Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Domingo, 22 octubre 2017
Informe Especial
Balas para frenar periodistas en México

Marzo ha sido un mes fatídico para la prensa en México. Tres periodistas han muerto asesinados a balazos en Guerrero, Veracruz y Chihuahua. Otro lucha por su vida en el hospital después de un ataque en la puerta de su casa. Otro tuvo suerte, su escolta recibió el plomo que unos sicarios guardaban para él. El último se recupera de una herida de bala, sufrida cuando cubría una protesta sindical. 103 periodistas han muerto asesinados en México desde 2000. Solo el año pasado fueron 11. Las líneas que siguen tantean los últimos pasos de los tres muertos del mes de marzo.

MiroslavaBreach, la valiente denuncia sobre la ‘narcopolítica’

Como en las películas de espías, si el investigador hubiera preguntado a los conocidos de la víctima si había alguien que tuviera motivos para asesinar a MiroslavaBreach, sus familiares, amigos y conocidos se habrían mirado entre ellos y habrían enumerado una larga lista de posibles sospechosos que van desde alcaldes y policías locales a partidos políticos y narcotraficantes.

Conocida por su periodismo crítico y profundo, a lo largo de varias décadas como corresponsal en Chihuahua Miroslava molestó a muchos y fue elevando el tono para denunciar, entre otras cosas, el desplazamiento de miles de campesinos de la sierra Tarahumara obligados a plantar amapola ante la llegada de los cárteles, o los vínculos de los partidos políticos con el crimen organizado.

Si bien aún no está claro quien ordenó su muerte el jueves 23 de marzo, las autoridades tienen clara una cosa: fue asesinada por su trabajo periodístico, confirmó el gobernador Javier Corral.

Uno de sus artículos más reconocidos, “Narco destierra a familias en Chihuahua”, publicado en agosto de 2016, denunciaba que centenares de familias de campesinos habían sido desplazadas de sus comunidades y habían perdido sus casas, ganado y tierras, a manos de narcotraficantes. En su texto detalló como los campesinos de diminutos municipios perdidos entre las montañas de Chihuahua como La Lobera, Chínipas o El Manzano, en Urique, vivían bajo el terror de narcotraficantes que custodiaban los caminos que impedían regresar a la población.

El texto señalaba que mientras en las zonas urbanas decrecía el número de homicidios, en las zonas rurales no hacía sino aumentar. Y citaba dos municipios Milpillas y Las Chinacas donde hace unos años vivían 1.500 personas y ahora solo quedan la mitad. El artículo denunciaba que desde hacía varios meses distintas organizaciones y movimientos políticos le habían pedido al presidente Enrique Peña Nieto que actuara, sin obtener respuesta.

Pero Miroslava no levantó el dedo del renglón. Recientemente publicó un valiente texto donde denunció los vínculos entre el crimen organizado y los partidos políticos. En el texto ‘Impone el crimen organizado candidatos a ediles en Chihuahua’, publicado en La Jornada denunciaba como los dos partidos más importantes del país, el oficialista PRI (Partido Revolucionarios Institucional) y la derecha del PAN (Acción Nacional) habían incluido en sus listas a miembros del crimen organizado como candidatos a alcaldes.

Miroslava citó con nombres y apellidos como la suegra de Arturo Quintana, alias El 80, el criminal más buscado desde de la región, se presentaría como candidata del PRI en Bachiníva. Su candidatura vino precedida llegar una serie de anónimos para que ningún otro aspirante osara presentarse y opacar a la candidata Silvia Mariscal Estrada.

Diez días después recibió ocho balazos de un sujeto armado que la esperaba a la salida de su casa.

Cecilio Pineda, reportero en Tierra Caliente

El reportero Cecilio Pineda trabajaba para su cuenta de Facebook. Igual entraba en vivo con la cámara de su celular, que escribía una nota. O publicaba el reportaje de algún compañero. O sacaba publicidad de una venta de pollos, de un taller mecánico, de una tienda de zapatos. Así ganaba algo de dinero.

A Cecilio lo asesinaron el pasado 2 de marzo en su pueblo. Vivía en Ciudad Altamirano, un municipio de la Tierra Caliente de Guerrero, una de las regiones más pobres de uno de los estados más pobres de México.

El día en que lo mataron, Cecilio fue a San Miguel Totolapan, el pueblo de al lado. Hacía meses que un grupo de vecinos se había levantado en armas contra el crimen organizado. Estaban hartos, decían, de Los Tequileros, una banda de secuestradores que tenía sometida a la población desde hacía meses. Aquel día, los vecinos exigieron a las autoridades que detuvieran a su líder, El Tequilero. Que aprehendieran además a su compadre, el exalcalde de San Miguel, Saúl Beltrán. Por entonces, la fiscalía ya acusaba a Beltrán de haber asesinado al párroco del pueblo años antes.

Cuando volvía de San Miguel, mientras manejaba su carro, Cecilio entró en vivo a través de su cuenta de Facebook. “¡Buenas tardes amigos de la Tierra Caliente!”, saludó. El reportero denunció que unos sicarios de Los Tequileros habían desertado. Que estos sicarios habían dado la ubicación de los demás. Que las autoridades no los detenían porque no querían. Que el comandante regional de la policía estatal protegía a los secuestradores. El vídeo pronto alcanzó varios miles de visitas.

Cecilio no hacía periodismo de investigación. Decía lo que todos creían saber y el problema, para él, es que muchos le escuchaban. Era un líder de opinión. Un amigo suyo, colega de profesión, contaba este viernes que “le habían dicho que le bajara”. Que no publicara más cosas sobre Los Tequileros. “Ya en diciembre empezaron así, que le bajara, le mandaban mensajes al Facebook”. El reportero no quiere decir su nombre por miedo.

Cecilio era orondo, el pelo al rape, una barbita de candado, casi siempre vestido de negro. Las autoridades saben quiénes le mandaron matar. Pero ignoran quienes apretaron el gatillo. Cuando agarremos a los segundos, decía el fiscal la semana pasada, iremos por los primeros.

Ricardo Monluí y la industria de la caña de azúcar en Veracruz

En apenas mes y medio, tres hombres vinculados a la industria de la caña de azúcar murieron asesinados en Veracruz. Los tres, en la región centro. Primero fue Norberto Echeverría. Presidente de una asociación de productores de caña de azúcar, Echeverría murió acribillado el jueves 9 de marzo en el estacionamiento de un centro comercial de Córdoba. Un lugar concurrido en una ciudad grande. A Norberto le cayeron dos disparos, uno en la cabeza. Murió ahí mismo.

Dos semanas más tarde, el viernes 24 de febrero, Fernando Maza murió tiroteado a tres kilómetros de allí. Maza, líder de otra asociación de cañeros, iba manejando su camioneta por una de las avenidas anchas de la ciudad. Sus tres escoltas le seguían en otra. Según testimonios recopilados por la prensa local, tres vehículos les emboscaron y balacearon.

El día de San José, domingo 19 de marzo, Ricardo Monluí fue a desayunar a un restaurante con familiares y amigos. Se citaron en Yanga, un municipio a 20 minutos en carro del centro de Córdoba. A eso de las 10 de la mañana, cuando ya salían del local, hombres armados abrieron fuego contra él. Murió allí mismo, en la banqueta, afuera del restaurante. Otras versiones indican que lo mataron dentro de su carro, un Nissan Tsuru blanco. Otras que solo estaba con su esposa. Otras…

Monlui era un periodista conocido en la región centro del estado. Tenía su propio medio, El Político de Córdoba. Colaboraba con varios diarios locales. Escribía una columna, el Crisol. Un colega dice que era muy cercano al Gobierno y que por eso nadie hizo demasiado escándalo cuando lo mataron. El colega, que prefiere ocultar su nombre por seguridad, dice también que era muy amigo de Daniel Pérez Valdés.

No queda muy claro que tipo de relación mantenían, pero Monlui y Valdés se conocían de hacía tiempo. El segundo era –sigue siendo- presidente de la unión nacional de productores de caña de azúcar. El primero había sido su vocero.

Ricardo Monlui no descubrió los trapos sucios de nadie, pero conocía el sector cañero como la palma de su mano. Las autoridades no han detenido a nadie por la muerte de ninguno de los tres.

JACOBO GARCÍA / PABLO FERRI
elpais.com

Foto internet/medios

 
Reflexiones sobre la cobertura que los medios realizan de la violencia sexual

¿Cómo pueden los periodistas hacer un mejor trabajo a la hora de cubrir la violencia sexual contra las mujeres? Un panel en el que participaron cinco periodistas de Italia y Reino Unido intentó abordar esa cuestión durante el Festival Internacional de Periodismo en Perugia, Italia.

Si bien la conversación se limitó a casos en Italia y Reino Unido, los problemas discutidos por los panelistas son aplicables a muchos países alrededor del mundo (he visto personalmente las mismas situaciones en Rusia y Alemania).

De acuerdo con estimaciones del gobierno de Reino Unido, alrededor del 75% de las mujeres británicas que sufren un delito sexual no lo denuncian a la policía. Y cuando las historias de agresión son recogidas por los medios de comunicación, suelen informarse de una manera sensacionalista que a menudo hace más daño que bien, dijeron los panelistas.

Según los panelistas, el principal problema sobre cómo se cubre la violencia sexual es el fracaso a la hora de brindar un contexto. Tales eventos siempre se muestran como algo fuera de lo común, y la narrativa se centra en la víctima: su personalidad, cómo estaba vestida y si podría haber evitado de alguna manera la situación que vivió. Una tendencia particularmente alarmante en Italia es que las historias sobre delitos sexuales suelen publicarse junto a fotos de la cara de la víctima o de su cuerpo, dijo la fotoperiodista italiana Stefania Prandi.

Centrar la cobertura en el comportamiento de la víctima expande la idea nociva de que la violencia sexual puede ser justificada, y que aquellas a las que les sucede de alguna manera se lo han buscado. Historias mal escritas a menudo romantizan el crimen diciendo que la víctima era "demasiado hermosa" y el atacante "no pudo controlarse".

Otro problema serio es que los perpetradores son, en su mayoría, retratados como monstruos, personas sin auto-control. Y en los casos en que tal ángulo es imposible, a los lectores se les da una visión más comprensiva, por ejemplo, decir que una investigación criminal pondrá en peligro el futuro del atacante.

El problema con las historias sensacionalistas sobre violencia sexual es que ignoran la naturaleza sistémica del abuso sexual que enfrentan las mujeres. Los crímenes de género son parte de la opresión sistémica que sufren las mujeres, y los periodistas tienen la responsabilidad de mostrar ese contexto, dijeron los panelistas. No es una coincidencia que en muchos casos, las mujeres que reportaron ser acechadas hayan sido finalmente asesinadas o violadas por sus acosadores. Según un estudio estadounidense, en el 50% de estos casos ellas conocían al acosador.

Cuando se trata de informar sobre violencia –sexual o de otro tipo– los periodistas pueden estar tentados a diluir algunos elementos de la historia por miedo a la reacción de la audiencia. En respuesta a algunos de mis trabajos, he recibido comentarios como "Esta historia me enfermó", lo que me llevó a preguntarme si había exagerado o desviado la atención de algunos lectores de considerar seriamente los problemas que planteé. Cuando les dije esto a los panelistas, estuvieron de acuerdo en que ciertos detalles podrían ser omitidos en algunas ocasiones, pero los hechos deben ser mantenidos ya que son de interés público.

Con el actual panorama cambiante de los medios de comunicación, los sobrevivientes de la violencia tendrán más oportunidades de contar sus historias sin usar a los medios como intermediarios, dijeron los panelistas. Sin embargo, aun cuando aquellas personas que han sufrido una agresión sexual estén más capacitadas para contar sus historias en sus propios términos, eso no quita la responsabilidad de los periodistas que deben informar sobre estos temas.

https://ijnet.org/es/ Imagen con licencia Creative Commons en Flickr, vía Esther Vargas.

 
Periodismo: Tiempos peligrosos


Marzo, pero 24 grados en Valencia. En el Patio de los Naranjos de Las Naves unas 100 personas conversan en torno a mesas, o sentados en el suelo. Alguno se ha descalzado. Varios miran ordenadores y la mayoría charla animadamente. Son parte de los 1200 profesionales de internet, activistas y expertos en privacidad que ha convocado el Internet Freedom Festival estos días en la ciudad.

Se oye mucho inglés con acentos y el tema común es la seguridad, los derechos y cómo seguir construyendo esta internet sin cerrar espacios y protegiendo la privacidad. En el patio hay un altavoz, alguien pone música y suena una curiosa mezcla de música latina, disco y ritmos africanos a la que nadie parece hacer caso. Estoy esperando a Tom Lowenthal, tecnólogo del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), organización que acaba de presentar un informe especial, TheBestDefense: Threatstojournalists’ safety demandfreshapproach (La mejor defensa: las amenazas a la seguridad de los periodistas exigen un enfoque nuevo).

El informe, que sólo está en inglés, dice que el colapso de las viejas estructuras políticas, el aumento de grupos armados, el fracaso de los gobiernos occidentales ante regímenes represivos y la disrupción en la industria de los medios de noticias provocada por la tecnología han conformado un escenario amenazante para el periodismo global desde los años 90.

Según el CPJ, los periodistas nunca hemos sido tan vulnerables. ¿Es realmente así? Lowenthal envía un mensaje a través de Signal, dice que se retrasa porque estaba en el otro patio. Las Naves tienen muchos espacios donde los asistentes se reparten en distintas sesiones. Es curioso que este año ya nadie te da su email sino su número de móvil porque es como agregas a gente a esta app, una de las más seguras y recomendada por el mismísimo Edward Snowden. Mientras espero abro Twitter y leo que Signal ya no es seguro: Wikileaks acaba de publicar que la CIA ha conseguido comprometerla, a través de malware en un dispositivo.

Buscamos dos sillas en un espacio tranquilo y pregunto a Lowenthal si realmente es cierto que los periodistas nos enfrentamos a más riesgos hoy, como dice el informe.

“Nunca antes ha sido una época tan peligrosa para ser periodista”, dice Lowenthal. Cree que es así por una serie de factores, aunque la verdad pura y dura es que los periodistas son asesinados hoy en una tasa mayor desde que el CPJ empezó a recoger datos. Desde 1992 han sido asesinados 1232 periodistas, 452 han sido forzados a exiliarse desde 2010, y el censo de 2016 revela a 459 en prisión. Parte de esto, según Lowenthal, se explica por un cambio en las dinámicas de los periodistas, por la precariedad.

“Los periodistas que pisaban una redacción en el pasado, antes de finales de los 90, como parte de organizaciones profesionales tenían el apoyo de especialistas en seguridad pendientes de ellos, por lo que cuando iban a zonas de conflicto tenían la mejor formación posible en materia de seguridad, hacían prácticas, tenían experiencia y equipos adecuados. Lo que es muy triste es que hubo un recorte de redacciones casi en todas partes del mundo, especialmente en redacciones pequeñas que se hicieron aún más pequeñas, y el grupo de los freelancers se ha salido de proporción. Eso significa que esta gente trabaja en zonas de riesgo sin apoyo, sin contactos de emergencia, sin equipos, sin expertos que puedan asistirlos y sin una buena gestión del riesgo hay más posibilidades de que resultes herido. Y cuando el riesgo son las balas, eso puede acabar muy mal”.

No es sólo que la gestión del riesgo ahora sea menor, según el CPJ. “El peligro objetivo en algunos casos ha aumentado”, explica Lowenthal. Históricamente, uno de los mayores peligros para el periodismo lo constituyen las fuerzas militares en la región desde donde reportan. Esos militares normalmente responden ante un poder ejecutivo nacional, un gobierno que pone las reglas del conflicto y les dice que no se metan con la prensa, que no hieran a periodistas. “Pero las fuerzas militares modernas como grupos terroristas o carteles de la droga no responden a ese tipo de control y tienen un enfoque diferente: ellos no ven a los medios de comunicación como parte de la sociedad que quieren tener. Están metidos en una guerra de propaganda por lo que cualquier parte que no esté de su lado en la historia merece ser asesinado”.

El recuerdo de los asesinatos en vídeo de James Foley y Steven Sotloff en 2014 vuelve y de repente el sol de Valencia se oscurece. Especialistas en seguridad para periodistas, entre ellos Tug Wilson, de The New York Times, apuntan a comienzos del 2000 como el momento en el que los periodistas que trabajaban en áreas de conflicto comenzaron a ser percibidos como targets. La invasión de Irak por parte de Estados Unidos dejó claro que “los días en que un periodista iba y venía entre bandos opuestos en una línea de batalla se han ido”, dice Wilson.

Otros riesgos: tecnología y salud mental

Catorce años después, con 40 conflictos armados activos en el mundo, y 65 millones de personas desplazadas de sus hogares, es la primera vez que los desplazamientos han sobrepasado los 50 millones desde la Segunda Guerra Mundial, y ciertamente hay más historias que nunca para contar desde lugares peligrosos. La popularización de tecnología para transmitir y recoger información y la reducción de las estructuras de las redacciones hace que cada vez más sean freelancers quienes están cubriendo conflictos.
Las amenazas físicas son visibles: puedes ver a alguien con un arma. Puedes entenderlo de una manera práctica y visceral. Pero la parte digital y psicológica son más difíciles de comprender

Ante la situación, el CPJ sabe que deben ser proactivos. Este año ha creado el Emergencies Response Team (Equipo de Respuesta ante Emergencias). El objetivo es establecer para los freelances el mismo tipo de infraestructura de la que dispone un periodista dentro de un medio, y que el ratio de muerte no se dispare tan desproporcionadamente en quienes trabajan de forma precaria.

¿Qué rol juega la tecnología en este escenario? ¿Estamos los periodistas más en riesgo por este factor?

Explica Lowenthal: “Reconocemos diferentes áreas de pericia en cuanto a protección para periodistas, pero no conforman distintas áreas de práctica. La seguridad tiene que ser holística. En el ámbito periodístico, tradicionalmente la seguridad se ha enfocado en el “seguridad física primero, seguridad informática después”. Pero esto no es una gestión de riesgo efectiva. Si planificas usar protección corporal cuando no estás teniendo en cuenta cómo el uso de tus dispositivos está revelando tu localización para que puedan dispararte, no tienes una estrategia efectiva de seguridad. Y tener en cuenta ambas cuando no estás considerando las consecuencias psicológicas de enfrentarte a tumbas masivas de personas u otras experiencias que pueden causarte stress, depresión o incluso suicidio, es, otra vez, no gestionar tu riesgo efectivamente”.

La CPJ en su informe divide la seguridad en física, digital y psicosocial, pero advierte que no están separadas y que tienen que recibir igual atención.

“Las amenazas físicas son visibles: puedes ver a alguien con un arma. Puedes entender mucho sobre el riesgo que corres de una manera práctica y visceral”, explica Lowenthal. “Pero la parte digital y psicológica son más difíciles de comprender. En sistemas de computación es difícil entender los riesgos, pero en la parte psicológica, si no te ha tocado a nivel personal o a alguien cercano, el estigma que existe alrededor de la salud mental hace que sea difícil entender los síntomas. Incluso las amenazas de muerte pueden causarte problemas mentales”.

Pienso que no he visto a muchos periodistas en este evento y pregunto a Lowenthal si los periodistas realmente somos conscientes de los riesgos que corremos.

Lowenthal cita a Jennifer Henrichsen, de la Universidad de Pensilvania, que investiga sobre la percepción del riesgo por parte de periodistas y por qué no toman medidas. Dice que lo que sucede es que el trabajo de los periodistas es hacer periodismo, y que cualquier minuto que dediquen a temas de seguridad, o protección psicológica o cualquiera de estos temas, es literalmente distracción de su trabajo. “El 80% de los periodistas de investigación norteamericanos creen que su trabajo los expone a vigilancia por parte del gobierno, pero muy pocos toman medidas con respecto a eso. Es difícil que actúen porque es un campo de habilidades diferentes, y es por eso que la protección institucional es necesaria”, concluye.

En tiempos donde la información es cuestionada tuit a tuit, el periodismo es más necesario que nunca, y todos estamos sometidos a vigilancia masiva, ¿nos podemos permitir dejar conflictos y la historia de países sin contar por no proteger a nuestros periodistas? Recuerdo lo que leí sobre Signal y pienso que saber qué sistema de mensajería segura usaremos el próximo año parece aún más lejano.

Pregunto a Lowenthal si puedo hacerle la foto y le digo que le enviaré la URL cuando publique. Después de despedirnos, abro mi ordenador y leo que algunos periodistas ya cuentan mejor la historia: el cifrado de Signal sigue siendo seguro, la CIA ha encontrado una forma de comprometer el dispositivo pero eso no puede hacerse a escala masiva dando a un botón. En el patio valenciano sigue brillando el sol.

Marilín Gonzalo

Foto internet/medios

 
Telemundo: Actores ganan voto histórico para sindicalizarse en SAG-AFTRA


Luego de más de un año de discusión entre SAG-AFTRA, -el sindicato que defiende y vela por los derechos de los actores de producciones de ficción- y los ejecutivos de Telemundo, los actores consiguieron, en un voto histórico, ser sindicalizados.
Con 112 votos de los cuales solo 21 fueron por el ‘no’ y 91 por el ‘sí’, los actores de ficción de Telemundo obtuvieron la mayoría para que el sindicato se siente a negociar con Telemundo los términos de sus contratos, derechos y beneficios laborales.

Durante las últimas semanas los actores que estaban calificados estuvieron enviando sus votos a la sede de SAG-AFTRA, y este 8 de marzo fueron contados delante de representantes del sindicato y sus abogados, como de los abogados y algunos ejecutivos de la cadena Telemundo.

Luego de verificar la veracidad de los votos, y algunas impugnaciones, ambas partes estuvieron de acuerdo con los resultados que fueron contundentes. Si bien solo se necesitaba para ganar la mitad más uno, en este caso superó más del 80% a favor del sindicato.

Al final de la elección hablamos con Pablo Azar, quien se encontraba presente en el momento de la decisión y quien fue de algún modo uno de los actores más activista intentando que esto fuera un hecho.

“Había muchos nervios, muchas ansiedad, muchas incertidumbre, porque al fin de cuentas para mí esto no era de ganar o perder, era de unificarnos a todos al gremio actoral, y darme cuenta que como actores tenemos más voz, y me da emoción saber que tenemos más del 70% de los votos… Yo no me esperaba que tuviéramos tanto apoyo porque muchos actores tuvieron miedo de hablar o de hacer pública su posición, entonces nunca sabíamos cuál era el apoyo”, nos explicó Azar.

El actor mexicano, quien en una entrevista con New York Times contó que debía manejar un UBER para cubrir sus gastos ya que su trabajo de actor no era suficiente, expresó que para él este paso dentro de la industria del entretenimiento es aún mayor.

“Para mí este es un día histórico, me siento orgulloso de formar parte de este día porque esto no es solo la representación de SAG-AFTRA en Telemundo, es un cambio grande en cómo es tratado el hispano dentro de Estados Unidos…Este proceso lo está viendo mucha gente, lo ven los medios del mundo, otros sindicatos, y que justo pase cuando hay tanta polémica con la discriminación a ciertos grupos, que demos este paso nosotros los hispanos y con el apoyo de SAG, que es la primera vez que está involucrado algo en español, creo que va a hacer que se cambien muchas cosas en el trato hacia los latinos en Estados Unidos”, concluyó.

Por su parte, Telemundo nos envió su declaración oficial sobre lo sucedido con la votación, y dice lo siguiente:
“Los resultados de la votación de SAG-AFTRA han sido reportados, y la mayoría de los actores de telenovelas ha decidido que el sindicato represente sus intereses. Si bien estamos decepcionados con este resultado, mantenemos nuestro compromiso con todos nuestros empleados y seguiremos adelante con el proceso de negociación una vez la elección haya sido certificada por el NLRB. Asimismo, ratificamos nuestro compromiso con el éxito a largo plazo de Telemundo y en hacer de Telemundo un gran lugar para trabajar”.

Recordemos que Telemundo siempre pidió que fueran los actores los que votaran para ver si querían ser sindicalizados o no, y que no fuera una negociación entre compañía y sindicato. Sin embargo, de diferentes maneras, el presidente de la cadena Luis Silberwasser, envío mensajes internos a los actores para que optaran por el ‘no’. Como el siguiente video que te compartimos hace unos meses.

Escribe: MandyFridmann/Imagen internet

 
Mujeres que no celebran su día


Esta es una historia que no debería tener que escribirse – la de cientos de millones de dadoras de vida cuya producción y productividad han sido sistemáticamente cuantificadas en pormenorizadas estadísticas, pero cuya abnegación, sufrimiento humano y denegación de derechos solo son objeto de palabras.

Es la historia de las mujeres que ven a sus hijos e hijas morir mientras huyen de las guerras, o que son secuestradas para vender sus órganos, o que fueron reclutadas como niñas combatientes.

Es la historia de esas mujeres que caen presas de traficantes que las venden como esclavas sexuales. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito informa que las mujeres y las niñas constituyen 71 por ciento de las víctimas de trata de personas.

Y es la historia de esas mujeres y niñas que se convierten en víctimas de violencia abominable perpetrada por sus familiares varones. De aquellas cuyos empleadores violan continuamente sus derechos como trabajadoras, y que incluso son asesinadas por sus parejas. En algunos países, siete de cada 10 mujeres serán golpeadas, violadas, abusadas o mutiladas durante su existencia, según denunció ONU Mujeres.

También es la historia de millones de jóvenes que se ven obligadas a contraer matrimonio y quedar embarazadas de forma precoz, y de aquellas sometidas a mutilación genital femenina (MGF).

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce esta práctica como una violación de los derechos humanos, tortura y una forma extrema de violencia. La MGF le niega a las mujeres y las niñas su dignidad y causa dolor y sufrimiento innecesarios, con consecuencias que perduran para toda la vida e incluso pueden ser fatales, recuerda el secretario general del foro mundial, Antonio Guterres.

África y la región árabe se encuentran entre los lugares donde se practica la MGF. La Unión Africana considera que es una práctica sumamente dolorosa que viola los derechos humanos básicos.

Su impacto sobre las niñas y las mujeres es multifacético y afecta a diversos aspectos de sus vidas, incluido su bienestar físico, psicológico y social, y las cicatrices persisten durante el resto de sus vidas.

Es la historia de millones de niñas sin acceso a la educación, y cuando pueden acceder, la mayoría abandona por la falta de servicios sanitarios. Un estudio realizado por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos entre 2009 y 2014 confirmó miles de ataques contra escuelas en 70 países al menos, muchos de los cuales recibieron represalias por defender la educación de las niñas.

Es la historia de casi dos tercios de los habitantes del mundo, que sufren una insuficiencia en el acceso a los servicios de salud reproductiva y de maternidad.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas hace hincapié en que el acceso universal a la salud reproductiva afecta a muchos aspectos de la vida. Tiene que ver con las relaciones más íntimas de las personas, incluida la negociación y la toma de decisiones dentro de esas relaciones, y con la interacción con los proveedores de salud con respecto a las opciones anticonceptivas.

También es la historia de muchachas muy jóvenes que son secuestradas por grupos terroristas para saciar brutalmente sus apetitos sexuales, como ha sido el caso de BokoHaram en Nigeria.

Y es la historia de las mujeres indígenas que cuidan de lo que queda de sus tierras, que custodian 80 por ciento de la biodiversidad del planeta, pero cuyos derechos y conocimientos ancestrales son ignorados e incluso desdeñados.

Es la historia de las mujeres agricultoras que producen hasta 80 por ciento de los alimentos, pero no tienen derecho a poseer sus tierras, insumos agrícolas, recursos ni pequeños créditos.

Y de esos millones de trabajadoras domésticas cuyos derechos recién empezaron a reconocerse, aunque no se apliquen lo suficiente.

Y es la historia de una creciente desigualdad. La organización no gubernamental Oxfam calcula que, de mantenerse la tendencia actual, las mujeres tardarán 170 años en conseguir la misma remuneración que los hombres, por no hablar de que la mitad de la riqueza del planeta se encuentra en los bolsillos de apenas ocho personas, todos ellos hombres.

El Día Internacional de la Mujer se conmemoró el 8 de marzo con el lema “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030.”

La ONU asegura que es “un momento para reflexionar sobre los progresos realizados, considerar cómo acelerar la Agenda 2030, impulsar la aplicación efectiva de los objetivos de la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas”.

El organismo mundial fijó varios objetivos clave de la Agenda 2030:
Para el año 2030, asegurar que todas las niñas y niños completen una educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad.

Para 2030, asegurar que todas las niñas y niños tengan acceso a una atención, cuidado y educación preescolares de calidad para prepararlos para la educación primaria.

Poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y niñas de todo el mundo.

Eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y niñas en las esferas pública y privada, incluida la trata y la explotación sexual y de otros tipos.

Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, el matrimonio prematuro y forzado y la mutilación genital femenina.

La ONU también señala que el mundo laboral está en transformación, con importantes consecuencias para las mujeres.

“Tenemos la globalización, la revolución tecnológica y digital y las oportunidades que estas traen, y por otro lado, la creciente informalidad del trabajo, medios de subsistencia e ingresos inestables, nuevas políticas fiscales y comerciales e impactos ambientales, todo lo cual debe abordarse en el contexto del empoderamiento económico de las mujeres”, añade.
Todas estas palabras y buenos deseos suenan geniales.

Sin embargo, el Día Internacional de la Mujer representa, ante todo, otra bofetada en el rostro de la humanidad que todavía no puede – ¿o no quiere? – honrar debida y efectivamente a aquellas que son las dadoras de vida.

IPS/ Por BaherKamal/ Traducido por Álvaro Queiruga

Foto internet/medios

 
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