Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 30 mayo 2020
Informe Especial
El derecho a la vida, el primero de los derechos

La decisión de prolongar el aislamiento social hasta el 12 de abril, constituye una medida de emergencia, que tiene por finalidad proteger y defender el derecho a la vida. Es un deber, un compromiso, que corresponde asumirlo sin excepción alguna. En la medida en que cuidamos la vida propia, protegemos la de otros seres humanos. No hay lugar para el privilegio. Todos tenemos que demostrar nuestro sentido de responsabilidad para acatar lo dispuesto. En las actuales circunstancias de “guerra” virológica, que está matando a mucha gente, hay que dejar de lado el status social o económico, el credo o la ideología, el color de la piel. Nos corresponde predicar con el ejemplo. Mal, por ejemplo, el comportamiento de la señora que por tener imagen en la televisión y amistad con un mando militar, consideraba que podía circular sin salvoconducto. Mal, también, el personaje del mundo fubtbolístico que creía tener corona de intocable y se fue a cenar fuera de casa al lado de sus amistades. Pésimo, aquellos que llevados por la falta de ecuanimidad atacan físicamente a los encargados de hacer cumplir la ley. Pésimo, quienes animados por la falta de madurez cívica, tratan de burlar la vigilancia y terminan privados de la libertad y en peligro de ser llevados a los tribunales de justicia penal.

Estos no saben lo que significa proteger y defender el derecho a la vida. La pandemia del coronavirus se expande, en medio de la angustia ciudadana por Loreto, Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad. Lima, ni se diga. La regiones en donde, precisamente, no se toma en serio el clamor de poner en retroceso este mal. Pareciera que ignoran que está acabando con miles de vida en países más desarrollados en lo económico, tecnológico y científico. Nueva York y otras grandes ciudades en Estados Unidos, es una muestra de lo que podría acontecer aquí. Italia, España, Francia, Alemania sufren tal cual estarían en una contienda bélica devastadora. ¿Acaso, queremos que eso mismo ocurra en el país?

Los insensatos toman a la broma lo que se conceptúa como el derecho a la vida. A ellos, y en esto los comunicadores sociales, tenemos que repetir hasta el cansancio que la vida es un derecho fundamental. Es el primero de todos. Es universal y corresponde a la persona humana por sobre cualquier otro derecho. En palabras sencillas: es la piedra angular de todos los demás derechos. Si perdemos la vida, entonces no es posible que existan los demás derechos. ¿De qué servirían los años y hasta los siglos de lucha, por hacer más digna la vida humana, si estamos haciendo lo imposible por dejar de lado la protección y la defensa de ese derecho? Un mundo sin seres vivientes, no serviría de nada. Estaríamos negando que está vinculado al carácter del ser inteligente, racional, a la dignidad de la persona.

A quienes no toman con seriedad el aislamiento social y tampoco la emergencia nacional, no basta con jalarles las orejas. En las horas de carcelería les deben inculcar el significado de esas medidas y sus consecuencias funestas si no son respetadas. La educación tiene hoy en día las mejores experiencias. Quizás, así, podríamos avanzar cívicamente. Enseñarles que el derecho a la vida no es patrimonio de una sola persona. Le corresponde a cuantos formamos parte de la sociedad nacional y mundial. Ya lo hemos señalado: es el primero de todos los derechos, si tomamos en cuenta al titular de este como generador de cualquier otro derecho posible. Es inviolable y no admite excepción alguna. Se tutela en el ámbito privado e, igualmente, en el ámbito público, a fin de cubrir la dimensión personal.

¿Es historia reciente? ¿Es un concepto nuevo? No, qué va. Reflexiones al respecto abundan. Basta citar a Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Kant, con marcadas diferencias teóricas y prácticas, pero que coincidían en que la vida humana es un fin en sí misma y no un medio subordinado a otro fin. Pensemos en tan sabias enseñanzas y, entonces, llegaremos a la conclusión que vale la pena vivir, si respetamos la vida ajena. No podemos ser agentes de transmisión del mal, ni tampoco pasibles de recibir el contagio. Por eso, tiene sentido la emergencia nacional y el aislamiento social.

Roberto Mejía Alarcón

 
No le echemos la culpa a China

A fines de noviembre del 2019, en mi último viaje oficial al interior de China como embajador ante ese país, visité el mercado de Huanan en la ciudad de Wuhan, la capital de la provincia de Hubei. Fue para ese entonces que allí se produjo esa misteriosa mutación virósica que dio origen a covid-19.

Se vendían en ese lugar desde pescados hasta pangolines, pasando por murciélagos, serpientes, alacranes, grillos, ratas, erizos de mar, gusanos y más de 100 animales de diferentes especies.

Wuhan es una ciudad hípermoderna de 11 millones de habitantes, con supermercados muy bien provistos de todo tipo de productos chinos y extranjeros que cuentan con los estándares  más altos de calidad y sanidad. Esta “ciudad del futuro” convive con resabios de la milenaria historia china que incluye la memoria de las peores hambrunas del planeta.

En el periodo 1850-1950 -el “siglo de las humillaciones”, para los chinos- las guerras internas y las ocupaciones extranjeras -desde ingleses  y franceses hasta rusos y japoneses, pasando por estadounidenses y holandeses- produjeron la necesidad de incorporar proteínas “allá donde las encontraran”.

“Todo bicho que camina, va a parar al asador”, dicho que los argentinos conocemos bien y asociamos con vacas, ovejas  o chanchos, pero a los cuales la mayoría de los  chinos no tenían forma de acceder.

Esos mercados, como el de Wuhan, son el vestigio de esos tiempos de carencias absolutas y, esas especies salvajes, eran la única opción posible para complementar una miserable porción de arroz.

Hasta enero del 2020, que se prohibieron, estos mercados eran el testigo folklórico de ese pasado, transformado en una gastronomía “exótica” y muy cara.

Los virus aparecen en forma mágica en los lugares más disimiles: la llamada gripe española, se originó en la base militar de Fort Riley, en Estados Unidos, en marzo de 1918 y causó 50 millones de muertos en todo el mundo.

Era también un coronavirus y provocaba una neumonía fatal.

Sus “clientes” favoritos eran jóvenes de 20 a 40 años y, así como llegó, desapareció en 1920. Se llamó así por que fue en España donde más se habló de la pandemia (en la mayoría de los países, la censura ocultó la difusión pública en un mundo todavía abrumado por el fin de la Primera Guerra Mundial).

La peste negra, que mató a un tercio de la población europea entre 1347 y 1353, se generó en ese continente y provino de una bacteria llamada Yersinia pestis.

Conclusión: las pestes pueden aparecer en cualquier parte.

Lo destacable en este caso, es que, a partir del 1 de enero de 2020, China puso en marcha una campaña sanitaria sin precedentes en la historia de la humanidad: decretó la Cuarentena Total en la Provincia de Hubei (60 millones de habitantes) y estrictísimas medidas en todo el territorio chino.

Pero durante diciembre del 2019 y la primera semana de enero del 2020, millones de chinos salieron al mundo y millones de extranjeros circularon por China. La epidemia estaba lista para convertirse en una pandemia universal devastadora.

El mundo occidental demoró dos meses en reaccionar, sintió que ese nuevo virus era una enfermedad lejana, que así como había aparecido, desaparecería por arte de magia.

La OMS, la Organización Mundial de la Salud, fue lenta y negligente, porque todos los datos respaldaban desde el primer momento la tesis de que la pandemia era inevitable y que debía reaccionarse en forma rápida y agresiva.

No ocurrió así y, para marzo, ya era muy tarde. El virus circulaba libre por Europa, Asia Central, Medio Oriente y Estados Unidos. En América Latina, había comenzado su devastador derrotero.

Si todos hubiéramos actuado al unísono, ya estaríamos ante el fin de la pandemia, como hoy ocurre en China, y no iniciando el proceso que tantos recursos humanos y materiales nos consumirá.

Así que debemos agradecerle a China su decidida reacción. Si no lo hubieran hecho de esta forma, esta pandemia tendría ya la extensión de la gripe española o la peste negra.

Esperemos que nosotros -y muchos otros- hayamos actuado a tiempo.

Por Diego Guelar (IPS)

 
América Latina tiene bajas sus defensas ante la pandemia

CARACAS.- Los sistemas de salud en América Latina, ya deficitarios en su capacidad de atender a la población, especialmente a las capas pobres, encaran con debilidad y en grave riesgo la propagación de la pandemia covid-19.

El bajo gasto en salud y la relativa escasez de camas en los hospitales son indicadores de que la mayoría de los Estados de la región no garantizan el acceso universal a esos servicios y se arriesgan a ser desbordados por la ola del coronavirus.

“Aún en sistemas de salud organizados y robustos los retos de una pandemia son muy rápidos, y mayores en los débiles como los de buena parte de América Latina. En epidemiología, si usted va a la cola de la epidemia, va a sufrir estragos”, observó a IPS el exministro de Salud de Venezuela (1997-1999), José Félix Oletta.

De los 630 millones de latinoamericanos y caribeños, 30 por ciento no tiene acceso regular a servicios de salud, principalmente por razones geográficas o de ingreso, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), filial de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La cifra calza con las de la pobreza según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que da cuenta de 185 millones de pobres, con más de 10 por ciento, 68 millones de personas, viviendo en pobreza extrema.

El promedio regional de gasto en salud está bajo cuatro por ciento del producto interno bruto (PIB) y apenas 2,2 por ciento es gasto de los gobiernos centrales, según cifras de Cepal y OPS.

Los gobiernos de la región se comprometieron en 2014 a elevar sus gastos en salud al menos a seis por ciento de su PIB, pero solo Cuba (10,6 %), Costa Rica (6,8 %) y Uruguay (6,1 %) han alcanzado esa meta.

Los países más industrializados gastan ocho por ciento del PIB en salud, entre 3000 y 4000 dólares por habitante al año, frente a unos 1000 dólares por persona en América Latina. En Argentina, Chile, Cuba y Uruguay se gasta alrededor de 2000 dólares por persona, pero menos de 400 en Haití, Honduras o Venezuela.

El gasto de bolsillo (el directo que hacen las personas al requerir un servicio) es bajo en Cuba, Costa Rica o Uruguay, (10 a 20 por ciento) y muy alto en otros como Venezuela (63 por ciento), Guatemala (54) o República Dominicana (45 por ciento).

Esos pagos directos que hacen las personas ilustran la insuficiencia de la oferta de salud pública, así como de la seguridad social o de los seguros privados, y el hecho de que las personas más pobres quedan como las más vulnerables pues a veces ni buscan atención, al considerar que no podrán pagarla.

Otro indicador es la cantidad de camas disponibles en los hospitales, aun sin medir la calidad de la infraestructura, dotación o eficiencia en esos establecimientos: el promedio regional es de 27 por cada 10 000 habitantes. Una porción, a veces muy pequeña, son camas para cuidados intensivos.

Pero además “no es suficiente tener hospitales y centros de salud. Deben combinar correctamente recursos humanos, infraestructura y equipamiento, medicinas y otras tecnologías sanitarias, para ofrecer atención de calidad», ha dicho la directora de la OPS, Carissa Etienne.

Si progresa en la región la actual pandemia covid-19, Bolivia, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Venezuela son “los países latinoamericanos que conllevan más riesgos”, según la OPS.

IPS ahondó en la situación de cuatro países para mostrar las diferentes debilidades y fortalezas de los sistemas sanitarios en la región.

Brasil, persistencia de la desigualdad

El país más grande de la región, con 211 millones de habitantes, desarrolló en las últimas tres décadas un Sistema Único de salud pública, con programas como Más Médicos, Farmacias Populares y Salud de Familia, éste último para que localmente un equipo de médico, enfermero y auxiliares atienda hasta 3000 personas.

Más Médicos empleó hasta 18 000 galenos, más de la mitad cubanos, en barrios y pueblos apartados del Brasil profundo, pero se achicó desde diciembre de 2018 con la ruptura política entre Brasilia y La Habana que implicó el abrupto retorno a la isla de miles de profesionales.

Se ahonda la brecha social, pues la salud pública, con 44 por ciento de las camas hospitalarias, debe atender a 75 por ciento de los habitantes, mientras que las clínicas privadas tienen más de la mitad de las camas para 25 por ciento de la población.

En 2009 Brasil contaba 18,7 camas por cada 10 000 habitantes, mermadas a 17,2 en 2017, la mitad en cuatro de sus 27 estados, en el sureste más rico. Tiene 47 000 camas de cuidados intensivos, pero por cada una en el sistema público -ya ocupadas en 90 por ciento- hay 4,6 en el sector privado de salud.

Brasil “no está preparado para enfrentar la epidemia del coronavirus, no tanto por falta de recursos, sino por su mala distribución, mucha desigualdad en el acceso a los servicios, mala gestión y falta de equidad,”, dijo a IPS el epidemiólogo Eduardo Costa, asesor de cooperación internacional de la Escuela Nacional de Salud Pública.

Cuba, medicina para exportar

El sistema de salud cubano, que se presenta por el gobierno socialista como uno de los logros de su revolución, es todo público y de acceso gratuito para su población de 11,2 millones, con 90 médicos por cada 10 000 habitantes, según cifras oficiales.

Aunque no hay datos precisos de cuántas de sus 47 000 camas son de cuidados intensivos –y hay quejas en la población por demoras para ingresar a cirugías no urgentes-, el ministro de Salud, José Ángel Portal, dijo que la isla dispone de 274 camas para atender a pacientes graves por coronavirus y prevé agregar otras 200.

Un programa bandera de Cuba es el de sus misiones de cooperación médica internacional, iniciado en 1963 y que ha llevado a 407 000 médicos, técnicos y auxiliares a 164 países, bajo las modalidades de cooperación gratuita a países pobres, de gastos compartidos a otras naciones y como fuente de ingresos en algunos casos.

Los ingresos anuales por este rubro  -29 000 médicos laboraron durante 2019 en 65 países- pasan de 6000 millones de dólares. Para la pandemia covid-19 Cuba apresta 14 brigadas médicas con 600 integrantes, de los cuales más de la mitad son mujeres.

Chile preparado, aunque nunca es suficiente

Para la población chilena, de 18,7 millones de habitantes, la cobertura de salud es pública para 14 millones, privada para tres millones, y tienen un sistema aparte 400 000 integrantes de las Fuerzas Armadas, según normas establecidas por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), que la democracia no ha modificado, al igual que otros sectores neurálgicos, como la educación.

Todos los trabajadores aportan obligatoriamente el siete por ciento de su salario a la institución de salud que decidan. Quienes se atienden en el sector público sufren largas esperas, que pueden ser de semanas o meses para obtener una hora de consulta y hasta más de un año para una cirugía.

Esas falencias nutrieron las protestas que durante meses protagonizaron los chilenos desde el 18 de octubre de 2019 y que se apaciguaron ante el compromiso de reformar la Constitución, herencia de la dictadura.

Chile tiene 22 camas hospitalarias por cada 10 000 habitantes, en total cerca de 32 000 con 3300 para emergencias, las que el gobierno busca llevar a 5200 para enfrentar la covid-19.

Nelly Alvarado, docente de la Universidad Diego Portales y especialista en salud pública, dijo a IPS que “la capacidad sanitaria nunca va a ser suficiente ante una situación inesperada que viene del resto del mundo”.

Precisó que las camas de cuidados críticos “nunca han sido abundantes ni en Chile ni en el mundo. Son costosas y de altísima complejidad, porque se requiere junto a ella equipamiento sofisticado y personal especializado”.

Venezuela, al borde del colapso

Las estadísticas oficiales de salud desaparecieron de Venezuela a lo largo de la década y en su lugar estudios de organizaciones no gubernamentales coinciden en señalar que el sistema asistencial está al borde del colapso y que el país se encuentra en una situación de “emergencia humanitaria compleja”.

Venezuela, con unos 30 millones de personas, está en el fondo de las tablas regionales en cuanto a gasto en salud y disposición de camas hospitalarias. La oenegé Médicos por la Salud informó que durante 2019 hubo fallas de electricidad en 63 por ciento de 40 grandes hospitales que vigila, y de suministro de agua en 78 por ciento.

Barrio Adentro, programa iniciado en 2003 y que llevó miles de médicos cubanos a sectores populares, casi ha desaparecido y la mayoría de sus locales han cerrado.

“Estamos de últimos en una lista de la OPS sobre la preparación de 33 países del hemisferio para enfrentar la covid-19”, dijo Oletta, “y la pandemia llega tras retrocesos en campañas de vacunación y de contención de enfermedades prevenibles que han resurgido, como la malaria, el sarampión y la tuberculosis”.

La crisis de salud es parte del desplome general de los servicios básicos que desde hace cinco años acompaña la recesión económica y desde hace tres la hiperinflación, animando el éxodo de casi cinco de los 32 millones de habitantes de Venezuela. Entre quienes emigraron se cuentan más de 22 000 médicos, según sus gremios.

América Latina, rezagada en su atención e inversión a la salud, debería atender el llamado de María Neira, directora de salud pública en la OMS: “Algo que todos hemos olvidado es que de la inversión en salud pública no hay que arrepentirse, siempre será una inversión rentable”.

Humberto Márquez (IPS)

 
Lo que fue y lo que no pudo ser

Las metamemorias de Alan García Pérez constituyen un relato interesante de las aventuras y desventuras de quien, siendo muy joven, alcanzó el honor de llevar sobre el pecho la banda presidencial y, tiempo después, a pesar de sus amargas experiencias políticas, volver a ostentar tan alta distinción y todo por la decisión democrática y voluntaria de la ciudadanía.

Entre líneas, de otro lado, la narración nos revela algunos secretos, no muy bien guardados, sobre sus preferencias para relevarlo como candidatos presidenciales, según el humor que tenía en aquellos instantes o las circunstancias que le rodeaban. Los tres están vivos y gozan de buena salud, hasta donde se sabe, tratando de obtener esa primacía. Jorge del Castillo Gálvez, Javier Velásquez Quesquén y Mauricio Mulder Bedoya, con diferente edad cronológica y experiencia política, son quienes son citados por el desaparecido líder aprista. El problema se da en estos nuevos tiempos y con fracasos repetidos en las justas electorales, si ellos estarán en capacidad, primero, de ponerse de acuerdo en medio de las grandes discordias que existen al interior del viejo partido fundado por Haya de la Torre y, de otro lado, con posibilidades reales de enfrentar   los retos a futuro, cuando los electores le han dado la espalda, al parecer de manera definitiva. Lo ocurrido en la última consulta popular no releva de mayores comentarios. El APRA no está presente, en el nuevo Congreso de la República.

García Pérez advierte en su libro esta tragedia electoral, pero no por ello deja de repetir el viejo grito “el APRA nunca muere”. Le anima el optimismo, pero se percibe también algo de desaliento y por eso señala, “seguramente somos menos que 1945, 1985 o que en 2006”.

Los recuerdos y las promesas se multiplican en esta obra postrera, con ofrecimientos, inclusive, que tienen mucho de sarcasmo, como ocurre cuando explica la razón de su suicidio y que, en uno de sus párrafos finales, deja como heredad luctuosa su cadáver a sus adversarios. No calla su desprecio hacia estos, a quienes hicieron lo posible e imposible por manchar su dignidad. Cierto o verdad, la justicia y la historia lo dirán, pero lo real es que tal cadáver nunca quedó en manos de los adversarios, pues el cuerpo yacente fue incinerado en un crematorio limeño y las cenizas entregadas a sus deudos.

El autor más allá de sus propias creencias personales, no deja de reconocer a Haya de la Torre como un inmenso líder; extrovertido, vital, orador sin par, también un ideólogo, según él “el más grande que en términos teóricos ha dado América Latina. Su contestación al capitalismo y comunismo, su reivindicación de la justicia con libertad, y su anticipada y audaz propuesta de integración continental lo ubicarán en el más alto sitial”. Pero a renglón seguido señala que “todo ello no lo habilitaba para la táctica política, en la que otros muy inferiores intelectualmente, son diestros y actúan con mayor astucia”. García Pérez interpreta a Francois Bourricaud, profesor de la Sorbona, y hace suya la consideración de que Haya no pasaba de ser un ideólogo y un conductor religioso.

Resulta complejo entender lo dicho, más aún cuando las evocaciones hablan de todo lo que hizo Haya de la Torre, por llevar a su partido al poder político, que significa ostentar la primera magistratura de la Nación. Privaciones de la libertad personal, persecuciones, exilios, intentos de asesinato y una vida llena de peligros constantes de un personaje público que supo de sufrimientos e incomprensiones, no permiten encontrar una total coincidencia, cuando el mismo García Pérez reconoce que Haya de la Torre “debió pensar que al ofrecer un cambio integral del mundo, había despertado enormes ilusiones y que los ilusionados, al confrontar lo imposible, podían concluir, como muchos lo hicieron que los había traicionado. Ellos, además, debían explicar su propia frustración, culpándolo a él en vez de asumirlo colectivamente”.

La narración no está exenta de las confesiones propias de su personalidad y hace un apunte de lo que muchos calificaron como  el ego colosal. Confiesa que ello comenzó siendo un profesional de 27 años y aunque califica todo de una leyenda sobre su vanidad intelectual, reconoce que, seguramente, al calor de las discusiones, tuvo mucho de cierto. Eso, mezclado, en los años siguientes con su poco respeto “por los grandes dueños del dinero, vendedores de productos con poca formación, y tal vez debido a mi orgullo del Perú como madre patria de Sudamerica y mi estatura, que en su mejor momento fue de 1.93 metros, difundieron la leyenda que un embajador norteamericano sintetizaría  en su Wikileaks como un “ego colosal”, quizás porque nunca tuve ante su embajada ningún temor reverencial.

En las metamemorias de Alan García hay mucho por leer y meditar, más aún cuando está tarea le corresponde a quienes son o se consideran políticos. Todo nos lleva a la conclusión que en nuestro país hay experiencias y ausencias de conocimientos, desde los primeros tiempos republicanos. Resulta difícil encontrarle el verdadero sentido a la práctica y a la vida en democracia, a la organización y al rol que deben cumplir los partidos políticos y de la misma gobernabilidad, esto último para coadyuvar al desarrollo del país y sacarlo de su condición de “tercermundista”. Pecados hay y muy graves a lo largo de la historia. Existen y están de pie los mismos males de hace más de doscientos años, entre ellos la corrupción, el uso del poder político, para obtener riquezas mal habidas, la discriminación y el olvido en lo social y en lo económico, la demagogia y la frustración de millones de personas que, como en la hora presente, se encuentran desorientadas y sin abrigo, ante epidemias como la infección del Coronavirus. Quienes han hecho política y otros que empiezan a hacerlo, al parecer no entienden que pandemias, como la señalada, no se remedian simplemente lavándose las manos. Hay que tener presente que en el Perú hay enormes colectividades humanas, en cada una de las tres regiones naturales, en donde resulta imposible contar con agua y jabón, simplemente porque la ausencia de los más elementales servicios sanitarios, como el suministro de agua potable, no existen.

Roberto Mejía Alarcón

 

 
La vieja desinformación en tiempos de nuevo virus

NUEVA YORK.- Un mes después que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase al coronavirus como una emergencia de salud, la campaña ahora es por contener la desinformación que se propaga a una escala mayor que la enfermedad, la mayoría de las veces por intereses malintencionados.

El jueves 27, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, reiteró que el Covid-19, el nombre oficial del virus, no es todavía una pandemia y demandó precaución en el tratamiento de la enfermedad y de su propagación por todos los continentes, aunque con baja tasa de mortalidad.

«Todavía no estamos en una pandemia, pero existe un claro riesgo allí y la oportunidad para evitarlo se está reduciendo», dijo, y agregó que los gobiernos deben hacer todo lo posible para detener la transmisión y hacerlo ahora.

También expresó su preocupación por los países del Sur en desarrollo que «carecen de la capacidad» para abordar la escala masiva del contagio.

Guterres instó con firmeza a las personas a evitar la estigmatización del nuevo virus y a «tener un enfoque de derechos humanos en la forma de combatir esta enfermedad».

Sin embargo, a medida que los funcionarios de salud de todo el mundo continúan preparándose para afrontar al virus, contra el que no hay un medicamento o vacuna específica todavía, hay otro aspecto de la crisis que debe abordarse: la campaña de desinformación sobre su propagación, sobre todo mediante Internet.

David P. Fidler, miembro principal de seguridad cibernética y salud mundial dentro del grupo de expertos del no gubernamental Consejo de Relaciones Exteriores, con base en Estados Unidos y actuación internacional, detalló el tema de la información errónea y el daño que causa durante una emergencia de salud como esta.

Fidler escribió en 2019 sobre el impacto entonces de la desinformación en torno al brote del ébola que sirve ahora para el Covid-19.

«La desinformación amenaza la salud porque mina la confianza en la ciencia, cuestiona las motivaciones de los profesionales de la salud, politiza las actividades de salud y crea problemas para las respuestas a los desafíos de la enfermedad», dijo.

Continuó explicando que tiene raíces históricas: a menudo, las enfermedades contagiosas están asociadas o vinculadas por error a inmigrantes o a un país extranjero para perpetuar los sentimientos xenófobos.

«Difundir información errónea sobre enfermedades fue una táctica de campañas de desinformación de los gobiernos antes de la era de las redes sociales», aseguró el científico.

Fidler concedió una entrevista exclusiva a IPS para dialogar sobre la desinformación que se expande con más rapidez que el virus sobre el covid-19 y como ella puede exacerbar la crisis sanitaria y social entorno a la enfermedad, que de hecho ha generado hasta ahora menos mortalidad de la que cada año produce la gripe común.

IPS: Por lo general, durante una crisis como esta (o en el pasado con los virus del ébola o el sars) ¿cuál es el principal desafío para contener la desinformación que envuelve a la enfermedad?

DAVID P. FIDLER: En brotes anteriores, dos factores generalmente convergieron para producir problemas a partir de la información y la desinformación: la incertidumbre sobre el brote por parte de los funcionarios de salud nacionales e internacionales que se esfuerzan por abordar la enfermedad, y la falta de confianza en la población en la información proporcionada por fuentes oficiales.

Estos factores aparecieron en brotes de enfermedades antes del advenimiento de las redes sociales, y la escala e intensidad de la información y la información errónea que circulan en las plataformas de las redes sociales exacerba los dos factores mencionados anteriormente.

Además, la facilidad con que se puede difundir y amplificar la información errónea en las redes sociales se ha convertido en otro factor más que los funcionarios de salud pública deben abordar al tratar los brotes. Las redes sociales incluso dificultan la comunicación de información precisa. He visto en Twitter una cacofonía de información inadecuada compartida, que frustra a los especialistas que intentan identificar y compartir la información más reciente e idónea sobre Covid-19.

IPS: ¿Qué impulsa la desinformación en una un escenario de una epidemia como esta?

DF: En el pasado, las personas con agendas políticas explotaban el miedo que crean los brotes graves para producir y difundir información errónea. Tal información errónea en esencia busca convertir el brote en un arma para otros fines políticos. En la era de las redes sociales, esta «armamentización» de los brotes virales con fines políticos se ha industrializado, por falta de un término mejor, por actores estatales y no estatales que explotan el potencial de las redes sociales para difundir la desinformación a gran escala y a gran velocidad. Es algo nunca antes visto, especialmente en el contexto de la salud pública.

IPS: En su opinión, ¿cuál es actualmente el mayor malentendido sobre el coronavirus?

DF: Estamos viendo, creo, una «triple carga» en el espacio de información sobre el Covid-19. Primero, los funcionarios de salud, a nivel nacional e internacional, están luchando por comunicar la información sobre el nuevo virus sobre el que se desconocen muchas cosas.

Sin embargo, a nivel internacional, la OMS ha empeorado el clima de información al elogiar la respuesta de China a pesar de que gran parte de lo que China ha hecho al combatir el brote en su territorio no es consistente con las recomendaciones de la OMS sobre el brote o el énfasis de la OMS en el pasado sobre respuestas a otros brotes, que no restringen innecesariamente el comercio, los viajes y los derechos humanos. Creo que la credibilidad de la OMS ha sufrido un gran golpe.

A nivel nacional, vemos, por ejemplo, el circo actual en el gobierno de Estados Unidos sobre la comunicación a la población estadounidense sobre el brote, e imagino que otros gobiernos nacionales también están luchando para que el «mensaje» sea correcto.

Lo que me sorprende, después de haber estudiado brotes durante casi tres décadas, es que este problema de comunicación continúa desconcertando a los funcionarios de salud nacionales e internacionales casi todas las veces, por lo que aparentemente la llamada «lección aprendida» en realidad no es cierta y nunca se aprende.

En segundo lugar, estamos viendo que el arma de la desinformación con el brote tiene diferentes propósitos políticos. Para mí, este brote es diferente en el sentido de que el armamento se ha conectado con el cambio en la geopolítica, con el surgimiento de China y las preocupaciones sobre el creciente poder e influencia de China que agudizan y amplían las críticas a la respuesta de China al brote. Aquí, a diferencia del ébola en África, tenemos el brote enredado con la creciente crudeza de la política de equilibrio de poder entre Estados Unidos y China.

En tercer lugar, tenemos el efecto de las redes sociales donde los actores estatales y no estatales están difundiendo la información errónea de manera amplia y rápida en un contexto en el que ningún gobierno u organización internacional tiene respuestas políticas efectivas para abordar este problema.

IPS: ¿Cuál es su recomendación a los diferentes sectores implicados para que cumplan su función de controlar que no se propague la desinformación?

DF: Señores formuladores de políticas: las piedras de toque de la comunicación efectiva durante los brotes se han estudiado y publicado con frecuencia (en las crisis). Por lo tanto, siga el manual de instrucciones, incluida la disponibilidad de la información más actualizada con gran frecuencia en los medios de comunicación, de manera accesible para las personas. Incorpore un componente de asesoramiento en comunicación sobre las medidas que las personas deban adoptar para protegerse a sí mismas y a sus familias. Aclare los datos y repita una y otra vez a medida que evolucione el brote. El entorno de información/desinformación es más competitivo ahora debido a las redes sociales, pero los principios básicos de la comunicación efectiva en un contexto de crisis (por un brote) siguen siendo válidos, incluso más cuanto más ruido.

IPS: Y en caso de la gente y de sectores de la sociedad, ¿cómo se puede hacer un aporte contra la desinformación?

DF: En las instituciones como escuelas y lugares de trabajo: sus líderes deben monitorear la información que emiten los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (en el caso de este país, u otros similares en cada nación) y traducir esa información en pasos y planes prácticos para el ambiente escolar y para otros específicos en el lugar de trabajo. Una vez más, hay que ser rápido, frecuente y de fácil comprensión a la hora de usar y dar la información.

En el caso de las personas: No confíe únicamente en las redes sociales para obtener información sobre el brote del Covid-19 y cómo podría afectarlo a usted y a su familia. Visite una y otra vez la información provista por las fuentes oficiales y adapte esa información a sus circunstancias individuales y familiares.

Con el fin de responder a la preocupación de la gente y contrarrestar la desinformación, la OMS lanzó su iniciativa EPI-WIN, que tiene como objetivo proporcionar a los usuarios información oportuna y precisa, al mismo tiempo que controla la llamada “infodemia”, que la organización describe como ‘cantidad excesiva de información sobre un problema que hace difícil de identificar una solución’.

T: MF (IPS)/Por Samira Sadeque

 
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La ANP Huamanaga estuvo presente en la vigilia realizada en Santa Rosa exigiendo que la periodista desaparecida Daysi Mina Huamán sea hallada con prontitud. De esta forma, a través de la base Huama [ ... ]


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Aumenta el desempleo por covid-19 en América Latina
24/05/2020

Más de 11 millones de trabajadores pueden quedar desempleados este año en América Latina y el Caribe, como consecuencia de la covid-19 y las medidas para contener la pandemia, proyectó un estudio  [ ... ]


Líderes de todo el mundo exigen vacuna universal y gratuita contra covid-19
15/05/2020

GINEBRA.- Líderes de todas las regiones del mundo demandaron a la asamblea que reunirá a los  ministros de Salud de 194 países que, cuando se consiga una vacuna eficaz contra el covid-19, se ponga [ ... ]


Pinza letal presiona a países pobres: covid-19 y deuda devastadora
09/05/2020

Las naciones más pobres del mundo, se tambalean ante el ataque implacable contra sus frágiles economías de la pandemia de la covid-19, que se suma a otro golpe igualmente letal para su sobrevivenci [ ... ]


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Créditos: Eylen Jalilíe