Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 22 setiembre 2018
Informe Especial
Gustavo Gorriti: Investigación a jueces “estará llena de trampas”

La investigación que sigue al escándalo de corrupción en la Justicia de Perú, tras la difusión de audios donde se escucha a altos jueces, políticos y empresarios negociar ascensos y fallos judiciales, “estará llena de trampas”, advirtió hoy el periodista de investigación Gustavo Gorriti.

En Perú, el director de IDL-Reporteros, equipo de investigación que difundió las grabaciones telefónicas sobre la amplia red de corrupción judicial, señaló en un encuentro con la Asociación de Prensa Extranjera en Perú (APEP) que la investigación a los implicados “estará llena de maniobras envolventes y ataques, que llegarán de sitios inesperados”.

Entre las escuchas que difundió IDL-Reporteros se encuentran escandalosas negociaciones como la del juez supremo César Hinostroza, quien ofrece absolver al violador de una menor de 11 años, así como la del expresidente de la Corte Suprema del Callao, Walter Ríos, quien pedía un soborno de 10.000 dólares para favorecer el nombramiento de un fiscal.

En ese sentido, el periodista aseguró que el escándalo de la Judicatura peruana, al que ha bautizado como ‘Lava Juez’, tiene una conexión directa con el caso ‘Lava Jato’ en Perú, el que también sigue desde hace más de tres años porque “si se investiga bien (desde la Fiscalía), va a revelar mucha información y va a comprometer a mucha gente que antes había logrado no aparecer”.

Por ello, Gorriti destacó la medida adoptada por el fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, también mencionado en algunos audios, de fusionar las fiscalías del caso Lava Jato, y que sea liderado por el fiscal supremo Rafael Vela Barba.

Este equipo está integrado además por el fiscal José Domingo Pérez, quien recientemente reveló que dentro de la Fiscalía se había entorpecido las investigaciones a los líderes políticos involucrados.

Según Pérez, cuando el Ministerio Público era dirigido por el exfiscal general Pablo Sánchez, se ignoró la información difundida en medios sobre la anotación del empresario Marcelo Odebrecht en sus agendas, que señalaba “Keiko aumentar 500” en alusión a la lideresa opositora Keiko Fujimori.

Lo mismo sucedió con el apunte “AG kuntur” sobre el que le dijeron “AG no se pregunta”, en supuesta alusión al expresidente Alan García (1985-1990 y 2006-2011).

A pesar de las críticas a la designación de Chávarry como fiscal de la Nación, debido a su cercana relación con el suspendido juez César Hinostroza, presunto líder de esta red de tráfico de influencias y favores, Gorriti dijo que el caso Lava Jato le pueda dar prestigio al actual fiscal general.

En ese sentido, Gorriti agregó que existe “mucha energía” para evitar las investigaciones” del caso Lava Juez.

Y añadió que “sacar adelante las investigaciones pasará por lo que logren hacer aquellos grupos virtuosos dentro del Poder Judicial y la Policía Nacional de Perú, en la medida en que reciban el apoyo de la ciudadanía”.

En Perú, el caso Odebrecht comprende la presunta financiación irregular de las campañas electorales y el pago de millonarios sobornos para adjudicarse grandes contratos de obras públicas entre 2005 y 2014 en los Gobiernos de Alejandro Toledo (2001-2006), con orden de captura; Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016).

Además, se investigan los presuntos vínculos con Odebrecht del expresidente Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y de la excandidata presidencial Keiko Fujimori, líder del partido opositor Fuerza Popular, que cuenta con el grupo parlamentario más numeroso en el Congreso.

EFE

 
Periodismo imprescindible

En el último tercio del siglo pasado, hasta la irrupción de la revolución digital en los años noventa, se extendió la convicción de que un periodismo ético era indispensable para construir sociedades democráticas y pluralistas, sociedades abiertas. En principio, el periodismo, como cualquier actividad profesional, debía tratar de alcanzar unas metas que le legitimaban socialmente y para lograrlo debía recurrir a los instrumentos adecuados. La gran pregunta era entonces, como en el caso de las demás profesiones, cuáles eran las metas que daban a la actividad periodística sentido y legitimidad social.

La respuesta no era difícil de encontrar.

Consistía, ante todo, en ayudar a aumentar la libertad de las personas, ofreciendo informaciones contrastadas, opiniones razonables e interpretaciones plausibles. Distinguiendo, claro está, entre información y opinión, y comunicando hechos relevantes para el público, por mucho que desagradaran a la línea editorial. Pero se trataba también de hacer posible la libre expresión de los profesionales y de la ciudadanía, que es un requisito indispensable de las sociedades abiertas. Entretener, a poder ser de una forma digna, era otra de las metas, y cultivar una opinión pública razonante, de modo que se construyera público, y no simplemente masa.

El conjunto de estos objetivos se encuadraba en esa fórmula clave cuando se trata de una actividad profesional: responsabilidad para poder infundir confianza. Sin esa confianza en la información recibida la ciudadanía se encuentra desasistida, porque conoce la realidad en muy buena medida a través de los medios de información, hasta el punto de que podría hablarse de una “construcción mediática de la realidad”. Esto exige que el periodista y la empresa informativa se hagan responsables de sus expresiones y opiniones, sean escritas u orales, de modo que se conozca al autor y también el medio en que se publican.

Sin duda la ética mediática debía lidiar con dos grandes problemas: que información es poder, en principio, poder de influir en la formación de las mentes, y, en consecuencia, un poder muy codiciado por el mundo político y el económico, y también que información es mercancía, que la empresa informativa debe intentar generar beneficio, y hay modos muy diversos de hacerlo. Es posible asumir la Responsabilidad Social, atendiendo a los intereses legítimos de los afectados por la empresa, o, por el contrario, intentar generar el mayor beneficio para el accionista, caiga quien caiga. Es posible, por ejemplo, intentar reducir la precarización del empleo o fomentarla. Aquí, como en tantas ocasiones, la ética profesional se entrevera con la ética de la organización y las dos han de ser atendidas.

Ahora bien, si estos aspectos estaban un tanto claros en el último tercio del siglo XX, y en ellos abundaban los principios y códigos de ética, en el siglo XXI se ha producido la revolución digital, que parece conmover los cimientos del periodismo.

En principio, el acceso a la Red hace que cualquier persona pueda producir información y opinión a través de blogs, tuits, y también consumir la información de forma rápida, seleccionando además a qué tipo de informador y prescriptor quiere seguir. Surge el llamado “periodismo ciudadano”, referido a la participación de los ciudadanos en la difusión de la información, usando las plataformas que ofrecen las tecnologías, y todo parece anunciar el fin de las jerarquías de información y opinión, para recalar en una democratización, que pone en manos de los movimientos sociales enormes posibilidades de coordinación y encuentro.

La pregunta se impone de forma inevitable: ¿ha llegado el fin del periodismo profesional? La afición por los juegos de suma negativa es una constante en el mundo humano, propenso a pensar en términos de “esto o aquello”, cuando lo inteligente suele ser recurrir a juegos de suma positiva (“esto y aquello”), para contar con mayor riqueza en cada ámbito. En este caso, es necesario fortalecer el periodismo profesional para tener mayor riqueza informativa y de opinión, se exprese a través de medios digitales o en papel, porque la clave no es el medio, sino la necesidad de contar con profesionales bien preparados, que se hagan responsables de sus noticias y opiniones. Y ahora más que nunca, como apunta Juan Cruz en Un golpe de vida.

Por recordar un ejemplo, en la campaña electoral de 2016 en Estados Unidos, el jefe de la campaña era el chairman de una website mediática (Breitbart). En el proceso se multiplicaron las noticias falsas sobre Hilary Clinton, se impuso el recurso a la “posverdad”, que es sencillamente el recurso a las mentiras para destruir a la adversaria, y menudearon las provocaciones incendiarias y los discursos del odio. Las redes, que pueden prestar un servicio extraordinario a la información y la comunicación, también pueden viralizar falsedades que se convierten en trending topic, y sucede que reforzarlas resulta lucrativo. Tomando la pregunta del profesor de Stanford Nathaniel Persily: “¿Puede la democracia sobrevivir a Internet?”. La pregunta no es ociosa, porque la demagogia se mercantiliza: las plataformas no se han creado para servir a los valores democráticos, ni pretenden promocionar un electorado bien informado, sino proporcionar experiencias “atractivas” y “significativas”.

Por supuesto, la campaña de Estados Unidos es sólo un ejemplo, aunque muy relevante, del falseamiento interesado de la realidad que se puede producir a través de las redes, haciendo imposible la construcción de sociedades abiertas, porque la ciudadanía no puede percibir la diferencia entre la noticia falsa y la verdadera, ha de tomar decisiones sobre la base de una realidad distorsionada e inexistente. Pensar en otros ejemplos actuales no es difícil, por desgracia. No es extraño que Macron proponga una legislación para luchar contra las noticias falsas en periodo electoral, pero sería bueno extenderla más allá de ese tiempo.

Sin duda, es necesario regular las redes, pero las medidas jurídicas, con ser necesarias, no bastan. Y no sólo por su lentitud, sino también porque para ser efectivas han de contar siempre con el carácter de las personas y las sociedades, que genera las costumbres. Es imprescindible un periodismo profesional, competente, al que se puedan pedir responsabilidades, tanto al profesional como al medio informativo. Un periodismo que no se limite a decidir qué es de interés público a través del “me gusta”, “no me gusta”, sino preocupado por potenciar una sociedad bien informada y abierta.

Adela Cortina

 
Caso Bustíos: Daniel Urresti perdido en el laberinto de sus mentiras

En un intento desesperado por llamar la atención, el acusado Daniel Urresti convocó a la prensa para presentar “importantes pruebas” en el marco del juicio que él afronta por el asesinato del periodista peruano Hugo Bustíos. Se trata de un vídeo en el que aparece Cristóbal Gavilán Mendoza, anciano de 77 años, manifestando que “un fiscal de Lima” le habría instruido para declarar.

En la grabación, Gavilán Mendoza aparece acompañado por Donata Ruiz Palomino, frecuentemente mencionada en el proceso, sosteniendo una conversación que fue grabada probablemente por la nieta de esta última, cuya voz se escucha en el vídeo, destaca una nota de la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh).

¿Quiénes son Cristóbal Gavilán y Donata Ruiz?

Tanto Cristóbal Gavilán Mendoza y Donata Ruiz Palomino fueron testigos ofrecidos por la defensa del acusado Daniel Urresti. Sin embargo, tiempo después desistieron de la declaración de ambos. Pero la Fiscalía consideró que era importante que estos testigos declaren por lo que tendrían que presentarse en el transcurso del proceso. Es así como ambas personas, en calidad de testigos tardíos, concurrieron a dar su testimonio ante los magistrados del “Colegiado B” en el mes de junio de 2018.

¿Qué declaró Gavilán Mendoza?

En la audiencia del pasado 4 de junio, Gavilán Mendoza declaró que, “bajo amenaza de muerte” de Donata Ruiz y su hijo, hizo una declaración jurada en la que acusó a Ysabel Rodríguez Chipana de “terrorista activa” y de haber asesinado a los padres de Donata Ruiz Palomino. Esta declaración jurada fue presentada ante los jueces por la defensa de Urresti.

Sin embargo, Gavilán Mendoza en dicha audiencia declaró que no conocía a Hugo Bustíos Saavedra, ni a Ysabel Rodríguez Chipana, ni a Daniel Urresti. Sostuvo además que se fue de Huanta a los 8 años y que recién el 2011 retornó a esta ciudad para reclamar sus tierras que, según su testimonio, habían sido usurpadas por la familia de Donata Ruiz. Asimismo, precisó que durante los años de la violencia no vivió en Huanta y refirió que estuvo recluido en el penal de Lurigancho entre 1979 y 1989 por Tráfico Ilícito de Drogas (TID).

Al finalizar su testimonio, Gavilán Mendoza pidió a los magistrados le otorguen garantías personales pues temía que Donata Ruiz y sus hijos pudieran tomar represalias contra él y atentar contra su vida.

Entonces, cuáles podrían ser las razones para “intimidar e instruir” a Gavilán Mendoza si: 1. Desde que tenía 8 años vivió fuera de Huanta y solo regresó a esta ciudad en 2011; 2. Si estuvo recluido entre 1979-1989 por TID; 3. Nunca conoció a Hugo Bustíos, tampoco conoció a la testigo Ysabel Rodríguez Chipana ni al propio Urresti.

Urresti y sus testigos

Durante el juicio oral contra el acusado Daniel Urresti por el asesinato del periodista Hugo Bustíos Saavedra, la manipulación de testigos ha sido una constante. Por ejemplo, el testigo Edgardo Montoya cambió su versión para favorecer a Daniel Urresti. Inicialmente afirmó que “el 24 de noviembre del 88, siendo aproximadamente las 8:30 a 9 de la mañana, salió un vehículo al mando del capitán Urresti Elera (capitán ‘Arturo’) con todo su equipo. Entre ellos estaba el sargento Jhonny Acuña Zapata (‘Centurión’) y el vehículo regresó unas horas después sin la patrulla, más que con la tripulación de seguridad, es decir, sin el equipo de inteligencia. Y luego, la patrulla del capitán Urresti regresó a pie. Alrededor del mediodía ingresaron a dar cuenta de sus actividades al comandante La Vera.”

Sin embargo, cuando se presentó Montoya ante los magistrados -en noviembre de 2015- sostuvo que Daniel Urresti no tenía nada que ver con el asesinato de Hugo Bustíos Saavedra y que no sabía si él había salido a patrullar el día que mataron al periodista.

Otro testigo que también declaró –en marzo de 2016- fue Eliseo Gavilán Gavilán, quien afirmó que la defensa de Urresti lo ofreció como testigo sin haber estado presente en el asesinato del periodista Bustíos. Refirió que su vecino Pascual Sulca lo buscó y le ofreció una “chambita” en Lima por la cual le pagarían 2 mil soles. Le pidió una copia de su DNI y le dijo que posteriormente le daría detalles, pero nunca lo hizo. Sulca es hijo de Primitiva Jorge –cuya muerte a manos de Sendero Luminoso fue a cubrir Bustíos el día que fue asesinado–.

Atando cabos

Pascual Sulca es cuñado de Donata Ruiz Palomino y ambos personajes son parte de la estrategia de defensa de Urresti.

En el vídeo que Urresti ofreció este lunes como “prueba”, Gavilán Mendoza aparece acompañado nuevamente de Donata Ruiz Palomino. Es de resaltar que Donata Ruiz aparece en una fotografía en la entrada de RPP acompañada por Luis Díaz Asto cuando difamó a Rodríguez Chipana. Tiempo después, Donata Ruiz fue sentenciada por difamación en agravio de esta importante testigo. Díaz Asto fue recientemente destituido como asesor de comunicaciones del ahora ex Presidente del Poder Judicial, Duberlí Rodríguez tras la difusión de los audios por IDL-Reporteros.

De manera que, los hechos hablan por sí mismos.

Comisedh (Comisión de Derechos Humanos).

 
Elogio de la lentitud: nuevas literaturas y periodismos que reivindican la pausa en tiempos de la inmediatez

"Esperar es una lata. Y, sin embargo, es lo único que nos hace experimentar el roer del tiempo y sus promesas".

Así, tal cual, con este atrevimiento comienza El tiempo regalado ( Libros del Asteroide), un ensayo de la escritora y periodista alemana Andrea Köhler donde repasa el valor y el significado de la espera en el amor, en la cultura, en los transportes, en la vida cotidiana o en el horizonte siempre presente de la muerte.

El breve libro de Köhler, publicado recientemente en España y con una buena acogida a unas 150 páginas sin desperdicio, no resulta un fenómeno aislado, sino que entronca con una tendencia en auge de reivindicación de la lentitud en la literatura y en el periodismo. Una tarea sin duda a contracorriente en unos tiempos frenéticos, donde millones de personas están hiperconectadas las 24 horas del día a una pantalla.

Desde que Nicholas Carr publicara hace unos años la obra de referencia Superficiales, cómo está cambiando Internet nuestras mentes (Taurus), muchos autores se han ocupado del tema hasta llegar en la actualidad al ensayo citado o a la novela El descubrimiento de la lentitud ( Plataforma), de Sten Nadolny; o a la obra Periodismo slow ( Fragua), de José María Albalad. Por no recordar la extraordinaria y ya clásica La lentitud ( Tusquets), de Milan Kundera, una novela escrita en los años ochenta, pero que puede leerse hoy como un magnífico relato sobre el paso del tiempo y los ritmos vitales.

La insatisfacción de la gratificación inmediata

"Ojalá estemos asistiendo a un movimiento de péndulo frente a la tiranía de lo inmediato y fugaz de las nuevas tecnologías porque el tiempo nos arrastra hoy de un modo intempestivo". Quien así opina es el filósofo y experto en educación Gregorio Luri, que firma el epílogo español de El tiempo regalado. Como tantos otros colegas, Luri piensa que la madurez se alcanza cuando los individuos saben diferir la gratificación, cuando las personas son capaces de esperar a la recompensa que ha de llegar tras el esfuerzo.

Por ello, de esta carencia surgen hoy sociedades cada día más infantilizadas y más ansiosas porque "la recompensa exige siempre cierto retraso y porque la gratificación inmediata termina por dejarnos insatisfechos", según sostiene Andrea Köhler en un libro lleno de citas literarias y filosóficas.

Pero más allá de las vivencias individuales, Gregorio Luri señala que el capitalismo está atravesado por dos corrientes opuestas: una moral que invita a que no pienses y te limites a consumir de una forma compulsiva y otra actitud, la moral del trabajo, que apela a las tareas bien hechas y con calma, que enseña a aplazar la gratificación hasta que suena la sirena del final de la jornada o hasta que llega el sueldo a final de mes. "Está claro", concluye Luri entre risas, "que la moral del consumo está ganando claramente a la moral del trabajo".

En línea con estas reflexiones y con el horizonte siempre puesto en la felicidad, este filósofo navarro afincado en Cataluña y con una extensa obra a sus espaldas comenta: "Hay que decir que las cosas que añoramos como formas de la vida feliz, desde el sexo a la creación pasando por las drogas, la oración o la carrera, son siempre intentos de gestionar la espera. De hecho, si los humanos somos historia y no sólo naturaleza, es porque hemos tenido parcialmente éxito en esa gestión".

La espera, convertida en narración

En cualquier caso, la espera guarda una interesante relación con la cultura en todas sus manifestaciones y de ahí que Gregorio Luri indique que "ese tiempo regalado forma el ecosistema en el que la literatura, el arte o la música son posibles". Y al abordar esa relación entre la espera y la creación aparece inevitablemente en todos los autores que se han ocupado del tema la inmensa figura de la Sherezade de Las mil y una noches. Así pues, en esta obra clásica la espera se convierte en narración, en un relato sin fin donde la hija de un visir logra aplazar cada noche la hora de su ejecución mediante un cuento que compone hábilmente y que interrumpe siempre en el mejor momento.

Otra figura femenina que simboliza esa lentitud, una dilación constante, es Penélope, una "auténtica heroína", según Luri, "que se convierte en la verdadera dueña de su casa y de su destino y no Ulises, su marido". En definitiva, los autores que se ocupan y preocupan por la lentitud marcan una inflexión en un mundo donde se identifica falsamente lo nuevo con lo moderno y donde se atribuye a la modernidad unos valores en sí misma que no siempre atesora. "En resumen", concluye Luri, "nuestras aspiraciones apuntan a dar densidad a nuestro presente, ese presente que permite apreciar el pasado y, a la vez, configurar el futuro".

Reivindicación de la lentitud, también en el periodismo

Esta reciente y cada día más pujante reivindicación de la lentitud no se reduce a la literatura o a la filosofía, a fenómenos como el slow reading, sino que abarca también al periodismo, donde muchos profesionales defienden un oficio que prime el rigor frente a la cantidad, el análisis sosegado frente al bombardeo informativo o la voluntad de un estilo.

José María Albalad, profesor e investigador en la Universidad San Jorge, afirma que con su libro Periodismo slow ha pretendido "remarcar la importancia de revitalizar un periodismo de producción lenta y consumo reposado, un periodismo donde más allá de los McDonalds de la información quede sitio para proyectos Premium". En su ensayo, Albalad repasa algunos ejemplos de medios, tanto en España ( Frontera D) como en otros países, que "frente a la dictadura del clic y la actualización compulsiva llevan a las autopistas digitales lo mejor del periodismo de siempre".

Después de subrayar que, en definitiva, el periodismo lento equivale a investigar en profundidad y a narrar con intención estilística, este experto afirma que el periodismo literario o narrativo perdurará, a pesar de todo, y opina: "Lo que hoy conocemos como storytelling no deja de ser una respuesta a la enfermedad del algoritmo".

De todos modos, Albalad no es el único especialista que se plantea si en el futuro podrá surgir un periodismo literario como el que representó Gabriel García Márquez, por citar el caso más simbólico y famoso. "En la cultura del picoteo digital", explica este profesor e investigador, "resulta evidente que es más difícil de practicar un periodismo literario. Pero yo soy optimista porque literatura y periodismo siempre han caminado de la mano".

A modo de recomendación para las nuevas generaciones, Albalad sigue los consejos de grandes del periodismo del siglo XX, como el polaco Ryszard Kapuscinski, cuando animaba a sus jóvenes colegas a mancharse los zapatos de barro. El nuevo periodismo, a juicio de Albalad, pasa por salir de las redacciones y gastar suelas de zapatos. "Se trata", agrega, "de la única manera de dar respuesta al hambre de realidad en una cultura de pantallas. Como dice el experto Roberto Herrscher, entender el presente es muchísimo más que certificar el día y la hora de los acontecimientos".

Quizá sea una conclusión que rema a contracorriente en un mundo cada vez más acelerado, pero que se extiende poco a poco por la literatura, la filosofía o el periodismo y que reivindica la lentitud, la espera, incluso el aburrimiento. Porque se trata de un tiempo regalado, el significativo título del libro con el que comienza esta crónica.

www.eldiario.es/ Miguel Angel Villenas

 
Colombia: Uno de los países más peligrosos para hacer periodismo

Coraje: el periodismo no es un crimen, en inglés Courage: Journalism Is Not a Crime, narra la historia de tres periodistas alrededor del mundo que, pese a las amenazas, privaciones de la libertad y exilios a los que se han enfrentado por sus trabajos periodísticos y gracias a sus voluntades férreas de contar la verdad, no han abandonado su labor de reportear, documentar y publicar algunas de las historias más sórdidas de sus gobernantes. Los países que se abordan en el documental son Birmania, Turquía y Azerbaiyán, territorios que tienen en común grupos étnicos que viven éxodos escabrosos, como es el caso de los rohinyás en Birmania; a presidentes represivos, como lo es Erdogan en Turquía, y a élites políticas y económicas que pagan sobornos transnacionales para lavar dinero en Europa, como ocurre con Azerbaiyán. La pieza audiovisual es una radiografía de la amenaza que el periodismo de investigación sufre en el mundo.

El documental se ha traducido a 13 idiomas, incluido el español. Su director, Tom Heinemann, un exalbañil danés que después de fracturarse la espalda decidió aventurarse por el periodismo crítico, se enfoca en investigaciones a largo plazo en territorios marginados que terminan por impactar a la comunidad internacional. “Soy un lobo solitario, hace muchos años lo sé, y tal vez este trabajo esté muriendo. Ahora podemos ver colaboraciones entre organizaciones transnacionales, como los Papeles de Panamá o los Papeles del Paraíso”, asegura. Pese a las tremendas dificultades a las que él mismo comenta que se ha enfrentado, Heinemann ha publicado más de 20 documentales radiales, ocho audiovisuales y varios libros periodísticos. Además ha sido galardonado dos veces con el premio al periodista de investigación sobresaliente otorgado por la Asociación de Periodismo de Investigación de Dinamarca, y ha sido tres veces finalista del premio al periodista del año en su país.

Sus historias, que han tenido eco internacional, van desde desenmascarar la explotación que sufren los recolectores de té que hacen parte de la cadena de producción del refrescante Lipton Ice Tea, marca de la multinacional Unilever/PepsiCo, hasta señalar a bancos y ONG de utilizar los microcréditos para empobrecer y presionar a sus usuarios con tasas de hasta el 200 % de interés. Heinemann también es conocido por la forma como realiza sus investigaciones: de la mano de su esposa y camarógrafa, Lotte la Cour, hace uso de cámaras escondidas y cambios de identidad para documentar sus investigaciones con imágenes reveladoras.

¿Cómo nació la idea de hacer “Coraje: el periodismo no es un crimen”?

Al terminar la serie A Heart that Never Dies, en español Un corazón que nunca muere, sobre el coraje civil y la defensa de los derechos humanos, la ONG danesa International Media Support (IMS) se puso en contacto conmigo: quería hacer una historia sobre las condiciones críticas que enfrenta el periodismo de investigación en regímenes represivos.

¿Cuál fue la más grande lección que le dejó la realización del documental?

La forma tan corajuda y fantástica con la que algunos de mis colegas en Birmania, Turquía y Azerbaiyán, además de otros países, como Honduras, Colombia y Guatemala, abordan el oficio de pelear por la libertad de prensa y los derechos humanos, a pesar del sufrimiento.

¿Qué ha pasado con los personajes del documental desde su lanzamiento?

Lawi Weng (Birmania) ha decidido radicarse permanentemente en su pueblo, ubicado en el estado Mon. Definitivamente no le gusta Rangún, el zumbido y el caos de la ciudad, pero sigue trabajando como reportero de primera línea. El ejército y otras autoridades lo siguen vigilando. Él no está seguro; la libertad de prensa en ese país retrocede cada vez más. Erdem Gül (Turquía) sigue siendo el editor de Cumhuriyet, en Ankara. Afortunadamente, el pasado 16 de julio fue absuelto del cargo de “revelar secretos de Estado”. Ahora deberá defenderse de “apoyar una organización terrorista sin ser miembro de ella”, algo que podría darle hasta 15 años de cárcel. Emin Huseynov (Azerbaiyán) sigue en Ginebra (Suiza), sufriendo las consecuencias de perder su ciudadanía. Trabaja en un documental sobre la corrupción de las élites de su país. Su hermano, Mehman, sigue tras las rejas. Saldrá en mayo del próximo año y dijo que no parará de publicar Sancaq, su revista de sátira digital.

En el documental, Lawi Weng asegura que a los periodistas extranjeros se les bloquea a través de sus visas para que no puedan entrar al país que investigan, tal como le ocurrió a usted. Luego, dice, las autoridades se enfocan en los periodistas locales para evitar que hablen. Weng cree que ese es el plan a futuro: que no se conozca nada del país. ¿Cree usted que los enemigos de la libertad de expresión y de investigación lograrán su meta: silenciar al pueblo y a la prensa?

Es realmente perturbador que la libertad de prensa en la joven democracia de Birmania haya caído tan bajo en sólo cuatro años. Las autoridades, con la ayuda del ejército, ganan parcialmente el juego. La comunidad internacional tiene que prestarle mucha más atención a esto, así como a muchos otros países de Latinoamérica.

Usted ha sido censurado en países como India y Sri Lanka. ¿Por qué?

Realicé periodismo investigativo en India y Sri Lanka con una visa de turismo. Ellos, por obvias razones, se enteraron, por lo que desde 2007 mi esposa, quien también es mi camarógrafa, y yo, hemos sido rechazados al tratar de obtener una visa para India. En Sri Lanka sé que hay una orden de arresto que ha sido compartida en todo el país y dice que si nos encuentran debemos ser retenidos “con la fuerza que sea necesaria”, hasta que las autoridades puedan hacerse cargo de nosotros.

Usted fue constructor de casas antes de convertirse en el reconocido periodista de investigación que es ahora. ¿Podría contarnos un poco al respecto?

Muy simple: mi espalda se rompió en varias ocasiones y he sido intervenido quirúrgicamente para tratarlo. Eso me llevó al trabajo social; ayudaba a drogadictos para que dejaran su adicción. Durante este período, que duró dos años, supe que debía encontrar un mejor trabajo, por lo que apliqué a la Escuela Nacional de Periodismo de Dinamarca, y creo que ambos trabajos me han dado una mejor idea del contenido de una sociedad. Desafortunadamente, muchos periodistas pasan directamente del colegio a la universidad y de la universidad al trabajo. Muchos de ellos no saben mayor cosa sobre la sociedad en la que viven. Es triste, el periodismo debería reflejarse en toda la sociedad y no sólo en una parte de ella.

¿Por qué cree que vale la pena luchar por la libertad de expresión en países como Colombia si esto puede costar la vida?

Porque esa lucha es el ADN del periodismo verdadero y honesto. Respeto profundamente a los periodistas colombianos que arriesgan sus vidas y las de sus familias en nombre de la libertad de expresión. Sin ellos todo sería mucho peor. También respeto que algunos periodistas claudiquen porque es demasiado peligroso. Es una pregunta muy difícil de responder. Soy de Dinamarca. No tengo la menor idea de cómo es la verdad de la vida colombiana, pero sí puedo decir que me quito el sombrero por esos que se atreven a confrontar el poder, a escribir sobre los carteles y los políticos corruptos.

El coraje es un tema recurrente en sus trabajos, ya sea porque usted o los personajes de sus piezas audiovisuales lo ejerzan. ¿Qué nos puede enseñar el coraje en tiempos de crisis?

Los periodistas corajudos se han vuelto una especie en peligro de extinción. Todos debemos defenderlos. Ellos son los verdaderos demócratas, quienes tienen la capacidad de cambiar las cosas para bien en la vida de cada ser humano, y la pequeña contribución que a través de mi trabajo pueda ofrecer es por lo que vivo.

www.elespectador.com/Por Daniela Mejía Castaño

 
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