Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Miércoles, 23 mayo 2018
Informe Especial
Periodismo y verdad

Hay épocas de la historia en las que los cambios se aceleran y son más difíciles de entender y de explicar. Las revoluciones silenciosas suelen pasar inadvertidas, pero tienen repercusiones de alcance insospechado. Las victorias de Thatcher en 1979 y de Reagan en 1980 resultaron ser más que la mera alternancia política. El tiempo demostró que se trataba de una profunda revolución conservadora, cuyos efectos todavía perduran.

La revolución de octubre en Petrogrado en 1917 no resultó ser un episodio local, la caída de los Románov, sino un epicentro ideológico que afectaría al mundo entero en los siguientes cien años.

Desde la invención de la imprenta (Gutenberg, 1452) no ha habido una revolución tecnológica que haya tenido tanta repercusión en la historia humana como la socialización global de internet. La revolución de la imprenta significaría una socialización selectiva que afectó a sectores minoritarios, ilustrados, que llegarían a plantear sucesivos conflictos a lo largo de la historia de Europa.

Hoy vivimos uno de estos cambios acelerados que modifican la manera de trabajar, y de vivir. Es un cambio que nos so­brepasa en ámbitos tan relevantes como la política, el periodismo o la economía. No ha sido una socialización selectiva sino una socialización global que traspasa fronteras físicas, sociales, culturales y po­líticas.

El relato global del siglo XX lo han escrito los norteamericanos, por haber contribuido a ganar dos guerras mundiales y por haber derrotado a la Unión Soviética en la guerra fría. Sin embargo, la pax americana ha entrado en crisis por la desconfianza que inspiran sus actitudes, y de manera especial tras la elección de Donald Trump, al crear un discurso que estaba instalado en mentiras flagrantes y en una manera muy personal de comunicar directamente con el gran público a golpe de tuit. La victoria del Brexit en el 2016 mostró que importa más ganar una campaña que utilizar hechos comprobables. La verdad alternativa es un elemento muy peligroso para el progreso, la libertad y la convivencia de cualquier sociedad democrática.

Existe una tendencia cada vez más extendida hacia el periodismo de trincheras, que consiste en narrar los hechos tal como a uno le gustaría que ocurrieran, hacer teorías, predicciones, propaganda si viene al caso, en vez de limitarse a explicar bien aquello que ocurre.

Es un riesgo construir debates sobre hechos no comprobados o deliberadamente sesgados. La mentira tiene las manos más largas que nunca porque dispone de más instrumentos. El caso de Facebook ha puesto de relieve la fragilidad de mantener la libertad en medio de tanta masa de información: dispone de más de mil millones de perfiles personales que ha reconocido haber entregado a la empresa Cambridge Analytica. No es que se haya perdido la ­libertad, sino que en su nombre se nos puede privar de ella, como ha demostrado el Brexit.

Los aspectos positivos del nuevo paradigma de la información son evidentes. El ciudadano sale de casa cada día perfectamente informado y opinado. Por las redes sociales circulan noticias, emociones, ilusiones, opiniones, críticas, insultos, odios de todo tipo y también grandes verdades. Internet está robando el poder de influir en la opinión pública que hasta ahora estaba en manos de los gobiernos. Los que levantan la bandera del nuevo orden son los profetas de Silicon Valley que acumulan el poder tecnológico, económico y político, sin tener que dar cuentas a nadie. Y a menudo, sin pagar impuestos como las demás empresas.

En este contexto, el periodismo no vive el principio dulce de su declive, sino que se encuentra a las puertas doradas de una profesión que se superará a sí misma con mejor periodismo. Es arriesgado, por tanto, entregar a partidos políticos o a mayorías parlamentarias escasas la administración de los medios públicos, que deben servir a la sociedad en su conjunto, teniendo como lema incuestionable la mayor aproximación posible a la verdad, de la misma manera que se han de sustraer de la presión de los grandes grupos económicos y financieros y de lobbies ideológicos.

Ante este panorama es importante que la verdad recupere un puesto principal. La posverdad no niega la verdad, simplemente no la considera prioritaria. Por esta razón es necesario que se recupere el valor moral de la verdad, que no es aquel que más me conviene, sino el que se basa en la realidad. Sólo así las instituciones podrán garantizar que los medios públicos de comunicación hagan posible la libertad desde la pluralidad y el respeto a todos los ciudadanos. La libertad surge únicamente allí donde prevalece el esfuerzo por el reconocimiento de los hechos, la justicia y la igualdad de derechos y se proscribe el sectarismo. Y esta grave responsabilidad no decae por el comportamiento inadecuado de otras instituciones, si de verdad queremos construir un país más democrático. Estas exigencias son hoy más necesarias que nunca para Catalunya y sus medios de comunicación. En especial, los públicos.

http://www.lavanguardia.com/ COLECTIVO TREVA I PAU

 
En la disputa por la atención, la voz más fuerte no es necesariamente la más importante

En tiempos en que los medios están luchando constantemente por los clics, la atención se ha convertido en la nueva moneda de cambio. Los lectores digitales son bombardeados constantemente con titulares provocativos y contenido viral.

Sin embargo, la voz más alta no necesariamente lleva el mensaje más importante. En lugar de gritar constantemente, vale la pena hacer una apuesta por construir confianza con las audiencias, argumentaron los oradores de un panel sobre economía de la atención en el festival digital re:publica de Berlín.

En esta lucha por la atención de los lectores, los medios se enfrentan a un dilema que tiene dos principios centrales, explicó Bernhard Pörksen, profesor de ciencia de los medios en la Universidad de Tubinga. Por un lado, está el principio de popularidad; muchas publicaciones tienden a orientarse hacia lo que su público quiere leer, lo que resulta en la estrategia de “servirles lo que quieran”. El otro es el principio paternalista, que se refiere al deseo de los medios de brindarle a las personas la información que esos medios consideran importante.

“Creo que ninguno de estos dos principios puede ser independiente, y debemos trabajar por un equilibrio entre ambos”, dijo Pörsen.

Las formas en que tratamos el tema de la atención difieren mucho cuando comparamos medios tradicionales y redes sociales, dijo Barbara Hans, editora en jefe de SPIEGEL ONLINE.

"En las redes sociales, el usuario es el punto de referencia", dijo. "Sin usuarios, no habría redes sociales".

Sin embargo, esos usuarios se enfrentan al conocido problema de las burbujas de filtro, que no están destinadas a iluminarlos, sino a confirmar la visión del mundo que ya tienen. Las oficinas editoriales, por el contrario, se esfuerzan por traer material nuevo y relevante a sus lectores.

"El trabajo del periodista es confrontar a los lectores y desconcertarlos con información que no sabían que era importante para ellos; que ni siquiera sabían que existía", dijo Hans. "Si nosotros, como medios de comunicación, estamos todo el tiempo gritando a quienes nos leen, perderemos no solo nuestra credibilidad, sino también la oportunidad de escuchar y aprender de ellos".

El editor de política de BuzzFeed Alemania, Marcus Engert, puso el ejemplo de Facebook para mostrar cómo los medios están adaptando su contenido para mantenerse en la carrera por la atención online. Desde la introducción de Instant Articles al fomento del video, las plataformas sociales como Facebook determinan qué tipo de contenido será más agradable y visible para sus usuarios.

BuzzFeed es famoso por su mezcla de contenido viral, como videos de gatos y listicles, combinado con análisis político en profundidad. Esta ha sido una estrategia bastante exitosa para llamar la atención de los lectores.

“En la sección de política de BuzzFeed no copiamos recetas de entretenimiento; aprendemos de ellas”, dijo Engert.

Una pieza política de largo aliento no recibe tantos clics como un video viral de un minuto, pero eso tiene más que ver con la capacidad de atención de la audiencia y no con la naturaleza del contenido, dijo. También explicó que los artículos serios no necesitan ser difíciles de leer o carecer de imágenes.

El "griterío" de los medios no solo refiere a los titulares clickbait; también hace referencia a la velocidad de producción de las noticias. Cuando los medios están tan ocupados por la primicia que publican información que no ha sido verificada adecuadamente, contradicen los principios del buen periodismo y muestran que "no toman a sus lectores en serio, porque creen que pueden darles lo que sea", dijo Engert.

Finalmente, los panelistas coincidieron en que la receta para el éxito en la era digital es mantener su compromiso con los principios básicos del periodismo: demostrar primero, publicar después, y recurrir a varias fuentes y ser transparentes.

/ijnet.org/es

 
Los cinco libros esenciales de Tom Wolfe

La obra del escritor y periodista estadounidense Tom Wolfe (1930-2018) fue una de esas que marcan una época y abren nuevos caminos. En plena década de los 60 del siglo pasado, en medio del auge de movimientos como los hippies o los Panteras Negras, Wolfe se dio cuenta de que el periodismo no entendía o no contaba bien los cambios que estaba sufriendo la sociedad estadounidense. Así que hizo algo que parecía evidente, pero que nadie había decidido hacer: “Pegó la oreja a la realidad, escuchó lo que decía la gente y lo contó”, explica José Manuel Calvo Roy, director adjunto de EL PAÍS, que en 2005 entrevistó a Wolfe en su apartamento de Nueva York.

Guiado por ese instinto, Wolfe escribió las crónicas más relevantes de aquella época haciendo uso de algunos recursos de la novela que no se habían utilizado antes en la prensa. Y fue él mismo el que le dio nombre a esa nueva corriente: Nuevo Periodismo. A esta nueva forma de contar historias se unieron otros colegas de profesión como Norman Mailer, Rex Reed, Terry Southern, Gay Talese o Hunter S. Thompson, entre otros, y terminó por traspasar las fronteras de Estados Unidos hasta llegar a influir en plumas tan destacadas como la de Gabriel García Márquez. “Para escribir hace falta el mismo esfuerzo que para informar: el esfuerzo de tener la boca cerrada y escuchar exactamente cómo habla la gente y qué es lo que dice”, reflexionaba Wolfe sobre el estilo del que es considerado como el padre.

La Izquierda Exquisita & Mau-mauando al parachoques (1970)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: La crónica de aquella fiesta que el compositor Leonard Bernstein ofreció en Nueva York en homenaje a los Panteras Negras para intentar comprenderlos y apoyarlos, confirma en este libro “al mejor Wolfe periodista”, asegura Calvo. El autor evidencia en este marco a “la élite neoyorquina rendida a los radicales” y mira con “el sarcasmo más feroz a las clases altas de buen corazón que se identifican con las causas perdidas”, repasa el director adjunto de EL PAÍS. Al final, son los jóvenes militantes los que se ríen de la ignorancia de los otros sobre la realidad que quieren ayudar a transformar.

El Nuevo Periodismo (1973)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: Calvo cree que Wolfe lo tenía claro cuando decidió publicar este libro: quería “dinamitar la novela tradicional y los autores dinosaurios, y sustituirlos por una forma distinta de narrar”. Esto era el Nuevo Periodismo. Y para demostrarlo, recopiló en este volumen varios textos suyos y de los mejores periodistas literarios del momento, como Rex Reed, Terry Southern, Nicholas Tomalin o Barbara L. Goldsmith. Sigue siendo un manual de referencia en la mayoría de las facultades de periodismo.

La hoguera de las vanidades (1987)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: La labor de Wolfe no se limitó solamente a la no ficción. Esta fue la obra con la que dio el gran salto a la novela, en cuyas páginas retrata a la ciudad de Nueva York desde sus cloacas. “Número uno sin discusión”, destaca el director adjunto de EL PAÍS. Aquí “se atraviesa a toda velocidad la distancia que separa al cielo —el dinero y la fama— del infierno —la destrucción y el olvido—”, precisa Calvo. De esta historia surgió, detalla, la popular expresión de “master of the universe”.

Lo que hay que tener. Elegidos para la gloria (1988)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: Este gran reportaje nos introduce en las entrañas de la más grande aventura del ser humano en el siglo XX: la conquista del espacio. Pero la gran aportación narrativa del autor está en su punto de mira: “¿Quiénes eran y de dónde salían los astronautas, los protagonistas?”, detalla el director adjunto de EL PAÍS. Todos provenían del mundo de los pilotos de pruebas; eran bravos vaqueros que en las máquinas del futuro pasaron a tener condición de autómatas y conejillos de indias. Para Calvo, este es “otro clásico de Tom Wolfe”.

Todo un hombre (1998)

Editorial: Anagrama

Sinopsis: Si en La hoguera de las vanidades disecciona Nueva York, en esta novela Wolfe pasa el bisturí por la ciudad de Atlanta, capital del estado de Georgia. En esta urbe, una de las más pobladas de Estados Unidos, “el conflicto racial aparece y desaparece” en la historia del país, comenta Calvo, siempre “acompañado de sexo, violencia, quiebra financiera y corrupción inmobiliaria y política”. Nuevamente relucen en esta historia la grietas de una de las metrópolis más importantes de EEUU.

elpais.com/

 
Julio Ramón Ribeyro: Julio Cortázar siempre iba a mi casa a comer cebiche

Periodismo histórico. En una entrevista realizada por el periodista Fernando Ampuero a Julio Ramón Ribeyro en 1986, el destacado escritor peruano reveló detalles de su amistad y la pasión por la comida peruana de Julio Cortázar. Una conversación que duerme en las hemerotecas y recatamos para que la disfruten:

-Tú llevas muchos años viviendo en Europa. ¿Qué cambios genera el exilio en un escritor?

-Bueno, en principio, debo hacer una precisión: yo no soy un exiliado. Soy simplemente una persona que viajó a Europa y se quedó viviendo ahí por diversas razones, pero sin tener ningún impedimento para regresar a mi país.

-¿Lo podemos llamar autoexilio?

-De acuerdo. ¿Qué cambios produce en un escritor vivir afuera? En primer lugar, ofrece un ensanchamiento de la percepción, a causa del contacto que se siente con otras culturas. Y luego, un trato directo con lo que hemos soñado y leído.

-¿Eso fue lo que te impulsó a viajar?

-Es difícil definir mi intención original. De lo que sí puedo hablar, me parece, es de los resultados: me deshice de cierto provincianismo.

-¿Buscaste gente? ¿Estableciste algún tipo de contacto con escritores que admirabas?

-Nunca sentí la necesidad de buscar escritores conocidos o famosos. En París, en mis primeros años, abundaban los escritores. Estaban Carpentier, Miguel Ángel Asturias y García Márquez, aunque este último por entonces era casi desconocido. Con el único que tuve contacto y amistad fue con Julio Cortázar. Era un hombre muy cordial y sencillo; muy amable, sobre todo, con los escritores jóvenes. Cortázar no hablaba mucho de literatura. Cuando se reunía con sus amigos, hablaba de otras cosas: del tango, de la buena comida (le encantaba la buena comida y a mi casa iba siempre a comer cebiche). Era un tipo formidable, imaginativo y brillante. En una ocasión, en que hablábamos de un escritor que él juzgaba anticuado, me dijo que cuando abría sus libros todas las letras salían volando, como una nube de polillas.

-¿Cómo fueron tus comienzo en Europa? ¿Qué tipo de empleos conseguías?

-Tuve que desempeñar varios empleos, pero yo no quisiera glorificar esa época.

-¿Fue una época dura para ti?

-Bastante dura, como es la vida allá para la mayoría de estudiantes. Tuve trabajos esporádicos. Cuando se me acabó la beca, y mientras aguardaba obtener otra, me puse a trabajar. El dinero que me enviaban, de casa tardaba en llegar. Era una cuestión de supervivencia. Recuerdo que trabajé, entre otras cosas, como portero de un hotel. Afortunadamente era un hotel pequeño: tenía seis o siete habitaciones.

-¿Pero de día o de noche?

-Era portero permanente, de día y de noche. Y también debía ocuparme de hacer la limpieza y cobrar el alquiler, hacía de todo. De todas formas, no fue un empleo tan difícil, pues los inquilinos (había tres peruanos y un escritor francés, ahora muy conocido) eran muy comprensivos conmigo. Ellos se hacían su habitación y eso me permitía contar con las tardes libres para dedicarme a escribir. Un trabajo duro, por el contrario, fue el que tuve en una estación de ferrocarril. Allí era cargador de bultos, con carretilla y todo; trasladaba cargas de los trenes a los camiones o de los camiones a los trenes. Trabajo durísimo, auténtico trabajo de obrero. En cuadrilla de trabajadores figuraban algunas personas, ahora honorables y respetables, ¿sabes? Estaban el poeta Leopoldo Chariarse y los pintores Eduardo Gutiérrez y Sigfrido Laske. En fin, yo no pude soportar mucho tiempo este trabajo: demandaba un esfuerzo físico enorme. Pero ahí tuve por primera vez la experiencia de lo que es el trabajo físico, un trabajo que te transmuta en robot, a tal punto que cuando concluyes la jornada no tienes ganas de leer ni de pensar; sólo provoca tomarse una cerveza y echarse a dormir.

-¿Cómo entiendes la repercusión de tu obra, no estoy refiriéndome a la crítica especializada, sino a la que se da en la gente común, esos lectores que siempre se acercan a saludarte? ¿Qué crees que gusta o interesa más de tus cuentos y novelas?

-A mí siempre me ha intrigado esa especie de fervor que noto en un público joven y, más aún, en un público popular. Me pregunto qué cosa encuentran en lo que escribo. Supongo que ven, en cierto modo, una imagen en la cual se reconocen. Pero, ¿por qué se reconocen sin son relatos en los cuales comúnmente las situaciones resultan deprimentes y los desenlaces trágicos? ¿Se identifican? ¿Se sienten un poco como mis personajes? Puede ser. Aunque también advierto que a otros no les atrae tanto mis temas en sí, sino cierto humor. Eso me agrada. Muchos hallan comicidad donde yo justamente quise ponerla…

-¿”Tristes querellas en la vieja quinta”?

-Por ejemplo.

-Es un cuento excelente, con un notable sentido del humor.

-Y hay otros cuentos con humor, que los críticos rara vez han señalado.

-Julio, con la violencia que vive el país (terrorismo, delincuencia y una crisis económica mucha más aguda que la de los años cincuenta), ¿qué situaciones imaginas que protagonizarán tus personajes si vivieras ahora en Lima?

-Tendría evidentemente que modificar mi galería de personajes. Para empezar, figuraría en uno o varios relatos el personaje del narcotraficante, pequeño o grande; luego, el hampón, las bandas de secuestradores y, desde luego, la gente vinculada al terrorismo. Son situaciones reales, graves. Ciertamente en mi obra hay violencia; puede detectarse una violencia contenida y una violencia explícita, pero no refleja lo que acontece hoy en el Perú. En uno de mis cuentos aparece un pequeño delincuente, un carterista. ¿Qué significa este sujeto frente una banda organizada? Es otro mundo.

-Una última pregunta, Julio. ¿Opinas que el artista, específicamente el escritor, debe ser una persona incómoda para el poder?

-Eso depende del poder. Si se trata de un gobierno despótico, el escritor estará atacándolo y el poder sentirá que es incómodo. De ahí que haya tantos escritores exiliados, deportados y encarcelados. No es el caso de los gobiernos democráticos. El escritor puede entonces apoyar al poder, incluso apoyarlo por omisión, si no se pronuncia, o proceder como un crítico saludable o un crítico a secas. Lo que sí juzgo inconveniente es que se convierta en adulador del poder. Porque la adulación es negativa tanto para el que adula como para el que es adulado. De todos modos, la legitimidad del poder no deriva de que los escritores se adhieran o no a un determinado gobierno, sino de la adhesión del pueblo.

Investigación: Walter Sosa Vivanco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
¿Qué se hace cuando un gobierno censura a los medios? Se usan las redes sociales

Esa es la forma en que miles de jóvenes nicaragüenses han empezado el movimiento social #SOSNicaragua. Esto, mientras el gobierno de Daniel Ortega censuraba medios independientes y reprimía violentamente protestas, tras haber propuesto una reforma de seguridad social que elevaba las cuotas de aporte y reducía las pensiones y jubilaciones. Todo en apenas siete días.

Al igual que la Primavera Árabe y el 19S en México, la población ha logrado organizarse e informar a través del único medio que no es controlado por el Estado: internet. Esta nueva plataforma para hacer política ha sido clave para que un país como Nicaragua el pueblo tomara las calles y exigiera justicia, después de 11 años bajo el gobierno de Ortega.

Redes sociales, la segunda trinchera

La población ha utilizado las redes de distintas formas. El canal principal es Twitter, ya que como asegura el periodista web Misael Centeno, esta red “es el canal de comunicación más eficaz a la hora de una protesta porque es una comunicación breve y sincrónica”.

Así mismo, se trata de una plataforma usada por periodistas e intelectuales; y que por ello, cuenta con mayor credibilidad. “Son micro influenciadores, usuarios cuyo reconocimiento no se los da la televisión ni la prensa sino grupos activos en redes sociales, algunos con 200 seguidores que son capaces de viralizar cualquier tema”, indica Centeno.

Por otro, Facebook se convirtió en el canal oficial de los medios independientes. En medio del caos, los periodistas utilizaron esta herramienta para mostrar las agresiones. Como dice el experto en tecnología Carlos R. Fonseca: “los Facebook Live, vídeos y fotografías tomados fueron las herramientas con las que [los periodistas] pudieron contar” lo que ocurría.

WhatsApp también ha sido crucial para la mayoría de los adultos, ya que de forma orgánica, permite que las personas compartan información. “Las personas están involucradas en diferentes grupos de Whatsapp: con los padres de los niños que asisten al colegio con sus hijos, con amigos de infancia, con compañeros de trabajo, etc. y en todos esos grupos comenzaron a compartirse muchos contenidos”, explica Fonseca.

Nuevos retos periodísticos

Cuando la única fuente de información son los usuarios de redes sociales, se originan mayores retos para el trabajo periodístico. Uno de ellos es lograr verificar la información y a su vez, combatir las noticias falsas.

Rodrigo Serrano, cofundador del movimiento #YoSoy132 y #Verificado19S, opina que se vive una guerra informativa debido a las noticias falsas, que ya son parte de la estrategia de comunicación de gobiernos como el de México.

“La manera de combatirlo es, en primer lugar, la parte pedagógica, que implica, por ejemplo, enseñarle a tu tía que en el WhatsApp no comparta todo, si no que busque la fuente y que aprenda a distinguir si la página que está leyendo es un medio clonado o no”, aconseja Serrano.

En segundo lugar, destaca que es necesario un trabajo profesional, donde el periodista debe buscar y pedir declaraciones. Sin embargo, Serrano opina que este procedimiento “es muy reactivo, entonces en el tiempo en que te tardas en verificar, la noticia falsa ya se viralizó”.

En crisis como la de Nicaragua, también se presenta el reto de poder documentar lo que sucede y a la vez llevar el ritmo acelerado de las redes. Para lograrlo, Serrano sugiere crear una brigada de sistematización que documente todas las pruebas y testimonios. “Mañana eso puede ser clave para poner una demanda a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y si bien esos procesos tardan 10 años, a fin de cuentas tienen un resultado positivo”, reflexiona.

El siguiente paso para #SOSNicaragua

El movimiento ha surgido de forma horizontal, como la mayoría de colectivos que nacen y se construyen en las redes sociales. Sin embargo, algunos demandan una organización política que le haga frente al partido de gobierno.

“Basado en mi experiencia. Hay dos caminos: o poder tener una incidencia a nivel político dentro del sistema organizado, o seguir organizándose de forma horizontal a través de las redes. Ambas son un poco incompatibles entre sí”, reflexionó Serrano.

Por otra parte, Serrano recomienda fortalecer las conexiones creadas durante esta crisis, para que el movimiento prevalezca a largo plazo. “El fin del asunto es generar  confianza y es crear esas redes. Y esas redes hoy van a funcionar de un modo específico, pero el objetivo es que puedan seguir articuladas para el futuro”, comenta.

Actualmente se está preparando una mesa de diálogo con distintos sectores de la sociedad nicaragüense, incluyendo a los estudiantes, que ahora formaron el movimiento de “Autoconvocados”. Nadie sabe a ciencia cierta lo que podrá suceder, pero el país ya no es el mismo.

La forma en que funcionan las redes sociales ha hecho que los jóvenes descubran una alternativa al sistema político tradicional. Ahora, el pueblo está organizado y no necesita de viejas estructuras para hacerlo.

Ana Siu/ijnet.org/es

 
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