Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 23 marzo 2019
Informe Especial
Balas contra cacerolas: protesta popular es reprimida en Venezuela

CARACAS.-Las protestas contra la permanencia de Nicolás Maduro en la presidencia de Venezuela, los 10 últimos días de enero y bajo el ruido de cacerolas vacías en barriadas populares, se saldaron con un alto costo humano: más de 40 muertos, decenas de heridos y unos mil detenidos, entre ellos 100 mujeres y 90 menores de 18 años.

En Catia, populoso sector obrero del oeste de Caracas, varios jóvenes murieron abaleados en las noches del 21 al 25 del mes pasado, mientras comandos de la Policía Nacional y la militar Guardia Nacional derruían barricadas improvisadas con basuras y con su presencia acallaban la protesta.

“Lo lograron. Los vecinos dicen que en las calles donde cayeron varios de esos muchachos ya impera el silencio y la soledad desde las seis de la tarde. Los cacerolazos no han regresado”, relató a IPS el sociólogo Rafael Uzcátegui, coordinador de la organización Provea, que lleva décadas registrando las violaciones a los derechos humanos en el país.

Estas protestas tienen dos elementos especiales: se producen en barrios y sectores que hasta hace poco engrosaban la base social del gobierno y reflejan una ira en pobladores de los sectores más vulnerables ante el desplome socioeconómico venezolano, que convierte sus movilizaciones en “minicaracazos”, por recordar las violentas protestas de febrero de 1989, que se saldaron con centenares de muertos.

Además, han quedado sumergidas dentro de la crisis institucional que vive el país desde enero y que han puesto a Venezuela como protagonista en la geopolítica mundial, con un pugilato  que se dirime también entre los gobiernos de Estados Unidos y otros países americanos y europeos, por un lado, y China, Rusia o Turquía, por otro.

Maduro (56), quien gobernó el sexenio 2013-2019, juró el 10 de enero para un segundo período, tras ganar una elección en mayo de 2018, desconocida por el parlamento y la mayor parte de la oposición y de los gobiernos de América y Europa.

La elección fue convocada fuera de lapsos legales por una Asamblea Nacional Constituyente integrada solo por adeptos al gobierno, el árbitro electoral proscribió a los principales partidos y dirigentes opositores, y una nube de irregularidades envolvió la campaña y el acto mismo del sufragio, según denuncias de organizaciones locales e internacionales.

Por ello, la legislativa Aamblea Nacional, de mayoría opositora, desconoció la investidura de Maduro y el diputado que dirige el parlamento, Juan Guaidó (35), asumió el 23 de enero la condición de presidente encargado, ante una multitud en Caracas y mientras masivas concentraciones y marchas opositoras recorrían otras 50 ciudades.

Desde el día 21, cuando 27 guardias nacionales se amotinaron en un cuartel en el barrio de Cotiza, el norte de Caracas, desconociendo a Maduro, estallaron cacerolazos, y grupos de vecinos en barriadas populares de la capital y el interior improvisaron barricadas contra las que actuaron fuerzas de uniformados y grupos civiles irregulares de simpatizantes del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

En varias ciudades del interior hubo saqueos o conatos de saqueo contra algunos comercios.

La represión entre los días 21 y 25 de enero dejó 35 personas muertas, decenas de heridos, por balas o perdigones (balines plásticos), y 850 detenidos.

“Solo el día 23 hubo 696 detenidos, la mayor cantidad en una sola jornada de protestas en 20 años”, dijo a IPS el abogado Alfredo Romero, director del Foro Penal, una organización que sigue especialmente el tema de los detenidos por razones políticas o sociales.

El Foro contabilizó 12.480 detenciones arbitrarias desde febrero de 2014 –año de las primeras protestas multitudinarias contra Maduro- hasta octubre de 2018, calificando a 1.551 personas como presos políticos, de los que aún quedaban 236 cuando produjo su informe. Pocos fueron liberados y la lista se engrosa con los detenidos este año.

Desde que Maduro llegó al poder en 2013, Provea y otras organizaciones humanitarias han contabilizado que murieron en el marco de protestas callejeras al menos 250 personas, incluyendo enero de este año.

Romero destaca que el Estado aplica una “puerta giratoria”: cuando salen de la cárcel detenidos por razones políticas, generalmente bajo libertad condicionada, entonces entra otro grupo arrestado por razones similares.

Este enero “la orden que recibieron las fuerzas de seguridad fue detener a quienes protestaban. Es claro que el gobierno decidió asumir el costo de parar la protesta en los sectores populares, que en el pasado respondían al chavismo y se han volteado en su contra”, aseguró.

El chavismo es la fuerza política desarrollada por Hugo Chávez, quien presidió el país entre 1999 y su fallecimiento en 2013.

Durante dos décadas fue dominante en los sectores populares urbanos que ahora se han volteado en forma creciente contra Maduro, exasperados por la carestía de los alimentos, el desplome de servicios como agua, electricidad, salud y transporte, y la escasez cada vez más aguda de medicinas o gas para cocinar.

Rupert Colville, portavoz de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dijo en Ginebra el 29 de enero que “algo más de 40 personas han resultado muertas” y de ellas “al menos 26 murieron supuestamente por disparos de las fuerzas de seguridad o de los grupos armados progobierno durante las manifestaciones”.

Provea sostiene que al menos ocho personas murieron en ejecuciones extrajudiciales en Caracas y dos ciudades de provincia cuando entraron a sus casas efectivos del grupo élite FAES (Fuerza de Acciones Especiales) de la Policía Nacional.

“El FAES es un cuerpo con entrenamiento para acción letal, contra extorsión o secuestros, y no para manejar situaciones de orden público. Sus códigos y armamento, de alta letalidad, no guardan proporción con los cánones de uso proporcional y escalonado de la fuerza aplicables en situaciones de protesta popular”, advirtió Uzcátegui.

Las detenciones, que incluyeron a 100 mujeres y al menos 90 niños, niñas y adolescentes, “se han hecho a modo de razias indiscriminadas, abonando el propósito de sembrar el miedo para desalentar la protesta”, opinó Romero.

Uno de esos casos es el de Jickson Rodríguez, de 14 años, paciente epiléptico tras un viejo trauma craneoencefálico.

Tocaba cacerolas con amiguitos cerca de la barbería que opera su familia, la noche del 22 al 23 de enero en Villa Bahía, en Puerto Ordaz, urbe industrial a orillas del Orinoco, 500 kilómetros al sureste de Caracas, cuando unidades de la Guardia Nacional lo capturaron junto a otras seis personas y lo llevaron a un cuartelillo que cuida una planta siderúrgica.

“Como yo no lloraba, a mí era al que daban más golpes. Le dije a los guardias ‘¿por qué nos dan golpes si ya estamos presos?’ y me dieron una cachetada (bofetada). Me daban cocotazos (golpes en la cabeza). Les decía ‘no, yo no puedo recibir cocotazos, sufro epilepsia, y me dijeron: ‘¡cállate, que tú eres un detenido!”, narró días después a familiares y periodistas.

“Lo encontré, esposado, después de buscarlo por varios sitios de reclusión la tarde del día siguiente. Fue golpeado en la planta de los pies, para que no le quedaran marcas. Convulsionó mientras estuvo detenido y por eso me lo entregaron dos días después”, dijo a IPS su madre Rosmelys Guilarte (39), una peluquera que tiene además tres niñas.

Al chico “lo acusaron en la policía judicial de participar en un saqueo que hubo a kilómetros de donde estábamos sonando cacerolas esa noche. Algo imposible. Tiene orden de presentarse a la autoridad cada 30 días. Trato de que descanse bastante, está muy afectado”, agregó desde su localidad.

Para Uzcátegui “la estrategia del gobierno tiene tres componentes: la represión ante el descontento mayoritario de la población, apostar a que el actual conflicto político se desgaste y tratar de invisibilizar la crisis actuando sobre medios de comunicación y periodistas”.

Humberto Márquez/ipsnoticias.net

 
Filantropía y periodismo

La base informativa de la democracia, sus normas y sus mecanismos de funcionamiento están en peligro por una tormenta que arrasa todo a su paso. El entorno mediático actual no es positivo para nadie en la sociedad civil, incluidas las organizaciones filantrópicas y cualquiera cuyo objetivo sea el bien común. Los acontecimientos políticos y sociales que se han producido en el planeta en los dos últimos años han sacudido nuestro mundo. Como alegan Bruce Sievers y Patrice Schneider, “una amenaza existencial para la democracia”.

Si hubiese escrito estas líneas hace solamente dos años, los argumentos que voy a utilizar habrían sido distintos, pero el contexto ha cambiado. Pensemos en los obstáculos a los que se tienen que enfrentar hoy tanto el periodismo como la filantropía: existen miles de páginas web que difunden constantemente desinformación, y cuentas automatizadas —los denominados bots— que están programadas para difundir noticias falsas a una escala nunca antes conocida. Se han dañado procesos políticos como el referéndum sobre el acuerdo de paz en Colombia y las elecciones en Holanda, Francia y Estados Unidos. Y la manipulación de los medios está contribuyendo a reducir el espacio democrático en Europa del Este, impulsar a la extrema derecha en Alemania y alimentar conflictos en Siria, Yemen, Myanmar y Turquía, además de sobresaltos como el Brexit y la crisis constitucional/proceso independentista de Cataluña en España.

Todos estos procesos has estado muy influidos por el hecho de que la ciberpolítica actúa de forma instantánea, con metodologías que incluyen el social listening, el proceso de analizar las conversaciones digitales para entender lo que está diciendo la gente sobre un tema determinado a tiempo real.

Por desgracia, ni la filantropía ni los medios de comunicación están listos o capacitados para combatir unas herramientas tan sofisticadas. Por lo menos, no todavía.

¿Por qué están aún tan alejados los mundos de la filantropía y los medios de comunicación? ¿Qué podemos y debemos hacer para acercarlos y hacer realidad la promesa de una relación recíproca? En este artículo examino el espacio en el que se encuentran estos dos mundos y qué sucede a consecuencia de ese encuentro. Mi tesis es que, hoy más que nunca, la filantropía y los medios de comunicación no solo necesitan tener una colaboración más eficaz, sino que se necesitan mutuamente para cumplir sus respectivas misiones.

La filantropía y los medios de comunicación siempre han sido conceptos muy claros. Filantropía es, en términos generales, la promoción del bienestar de otros mediante el uso de dinero para causas de interés público. Los medios son los métodos principales de comunicarse con el público, sobre todo, para la transmisión de noticias e información.

Sin embargo, en la actualidad, tanto la definición de filantropía como la de medios de comunicación son más maleables. Por ejemplo, la compra de The Washington Post por parte del fundador de Amazon, Jeff Bezos, ¿es una muestra de filantropía? La mayoría de la gente diría que por supuesto que no. Sin embargo, Bezos impidió que el periódico desapareciera. El hecho de que Laurene Powell Jobs y su organización, Emerson Collective, hayan adquirido una participación mayoritaria en The Atlantic, ¿es una muestra de filantropía? Ellos dicen que sí.

Por su parte, el periodismo tiene hoy muchos rostros diferentes y lo ejercen muchos tipos distintos de organizaciones. Pensemos en el periodismo constructivo, tal como lo define Ulrik Haagerup, de The Constructive Institute, y en el periodismo de soluciones que ofrecen Tina Rosenberg y David Bornstein en su columna de The New York Times “Fixes”; pensemos en el periodismo como servicio público y comunitario tal como lo definen Jeff Jarvis y otros en la City University de Nueva York (CUNY). El suministro de noticias e información tiene, más que nunca, el propósito de mejorar la vida de las audiencias a los que está dirigido. Pero no es ninguna novedad. Ralph Waldo Emerson, cofundador de The Atlantic hace 160 años, estableció que la misión de la publicación era “contribuir a la igualdad de todas las personas”, un ideal mencionado por Powell Jobs en el momento de comprar la revista The Atlantic.

¿Por qué no vimos lo que se avecinaba y no estábamos preparados? ¿Deberían haber cambiado más deprisa tanto las prioridades de los filántropos y sus fundaciones como la conversación y el discurso públicos inspirados por los medios, para responder a los grandes cambios en el panorama político?

La filantropía está reaccionando... poco a poco

En Estados Unidos, por ejemplo, el Prototype Fund que lanzó la Fundación Knight, la News Integrity Initiative (Iniciativa para la integridad de las noticias), financiado por Facebook y organizado por CUNY, está reanimando el gusto por la cultura mediática (media literacy) y dando nuevo impulso a las iniciativas dedicadas a comprobar la veracidad de las informaciones publicadas (fact-checking). Varias organizaciones filantrópicas con sede en Estados Unidos, Ford, Hewlett a través de la Iniciativa Madison, y sobre todo Open Society Foundation están tratando de mitigar los efectos de la desinformación y la propaganda.

En Europa, las instituciones europeas y algunos Gobiernos, sobre todo Alemania, han dado una respuesta. Ya están funcionando varios programas, a los que contribuyen de forma importante fundaciones europeas como ZEIT Stiftung y Fritt Ord. También se han anunciado otras iniciativas prometedoras como el Fondo para la Democracia y la Solidaridad en Europa, pero todavía no están plenamente operativos.

La verdad es que los últimos vuelcos vividos en el mundo no solo han puesto de relieve hasta qué punto las organizaciones filantrópicas estaban poco preparadas, cómo se han limitado a reaccionar y lo poco que sabíamos de los escenarios posibles, sino que también han sorprendido al periodismo. Ni los filántropos ni los periodistas tuvimos la curiosidad suficiente.

¿Qué debe hacer la filantropía?

Como subraya James Deane, director de investigación de la BBC Media Action, los filántropos “se han dado cuenta de repente de lo importantes que son los medios independientes y lo mucho que se han debilitado las democracias por culpa de la información falsa y la desinformación”. La financiación filantrópica de los medios de comunicación debe abordar un problema fundamental para superar la amenaza actual más inmediata, el declive de los medios cívicos y el subsiguiente deterioro del discurso público como condición necesaria para que la sociedad civil funcione.

La filantropía ha hecho posible que existan numerosas organizaciones independientes de medios de comunicación en lugares en los que es difícil hacer llegar información veraz a los ciudadanos, como MalaysiaKini en Malasia, la mayor parte de las organizaciones dedicadas al periodismo de investigación sin ánimo de lucro en todo el mundo, como IDL-Reporteros en Perú, e incluso las organizaciones que han coordinado la investigación sobre los Papeles de Panamá, entre otras muchas. Estas son algunas de las aportaciones más importantes que ha hecho la filantropía institucional.

Ahora bien, las organizaciones filantrópicas se enfrentan a muchos problemas e intentan abarcar demasiado. Existen muchas necesidades sociales urgentes, además de afrontar la pérdida de confianza y el aumento de la desinformación. Por ejemplo, las fundaciones tienen un papel importante a la hora de financiar medios que mantengan y profundicen la información sobre causas concretas como el cambio climático, la resiliencia y la urbanización, la salud y la ayuda humanitaria, entre otras muchas.

En el caso de España, es una organización americana y no una local, la que apoya el esfuerzo de este medio de comunicación, con Planeta Futuro, en mantener informada a sus audiencias sobre las necesidades a las que se enfrenta el mundo para acabar con la pobreza y la desigualdad.

Pero las fundaciones tienen que desarrollar estrategias de financiación más cohesionadas. Las organizaciones filantrópicas “tienen filosofías, visiones del mundo, marcos de resultados diferentes, a veces contrapuestos, y un extraordinario grado de incoherencia y de afición a seguir modas”. Es una acusación razonable: la filantropía no se ha organizado con la coherencia y la velocidad necesarias para afrontar los grandes problemas antes mencionados. Se han hecho numerosos esfuerzos, pero queda mucho por hacer. Entre otras cosas, varias de las principales organizaciones filantrópicas se han organizado en grupos con arreglo a distintas afinidades y en función de una causa o una zona geográfica concreta; por ejemplo, iniciativas como Media Impact Funders en Estados Unidos y Journalism Funders Forum en Europa.

En los medios, el artículo es la mercancía y la ‘confianza’ es la moneda de cambio

Si la filantropía, en sus mejores momentos, está en primera línea de la búsqueda de la justicia social, los medios de comunicación, en su mejor versión, encabezan la lucha para detener los abusos más graves. Y, como mínimo, tienen la capacidad de definir la conversación y establecer prioridades.

Anya Schiffrin, de la Universidad de Columbia, explica mejor que nadie que “los periodistas llevan más de cien años llamando la atención sobre los problemas más graves”. Lo que han escrito ha tenido una repercusión importante, y siempre ha existido una oleada de “periodismo comprometido y activista” cuando “un clima general de fermento intelectual y activismo político” lo reclamaba.

Sin embargo, los medios han sufrido una transformación masiva en la última década, debido a tres tendencias muy claras. En primer lugar, la revolución tecnológica nos ha hecho poner en duda la mayoría de nuestras ideas sobre lo que es un sistema de medios de comunicación, cómo se crea, qué hace y con qué propósito. Por si fuera poco, está en marcha una nueva perturbación, todavía mayor, como consecuencia de la robótica, la inteligencia artificial, la inteligencia artificial cognitiva y los big data o datos a gran escala. La víctima más visible de esta transformación es el modelo de financiación. En el sector, muchos han llegado a la conclusión de que no tienen más remedio que recurrir al clickbait, al sensacionalismo, para lograr el dinero de la publicidad, pero el dinero de la publicidad no siempre está presente.

En segundo lugar, y más importante, el sector de los medios de comunicación, en el intento de garantizar su supervivencia, ha perdido el rumbo. La realidad hizo que la supervivencia fuera más importante que la misión de proporcionar un servicio a la sociedad. “La industria de la información ha dejado de existir”, se lamenta Emily Bell en un informe sobre el periodismo postindustrial publicado por el Tow Centre for Digital Journalism de la Universidad de Columbia.

Quizá el declive no sea para tanto, pero todo el mundo está bastante de acuerdo en que la perturbación continua del sector de los medios de comunicación ha producido al declive del periodismo de interés público y, en concreto, las noticias e informaciones sobre cuestiones de las que, en el mejor de los casos, no se hablaba lo suficiente, y sobre las que rara vez se informaba de manera habitual o en profundidad.

La tercera crisis de los medios es su pérdida de credibilidad. Una encuesta realizada en 2017 para el Reuters Institute Digital News Project muestra que en Europa la confianza en los medios de comunicación cae año tras año. Por su parte, el informe anual sobre la confianza que elabora Edelman muestra la pérdida de confianza de la población en las instituciones de Gobierno, las empresas los medios y las ONG en todo el mundo, y la mayor caída es la de los medios.

Pero no todo el mundo es pesimista. Barbara Hans, directora de Spiegel Online, por ejemplo, ha repetido que los medios tienen una verdadera oportunidad de “recuperar su auténtica función en la sociedad y su papel crucial en la democracia”.

¿En qué se basa esta visión optimista? Por mucho que los medios estén en una situación complicada, lo que no ha desaparecido es la autoridad y la influencia que ejercen. Muchos están de acuerdo en que los medios de comunicación contribuyen todavía de manera fundamental a establecer la agenda de lo que es importante para la sociedad. Señalan lo que es importante para la gente y a qué debe prestar atención, y es un mecanismo que hace que los gobernantes se sientan obligados a reaccionar para mantener su legitimidad.

Ha llegado la hora de prestar más atención a las audiencias y al impacto

Hace unos años, la mera idea de analizar el impacto del periodismo incomodaba tanto a las organizaciones filantrópicas como a los medios. Hoy, ambos están mucho más acostumbrados a intentar averiguar lo que funciona y lo que no. De hecho, la labor más interesante que se hace en este ámbito es la de los propios medios. Si las organizaciones filantrópicas tienen la responsabilidad de utilizar de la forma más eficaz y rentable cada dólar donado, los medios saben que de su capacidad de comprender si está informando, capturando a un público cada vez mayor y provocando cambios reales en el mundo, puede depender su propia supervivencia.

Medir las audiencias de una información periodística a base de contar las visitas a una página y el número de usuarios únicos es necesario pero no suficiente. Por ejemplo, Anjanette Delgado, directora digital y responsable de audiencias de lohud.com y pougheepsiejournal.com, dos sitios del mayor editor de medios de comunicación de Estados Unidos, Gannett, ha contado cómo quisieron saber más en su periódico de Westchester County: “¿Qué pasaba cuando empezamos a hacer preguntas sobre una noticia? ¿Después de que publicáramos esa noticia? ¿Cuándo un responsable político o una masa de gente veían esa noticia? ¿Conseguimos provocar una modificación legal, una donación, una citación o el despido de un empleado que había cometido un delito? ¿La familia que había perdido hace años la condecoración de su padre, el Purple Heart, consiguió encontrarla, con ayuda de la gente? ¿Logramos que algo cambiara?”

Estas preguntas de calado son la base del papel que debe desempeñar el periodismo. Para los padres de Texas preocupados por qué colegio escoger para sus hijos, The Texas Tribune ha desarrollado un motor de búsqueda que les permite investigar y comparar los distritos escolares y las escuelas públicas del estado. En Kenia, gracias a la visión de futuro del director de The Star y la labor de Code for Africa, el periódico ofrece a sus lectores la oportunidad de comprobar si sus médicos tienen todos los títulos que aseguran tener.

El periodismo es importante, pero lo que se pregunta la filantropía es: ¿qué periodismo es el más importante? Como consumidores de información, tenemos acceso a más y mejor contenido del que podemos digerir en varias vidas; el problema que tienen los medios es cómo informar, cautivar y seleccionar a los públicos apropiados para influir en ellos.

Los medios necesitan un propósito que les obligue a transformarse. Con una urgencia paralela a su crisis, pero completamente relacionada, los medios necesitan buscar un nuevo sentido, un servicio, convertirse en servidores útiles para la sociedad.

El periodismo se ejerce hoy de muchas maneras, pero también nacen nuevos modelos, como The Conversation, que en estos momentos está enfrentándose al desafío de encontrar filántropos dispuestos a apoyar el lanzamiento en España, proporciona informaciones fiables y trabaja con académicos, científicos e investigadores basándose en el argumento de que, así como el agua potable es vital para la salud, una información limpia es esencial para la salud de la democracia, o el centro de investigación ProPublica en EEUU y proyectos de colaboración masivos como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, entre muchas otras variantes. Sin embargo, los objetivos son siempre los mismos: repercutir de manera positiva en las sociedades a las que sirven.

El “periodismo comprometido y activista” forma parte ya de la dieta informativa de todo el mundo, y la mayoría de las veces es imposible de distinguir de otras definiciones más tradicionales de periodismo. El empeño en lograr apoyo público a determinadas causas forma parte del ADN de muchos medios, igual que ejercer un periodismo que “tenga consecuencias en el mundo real” es parte fundamental de la misión de ProPublica.

La filantropía no es la solución a la sostenibilidad

Creer que la filantropía es la solución para la sostenibilidad es caer en una trampa. Ni lo es ni debe serlo. Sin embargo, como indica el periodista Gustavo Gorriti, “existe una gran disparidad entre el consenso sobre la importancia de un periodismo de investigación libre para la salud de la democracia y el mínimo porcentaje de fondos filantrópicos asignados para apoyarlo”.

Si observamos el volumen y la distribución de la filantropía en el mundo, es fácil llegar a la conclusión de que, en efecto, existe esa disparidad.

El capital de riesgo tampoco invierte en los medios; en África, menos del 7% del capital de riesgo se dedica a sostener los medios de comunicación, y la financiación y la expansión geográfica de nuevos medios como BuzzFeed, Vox, Upworthy y Business Insider se han frenado mucho. Los medios no están todavía ni siquiera en el radar de sectores enteros de la filantropía, mucho menos en España, como las inversiones sociales y las inversiones de impacto, con algunas excepciones notables.

Hay varias preocupaciones estructurales en las relaciones entre los medios de comunicación y la filantropía. Los filántropos se encuentran con observaciones intrigantes: Gustavo Gorriti, que ha recibido considerable ayuda de organizaciones filantrópicas a lo largo de los años, dice que “existe hoy cierto grado de despotismo ilustrado en nuestra relación con las fundaciones...”. Tom Rosentiel, como muchos otros, establece desde el American Press Institute unas directrices éticas: “... adhesión a la independencia editorial, transparencia y clara comunicación en la explicación de sus motivos para financiar el periodismo”.

Como muchos otros, en la Fundación Bill & Melinda Gates nos regimos por los principios que guían nuestra financiación de los medios: transparencia, respeto a la independencia editorial y creativa de los receptores de nuestras ayudas y respeto mutuo por la integridad editorial del contenido. Eso quiere decir que las informaciones se publican en función de sus virtudes editoriales, que deben estar basadas en la evidencia y que deben tener valor para los públicos a los que se dirigen.

No obstante, también debemos aspirar a señalar lo que debemos hacer para colaborar mejor en la solución de los problemas de las sociedades: buscar alianzas para alcanzar objetivos, cumplir misiones y hacer realidad los compromisos comunes. Todos tenemos retos que afrontar.

Los medios deben acoger el cambio, asumir sus obligaciones y ayudar a provocar un cambio social. Deben ser mejores a la hora de mostrar su valor y probar por qué son importantes. En la colaboración con las organizaciones filantrópicas, debe haber un acuerdo sobre cual es misión común, no solo una forma de tener más ingresos, porque, en caso contrario, la asociación no funcionará. Por su parte, las organizaciones filantrópicas deben dar un paso adelante y comprender que, en primer lugar, sin unos medios activos y de calidad, la sociedad civil se derrumba; y en segundo lugar, los objetivos a los que aspiramos son más fáciles de alcanzar si colaboramos con los medios de comunicación.

No todos los medios de comunicación son merecedores de ayuda filantrópica, ni tampoco todas las causas filantrópicas son merecedoras del apoyo y atención de los medios de comunicación. Hemos de ser rigurosos y disciplinados.

Por encima de todo, necesitamos recordarnos a nosotros mismos todos los momentos en los que el periodismo ha demostrado que era importante. Releer Global Muckraking: 100 years of investigative reporting from around the world o Democracy’s Detectives: the economics of investigative journalism sería un buen punto de partida. Los medios de comunicación y las organizaciones filantrópicas debemos responder a los retos que nos aguardan. Estamos en un momento crítico. Tener espíritu inquisitivo no es una opción, es una necesidad.

Miguel Castro. El País (España)

 
Cinco razones por las cuales la paridad es clave para democracias de América Latina

En el 2019, América Latina y el Caribe será el escenario de 12 procesos electorales. Momentos como este llaman a pensar en los sistemas democráticos nuevamente y el impacto que tienen estos en la presencia de las mujeres en la política como una oportunidad para renovar nuestro compromiso por una inclusión de las mujeres en la política y así, la transformación hacia un nuevo sistema democrático paritario.

Desde el 2000 el porcentaje de parlamentarias elegidas a nivel local en América Latina se ha incrementado de 13,23 por ciento a 30,7 por ciento en el 2018; sin embargo, en la región persisten importantes deficiencias en el empoderamiento político de las mujeres.

La baja participación de las mujeres en espacios de decisión y los obstáculos que deben sobrellevar para formar parte de los sistemas democráticos muestran una situación crítica, pero también una oportunidad para generar un cambio positivo en la región.

La paridad política es necesaria para que las mujeres contribuyan a la toma de decisiones que afectan sus vidas y se beneficien del proceso de la democracia.  La democracia paritaria propone un nuevo modelo de un estado inclusivo, tal como lo propone la Agenda 2030, y un nuevo pacto social donde la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres sea una realidad.

Calidad y legitimidad democrática: Cuando la diversificación en la toma de decisiones no existe es probable que los intereses que se traducen en políticas representen sólo a un grupo determinado en desmedro de otros.  La democracia paritaria es una oportunidad para que las necesidades del 50 por ciento de la población sean atendidas a través de decisiones y políticas más inclusivas desde todos los poderes del Estado y en todos los niveles de gobierno. La experiencia ha mostrado que la participación de mujeres en espacios donde se decide la agenda política contribuye a que se incorporen temas que repercuten en beneficio de toda la sociedad, como la custodia parental, legislación contra la violencia de género, la salud sexual y reproductiva, el empleo y autonomía económica de las mujeres, seguridad en espacios públicos, educación, gestión del agua, etc.

Igualdad real en el acceso al poder: Además de que haya más mujeres en los diversos espacios y órganos de decisión política, es igualmente necesario promover las mismas condiciones y oportunidades para hombres y mujeres, en todos los niveles jerárquicos de las estructuras políticas. La paridad, como medida legal en lo político electoral ha demostrado ser la política más efectiva para lograr esa diversidad en el acceso al espacio público: en las democracias latinoamericanas que la han aplicado en nominaciones electorales, se ha logrado el mayor número de mujeres electas como parlamentarias en la historia de dichos países alcanzado rangos cercanos al 40-50 por ciento en Bolivia, México, Costa Rica y Ecuador (CIM e IDEA Internacional, 2016). A su vez, Bolivia, Costa Rica y México son los países de la región con la proporción más equitativa de mujeres y hombres en sus parlamentos.

Igualdad real a través de nuevas leyes y políticas: La paridad permite que más mujeres lleguen y cuando eso sucede, tal como señalan diversos estudios como el del Banco Mundial (2014), se produce un impacto positivo en el tipo de políticas, temas y soluciones consideradas (incluyendo presupuestarias). Tomando como ejemplo el parlamento, las mujeres electas han impulsado nuevas leyes desde su llegada, relacionadas por ejemplo, a propiciar la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el hogar, a la igualdad salarial y la mitigación de la violencia de género en una región en la que -según datos de CEPAL- solo en 2017, 2795 mujeres fueron víctimas de feminicidio.

Aprovechar el capital humano y mejorar el desarrollo: La desigualdad tiene costos para el desarrollo de los países. Recientes estudios del plano económico señalan que las brechas que afectan a las mujeres en el mundo empresarial y salarial suponen una pérdida del 14 por ciento del producto interno bruto en América Latina y el Caribe (Cuberes y Teignier, 2014). En el plano educativo, las mujeres superan a los hombres en el número máximo de años de instrucción:  23 por ciento de mujeres frente a 20,2 por ciento de hombres con más de trece años (CEPAL, 2017). La democracia paritaria plantea la incorporación plena e igualitaria de las mujeres en los aspectos económicos, sociales y políticos, aprovechando así un valioso capital humano.

Trasformación en las relaciones de poder: Que haya mujeres líderes políticas contribuye a generar nuevos roles y prototipos de mujeres, distintos de las tradicionales. El redistribuir el poder de forma equilibrada entre hombres y mujeres como plantea la democracia paritaria (tanto en el mundo público como en la vida privada) ayuda a construir relaciones horizontales de igualdad y liderazgos libres de estereotipos y prejuicios. Además, las mujeres líderes refuerzan el concepto de la mujer ciudadana frente a la mujer víctima, vulnerable y económicamente dependiente.  Dicho esto, la paridad también supone la liberación para los hombres de un tipo de masculinidad muchas veces anclada en relaciones de subordinación.

Por ello desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ONU Mujeres e IDEA Internacional, hemos lanzado recientemente la Red de Democracia Paritaria compuesta de más de 200 líderes en la región, con el objetivo de formar un diálogo regional que busque impulsar la participación política de las mujeres en América Latina, y promover reformas legislativas que les permitan ocupar cargos de liderazgo político para representar e influir en el desarrollo de sus sociedades.

Richard Barathe/ www.ipsnoticias.net

 
La respuesta es periodismo

La doble crisis que golpea a los medios de comunicación —la financiera y la de credibilidad— ha deteriorado la relación entre la prensa y los lectores. El negocio tradicional ha quebrado sin una alternativa clara con la consiguiente reducción de plantillas y sueldos en las redacciones y la sustitución de editores clásicos por empresarios nuevos en el sector. En paralelo, los periodistas hemos bajado la guardia con la correspondiente pérdida de confianza de los ciudadanos.

A todo ello se suman el ruido en redes y tertulias, el dominio del tráfico informativo por gigantes de Internet y las inversiones de líderes o Estados para manipular noticias. En España se añade un ambiente político en el que todo es blanco o negro, también al juzgar a la prensa.

Solo hay una respuesta adecuada frente a todo eso: más periodismo independiente y profesional. El relevo del Defensor del Lector propicia el repaso de los principios y buenas prácticas en EL PAÍS. Su cumplimiento es la defensa de los lectores, que tienen derecho a estar bien informados para entender la realidad y formarse su criterio. La salvaguardia de ese derecho como "la razón última del trabajo redaccional" figura en el Estatuto de la Redacción, donde se afirma que el periódico "rechazará cualquier presión de personas, partidos, grupos económicos, religiosos o ideológicos que traten de poner la información al servicio de sus intereses".

En el Libro de Estilo están esos principios. Una prueba de la preocupación por cumplirlos es el esfuerzo diario de los redactores. Y otra, la subsistencia de la figura del Defensor desde 1985. Diarios prestigiosos como The New York Times o The Washington Post han prescindido de ese a veces molesto cargo.

Pese a todo, los periódicos no hemos ofrecido siempre esa información rigurosa, fiable, independiente. Lo reconocen muchos profesionales de este y otros medios. Y los lectores, claro. Según un sondeo del Pew Research Center de mayo, solo el 31% de los españoles se fía de la prensa, porcentaje muy inferior al de Holanda (67%), Alemania o Suecia (64% en ambos casos).

Hemos decepcionado a los ciudadanos porque se han incumplido normas básicas. Una fundamental por la que velaré especialmente se refiere a las fuentes de información, elemento crucial para que una noticia sea o no creíble. Aun respetando el anonimato si así lo pide el informante, el periodista debe citarlas lo más concretamente posible para dar esa credibilidad.

Las informaciones, dice nuestro Libro de Estilo, "solo" pueden ser obtenidas por tres vías: la presencia en el lugar de los hechos, la narración por una tercera persona o el manejo de documentos. Y advierte: "El lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponden con la noticia".

Raro es el día, sin embargo, en el que no aparecen noticias sin fuentes concretas. El domingo pasado, se afirmaba en una crónica: "En el PP nacional reconocen que su partido en Madrid es un 'nido de víboras y familias' con ramificaciones empresariales y policiales en donde es fácil arruinar tu carrera política". Semejante descalificación exige precisar más su origen.

Estos días se han publicado noticias fechadas y firmadas en Madrid sobre hechos en Suecia, Polonia o Grecia y sin mencionar las fuentes de datos que figuraban incluso en titulares. Se debiera haber compartido la firma con la agencia o el medio del que se extrajeron los elementos importantes. O al menos mencionarla en las primeras líneas. Así lo exige el Libro de Estilo que, además, aclara: "Se citará siempre una fuente cuando el periodista no haya estado presente en la acción que transmite".

A veces se usa como fuente el latiguillo "según ha podido saber este periódico", como si la noticia hubiera llegado por ciencia infusa. La fórmula solo puede ser excepcional, pero recomiendo prohibirla en la revisión del Libro de Estilo. Su coordinador, Álex Grijelmo, lo asume.

Vigilaré también la observancia de otros principios: desde evitar el conflicto de intereses hasta separar claramente información y opinión pasando por el tratamiento adecuado de las imágenes o la publicidad. Y, desde luego, por la transparencia, por contar a los lectores qué ocurre en la empresa editora o por qué el periódico publica unas noticias y desecha otras.

"El interés del lector prevalece sobre cualquier otro", afirma nuestro código. Por eso, todos los periodistas debemos ser defensores de los lectores, aunque el título lo lleve solo uno.

En los próximos días, el blog del Defensor en la web incluirá un apartado en el que responderé a quejas y sugerencias. Como han hecho mis predecesores, también trataré temas específicos en artículos que aparecerán en la web y el papel.

Para todo ello, les animo a que participen para mejorar nuestro periódico, su periódico. En la primera intervención ante los periodistas del diario, la actual directora, Sol Gallego-Díaz, afirmó: "En esta redacción solo se pide obediencia al Libro de Estilo". Pues eso.

Carlos Yárnoz. El País (España).

 
Combatir machismo latinoamericano, recetan contra feminicidios

LIMA.- Perú inició el año con 11 feminicidios en enero, pese a los avances normativos y la movilización ciudadana contra la violencia de género. Una situación que se repite en otros países de América Latina y que coloca sobre el tapete la necesidad de profundizar en las causas del fenómeno.

Gladys Acosta, una de las 23 integrantes del Comité de Expertas que supervisa el  cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, en inglés), mostró su preocupación por la mediatización de la violencia hacia las mujeres y el hecho de que ella colabore en su reproducción.

“Se difunden las noticias como si fueran un espectáculo, sin explicarlas. Se muestran las imágenes violentas y uno pensaría que eso puede detener el fenómeno al exponer una actitud tan destructiva, pero no es así. Eso me hace pensar que mucha gente mira al agresor como un héroe patriarcal”, señaló en una entrevista con IPS la abogada peruana.

En ciertas mentalidades, argumentó, “eso se traduce como: qué valiente es, yo quisiera hacerlo, pero no puedo”.

“Hay un deterioro de valores muy fuerte, un irrespeto por la integridad de las mujeres, por sus cuerpos, por lo que somos, y no creo que tenga una respuesta facilista de que te castigan por romper los parámetros de la sociedad tradicional”, dijo Acosta, con larga trayectoria en la defensa regional de los derechos de las mujeres y que por sus funciones ahora reside la mayor parte del tiempo en Nueva York.

A su juicio, la región latinoamericana “adolece de violencias mayores que alimentan la específica contra las mujeres”, como la urgencia de la sobrevivencia cotidiana, una mayor circulación de armas cortas que abona a “la noción de que los problemas se resuelven por la vía de los hechos y no del diálogo”, y la criminalidad transnacional que, así como ha banalizado la política, ha ingresado a la vida social.

“De alguna forma influye en que las relaciones entre mujeres y hombres sean de mero poder y no afectivas: si no haces lo que yo quiero, vas a sufrir las consecuencias”, refirió.

En noviembre, el Observatorio de la Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) difundió su último informe sobre los feminicidios en la región, que estableció que en 2017 las mujeres asesinadas por razón de su género en 23 países de la región sumaron al menos 2.795.

De ese total,  1.133 víctimas confirmadas fueron de Brasil, pero en cuanto a la tasa por 100.000 mujeres, El Salvador alcanzó en 2017 un nivel sin parangón de 10,4 feminicidios por cada 100.000 mujeres.

Esa violencia letal no se detiene y en el primer mes del 2019 colectivos ciudadanos y feministas como el de #NiUnaMenos, informaron de la escalada de feminicidios, también llamados femicidios, en Argentina, Brasil, México y Chile, entre otros países.

Eso ocurre pese a la vigencia de leyes de prevención, atención y sanción de la violencia de género en los ámbitos nacionales, y de la interamericana Convención  de Belem do Pará, para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, que desde 1994 da a la región un marco único para luchar contra el flagelo.

Desde 2017, además, surgió en Argentina, Perú, México y otros países un nuevo y creciente movimiento de sensibilización social ante la violencia machista y los feminicidios, que se ha venido expresando en multitudinarias manifestaciones bajo el lema #NiUnaMenos o #NiUnaMás.

Acosta, quien fue la jefa regional del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer, entre 2008 y 2011, cuando la institución se transformó en ONU Mujeres), destaca la importancia de leyes, tratados, convenciones, pero reconoce que lo legislativo y lo judicial resultan insuficientes.

“Se necesita educación, trabajo y oportunidades en la vida para lograr un contexto favorable para modificar la actual pauta de violencia a las mujeres. Lamentablemente en países de la región se desarrollan peligrosamente formas políticas retrógradas que no quieren que la escuela eduque en sexualidad ni dé valores en temas de género”, advirtió.

La experta de la CEDAW propuso “reconstruir vínculos, una educación accesible a todas las personas y con formación humana, en que niñas y niños tengan noción del respeto de las relaciones de género”, que incluya a las diversas orientaciones sexuales, y del diálogo para resolver los problemas.

“Cuando crezcan podrán generar una forma de hacer vida social que no pase por los cotos de poder como hacen ahora los hombres con las mujeres”, resaltó.

Y relevó la necesidad de que los medios de comunicación redefinan sus políticas informativas en relación a la violencia de género.  La magnitud del problema que enfrentamos afecta a mujeres y hombres, remarcó, y les toca hacerse responsables de superar su visión inmediatista de ventas y aportar a una reflexión en la sociedad.

Por su parte la abogada peruana Rocío Silva, docente universitaria y activista de derechos humanos, afirmó a IPS que las normas no cambian necesariamente la realidad y que, “si bien hay avances en derechos, no están controlando la violencia hacia las mujeres”.

“Hay un componente cultural poderoso, un sentido común patriarcal de posesión del cuerpo de las mujeres por parte de los varones. Y lo que toca es trabajar de cara a ellos, sin descuidar a la víctima. De lo contrario, esta violencia no va a parar”, expresó.

Perú es un ejemplo de una situación muy generalizada en la región. Este país con 32 millones de persona, registró 149 feminicidios el año pasado según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, entre los cuales estaban las violaciones seguidas de muerte de niñas a manos de sus padres.

Ante ese panorama y la insuficiencia de los marcos legales, Silva subrayó que es urgente debatir el machismo en el espacio público y cambiar la forma en que se construyen las masculinidades.

“Toda violación sexual es por poder y no por una sexualidad extrema. Es increíble que un tabú básico de las sociedades humanas como es el del incesto ya no funcione. No hay conciencia del daño que causa la violación sexual y eso se debe a una educación machista y pornográfica”, opinó.

Agregó que otro elemento brutal de las masculinidades peruanas es la hipersexualización, como si el ejercicio del varón solo fuera tener relaciones sexuales. “Estamos en una sociedad y en un patriarcado enfermo en que los límites ya no son posibles, con una masculinidad en crisis de violencia tremenda”, dijo.

Deploró que desde el Estado las políticas no incluyan a los hombres y sugirió como ruta para hacerlo la educación, especialmente a los niños.

“Se trata de educar en una camaradería entre hombres y mujeres para que puedan vernos de una manera igual. Hay que enseñar que se solucionan los problemas a través de la palabra y no de los golpes”, manifestó.

Mariela Jara/http://www.ipsnoticias.net

 
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