Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Domingo, 18 noviembre 2018
Informe Especial
Ortega incrementa el asedio a los periodistas en Nicaragua

Sandra Weiss, periodista alemana enviada a Nicaragua por el diario suizo Neue Zürcher Zeitung, fue agredida el 10 de agosto cuando documentaba una invasión de tierras en Chinandega, provincia localizada al oeste del país. Weiss quería documentar los daños causados al proyecto "Chinandega Maracuyá Company (Chimaco)", una enorme plantación de maracuyá con una inversión de 20 millones de dólares propiedad de una empresa suiza y del Grupo Coen —uno de las mayores de este país centroamericano—, que había sido invadida por grupos armados leales al Gobierno del presidente Daniel Ortega. A la reportera le ordenaron que se bajara del taxi que había contratado, le robaron su cámara, grabadora, sus notas y la tarjeta de crédito, con la que más tarde sus asaltantes harían una compra por 2.000 dólares en gasolineras locales. El asalto a Weiss es la más reciente agresión contra el periodismo en un país donde desde el Gobierno se persigue y criminaliza esta profesión, según denuncias de reporteros y directores de medios de comunicación.

El 18 de abril, cuando el presidente Ortega ordenó un ataque de sus huestes a una manifestación contra las reformas a la Seguridad Social que se desarrollaba de forma pacífica en Managua, los simpatizantes de Ortega —armados de tubos y garrotes— agredieron a periodistas que cubrían la protesta, entre ellos corresponsales de la prensa extranjera. La indignación por la respuesta violenta del Ejecutivo a quienes se oponían a las reformas derivó en una serie de manifestaciones que desde el 19 de abril exigen la salida del poder del mandatario sandinista y que han dejado al menos 317 personas asesinadas. El 21 de abril, cuando se cumplían tres días de brutal represión, Ángel Gahona, periodista y propietario del noticiero El Meridiano, fue asesinado en la ciudad de Bluefields, localizada en el Caribe de Nicaragua. Gahona transmitía por Facebook Live un enfrentamiento entre las tropas de antidisturbios y los manifestantes, cuando recibió un disparo en la cabeza.

Los colegas de Gahona en Bluefields repudiaron el asesinato y culparon a la Policía Nacional, que desató el acoso e intimidación contra los reporteros que fueron testigos del hecho. La periodista Ileana Lacayo denunció que ella y otros reporteros han sido "perseguidos" por "policías de civil y uniformados", que también han "monitoreado los movimientos" de sus familiares, por lo que ella tuvo que dejar Nicaragua.

A estas agresiones se sumó la censura a medios de comunicación independientes, tras la orden de Telcor —la empresa estatal reguladora de las telecomunicaciones— de retirar de la señal abierta a al menos cuatro canales de televisión, que cubrían en directo las manifestaciones antigubernamentales. El Canal 100% Noticias fue el medio más afectado por la censura de Ortega, al ser retirado del aire sin explicaciones durante varios días en abril. Los sitios de Internet de la revista Confidencial y del diario La Prensa también sufrieron ataques que los dejados desconectados durante horas.

En junio, cuando el Gobierno armó a agrupaciones irregulares que asaltaron las barricadas levantadas por la población en varias ciudades del país como forma de protesta, un grupo de parapoliciales golpearon a periodistas que pretendían realizar una cobertura del asalto contra la ciudad de Masaya, localizada a 35 kilómetros al sureste de Managua. Los encapuchados rodearon a las periodistas Leticia Gaitán, de 100% Noticias, y Daliana Ocaña y Luis Alemán, de Canal 12, y los amenazaron con armas de alto calibre. Les robaron parte de su equipo.

Mientras tanto, Roberto Collado Urbina, corresponsal del noticiero Acción 10 en la colonial ciudad de Granada, fue golpeado y secuestrado por grupos parapoliciales. El joven resultó con heridas de gravedad en la cabeza —que tuvieron que ser suturadas— y el dedo meñique de su mano izquierda quedó inutilizado por la golpiza. Otro reportero de Acción 10, Paco Espinoza, denunció persecución en su contra, por lo que tuvo que esconderse en las montañas del norte de Nicaragua. A Espinoza, que dio cobertura a las manifestaciones contra el Gobierno en Jinotega, ciudad del norte de Nicaragua, la Policía lo acusa por "terrorismo, robo y tortura". El joven reportero dijo que se le ha puesto "precio" a su captura: se ofrecen 7.000 dólares. Una denuncia similar hizo la dirección de Radio Corporación, de Managua, al informar la semana pasada que en perfiles de redes sociales afines al Gobierno se ofrecen hasta 5.000 dólares por la captura del corresponsal de esa emisora en Masaya.

Carlos Salinas (El País/España).

 
Periodista e inmigrante latino

Serafín Morán Santiago es un periodista cubano. Colaboró con varios medios extranjeros, Univisión, Telemundo y TV Martí entre los más renombrados. Según ha declarado, fue detenido y abusado por la Seguridad del Estado en reiteradas ocasiones, las más recientes en junio de 2016 y en septiembre de 2017. En esta última oportunidad le fue confiscado su equipo de trabajo.

Asegura haber sido amenazado de muerte por ejercer su labor en Cuba, razón por la cual solicitó asilo en la Embajada de Estados Unidos en dos oportunidades, ambas denegadas. Así emigró primero a Guyana y luego a México, desde donde acudió a un puesto fronterizo para volver a solicitar asilo político. Desde abril está recluido en un centro de ICE, Immigration and Customs Enforcement, en Pearsall, Texas, esperando la correspondiente audiencia de fianza que volvió a ser suspendida esta misma semana.

Emilio Gutiérrez Soto es un periodista mexicano. El pasado 11 de julio fue liberado por orden de un juez federal en El Paso, Texas, quien consideró que las autoridades migratorias habían violado la Primera Enmienda, el derecho a la libertad de expresión. El reportero estuvo preso durante ocho meses, según la opinión de varias instituciones por haber sido crítico de la política migratoria del presidente Trump.

Gutiérrez es solicitante de asilo político desde su llegada al país en 2008 junto a su hijo, petición basada en las amenazas y agresiones recibidas por él y su familia. Ello como resultado de una serie de reportajes sobre corrupción y ataques contra la población perpetrados por fuerzas militares en Chihuahua. Su audiencia de asilo está pendiente en una corte de El Paso.

Manuel Durán Ortega es un periodista salvadoreño con diez años de residencia en Memphis, Tennessee, donde llegó a causa de amenazas de muerte sufridas en su país de origen. En abril pasado fue arrestado por la policía local junto a un grupo de activistas. Se hallaba transmitiendo por Facebook Live para su sitio digital, Memphis Noticias, una manifestación sobre inmigración que coincidía con el aniversario del asesinato de Martin Luther King.

Durán permaneció en prisión 48 horas y luego el Departamento de Policía desestimó los cargos en su contra. Sin embargo, al salir del centro de detención lo esperaban oficiales de ICE para arrestarlo. En 2007 no se presentó a comparecer en una audiencia de inmigración en Atlanta y fue dictada su orden de deportación. En mayo una orden judicial ordenó la suspensión de dicha deportación, pero el caso inmigratorio continúa abierto y Durán se encuentra en un centro de detención en Jenna, Luisiana.

FundamediosUSA, Reporteros sin Fronteras y otras organizaciones que abogan por la libertad de prensa y los derechos de los periodistas han seguido de cerca estos tres casos. Entre tantos otros, lo común a los tres casos es la violencia que cotidianamente sufren los reporteros en América Latina, donde son blanco de la represión estatal y del crimen organizado, y la vulnerabilidad a la que están expuestos cuando emigran a Estados Unidos, donde son víctimas de una política de estigmatización deliberada del inmigrante

De este modo, sufren una doble vulneración de derecho. El periodista latino intersecta los dos temas más significativos de un clima político como no se recuerda haber vivido en Estados Unidos. Los medios son acusados por el propio presidente de ser “enemigos del pueblo”. En consecuencia, sus seguidores los hostilizan, una imagen casi diaria en la pantalla de televisión.

Los inmigrantes latinos, a su vez, también han sido acusados por el presidente. En este caso, y de manera ad hominem, de ser “narcotraficantes, asesinos y violadores”. Como resultado, las acciones de la autoridad migratoria reflejan la animosidad del primer mandatario. La separación de familias ilustra el punto.

Ser periodista e inmigrante latino al mismo tiempo es casi una doble condena basada en el prejuicio, sin suficiente debido proceso ni demasiadas garantías constitucionales.

Héctor E. Schamis/El País (España).

 
El precio del pluralismo

Premisa número uno: un debate plural y abierto permite la expresión de distintos puntos de vista sobre un problema determinado, así como señalar aquellos asuntos que otros ignoran. Y, en definitiva, actúa como sistema de redistribución del poder.

Premisa número dos: es necesario que quienes participan del debate público como plataformas sean conscientes de su responsabilidad no solo para con la verdad (eso va de suyo), sino también respecto a la calidad de los argumentos que pasan el filtro.

Hay una tensión entre ambas premisas, por sí solas imprescindibles para el mantenimiento de una democracia saludable. Porque, además, el pluralismo es parte esencial de la construcción del filtro: la competición entre emisores permite que se pongan en cuestión entre ellos. O así debería suceder, porque si de este debate cruzado desaparece el criterio, lo que queda es ruido y trincheras. Un criterio que se consigue mejor con organizaciones bien estructuradas, con los recursos y los incentivos necesarios para servir a la audiencia.

De todos depende encontrar un equilibrio entre estos dos extremos, de manera que no tengamos un debate público concentrado en pocas manos, ni caótico y parcelado en cámaras de eco.

Depende de la oferta, y en especial de los nuevos medios. Más de una década después de su fundación, los gigantes de las redes (Facebook, YouTube, Twitter, Google) han comenzado a entender que su enorme poder como filtros de contenido para el mundo entero implica una responsabilidad editorial. Por eso, aunque tarde, han comenzado a sacar a algunas personas de sus plataformas que no construían pluralidad, sino que cavaban zanjas.

Pero también depende de la demanda: de que todos y cada uno de los que consumimos información dediquemos un mínimo de tiempo a cuestionarnos cada cosa que nos llega a los ojos. El “dónde, cuándo, quién, cómo, por qué” de los periodistas se convierte en el de la audiencia: de dónde viene cada pieza de información, cuándo, quién, cómo y por qué la produjo. A más variación deseemos, más necesario será este trabajo personal. Este pequeño esfuerzo es el precio a pagar por la pluralidad.

elpais.com/ Jorge Galindo

 

 
“Llamar a los periodistas ‘enemigos del pueblo’ es peligroso”

La prensa de EE UU ha dicho basta. Después de casi dos años o a punto de cumplirse dos años de insultos, amenazas, falsedades y calumnias del presidente Donald Trump, más de 300 periódicos de todo el país desde el humilde Van Buren County Democrat hasta The New York Times o incluso el británico The Guardian han publicado este jueves editoriales de distinto contenido y longitud, pero con un mismo propósito: defender la libertad de expresión en el país de la libertad de expresión. Aquí va un resumen de la opinión de los principales diarios:

En letras mayúsculas y con el título LA PRENSA LIBRE TE NECESITA, The New York Times, uno de los objetivos principales de las invectivas presidenciales, recuerda en un texto corto, avanzado horas antes, que el pueblo tiene derecho a criticar a la prensa, pero que "insistir en que las noticias que no te gustan son noticias falsas es peligroso para la vitalidad de la democracia. Y llamar a los periodistas ‘enemigos del pueblo’ es peligroso, sin más”.

The Boston Globe escribió: “La libertad de prensa es esencial para asegurar la libertad’, escribió John Adams. Durante más de dos siglos, este principio fundacional norteamericano ha protegido a los periodistas en el país y ha servido de modelo para otras naciones libres. Hoy está seriamente amenazado. Y envía la señal alarmante a los déspotas, desde Ankara hasta Moscú, Pekín o Bagdad, de que los periodistas pueden ser tratados como un enemigo interior”.

Respondiendo a la convocatoria de The Boston Globe, The New York Post, un tabloide pro Trump, se pregunta: "¿Quienes somos nosotros para no estar de acuerdo? Puede ser frustrante discutir que publicar verdades inconvenientes no significa que sean fake news, pero ser periodista no es una carrera de popularidad. Lo único que podemos hacer es continuar reportajeando. Pero ¿esto supone alguna diferencia?".

Otro periódico que apoyó la candidatura de Trump en 2016, The Topeka Capital Journal calificó los ataques del magnate contra la prensa con dos palabras: "Siniestros y destructivos". "Deben terminar ahora", aseguraba el rotativo que, refutando las palabras del presidente estadounidense, sostiene que no son enemigos de nadie, sino parte de la sociedad. "Vivimos, trabajamos y disfrutamos en Topeka y alrededores. Vamos a los restaurantes y mandamos a los niños a la escuela. Conducimos por las mismas carreteras, vemos a los mismos médicos. No somos los enemigos del pueblo. Somos el pueblo".

The Dallas Morning News, el gran diario conservador de Texas, se expresó así: “Si el presidente ve información errónea, tiene el derecho y el deber de denunciarlo y mostrar los datos. No vamos a fingir que todas las historias que han aparecido en todos los medios que cubren al presidente han sido impecables. Pero tampoco vamos a fingir que no está en juego aquí una cuestión más amplia, que afecta a la libertad de la prensa de cuestionar las cosas y que afecta a los verdaderos fundamentos de nuestra República”.

Una explicación con la que se puede identificar cualquier periodista vino del pequeño Arizona Daily Star, de Tucson: “En la práctica, los periodistas nos tragamos aburridas reuniones de gobierno y nos estudiamos las fórmulas de financiación de las escuelas públicas para que usted no tenga que hacerlo. No es una declaración tan idealista como la Primera Enmienda, pero vale igual”.

The Chicago Sun Times, el buque insignia del grupo Sun Times Media Group y uno de los dos grandes periódicos de la ciudad, defiende, haciendo alusión a la preocupación de Trump por el bienestar del pueblo, que "Chicago es una ciudad mejor, décadas más tarde, por esa constante competición entre dos empresas periodísticas de calidad que, con todas sus diferencias, seguro que están preocupadas por el pueblo". Su competidor, The Chicago Tribune, destaca que los ataques contra la prensa podrían pasar de las palabras a la violencia contra los medios. "En algún momento ese tipo de excesos verbales envalentonan a los extremistas ideológicos a pasar a la acción. Amenaza la seguridad personal de los periodistas. Y socava la responsabilidad de una prensa que supuestamente está libre del control del Gobierno para actuar como perros guardianes de los poderes públicos".

Las palabras son también importantes para los editorialistas de The Miami Herald, muy influyente en América Latina. "Sabemos también que las referencias a la prensa como 'enemigos del pueblo' no son menos peligrosas porque resultan estratégicas. Es como los nazis llamaban a los judíos. Es como marcaron a los críticos de Stalin para que fueran ejecutados".

En la misma línea, The Des Moines Register, de Iowa, sostiene que "los verdaderos enemigos del pueblo —y de la democracia— son quienes tratan de sofocar la verdad vilipendiando y demonizando al mensajero. La respuesta no puede ser el silencio".

The Philadelphia Inquirer, el tercer diario más antiguo de Estados Unidos y con varios premios Pulitzer en su haber afirma que "como lugar de nacimiento de nuestra democracia, Filadelfia también fue uno de los lugares de nacimiento de la prensa libre y el Inquirer, nacido no mucho después del propio país, continua orgulloso con este legado".

La prensa en español en Estados Unidos tampoco se ha quedado atrás. En su editorial, los diarios La Opinión, La Raza y La Prensa, que se publican en Los Ángeles, Chicago y Nueva York aseguran que "como latinoamericanos conocemos bien en carne propia lo que significa la erosión del periodismo, la intimidación a los reporteros, la autocensura, la ambición desmedida de la presidencia.  Se dice que en Estados Unidos esas cosas no ocurren".

Las organizaciones periodìsticas profesionales también han expresado su preocupación y se han sumado a la campaña, sin precedentes en Estados Unidos. Por ejemplo, el prestigioso Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, en sus siglas en inglés) aseguró que "cuando los líderes estadounidenses se alzan en defensa de una prensa libre, incentivan a los valientes periodistas que arriesgan sus vidas y su libertad para informar. Y cuando estos líderes fallan, envalentonan a los autócratas que buscan reprimir a los periodistas". Nieman Lab for Journalism, el laboratorio periodístico de la Universidad de Harvard, subrayaba que en esta época, en la que la democracia es un sistema bajo amenaza, "es tiempo de apoyar, no de desacreditar al periodismo legítimo y reafirmar el compromiso con la libertad de expresión y de prensa".

www.elpais.com

 
Cómo restauramos la fe en el periodismo

El presidente de los Estados Unidos disfruta lanzando insultos, como un obús disparando proyectiles, a las instituciones estadounidenses. El sistema judicial. El FBI. El Departamento de Justicia. Los medios de comunicación. El Congreso de los Estados Unidos. Como es cierto para todas las 487 personas, lugares y cosas que The New York Times dice que Donald Trump ha insultado en Twitter desde que declaró su candidatura presidencial, ninguna de estas instituciones es perfecta. Cometen errores. Al igual que la Presidencia, también marcan una diferencia en la vida cotidiana de las personas.

Considere el potencial de decenas de miles de miembros de los medios de comunicación. Considere el potencial del personal de The San Diego Union-Tribune y de Hoy San Diego, su publicación en español.

Estos periodistas buscan la verdad y la reportan mientras minimizan el daño cada día. No promueven a ninguna persona, ideología o agenda política. Su única agenda es la verdad.

¿Quiere un ejemplo? Sin el arduo trabajo de los periodistas en varios medios de comunicación locales, el mortal brote de hepatitis A en la región podría haber sido mucho peor. Cuando el Consejo Editorial de The San Diego Union-Tribune nombró a las 20 personas no identificadas que murieron durante la crisis como las personas del año 2017, escribimos: "Estas 20 muertes por hepatitis A representan el costo real de una serie de errores de política pública, errores e inacción". De no ser por los periodistas, estas fallas del gobierno habrían sido más atroces.

Es por eso que el reciente tweet del presidente de que "la noticia falsa" es "el enemigo del pueblo" y "muy peligrosa y enferma" es peligroso en sí mismo. Inundada por los sentimientos de Trump contra la prensa, la gente está cada vez más de acuerdo con el presidente; cuando se le pregunta "¿qué se acerca más a su punto de vista: los medios de comunicación son el enemigo del pueblo, o los medios de comunicación son una parte importante de la democracia? 26 por ciento dijo que lo primero en una nueva encuesta de la Universidad de Quinnipiac entre 1175 votantes estadounidenses. Cuarenta y cuatro por ciento dijo que le preocupa que la crítica de Trump a los medios de comunicación conduzca a la violencia contra las personas que trabajan en ellos.

Aunque sus palabras hacen daño, Trump no inventó el término "noticias falsas". Se remonta al siglo XIX. Tampoco es el primero en convertir en arma la desconfianza hacia los medios de comunicación.

Cuando Richard Nixon concedió la gubernatura de California en un discurso en 1962, dijo a los periodistas: "Ya no tendrán a Nixon para darle patadas", e instó a los editores "a que pongan en la campaña a un reportero que informe de lo que diga el candidato de vez en cuando".

Ocho años más tarde, en un discurso en San Diego, el entonces vicepresidente del presidente Nixon, Spiro Agnew, deploró los "nattering nabobs" (nabos de negativismo) que “han formado su propio Club 4-H: los hipocondríacos histéricos y sin esperanza de la historia". Años más tarde, el escritor de discursos de Agnew, William Safire, escribió que la acusación radical condenaba a "los derrotistas en general y no a la prensa en particular". Pero menos de un año después de que The New York Times citara la línea en el contexto correcto mientras la cubría en vivo, un columnista de Newsday citó el término "nattering nabobs" como un ataque a la prensa y The Times y Time también se equivocaron más tarde, como informó el escritor Norman P. Lewis en 2010.

Para entonces, dice Lewis, periodistas veteranos desde David Broder hasta Helen Thomas habían repetido la línea como un ejemplo clásico del asalto de la administración Nixon a la prensa. En esa anécdota pueden verse los peligros de una prensa que se equivoca o que no es del todo correcta. Como Lewis lo dijo, "Los periodistas que llevan la frase ‘nattering nabobs’ como una insignia de honor están simplemente probando que Agnew tenía razón sobre su inclinación a repetir información inexacta".

Las palabras complejas de Agnew han dado paso décadas más tarde a términos tajantes de Trump como "repugnante", "deshonesto", " fraudulento " y "falso" que juegan con la creencia de su base de que los medios de comunicación como una entidad buscan atrapar a Trump. "Sólo recuerda”, dijo Trump en Missouri el mes pasado, "lo que estás viendo y leyendo no es lo que está pasando".

Sin embargo, ver a los medios de comunicación como una sola entidad es un mito. Sí, más de 350 consejos editoriales de periódicos eligieron hoy, por sugerencia del Boston Globe, escribir una ola de editoriales que criticarían las falsas afirmaciones de Trump de "noticias falsas". Pero los periodistas individuales en los puntos de venta individuales eligieron las palabras individuales. Y en un esfuerzo separado, The San Diego Union-Tribune agregó una página en inglés a su sitio web hoy — véala en sdut.us/whatwedo— para explicar cómo buscamos la verdad todos los días. Cómo nos esforzamos por ser precisos, justos e incluyentes. Cómo corregimos los errores y separamos las noticias de la opinión. Cómo nos ganamos la confianza de una historia, de un lector a la vez.

El periodismo es un servicio público, y menos lectores significa menos reporteros  y eso significa menos historias sobre cómo vive y muere la gente en San Diego. Una inversión en el U-T es una inversión en la comunidad, en el futuro, en la democracia.

El capítulo de San Diego de la Sociedad de Periodistas Profesionales nombró a los reporteros de U-T Watchdog,  Jeff McDonald y Morgan Cook, como sus periodistas del año 2015 y 2017 y al caricaturista editorial Steve Breen como su ganador del Premio a la Excelencia en Periodismo 2018. La búsqueda de la verdad es lo que motivó a los tres. McDonald y Cook responsabilizaron a los funcionarios del gobierno. Los bosquejos de Breen de los residentes sin hogar empoderaron a los desamparados.

Incluso si la violencia repentina aturde a nuestra industria, la prensa libre salvaguardada en la Constitución de los Estados Unidos perdurará. ¿Por qué? Porque hay 7591 palabras en la Constitución de Estados Unidos, pero ninguna más importante que las tres primeras: "Nosotros, el pueblo".

La Constitución no llama enemigos a los periodistas ni divide a los estadounidenses entre nosotros y ellos.

La desconfianza no es fácil de desmantelar. Pero los periodistas de The San Diego Union-Tribune y de todo el país seguirán abogando por una prensa libre y justa. Con este presidente. Y el siguiente. Y el siguiente. Y el siguiente. Y todos los que sigan.

www.sandiegouniontribune.com

 
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