones de vidas.

Saltó sin paracaídas el 16 de abril, al destituir a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, de cuyas medidas venía discrepando y saboteando públicamente,  con incursiones por las calles para juntarse con sus adeptos y recibir su apoyo o concurrir a tiendas comerciales e iglesias.

Otros presidentes o jefes de gobierno podrán ser responsabilizados de muertes y sufrimientos evitables, por retardar el aislamiento social recomendado por la Organización Mundial de Salud (OMS).

Es el caso de Donald Trump, de Estados Unidos, y Andrés Manuel Lopez Obrador, de México. A ellos se suman algunos que ignoran la pandemia, como Daniel Ortega, de Nicaragua, por citar solo casos de América.

Pero el ultraderechista Bolsonaro no solo persiste en menospreciar los riesgos de la covid-19. También rechazó la política impulsada por su Ministerio de Salud y los gobiernos regionales con buenos resultados y aprobada por la OMS y los expertos de todo el mundo.

Asumió así, personalmente, la responsabilidad por el porvenir de la crisis sanitaria, al destituir Mandetta, cuya labor conquistó también un gran apoyo popular. Una encuesta del Instituto Datafolha le atribuyó al comienzo de abril la aprobación de 76 por ciento de los entrevistados, contra 33 por ciento a Bolsonaro.

Coincide con 76,2 por ciento que rechazaba su pronosticada destitución en la encuesta de la consultora Atlas Político, hecha del 12 al 14 de abril.

El respaldo popular al exministro se expresó en cacerolazos y gritos de “Fuera Bolsonaro” en las mayores ciudades brasileñas minutos después de conocerse la decisión presidencial.

Además de castigar a su ministro por una labor apoyada por casi todos los gobernadores de los 27 estados brasileños y por los profesionales de la medicina, el presidente lo hizo en un momento que juega contra su propio destino político.

Los epidemiólogos prevén consensualmente una aceleración del contagio por el coronavirus en Brasil para las próximas semanas, con su apogeo en mayo. Por más que esa tendencia ya estuviese prefijada, será difícil que la población no le eche la culpa al presidente.

Su popularidad, que se había estabilizado en cerca de un tercio del electorado tras un fuerte descenso los primeros meses de su mandato, iniciado en enero de 2019, tiende a un nuevo bajón debido a su actitud ante la epidemia y el caso Mandetta.

El desastre será más desgarrador si los cadáveres empiezan a acumularse en los hospitales,  tanatorios, barrios pobres o calles, como ocurre en la ciudad ecutoriana de Guayaquil.

Mandetta, un médico ortopedista, fue sustituido por el oncólogo Nelson Teich, quien tomó posesión con un discurso ambiguo. Rechazó una “definición brusca” de la política que adoptará, indicando que no cambiará pronto las directrices de su antecesor, pero garantizó “un alineamiento completo” con Bolsonaro.

Teich tiene cierto prestigio entre los médicos del sector privado, como empresario y gestor, pero nunca tuvo experiencia en la administración pública.

Anunció como sus directivas algunos principios obvios, como obtener “información sólida” y la mayor cantidad de datos para adoptar decisiones más eficientes. También rechazó antagonismos entre salud y economía para tratarlos como “sinérgicos”, ya que la salud tiene “determinantes sociales”.

Un programa de diagnósticos masivos para “entender la epidemia” y “asumir su comando” está en sus planes, aunque se conoce que Brasil no produce pruebas suficientes, enfrenta dificultades en su importación y está entre los países que menos diagnostican sus enfermos de covid-19.

Esas orientaciones anunciadas por Teich demandan un tiempo que no parece disponible en la rapidez de propagación del coronavirus SARS-CoV-2. Por eso es que se imponen el aislamiento de las personas y la suspensión de las clases escolares y de las actividades económicas no esenciales.

La expansión de la epidemia se aceleró en los cuatro últimos días, con un promedio de 200 muertes diarias en las estadísticas oficiales sabidamente subestimadas, el doble de la semana anterior, en ese país de 211 millones de habitantes donde se asesinan 115 personas al día.

Algunas metrópolis ya están al borde del colapso de sus sistemas de salud.

En Manaus, la principal ciudad de la Amazonia, con 2,2 millones de habitantes, se agotó la capacidad de sus hospitales para atender enfermos graves de Covid-19. São Paulo (12,2 millones), que concentra casi 30 por ciento de la epidemia en Brasil, y Fortaleza (2,7 millones), una de las capitales de la región del Nordeste, se acercan a la insuficiencia.

Los hospitales de campaña difícilmente se alistarán a tiempo o serán suficientes, ante la escasez de respiradores mecánicos, personal capacitado y sus equipos de protección individual.

Las ideas del nuevo ministro probablemente parecieron más aceptables a Bolsonaro por el énfasis en articular la economía y la salud en el combate al coronavirus.

Pero es una abstracción, una cuestión futura que preocupa a todos en todo el mundo, para cuando se busque una salida a la “hibernación” económica dictada por el aislamiento social, que Teich acoge como correcto, por ahora.

Queda claro que el reemplazo del ministro de Salud no resuelve el caos político provocado por el presidente. Su creencia de que se debe “volver a la normalidad” y reanudar pronto las actividades económicas para evitar un desempleo explosivo, solo por milagro tendría una respuesta satisfactoria del nuevo ministro.

Es Bolsonaro quien más contrapone salud y economía. Ha defendido que sería mejor restablecer las actividades económicas, para evitar la quiebra de empresas y el desempleo, es decir un caos que “mata más que el virus”.

No admite que una epidemia descontrolada, con miles de muertos diarios y el colapso del sistema de salud, provocaría daños económicos peores, al aterrorizar la población, exterminar o incapacitar parte de los trabajadores y consumidores, desorganizar cadenas de producción y transporte, afectando actividades esenciales hoy preservadas.

Por eso sostiene, contra todas las evidencias, que la pandemia no es tan agresiva como pintan los epidemiólogos.

El caos político no se limita a la contradicción entre la presidencia y el Ministerio de Salud. Los conflictos de Bolsonaro también se agravaron con el legislativo Congreso Nacional, con los gobernadores y con el Supremo Tribunal Federal (STF), que tiene entre sus funciones velar por la Constitución.

Son los gobernadores de los 27 estados y miles de alcaldes, con respaldo del STF y del Ministerio de Salud, cuyo papel es fundamentalmente rector, que decidieron y ejecutan las acciones de contención de la pandemia rechazadas por el presidente.

Bolsonaro amenazó con derogarlas por un decreto, que con toda probabilidad sería anulado judicialmente. Pero el presidente puede presionar a gobernadores y alcaldes, con la reducción de la ayuda financiera para compensar las pérdidas que sufren estados y municipios debido a la contracción económica.

Esa ayuda depende también del bicameral Congreso Nacional, que tiende a favorecer las entidades federales y que ahora amplía así sus roces con el gobierno central, cada vez más crecientes, nutridos por el hecho de que Bolsonaro no cuenta con partido propio en el parlamento.

Mario Osava (IPS)

 
La ciencia busca la vacuna que salve a la humanidad

La población mundial se encuentra expectante sobre la ardua tarea que día a día, sin lugar a tregua alguna, vienen realizando los científicos en el esfuerzo común de encontrar la vacuna salvadora, que permita la protección eficaz contra la pandemia del coronavirus. Los mensajes son alentadores. Frente a las incógnitas de lo que puede ocurrir mañana más tarde, hay respuestas que señalan la presencia de un ejército de personas trabajando en la vacuna para el COVID-19, al mismo tiempo que, en demostración de solidaridad, se comparten los resultados de los primeros avances de esta lucha contra la muerte.

La labor se cumple casi en forma silenciosa, en un escenario en donde vemos actores que nos dicen que la pandemia está cambiando el comportamiento de las personas, en tanto otros lanzan consejos impacientes para que que se elimine la curva de expansión  con medidas más radicales y no simplemente aplanarla, tal como hacen en Nueva Zelanda.  En ese mismo estrado alcanzan protagonismo, quienes se conduelen del dolor ajeno y señalan que el coronavirus “es más duro si eres pobre”  y hasta aquellos que recomiendan “lanzar dinero desde un helicóptero”, sin tomar en cuenta que ello abre esperanzas nada reales entre quienes no tienen cómo proveerse de víveres.

Pero regresando al trabajo de los científicos, con el convencimiento de que más temprano que tarde habrá respuesta positiva, debemos recordar que no es ni será la última vez que la ciencia logre su cometido ante desgracias como la actual. Como todos saben la vacunación es necesaria en la medida en que su administración evita la aparición de las enfermedades infecciosas. La persona queda inmunizada.

China ha sido, lo dice la historia, el lugar en donde existen pruebas que se remontan al siglo XI, en las que se hace referencia a las formas primitivas de vacunación. Ese el caso de la “variolización” que consistía en inocular el pus de la viruela para provocar la enfermedad, atenuar sus alcances e inmunizar al paciente. Había riesgos que afrontar, tanto que no siempre los resultados fueron exitosos. Buen número de vacunados terminaron enfermos y otros perdieron la vida. Aún así, ante la desesperación del mundo occidental para combatir la enfermedad, una dama, Lady Mary Wortley Montagu, asumió la iniciativa de introducirla en Europa en 1721, sobre todo en su país, Gran Bretaña.

A esos esfuerzos se sumaron otros y en 1796, el médico rural de nacionalidad inglesa, apellidado Jenner, logró descubrir la primera vacuna contra la viruela. El experimento consistió en utilizar una forma de viruela propia de las vacas -de allí el nombre de vacuna-, después de escuchar el relato de una granjera de su pueblo, quien afirmaba que ella no se enfermaría de la viruela mala porque ya había cogido la de las vacas. Jenner hizo sus investigaciones y encontró que el mal se producía en las ubres del ganado vacuno, a las que tenían acceso los ordeñadores y que por tal contacto terminaban inmunizados. Tuvieron que pasar veinte años para que las observaciones científicas culminaran y se pusiera en práctica la llamada “vacuna Jenner”.

Así como el médico inglés ha pasado a formar parte de esta lucha incansable para proteger la vida de los humanos, también hay que mencionar a Louis Pasteur, quien demostró que era posible combatir el cólera de las aves y el carbunco. A ese efecto demostró que “al administrar una forma debilitada o atenuada de microrganismo que produce la infección, se consiguen unas defensas más puras que introduciendo un germen productor de otra enfermedad similar a la que se quiere prevenir, como había hecho Jenner”. Los experimentos de Pasteur fueron objeto de cuestionamientos, debido a que el año 1885 había administrado la vacuna contra la rabia al niño Joseph Meister, de nueve años de edad. Quienes le criticaron, sin mayor información, no tomaron en cuenta que la vacuna se había elaborado con un microorganismo atenuado, tratado en laboratorio en forma conveniente.

Más adelante, en el siglo XIX, la ciencia avanzó con vacunas provenientes de microorganismos muertos y que hicieron frente al tifus, el cólera y la peste. La inactivación química de toxinas, dieron lugar a los primeros toxoides: tétanos y difteria. En el siglo XX, en 1909 se puso al servicio de la humanidad la vacuna contra la tuberculosis, contra la fiebre amarilla y en 1936 contra el virus influenza.

Se considera el año 1909 como la edad de oro de la vacunación. Con la presencia de la vacuna contra la poliomielitis, se agregaron las reclamadas contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola. La vacuna contra la varicela surgió en los años 70 en Japón. Hasta entonces, la ciencia venía  recurriendo a las vacunas de microorganismos vivos. Dio un paso adelante y logró el desarrollo de las vacunas inactivadas para combatir la polio, la rabia, la encefalitis japonesa y la hepatitis A. En 1954 y en medio de la zozobra causada por la polio se descubrió otra vacuna contra ese mal.

Como se puede apreciar, la ciencia no ha dado paso al cansancio. Al contrario, ha ido redoblando esfuerzos. En el transcurso de los años 1970 y 1980 el trabajo en laboratorio dio espacio a las vacunas preparadas con proteínas purificadas o polisacáridos capsulares, con una pequeña parte de las células o microorganismos completos, en cantidad suficiente para defender la vida humana. Las vacunas antimeningocócica, las antineumocócica y la primera generación de vacunas contra el Haemophilus influenzae tipo E, son muestra de ello.

Hoy en día se menciona en el campo médico la era de las vacunas conjugadas y sobre todo de la ingeniería genética para los casos de vacunas ADN recombinantes en casos de hepatitis B, vigentes desde 1986.

¿Qué sucederá en el caso del coronavirus, la terrible COVID-19? Hasta el momento se cita adelantos significativos. Algo más, se han logrado inversiones que permitirán a futuro la mundialización de la vacuna. Las pruebas en seres humanos se avecinan. Las investigaciones están dando paso a las pruebas clínicas. La ciencia peruana no es ajena a estos experimentos.

Roberto Mejía Alarcón

 
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