Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Jueves, 4 junio 2020
Informe Especial
OIT presenta un sombrío panorama laboral para los jóvenes tras la pandemia

GINEBRA.- Uno de cada seis jóvenes en el mundo perdió su empleo estos meses, los que lo mantuvieron vieron caer sus horas de trabajo un 23 %, y la formación de muchos más se detuvo, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con un sombrío panorama para la "generación pos-COVID".

El estudio muestra que la juventud, ya antes especialmente vulnerable en el mercado laboral y que aún sufría las consecuencias de la crisis financiera de 2008, ha sido uno de los grupos de edad más afectados por los confinamientos y otras medidas de freno a la COVID-19, lo que puede tener adversos efectos a largo plazo.

"La COVID-19 no hizo sino agudizar las vulnerabilidades que los jóvenes trabajadores tenían ya en el mercado laboral", resume en una entrevista para Efe la colombiana Susana Puerto, experta en empleo juvenil de la OIT y responsable del sondeo con el que se han extraído muchos de los datos del informe.

AL MENOS 73 MILLONES DE JÓVENES MÁS AL PARO

La encuesta muestra que un 17 % de los jóvenes de entre 18 y 29 años en todo el mundo dejaron su empleo durante los meses de confinamiento, lo que supondría al menos 73 de los 429 millones que antes trabajaban.

La cifra real, aclara la autora del sondeo, podría variar e incluso ser mayor, ya que la encuesta se hizo a través de internet y muchos de los empleados jóvenes más vulnerables no tienen acceso a un ordenador en red.

A ese dato negativo se suma que el 98 % de los centros de formación en todo el mundo se cerró a las clases presenciales durante los momentos álgidos de la pandemia, afectando a buena parte de los 496 millones de jóvenes en formación.

"Estos jóvenes van a terminar aplazando sus estudios o incluso saliendo de ellos, porque demorar la formación genera gastos adicionales que muchos no van a poder cubrir", subraya Puerto.

Esto, unido a la caída de la oferta de nuevos trabajos que también ha producido la crisis sanitaria, va a generar "una demora en la transición de la escuela al trabajo", advierte la experta colombiana.

UNA SOCIEDAD CON MÁS "NINIS"

Todo ello anticipa un aumento en el número de jóvenes que ni estudian ni trabajan, los conocidos como "ninis", que antes de la actual crisis eran 267 millones, recordó Puerto, quien señaló que en esta situación se encuentran más chicas (31 por ciento del total de mujeres jóvenes) que chicos (14 por ciento).

En estas circunstancias no es de extrañar que la encuesta haya mostrado también que "la mitad de los sondeados siente miedo o desconfianza hacia el futuro, lo que abre la posibilidad de caer en estados de ansiedad o depresión", advirtió la experta.

Aunque el informe de la OIT no separa datos por regiones, se teme que Latinoamérica pueda ser una de las que presente un futuro más incierto para los trabajadores jóvenes, teniendo en cuenta que un 53 % de la economía en esos países es informal, y que tres de cada cuatro jóvenes que trabajan en el mundo están en ese sector.

"Esos jóvenes no tienen un acceso directo a la protección social, y eso también les dificulta llegar a subsidios y otras medidas de apoyo que se aprueben, pues de alguna manera son invisibles a las bases de datos de los gobiernos", señaló Puerto.

POLÍTICAS SOCIALES DE CHOQUE

Para paliar esta situación, la OIT recomienda en su informe la aplicación de algunas recetas que ya se tuvieron en cuenta tras la crisis de 2008, basadas en "políticas fiscales expansivas que puedan estimular la economía y apoyar la creación de empleo", en palabras de la experta.

Unas políticas que "es importante que integren oportunidades para que los jóvenes hagan su transición (de la formación al mercado laboral) o puedan reintegrarse en la educación o el trabajo", indicó.

Invertir en sectores en crecimiento, como el tecnológico, y proteger los más golpeados por la crisis (manufacturas, comercio y servicios, inmobiliario, etc) son otros deberes para poder salir de la difícil situación económica que se anticipa y hacerlo sin olvidar a los trabajadores de menor edad.

"Si no invertimos en los jóvenes los efectos a largo plazo en la sociedad van a ser devastadores", advirtió Puerto, quien como el informe de la OIT recomendó mayor inversión en educación y formación para hacer frente a la crisis laboral que se avecina.

La experta predice un trasvase de jóvenes desde los sectores más golpeados a otros donde encuentren más oportunidades: "por ejemplo, los que estaban empleados en aerolíneas podrían entrar a sectores donde sí haya demanda, como la economía de los cuidados", vaticina.

Muchos otros podrían llegar al teletrabajo, que ha tenido un inmenso auge con la pandemia, aunque en la OIT "todavía hay un debate en torno a los pros y los contras" de estas actividades en casa, reconoció.

EFE

 
El hambre puede cuadruplicarse en América Latina este año

PANAMÁ.- El impacto socioeconómico de la covid-19 en América Latina y el Caribe podría dejar a cerca de 14 millones de personas en inseguridad alimentaria severa al cierre de 2020, según proyecciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) conocidas este jueves 28.

Para la agencia de asistencia alimentaria de las Naciones Unidas “es vital y urgente que prestemos asistencia alimentaria al creciente número de personas vulnerables en la región, así como a aquellos que dependen de un trabajo informal”, declaró su director en la región, Miguel Barreto.

“Estamos a tiempo de evitar que la pandemia covid-19 se convierta en una pandemia de hambre”, dijo Barreto desde Ciudad de Panamá, sede regional del programa.

Según el PMA más de 10 millones de personas vulnerables están en riesgo de ser empujadas aún más a la pobreza y al hambre en al menos 11 países, sumándose a los 3,4 millones que en 2019 se enfrentaban a una inseguridad alimentaria severa.

Eso significa que los afectados están en situación de emergencia y no pueden satisfacer sus necesidades alimentarias básicas tanto en cantidad como en variedad.

La proyección del PMA se basa en comparar la situación actual con evaluaciones de seguridad alimentaria en 2019, análisis de indicadores económicos tras el brote de covid-19 y en encuestas remotas realizadas este año para evaluar el impacto de la pandemia en mercados, disponibilidad de alimentos y medios de vida.

El informe consideró cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal): la economía en la región se contraerá, -5,3 por ciento este año, y habrá 11,6 millones de nuevos desempleados, abarcando el desempleo a casi 38 de los 465 millones de integrantes de la población económicamente activa.

Por añadidura, 54 por ciento de la fuerza laboral la conforman trabajadores informales, con menores ingresos y escasa protección social, lo que apunta a un incremento de la pobreza de 29 millones de personas, para dejar como pobres a 216 de los 629 millones de latinoamericanos y caribeños.

El informe del PMA estima que en el corredor seco de América Central, que abarca porciones muy pobladas de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, el número de personas en inseguridad alimentaria pasaría de 1,6 a tres millones.

En Haití quedarían en esa condición 1,6 millones de personas, en vez de los 700 000 de 2019.

La población de migrantes venezolanos en Colombia, Ecuador y Perú con inseguridad alimentaria severa subiría de 540 000 personas a más de 1 millón.

En la región del Caribe la situación puede agravarse aún más con la temporada de ciclones prevista para iniciarse en junio.

Los cálculos del PMA no consideraron datos de algunos países como Brasil, México o Venezuela, donde la agencia no tiene presencia actualmente.

El PMA informó que en 2019 apoyó programas nacionales en la región para auxiliar con alimentos o efectivo a 5,1 millones de personas vulnerables, y se propone sostener esa cooperación durante la actual pandemia.

Barreto dijo que “trabajando juntos podemos minimizar el riesgo de inseguridad alimentaria y proteger a los países y comunidades más vulnerables de los efectos potencialmente devastadores de la covid-19.

El PMA ha exhortado a los gobiernos a que sostengan los programas de asistencia a los sectores más pobres de su población, y a que los amplíen a otros grupos vulnerables, como los migrantes y los trabajadores informales afectados por el cierre de actividades donde habitualmente buscan su sustento.

A-E/HM (IPS)

 
Coronavirus: El virus del hambre

BOGOTÁ/WASHINGTON.- Banderas blancas en Guatemala, trapos rojos en Colombia, saqueos en supermercados en Venezuela, la crisis desatada por el coronavirus ha provocado que el hambre en América Latina vuelva a repuntar y amenaza con desencadenar una nueva ola de protestas sociales.

“Todos estamos pasando necesidades de primera mano porque ya las teníamos de antes, pues la mayoría trabajábamos a diario y los ahorritos que teníamos ya se acabaron”, dijo a Efe Ángel Méndez, líder social de Ciudad Bolívar, uno de los barrios que rodean Bogotá, la capital colombiana.

Con el estómago vacío y agobiados porque los alimentos y subsidios que prometieron los gobiernos no llegan a sus hogares, muchos han salido a las calles para protestar -incumpliendo el aislamiento impuesto para contener los contagios- y advertir que, bajo las circunstancias actuales, si no los mata el COVID-19, lo hará el hambre.

La voz de esa necesidad es el ruido de las cacerolas que han vuelto a escucharse en los barrios más vulnerables de Colombia.

Cuando el hambre ataca, los más desfavorecidos recorren las localidades menos afectadas y tocando las puertas de extraños esperan la caridad de aquellos que todavía se pueden permitir compartir sus alimentos o algo de dinero.

Una de ellas es Sandra Patricia Hurtado, quien, desde Ciudad Bolívar, la cuarta localidad más poblada de Bogotá con 700.000 habitantes, expone la situación con dramatismo.

“Parecemos las vacas flacas, ya no tenemos aliento ni para caminar -lamenta- Nos estamos muriendo no de virus sino de hambre. No hemos visto nada de lo que nos prometieron, estamos aguantando hambre”.

En América Latina y el Caribe, 42,5 millones de personas sufrían de hambre antes de que el coronavirus empeorara la situación de extrema pobreza que las ha arrastrado a pedir auxilio desesperado y a depender de las ayudas estatales y donaciones particulares, insuficientes para subsistir durante la crisis por la pandemia. Según la organización “Acción contra el Hambre”, alrededor de 30 millones de latinoamericanos más caerán en la pobreza tras la pandemia.

GRITO DE HAMBRE

Pero lo más preocupante es que estos llamados son un grito de la tormenta que se avecina.

A juicio del escritor argentino Martín Caparrós, autor de “El Hambre”, son “lo más primario que puede decir una persona, tengo hambre, necesito comida. Y lo hacen porque necesitan algún tipo de ayuda, no como discurso político, para ver si algún vecino le puede dar algo, o alguna entidad”.

“Es una situación de mucha urgencia ya. Y no hay razón para que no vaya aumentando con el paso del tiempo”, afirma en conversación con Efe, al explicar que en el caso de Argentina la cifra de personas que han recurrido a este tipo de asistencia ha pasado en apenas dos meses de 8 a 11 millones.

Aunque el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva advertía hace unas semanas que “la pesadilla del hambre” ha regresado a América Latina por culpa del virus, lo cierto es que el hambre siempre ha estado allí.

Esto fue evidente incluso desde las primeras semanas de las cuarentenas, con las jornadas de saqueos a camiones repartidores de alimentos destinados a los vulnerables, como ocurrió en Ciudad Bolívar, y la petición de auxilio que miles de familias hicieron con trapos rojos desde sus ventanas.

Lo ocurrido en Ciudad Bolívar se ha replicado en otras zonas desfavorecidas del continente. En Guatemala, en la frontera colombo-venezolana, en barrios de Buenos Aires, en zonas desfavorecidas de Lima.

El hambre, como el virus, no conoce fronteras.

“Llevamos apenas dos meses, pero ya los efectos son devastadores”, alerta Jesús Quintana, director para América de la Alianza entre Bioversity International y el Centro Internacional para la Agricultura Tropical (CIAT), con sede en Cali (Colombia).

“La crisis está teniendo efectos brutales, principalmente en los más vulnerables, y las pocas evidencias nos hacen asegurar que ya está aumentando la pobreza y el hambre en sus distintas manifestaciones”.

VIVIR AL DÍA

La situación es especialmente difícil, recuerda Caparrós, dado que en América Latina “la mitad de la población vive al día, de lo que puede sacar en ese momento; o de empleos informales que cuando, no están no están”.

Hasta las habitualmente frías cifras macroeconómicas dibujan un panorama estremecedor: El Fondo Monetario Internacional sitúa la caída del PIB en Latinoamérica en torno al 5%, y el Banco Mundial en el 4,6%. Son pronósticos no vistos en más de medio siglo, y que los economistas matizan ya que podrían agravarse de prolongarse aún más la crisis.

Pero hay otros datos que son aún más reveladores: lavarse las manos con agua y jabón o evitar el contacto físico resulta muy difícil para el 21% de la población urbana latinoamericana que vive en barrios marginales, asentamientos informales o viviendas precarias, según Oxfam.

Por eso, los estragos ya se sienten y el hambre es lo único que abunda en millones de hogares que tenían como único sustento trabajos informales.

“Si la vulnerabilidad previa de una persona era alta, cualquier crisis le impactará porque no tiene mecanismos de defensa. En las ciudades de la región el trabajo informal es lo que predomina y esta es un arma que se vuelve contra ellos”, justifica Quintana.

La inseguridad alimentaria atraviesa el continente de extremo a extremo y afecta a miles de familias a las que siempre les faltó comida, muchas de ellas que incluso ignoraban la existencia del virus hasta que salieron de sus casas para encontrar las calles, su lugar de trabajo, totalmente desoladas.

“Mecanismos muy buenos que había para reducir el hambre y la desnutrición crónica infantil como los programas de alimentación escolar y otros programos en los países se han prácticamente interrumpido y eso va a tener un impacto”, advierte Quintana.

Las ONG, en primera línea, alertan de la magnitud de la tragedia.

Asier Hernando, subdirector de OXFAM para Latinoamérica y basado en Lima (Perú), reconoce que la organización nunca ha encarado “una respuesta humanitaria tan compleja como la actual”.

“(Al principio los principales problemas estaban en) Guatemala, o en zonas fronterizas de Colombia con Ecuador o Venezuela, o en conos en Lima en Perú. Ahora estamos comenzando a ver situaciones de mayor envergadura, tanto por el nivel de afectación como por el nivel de desesperación de las personas. Las medidas que en un inicio tomaron en un inicio los gobiernos ya no están siendo suficientes, el margen que tienen para más medidas se está reduciendo y la presión que tienen por reactivar la economía cada vez es mayor”, recalca.

Como consecuencia, la gran mayoría de la población en situación de pobreza no puede darse el lujo de quedarse encerrada.

“Si bien en los países desarrollados los mayores focos de afectación y de infección eran las residencias de personas mayores, en los países pobres eran los mercados”, argumenta Hernando.

La disyuntiva diaria es sobrecogedora.

“En Latinoamérica las personas están teniendo que elegir entre mira si salgo a la calle tengo un 10% de posibilidades de contagiarme, pero si me quedo en casa tengo un 100% de posibilidades de morirme de hambre, entonces salgo a la calle”.

¿NUEVA OLA DE PROTESTAS SOCIALES?

Todo esto se produce sobre un endeble tejido social y económico en América Latina, después de haber vivido el pasado año una oleada de manifestaciones y protestas sociales masivas, lo que puede aumentar el riesgo de nuevos estallidos.

Por eso, crecen los llamados a los gobiernos para una respuesta ambiciosa e integral.

“Hay que tener cuidado con esta crisis ahora. El 99 % de los empleos vienen de las pymes. En un primer momento las respuestas eran para que las personas puedan sostenerse en la cuarentena. Hay que ver cuáles son las medidas de activación económica, si las personas ven que responden nuevamente a los más ricos y a las empresas, sin duda alguna las posibilidades de una crisis política de envergadura son muy altas, de conflictividad social son muy altas”, anticipa Hernando.

A ello se suma que el gran logro de la región, el salto a la clase media de millones de latinoamericanos en la última década, se encuentra en riesgo ante el severo impacto económico después de unos años de exiguo crecimiento.

Así lo explica, Martín Rama, economista jefe del Banco Mundial para la región, quien subraya que la clase media latinoamericana que ha crecido en los años recientes “es muy vulnerable” ya que “en muchos sentidos está justito por arriba de lo que define la pobreza, o sea que es muy vulnerable a volver a caer hacia atrás”.

Y de nuevo, “si uno tiene en cuenta el descontento social del año anterior, es una preocupación”.

No obstante, Rama matiza que la crisis afectará de forma heterogénea a la región.

Por un lado, señala a los países del Caribe, cuyas economías dependen en un 30 o 40 % del turismo, van “a sufrir mucho” hasta que se retome la normalidad.

Otros países que son exportadores netos de petróleo y gas, con los precios actual, también lo van a pasar mal ya que “en esos casos los recursos del Estado dependen directamente de esos ingresos”. Un tercer grupo, cuenta con países muy expuestos a China, para los que la recuperación en China “podría ser un alivio”.

“Y finalmente, pero no es el aspecto menor, vemos países que están en posiciones muy diferentes, como Perú con una solidez fiscal que le permite seguir emitiendo deuda, poner un paquete fiscal comparable a países avanzados. Y otros como Argentina y Ecuador venían ya en crisis antes, para los cuales todo va a ser muy difícil”, sostiene Rama.

EL CAMPO: MÁS VULNERABLE QUE ANTES

América Latina arrastra un aumento desde hace cinco años de personas en situación de hambre, 18,5 millones según el último estudio de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de 2019, cifra que desde ya los analistas prevén que sufrirá un aumento notable.

Para el investigador Quintana, en la región, la pobreza en las comunidades llega a ser extrema, lo que “agudiza la situación de los que ya eran vulnerables antes de la pandemia” por el reajuste de la cadena productiva y el congelamiento de las ayudas gubernamentales.

“Hoy más que nunca toma fuerza la puesta histórica del campesinado por una reforma agraria integral. Hay un déficit de alimentación en el mundo y si la coyuntura actual de salud se prolonga, sabemos que estamos en la puerta de una hambruna”, dijo a Efe el líder del Coordinador Nacional Agrario de Colombia, Ernesto Roa.

Las comunidades campesinas de Colombia advierten que para combatir una posible hambruna en la región, las autoridades deben apostarle a proyectos agrarios que puedan garantizar la alimentación de millones de personas.

“Nosotros decimos sí a la cuarentena, pero con dignidad. Por eso, desde los territorios campesinos agroalimentarios estamos llevando la comida a los cascos urbanos para la gente con menos posibilidades de resolver sus problemas reales”, aseguró Roa.

EFE/ Klarem Valoyes y Alfonso Fernández

 
Aumenta el desempleo por covid-19 en América Latina

Más de 11 millones de trabajadores pueden quedar desempleados este año en América Latina y el Caribe, como consecuencia de la covid-19 y las medidas para contener la pandemia, proyectó un estudio conjunto de la Cepal y la OIT divulgado este jueves 21 de mayo.

El impacto de la crisis sobre la salud y la economía se traducirá en mayor pobreza y vulnerabilidad, por lo que se requieren urgentes medidas de apoyo a la población, según advirtieron los responsables de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe).

El retroceso de la economía en la región será el mayor desde la crisis de 1930, pues se espera una contracción del producto interno bruto de -5,3 por ciento, lo que tendrá efectos negativos en el mercado de trabajo, dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal,

La desocupación aumentará en al menos 3,4 puntos porcentuales, hasta alcanzar 11,5 por ciento de la fuerza de trabajo, lo que equivale a más de 11,5 millones de nuevos desempleados. Y si la contracción económica se profundiza, como advierten algunas firmas privadas de consultoría, la desocupación será mayor.

Vinícius Pinheiro, director regional de la OIT, señaló que junto al aumento de la desocupación se espera un marcado deterioro de la calidad del empleo, es decir, que muchos empleados serán empujados a la informalidad, que ya es la fuente de labor e ingresos para 54 por ciento de los trabajadores en la región.

La OIT calculó, por otra parte, que la crisis sanitaria provocada por la covid-19 y el confinamiento con el que se la combate provocan en el segundo trimestre de 2020 una pérdida de 10,3 por ciento de las horas de labor, equivalentes a 31 millones de empleos a tiempo completo, suponiendo una jornada de 40 horas semanales.

Menor producción, pérdida de ingresos, desempleo y trabajo más precario se traducirán en más pobreza. La Cepal calculó que la pobreza aumentaría hasta 4,4 puntos porcentuales y la pobreza extrema 2,6 por ciento con respecto a 2019.

En la pobreza estarían entonces 214,7 millones de latinoamericanos y caribeños (34,7 por ciento de la población), y en la pobreza extrema, la de quienes no pueden siquiera completar una dieta básica, quedarían 83,4 millones, 13 por ciento de la población.

Bárcena y Pinheiro coincidieron en medidas que se requieren para apuntalar la capacidad de los sectores más vulnerables para satisfacer sus necesidades básicas y sostener su capacidad de consumo.

La Cepal propone “que se establezca un ingreso básico de emergencia, durante seis meses, por el equivalente a 143 dólares mensuales, donde se ubica la línea de pobreza, para las personas encuadradas en los sectores más vulnerables”, dijo Bárcena.

En promedio, ese ingreso consumiría 3,4 por ciento del PIB regional, pero se requiere un esfuerzo adicional, fiscal y financiero, por 2,1 puntos del producto, pues 1,3 por ciento ya es entregado a los sectores más pobres en programas establecidos antes de la pandemia y durante la actual emergencia.

Ese ingreso de emergencia sería la antesala de un ingreso básico universal, que se instalaría progresivamente en el panorama pospandemia, “en el cual habrá nuevas realidades, y no regresará la normalidad tal como en el pasado la conocíamos”, aseguró Bárcena.

Pinheiro abogó por que la salida de la pandemia “se haga gradualmente, considerando las realidades de cada sector, de cada grupo laboral, de cada región o ciudad, y eso requiere una negociación entre trabajadores, empresarios y gobierno”.

Los responsables de OIT y Cepal coincidieron en que viene una etapa en la que los Estados deberán invertir mucho más en la gente y en la protección social. “Solo así se resuelve la contradicción entre economía y salud”, resumió Bárcena.

(IPS)

 
Líderes de todo el mundo exigen vacuna universal y gratuita contra covid-19

GINEBRA.- Líderes de todas las regiones del mundo demandaron a la asamblea que reunirá a los  ministros de Salud de 194 países que, cuando se consiga una vacuna eficaz contra el covid-19, se ponga gratuitamente a disposición de todos los habitantes del planeta.

Una carta abierta firmada por 140 figuras, entre ellos gobernantes y exmandatarios de una veintena de países, fue divulgada este jueves 14 con propuestas dirigidas a la Asamblea Mundial de la Salud, que deliberará virtualmente el 18 y 19 de mayo.

Los gobiernos y entidades internacionales “deben unirse para crear una garantía mundial que asegure que, cuando se desarrolle una vacuna segura y eficaz, se produzca rápidamente a gran escala y se ponga a disposición de todas las personas, en todos los países, de forma gratuita”, dice la carta.

La misma demanda “se aplica a todos los tratamientos, diagnósticos y otras tecnologías para frenar el covid-19”, añadió el texto.

Encabezan las firmas Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica y de la Unión Africana, los presidentes de Ghana, Nana Addo Dankwa Akufo-Addo, de Senegal, Macky Sall, y el primer ministro de Pakistán, Imran Khan.

El documento señaló que gracias a los esfuerzos de los sectores público y privado se avanza con rapidez en el proceso, y varias “vacunas candidatas” ya entraron en la fase de los ensayos clínicos.

El mundo “solo estará seguro cuando todos y todas podamos acceder a una vacuna”, por lo que la Asamblea “debe forjar un acuerdo mundial que asegure el acceso rápido y universal a vacunas y tratamientos de calidad garantizada, en los que la necesidad se priorice por encima de la capacidad de pago”, postularon.

“Ya es hora de que los ministros renueven los compromisos contraídos en el momento de la fundación de la Organización Mundial de la Salud, en el que todos los Estados aceptaron proporcionar el más alto nivel posible de salud como derecho fundamental de todo ser humano”, reza la carta.

Subrayaron que “ahora no es el momento de permitir que los intereses de las empresas y gobiernos más ricos se antepongan a la necesidad universal de salvar vidas, ni de dejar esta tarea tan importante y ética a merced de las fuerzas del mercado”.

Recordaron las “dolorosas lecciones” dejadas por la historia del acceso desigual a los medicamentos para tratar el VIH y el ébola”, epidemias que siguen cobrando centenares de miles de vidas y comprometiendo enormes recursos para su combate.

Numerosos exgobernantes suscriben la carta, entre ellos los latinoamericanos Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, Laura Chinchilla, de Costa Rica, Ricardo Lagos, de Chile, Juan Manuel Santos, de Colombia, y Ernesto Zedillo, de México.

Están los europeos destacan Gordon Brown, de Gran Bretaña, Felipe González, de España, José Manuel Durao Barroso, de Portugal, Vigdís Finnbogadóttir, de Islandia, Mary Robinsom, de Irlanda, Horst Köhler, de Alemania, Jan Peter Balkenende , de Holanda, y  Viktor Yushchenko, de Ucrania.

De África, Asia y Oceanía sumaron sus firmas Olusegun Obasanjo, de Nigeria, Festus Mogae, de Botswana, Chandrika Kumaratunga, de Sri Lanka, José Manuel Ramos Horta, de Timor-Este, y Helen Clark, de Nueva Zelanda.

También figuraron los economistas Joseph Stiglitz, Michael Spence y Thomas Pikeytty, el Nobel de la Paz 2014 y activista de los derechos de la infancia Kailash Satyarthi, y la directora de la agencia de las Naciones Unidas contra el sida, Winnie Byanyima.

El documento demanda que la asamblea de ministros de Salud “garantice el intercambio obligatorio en todo el mundo de los conocimientos, datos y tecnologías relacionados con el covid-19, además de la creación de patentes conjuntas y de libre acceso para todos los países”, sobre esta enfermedad.

Piden que se establezca “un plan global y justo de fabricación y distribución rápida, totalmente financiado por las naciones ricas, para la vacuna y todos los productos y tecnologías en relación con el covid-19”, y que garantice precios de costos reales, transparentes y que se suministre según la necesidad.

La prioridad debe estar en “el acceso de los trabajadores y trabajadoras de primera línea, las personas más vulnerables y los países pobres con menor capacidad para salvar vidas”, según el documento.

Insistieron en que “solo una vacuna universal, que tenga los valores de la igualdad y la solidaridad en su epicentro, puede proteger a toda la humanidad y hacer que nuestras sociedades vuelvan a funcionar de forma segura”, por lo que “ ha llegado la hora de crear un valiente acuerdo internacional”.

(IPS).

 
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Créditos: Eylen Jalilíe