Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Lunes, 18 junio 2018
Informe Especial


Cómo los periodistas responden a la falta de protección en Latinoamérica

Con frecuencia los periodistas deben tomar riesgos al informar sobre temas escabrosos como violencia, corrupción o crímenes. Y ese riesgo está aun más latente cuando hay falta de protección por parte del propio Estado. ¿Qué hacer cuando los periodistas reciben ataques o amenazas y las instituciones que deberían defenderlos no reaccionan?

Para responder esa pregunta, el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por su sigla en inglés), Connectas, Freedom House y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de República Dominicana organizaron un panel el pasado 24 de mayo, dirigido por Luis Manuel Botello (director adjunto de ICFJ), en el que periodistas de diferentes partes de Latinoamérica profundizaron sobre la situación de sus países y los desafíos que deben enfrentar.

Repasamos a continuación la situación en cuatro países, narrada directamente por sus protagonistas.

Nicaragua

Octavio Enríquez, periodista del periódico La Prensa, comentó la crítica situación que viven sus colegas en Nicaragua, que se ha acrecentado luego del 18 de abril, cuando se publicó oficialmente la reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, que desató una ola de protestas contra el gobierno encabezado por Daniel Ortega.

Desde entonces, un periodista ha sido asesinado, 12 fueron agredidos, y existen ataques de paramilitares afines al gobierno. Según dijo, el presidente tiene un control muy fuerte de la televisión está prácticamente controlada por su familia, dado que sus hijos controlan la mayoría de los canales, lo que ha permitido que se haga una “distorsión” de la realidad.

Venezuela

La situación del periodismo independiente en Venezuela es una de las más complicadas de Latinoamérica y de forma inmejorable lo relató Laura Weffer, directora editorial y cofundadora de Efecto Cocuyo. Por ejemplo, contó  que desde que asumió el gobierno Nicolás Maduro, ya se han cerrado 40 periódicos.

A diferencia de México, Venezuela no registra tantos asesinatos de periodistas, pero para Weffer esos registros pueden estar subestimados. Según dijo, en los últimos años ha habido cinco periodistas asesinados, aunque “no se ha logrado determinar que su muerte esté directamente relacionada con su actividad periodística”. Sin embargo, resaltó que en todos los casos se trataba de periodistas que trabajaban para pequeños periódicos del interior del país que eran críticos con el gobierno.

República Dominicana

Si bien el periodismo no vive un momento tan crítico en República Dominicana como en otros países de Latinoamérica, la realidad dista mucho de ser la ideal, según describió Adalberto Grullón, gerente de noticias de Tele Antillas. Aunque allí no existe una política de “ataque frontal” contra los periodistas, sí dijo que hay muchas limitaciones, como la presión del gobierno y actores privados hacia los medios de comunicación o la autocensura.

Según Grullón, el gobierno además contrata directamente periodistas. “El gobierno tiene 1.228 periodistas que trabajan en oficinas de relaciones públicas, y los 16 medios más importantes del país, los ocho canales y diarios más importantes, entre todos tienen 1.000 periodistas”, aseguró. La autocensura es otro problema: los periodistas trabajan en condiciones muy precarias y ganan en promedio 570 dólares, lo que hace que tengan que pensar dos veces si es que quieren publicar una historia que puede perjudicar a algún anunciante del medio.

México

Seguramente México sea uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Las cifras lo confirman. Solamente en Veracruz ha habido más de 20 periodistas muertas y cuatro en los últimos años, informó Flavia Morales Carmona, de AVC Noticias. Según dijo, la mayoría de las víctimas reporteaban en condiciones precarias.

Morales Carmona también contó que ante una agresión a un periodista, lo primero que se busca hacer es desacreditar su trabajo, y además se minimiza la problemática y las agresiones que sufre.  Además, dijo que existe una gran impunidad en esos crímenes.

En Veracruz, explicó, se conjugan varios problemas: “la impunidad, el poder, el crimen organizado y las condiciones precarias de los compañeros periodistas”.

La alianza como solución

¿Cómo los periodistas pueden defenderse en estas situaciones opresivas? Weffer explicó que en Venezuela existen mecanismos de defensa en las redes y de forma online. Estos mecanismos se basan en la alianza no solo entre periodistas, sino también entre medios. “Se trata de formar un frente común, cada uno manteniendo su espacio  y su línea editorial, pero si en ese entendimiento, si afectan a uno, afectan a todos”, dijo.

Ante este tipo de situaciones, para Grullón es clave no apartarse de los valores del periodismo para no minar su credibilidad. En su país, contó, “ha habido una respuesta de medios digitales y tradicionales" frente a la presión oficial, y los periodistas “bocinas”, aquellos que responden al gobierno, están “acorralados en cuanto a su credibilidad”.

En tanto, Morales Carmona dijo que a pesar de la violencia extrema que se vive en Veracruz, esa situación les ha permitido unir fuerzas y reflexionar sobre la profesión: “Nos une solo una cosa, hacer más y mejor periodismo, y en eso ya hay un camino avanzado”.

El periodismo como herramienta

Durante el encuentro, una asistente preguntó si no consideraban que sus reclamos como periodistas podían ser vistos como una forma de activismo. Pero Enríquez respondió que "los hechos hablan por sí solos" y que, frente a acontecimientos como casos de corrupción o asesinatos, es necesario asumir una posición. “En mi condición de periodista y de ser humano, ¿voy a mirar hacia otro lado?”, se preguntó.

Para Grullón el periodismo sin responsabilidad social “sirve para poca cosa”. “El periodismo tiene una función esencial: canalizar las denuncias. Y si las cosas se demuestran con información y con datos, no podemos tener miedo a que nos acusen de activistas”.

Según Weffer, la forma de responder a esa acusación es “con más periodismo y menos opinión”. “La respuesta de los periodistas debe ser siempre desde el periodismo, con hechos, investigando, buscando e indagando hasta la raíz. Es ahí cuando un trabajo deja de hacer activismo y se convierte en una pieza periodística producto de tu trabajo, que es una pieza imparcial”.

/ijnet.org/es/Santiago Sánchez

 

 
Ernesto “Che” Guevara: Periodista, investigador, cronista, irónico y pensador

Periodista, investigador, cronista, irónico y pensador. Así describieron a Ernesto ‘Che’ Guevara su hermano Juan Martín y el premiado periodista uruguayo Samuel Blixen en un debate en Montevideo.

Al conmemorarse este 14 de junio 90 años del natalicio del líder revolucionario Ernesto ‘Che’ Guevara, recordamos el encuentro de su hermano Juan Martín con el periodista, profesor y exmilitante tupamaro, Samuel Blixen, en una charla sobre la vigencia de sus ideas. Para muchos que concurrieron a la conferencia, ver y escuchar al Guevara menor era lo más cercano que uno podría tener a la figura del mito.

El argentino que hizo historia como uno de los comandantes de la Revolución cubana fue fusilado en Bolivia el 9 de octubre de 1967. Para Juan Martín, quien distingue a su hermano Ernesto del legendario ‘Che’, destacar otras características de su personalidad más allá de su lucha política contribuye a desestigmatizarlo como “guerrillero” y resaltarlo como el “pensador” que fue.

“Como médico y como persona, él fue mucho más un investigador. Incluso escribió varias cosas como médico en el sentido de sentirse casi impotente en resolver el problema de una persona”, contó Juan Martín, que recientemente publicó el libro “Mi hermano, el Che”.

En ese sentido, Blixen remarcó su talento como periodista, en la medida en que se puede extraer de sus escritos y discursos “criterios periodísticos como el apego incondicional a la verdad, rigor para analizarla sin subjetivismos, independencia, claridad, honestidad y compromiso con los principios y valores”.

“El Che fue un auténtico cronista de la Revolución y un cronista de sí mismo, descarnado y despiadado, capaz de hablar de sus errores y temores con objetividad”, observó el uruguayo.

A su juicio, el líder pensador fue “capaz de transmitir en un relato la vivencia electrizante de una marcha en el monte, de modo que el lector comparte los duelos, los gritos, los olores, el hambre, la sed y también los miedo y tensiones”. “El lector siente que va agarrado a su mochila como testigo privilegiado de lo que acabó de pasar”, consideró.

El hermano, acostumbrado a que lo identifiquen como “el hermano del Che”, recordó además que Ernesto fundó Radio Rebelde, en la que firmaba como “Francotirador”. “Él ya estaba anunciando que iba a ser un cronista, ese que después continuó con todos los escritos, relatos y diarios”, dijo Juan Martín.

El encuentro entre Blixen y Guevara fue organizado por la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República de Uruguay con apoyo de Sputnik. Durante la conferencia, Juan Martín recorrió etapas de la vida del hermano de las que recuerda un especial sentido del humor, sumado a la inversión de la familia en los estudios de los hijos. Entre las “características de Ernesto que se notan después en el Che, una es la ironía, el humor alegre pero provocador”, contó. “Era imposible no reírte”, afirmó con una sonrisa.

En una de las anécdotas sobre el personaje, Juan Martín ejemplificó el caso de una revista médica que le habían enviado en 1964, cuyo gesto fue respondido por el comandante en una carta formal de agradecimiento al director del hospital psiquiátrico de La Habana, en la que también aprovechó para hacerle una consulta. “Tengo una curiosidad: ¿Cómo pueden imprimirse 6.300 ejemplares de una revista especializada cuando ni siquiera hay esa cantidad de médicos en Cuba?”, indagó.

“Me salta una duda que lleva a mi ánimo a los umbrales de una psicosis neuroeconómica: ¿Estarán las ratas usando la revista para profundizar sus conocimientos psiquiátricos o templar sus estómagos? ¿O tal vez cada enfermo tenga en una cabecera un tomo de la publicación? En todo caso, hay 3.000 ejemplares de más en el número de la tirada. Te ruego que pienses sobre esto. En serio, la revista es buena, la tirada intolerable. Créemelo porque los locos siempre dicen la verdad”, escribió el Che, según su hermano.

De acuerdo con Juan Martín, el humor del revolucionario también se reflejaba en su capacidad de hacerse autocríticas. “Él constantemente se reía de sí mismo y mostraba sus defectos. Estas cosas que él fue cultivando como una persona ‘normal’, en una casa no muy normal, que después se convirtieron en características muy importantes como Che. Uno de los libros más autocríticos y duros que yo he leído es [‘Pasajes de la Guerra Revolucionaria:] Congo'”, recalcó el Guevara menor. (Sputnik).

 
La larga historia de las noticias falsas

La primera víctima de la guerra es la verdad, sostiene un viejo dicho periodístico. Aunque lo cierto es que bien podría decirse que la verdad es víctima recurrente en cualquier sociedad organizada, porque la mentira política es un arte tan viejo como la civilización. La verdad es un concepto escurridizo en metafísica y cambiante en ciencia —un nuevo descubrimiento puede anular lo que se daba por cierto—, pero en el día a día el asunto es muy diferente: hay cosas que han ocurrido y otras que no; pero los hechos, reales o inventados, influyen en nuestra percepción y opinión.

Desde la Antigüedad, verdad y mentira se han mezclado muchísimas veces y esas realidades falsas han influido en el presente. Ya lo escribió el gran historiador francés Paul Veyne en su ensayo ¿Creían los griegos en sus mitos? (Granica): "Los hombres no encuentran la verdad, la construyen, como construyen su historia".

Llegados a este punto conviene hacer una distinción entre noticias falsas y propaganda: ambas crecen y se multiplican en el mismo ecosistema, pero no son exactamente iguales. La propaganda busca convencer, ser eficaz, y para eso puede recurrir a todo tipo de instrumentos, desde el arte hasta el cine, los pasquines o las redes sociales. Las noticias falsas, una de las ramas de la propaganda, son diferentes: buscan engañar, crear otra realidad. La preocupación por la forma en la que estos engaños cuajan y por los mecanismos a través de los que se crean y se multiplican no es nueva: Reflexiones de un historiador sobre las falsas noticias de la guerra (Réflexions d'un historien sur les fausses nouvelles de la guerre, Allia, 2012) es el título de un pequeño e influyente ensayo que publicó originalmente Marc Bloch... en 1921.

Este historiador, asesinado por los nazis en 1944, fue uno de los más influyentes del siglo XX. Impulsó la Escuela de los Anales, que cambió el foco de la investigación del pasado hacia la vida cotidiana, y regresó de las trincheras de la Primera Guerra Mundial alucinado por la importancia que las noticias falsas habían tenido. Eso le llevó a reflexionar sobre su origen y difusión en un texto que podría haber sido escrito en la era del Brexit, Vladímir Putin y Donald Trump, en estos tiempos de las redes sociales y los mensajes virales. "Las noticias falsas han levantado a las masas. Las noticias falsas, en todas sus formas, han llenado la vida de la humanidad. ¿Cómo nacen? ¿De qué elementos extraen su sustancia? ¿Cómo se propagan y crecen?", escribe, para señalar un poco más adelante: "Un error solo se propaga y se amplifica, solo cobra vida con una condición: encontrar en la sociedad en la que se expande un caldo de cultivo favorable. En él, de forma inconsciente, los hombres expresan sus prejuicios, sus odios, sus temores, todas sus emociones". En otras palabras, las noticias falsas necesitan gente que quiera creerlas.

Cambiar la historia

El siglo XX y lo que llevamos del XXI ha sido la era de las mentiras masivas. Tres de los grandes conflictos en los que se metió Estados Unidos en ese periodo empezaron con invenciones: la guerra de Cuba (1898), con la manipulación de los periódicos; la guerra de Vietnam (1955-1975), con el incidente del golfo de Tonkin, y la invasión de Irak en 2003, con las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein. "La guerra contra España fue obra de Hearst y de Pulitzer", escribió el reportero Manuel Leguineche en su ensayo sobre el nacimiento del periodismo sensacionalista, Yo pondré la guerra (El País Aguilar). "Fue su gran oportunidad de cambiar la historia, de crear una psicosis de guerra, de fabricarla, por medio de sensacionalismo, tirada, circu­lación millonaria, venta masiva, patada en el estómago del lector".

A la vez que surgieron los diarios de circulación masiva, nació un cierto escepticismo hacia ellos. Era como si algunos se empeñasen en demostrar que la verdad estaba en otro lado. Esa desconfianza se prolonga hasta nuestros días con aquellos que creen erróneamente que la prensa cuenta mentiras y las redes sociales verdades. Con el telégrafo llegó la posibilidad de enviar rápidamente historias a larga distancia, con la linotipia se pudieron imprimir masivamente y con los nuevos medios de transporte se distribuyeron en numerosos lugares. Pero en ese mismo momento, a finales del siglo XIX, surgió la desconfianza hacia lo que contaban, la misma que nutre ahora a los que buscan esa otra verdad en Facebook, que para algunos es la única ventana al mundo. Es muy significativa en ese sentido una escena de Estudio en escarlata, la primera novela de Sherlock Holmes, publicada en 1887, en la que el detective y Watson repasan los diferentes diarios —The Daily Telegraph, Daily News, Standard— y todos cuentan una versión falsa del crimen que están investigando, impulsada por motivos políticos: unos culpan a los europeos, otros a los extranjeros o los liberales. Ninguno maneja una pista fiable.

Una de las grandes tragedias del siglo XX, las matanzas masivas promovidas por los grandes totalitarismos, logró esconderse detrás de noticias falsas. Las dictaduras nazi y soviética no solo fabricaron falsedades tremendas, sino que fueron capaces de construir otra realidad en la que lo verdadero y lo falso eran elementos accesorios. Como señaló el escritor francés Emmanuel Carrère, "en la URSS no se abolió la propiedad privada, se abolió la realidad". Ahora puede resultar casi increíble que mientras Stalin asesinaba y deportaba a millones de personas, la bondad del socialismo se mantenía como un dogma en grandes sectores de Occidente. Demasiada gente pensó, de buena o mala fe, que la realidad era, en ese caso, una noticia falseada. El historiador Tony Judt lo explicaba así en Pensar el siglo XX (Taurus): "Los que entendieron correctamente el siglo tuvieron que ser capaces de imaginar un mundo para el que no existían precedentes. Tuvieron que suponer que esa situación insólita y a todas luces absurda estaba sucediendo en realidad, en lugar de dar por hecho, como todos los demás, que era grotescamente inimaginable".

Mensajeros del desastre

La historiadora francesa Annette Becker ha estudiado la influencia que la propaganda de la Primera Guerra Mundial tuvo en la Segunda. Las noticias falsas difundidas contra los alemanes entre 1914 y 1918, cuando se les acusaba de todo tipo de bestialidades con fines propagandísticos, tuvieron un efecto negativo en la percepción de las atrocidades que sí fueron cometidas entre 1939 y 1945, sobre todo en relación al Holocausto. Un ejemplo de ello fueron las dificultades que tuvieron para ser creídos los primeros agentes polacos que trajeron la noticia del exterminio de los judíos por parte de los nazis. En su libro Mensajeros del desastre (Messagers du désastre, Fayard), que acaba de salir en Francia, Becker relata la historia de Jan Karski, un héroe polaco que se jugó la vida para llevar la noticia del Holocausto a Londres. No le creyeron cuando informó a los aliados de lo que ocurría. Un alto oficial británico le explicó: "Señor, durante la Primera Guerra Mundial difundimos la propaganda de que soldados alemanes aplastaban a niños belgas contra los muros. Creo que hicimos bien. Nos ayudó a debilitar la moral del enemigo, a aumentar el odio contra los alemanes. Necesitamos informes como el suyo". Karski agregó: "Se notaba claramente que no me creía". De nuevo, una noticia verdadera era percibida como falsa.

Pero las reglas que intuyó Marc Bloch hace un siglo, que las noticias falsas necesitan una sociedad dispuesta a creerlas, comenzaron a aplicarse mucho antes de la era de la comunicación de masas, desde los creadores del pensamiento histórico, primero Heródoto y luego Tucídides. "La democracia ateniense tiene una especie de momento fundacional, de hito crucial, que en realidad fue una genial construcción narrativa", explica el helenista Óscar Martínez, profesor de griego, presidente de la delegación de Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y autor de Héroes que miran a los ojos de los dioses (Edaf).

"Se trata del ensalzamiento de los tiranicidas Harmodio y Aristogitón, quienes pasan por ser los fundadores heroicos de la democracia ya que asesinaron al tirano de Atenas. Pero cuando Heródoto y Tucídides narran este episodio se ve claramente que hay cosas que no casan: no mataron al tirano, sino a su hermano, y la tiranía duró cuatro años. Y ponen de manifiesto que las causas del magnicidio fueron más bien un asunto personal, incluso amoroso", prosigue Martínez. Con la voluntad de investigar —la palabra que emplea Heródoto es historie— nació la lucha contra las noticias falsas.

En la antigua Roma, los gobernantes eran muy conscientes de la importancia que tenía la información y de que era esencial adaptarla a sus necesidades políticas, independientemente de la realidad. "En Roma las noticias se transmitían fundamentalmente a través de las imágenes", explica el investigador Néstor F. Marqués, que publicó recientemente Un año en la antigua Roma: La vida cotidiana de los romanos a través de su calendario (Espasa). "No todo el mundo sabía leer o escribir, por lo que la información visual era muy importante. La forma más rápida de difundir la llegada de un nuevo emperador era acuñar monedas con su cara", prosigue. Y ahí encuentra Marqués un ejemplo de manual de noticia falsa: "El emperador Septimio Severo, nacido en Leptis Magna y que nada tenía que ver con su antecesor, el malogrado Cómodo, para legitimar su poder decidió extender la idea de que él mismo era el hermano perdido de Cómodo, hijo ilegítimo de Marco Aurelio y, por ello, la persona más idónea para ocupar el cargo. En las primeras monedas que acuñó hizo que le retrataran con unos rasgos muy parecidos a los de Marco Aurelio".

Noticias y juglares

También en la Edad Media las noticias se propagaban con sorprendente eficacia a pesar de que las condiciones materiales no acompañaban al movimiento informativo. Claude Gauvard, profesora emérita en La Sorbona, ha investigado las formas de transmisión de información en ese periodo: "Un caballo podía recorrer 30 kilómetros al día, pero el tiempo que tardaba en transmitirse una información podía acelerarse dependiendo del interés de la noticia", explica en un correo electrónico. Las órdenes mendicantes tenían un papel importante en la diseminación de información, al igual que los juglares, los peregrinos o los vagabundos, porque todos ellos recorrían grandes distancias. Las ciudades también tenían correos organizados y sellos para lacrar mensajes y tratar de certificar la veracidad de las misivas. Gracias a todo esto, la circulación de bulos era intensa y políticamente relevante. Gauvard pone como ejemplo de noticia falsa clásica medieval la historia del rey, conde o señor que desaparece en la batalla y que reaparece, anciano y transformado.

Un motivo para la construcción de noticias falsas en aquel periodo era tratar de explicar así la justificación de actos que, de otra forma, serían intolerables, como el magnicidio. "El duque de Borgoña, tras encargar en 1407 el asesinato del duque de Orleans, llevó a cabo una campaña epistolar: se dirigió a las ciudades del reino, a los príncipes, a la Iglesia, hasta al Papa. En ellas argumentaba que el duque de Orleans era un tirano, que intentó asesinar a la familia real", explica Gauvard, y cuenta que hubo muchos otros casos de campañas certeras de desinformación, que llegaron incluso a afectar a Juana de Arco. Pero la historiadora cree que el ejemplo más claro para demostrar la importancia que tuvieron las mentiras son las cazas de las brujas y las calumnias contra los judíos, auténticas campañas de desinformación con resultados catastróficos. "Pudieron ser movimientos populares, pero fueron manipulados por las autoridades", asegura.

En un libro de reciente aparición, Crimen e ilusión. El arte de la verdad en el Siglo de Oro (Marcial Pons), Felipe Pereda, profesor de arte español en la Universidad de Harvard, ha estudiado a fondo otro escandaloso y apasionante caso en el que la construcción de una noticia falsa tuvo implicaciones políticas. Ocurrió en el Madrid del siglo XVII, y es un ejemplo claro de persecución antisemita. "En 1632 se produjo un auto de fe en el que fueron quemados cuatro marranos (judíos conversos) portugueses y otros fueron enviados a galeras. Todos ellos eran acusados de haber profanado dos años antes un crucifijo. Las autoridades sostenían que el objeto se habría resistido a ser quemado y que incluso habría hablado a esas personas. Aquel fue uno de los grandes escándalos del primer Gobierno del conde-duque de Olivares, a quien se acusaba de favorecer a los banqueros marranos por encima de los genoveses", explica Pereda.

La persecución en la calle de las Infantas, donde vivían aquellos judíos, tuvo motivaciones políticas. Como explica el investigador del antisemitismo en España Uriel Macías, el eco de aquel caso fue tal que Calderón de la Barca escribió una obra, El nuevo palacio del Retiro, y Quevedo redactó un furibundo panfleto antisemita, Execración contra los judíos. En 1650, Quevedo también publicó La isla de los Monopantos, una obra en la que por primera vez se habla del complot judío universal para dominar el mundo, teoría que sería explotada a fondo por Los protocolos de los sabios de Sión, una de las grandes falsificaciones de la historia, que encontró amplia difusión a principales del siglo XX. Históricamente el antisemitismo ha sido un terreno fértil para plantar mentiras.

La Inquisición se aprovechaba y, al mismo tiempo, lo azuzaba. "En la inmensa mayoría de las leyendas antisemitas es fácilmente trazable cómo se forjan las mentiras", explica Macías, y relata que, tras el auto de fe de 1632, se convocaron concursos literarios sobre el tema y la Inquisición distribuyó panfletos anticristianos, presuntamente escritos por judíos, que habían sido falsificados de arriba abajo para agitar y convencer al pueblo. Aquel proceso contra los marranos no solo se basó en pruebas inventadas, sino que fue una chapuza jurídica: el único testigo era un niño menor de 10 años, con graves problemas cognitivos, algo en teoría inaceptable por la Inquisición, que se saltó sus propias normas.

Las casas de los judíos fueron destruidas y allí se erigió el convento de Capuchinos de la Paciencia de Cristo, con una capilla situada exactamente en el mismo espacio donde se produjo el imaginario sacrilegio. Se instalaron allí cuatro pinturas enormes realizadas por Francisco Rizi, Francisco Camilo, Andrés de Vargas y Francisco Hernández. "Los cuadros reconstruyen con documentadísimo cuidado la escena del crimen, describen los detalles de los sucesos, identifican a cada uno de sus protagonistas y, lo que es más importante, convierten a los espectadores en testigos de los hechos", escribe Pereda en su ensayo. El punto de vista es el del único testigo de la profanación. Tres de los cuadros se encuentran en depósito en el Museo del Prado, ya que la capilla se destruyó en el XIX. No hicieron falta entonces redes sociales para construir desde cero la mentira perfecta, para crear una realidad incontestable aunque falsa.

Otro ejemplo de la eficacia de la Inquisición en la diseminación de historias falsas es el caso del Santo Niño de La Guardia ocurrido en Toledo. Varios judíos y conversos fueron acusados de asesinar a un niño que nunca existió (y a pesar de ello, sigue siendo venerado en la actualidad). Políticamente este suceso inventado en 1490 tuvo un impacto formidable: fue uno de los pretextos para la expulsión en 1492. "Nunca se echó en falta ningún niño, ni se encontró ningún cuerpo", explica la historiadora Mercedes García-Arenal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Pero se montó un proceso con confesiones bajo tortura y varios judíos y judeosconversos fueron quemados. Este hecho sirvió para acallar las voces alzadas en contra de la Inquisición y para decretar la expulsión de los judíos",

El rédito político de las noticias falsas es grande, y lo fue mucho antes de Internet, pero siempre ha necesitado de un buen caldo de cultivo. Las mentiras que se cuelan y convencen a las masas no llegaron con las redes.

Guillermo Altares/El País

 

 
El mejor de los Kennedy

A las 00:10 del 5 de junio de 1968, dos balazos del calibre 22 abatían al senador por Nueva York Robert Kennedy. En la madrugada del día siguiente moría en la planta 5 del Hotel Buen Samaritano de Los Ángeles. Eran las 01:44 del 6 de junio. Hoy se cumplen 50 años. Fue enterrado junto a su hermano el presidente Kennedy en el cementerio militar de Arlington. Hubo una diferencia: Bob entró en Arlington sin pasar por el Despacho Oval, aunque horas antes se perfilaba como el gran favorito a ocuparlo. Hace unos días su asesino, un palestino jordano -no islámico- ha pedido por décimo tercera vez la libertad provisional. Como ha pasado desde el 69 hasta hoy (lleva en la cárcel 49 años, de ellos, 42 condenado a cadena perpetua), Sirhan B. Shirhan verá rechazada su petición. Incluso, como sucede esta vez, aunque sea el propio hijo del extinto Fiscal General (Robert F. Kennedy jr) quien ha llegado a la conclusión de que hubo conspiración, y hubo un segundo tirador que huyó. Si acudimos a las biografías más serias (Dan E. Moldea, Larry Tye, Jack Bohrer etc), esta afirmación es muy aventurada. Yo mismo escuché el audio grabado, hablé con un periodista amigo presente en el lugar del tiroteo, y analicé las declaraciones. Conclusión: en mi opinión, hubo un solo tirador, Shirhan B. Shirhan.

Por entonces, seguía de cerca su carrera hacia la Casa Blanca. Al enterarme de la noticia de su asesinato le escribí unas letras de pésame a su mujer Ethel, embarazada de su hijo número 11. Pasado un tiempo, tuvo la amabilidad de contestarme. Me agradecía mis letras y adjuntaba un recordatorio de la muerte. En él se lee una breve oración, compuesta por el propio Bobby adaptando un conocido pasaje del libro de Jeremías: "Me abandono, Dios mío, en tus brazos. Haz girar una y otra vez esta arcilla como barro en manos del alfarero".Con Robert Kennedy ha pasado lo contrario que su hermano John: así como el tiempo ha ido empequeñeciendo la figura del joven presidente, los iniciales perfiles ariscos de su hermano Bob han ido perdiendo aristas.

Efectivamente, pienso que en su caso nos encontramos con un supuesto claro de "identidad equivocada". Conocía palmo a palmo el mapa de la pobreza, de la incultura y de la infelicidad. De ahí su vigorosa defensa de la minoría negra, de los inmigrantes, de los miserables. Por eso se enfrentó también a Hoover, obligándole a colaborar a través del FBI en la efectiva aplicación de la legislación sobre derechos civiles. Preocupado por la brutalidad y las injusticias de toda guerra, se opuso a Johnson en la escalada vietnamita. Forzó en la crisis cubana el bloqueo naval, jugando fuerte ante el presidente y ganando por la mano a los halcones que pedían el bombardeo devastador sobre los misiles de Castro.Su propio hermano, el presidente Kennedy, admiraba en él: "En primer lugar su elevado nivel moral, su estricta ética personal. Es un puritano, absolutamente incorruptible. Luego tiene esa tremenda energía ejecutiva. Tenemos más gentes por aquí con ideas. El problema es cómo lograr que se hagan las cosas. Bobby es el mejor organizador que he visto nunca".

El asesinato de John en Dallas, no solo le deshizo emocionalmente. También le dejó en una situación imposible en el Gabinete de Johnson. Cuando éste era vicepresidente las relaciones entre ambos eran tirantes, entre otras cosas porque Bobby fue quien más se opuso a que su hermano lo nombrara para ese cargo. Solo una circunstancia podría retenerlo en el gobierno: que Johnson lo nominara como vicepresidente en el ticket electoral de la elección presidencial de noviembre de 1964. Pero el presidente, personalmente y con cierto sadismo, le comunicó su determinación de no seleccionarle para ese puesto. Dos días después, Bobby anunciaba su decisión de presentar su candidatura al Senado por Nueva York. Su contrincante republicano fue Kenneth Keating .

En la votación, Robert lo derrotó por más de 700.000 votos Durante los cuatro años que distaban de 1968 -fecha de las próximas elecciones presidenciales- su actividad senatorial estuvo flanqueada por tres preocupaciones: Vietnam (primero cauteloso ante la guerra, luego decididamente en contra), el liderazgo de los Kennedy (tomó sobre sus espaldas demostrar a la troupe Kenenedy -veintisiete en 1967, entre hijos y sobrinos- las virtudes que debía tener alguien con su apellido), y el lento madurar de la decisión de presentarse candidato a la presidencia en noviembre de 1968.

A diferencia de su hermano, que organizó con mucha antelación la campaña presidencial de 1960, la decisión final de Bobby de presentarse a la presidencia fue la suma de una serie de reflexiones que duraron años. Pero la aceleró el súbito empeoramiento de la guerra de Vietnam (en especial la ofensiva Tet de Vietnam del Norte) y la comprobación de la debilidad del presidente Johnson, derrotado en las primarias de New Hampshire por el demócrata Eugene McCarthy. De modo que el 16 de marzo de 1968 presentó su candidatura, que fue seguida de una especie de ofensiva relámpago sustentada por un equipo de gente especialmente competente y un candidato (el mismo Robert) con gran experiencia en el montaje de campañas a nivel nacional.

La batalla de las primarias -en la que contendía contra Hubert Humphrey, vicepresidente de Johnson, y Eugene McCarthy, senador por Minnesota, intelectual y católico- vio sucesivos triunfos de Kennedy en Indiana, Nebraska, Dakota del Sur y distrito de Columbia. La excepción fue Oregón, donde ganó McCarthy. La prueba definitiva era California. Voló de un lado para otro en el gran estado del Oeste, se hizo visible en todas partes y ganó el debate televisado contra McCarthy. Acabaría triunfando en California por un ajustado resultado de 46,3% frente al 41,8% de su adversario.

Hacia medianoche del dia 5 de junio bajó al salón de prensa del hotel Ambassador para hacer su primera declaración como ganador. En las cocinas del hotel -que atravesó para acortar- le esperaba un empleado con una pistola. Se llamaba Sirhan B. Sirhan. Allí acabó la carrera política del mejor de los Kennedy.

 

Rafael Navarro- Valls es catedrático, académico y analista de la Presidencia USA.

 
Periodismo en un país de incienso

Los griegos antiguos pensaban que la existencia humana constituía una tragedia insoportable. Para volver la vida más llevadera, inventaron el arte, en sus distintas manifestaciones sublimes, como la música, el teatro, la pintura o la escultura, que llegó a puntos mágicos, como la Venus de Milo. Observaron los astros e inventaron las ciencias. Aspiraron a ser felices o libres, que era lo mismo. Hicieron gimnasia. Narraron. Tomaron la posta a otras antiguas civilizaciones y narraron los hechos que envolvían la vida de los seres humanos.

Pienso que el primer periodista fue Homero. La Odisea y la Ilíada, en el fondo, son crónicas de viajes. Y son mucho más que eso: esos primeros reportajes o borradores de la historia que describían las civilizaciones, los gobiernos y los pueblos, las creencias y las manifestaciones culturales, su arquitectura y sus taras. El viaje de Ulises es, quizá, al menos a mi entender, la primera gran expedición periodística.

Pienso en Ulises mientras escribo esta columna, al menos 28 siglos después de la publicación de ese primer gran trabajo de corresponsalía y narración de hechos. Desde hace 20 días, pienso en Ulises y en el sentido de la espera: el reportero Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra partieron a una misión periodística, a Mataje, la zona caliente de la frontera colombo-ecuatoriana, la zona donde reina el terror del líder disidente de las FARC, alias Guacho. El 26 de marzo el reportero Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra fueron secuestrados. Días más tarde, el reportero Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra fueron cobardemente asesinados. Repito sus nombres, una y otra vez.

Repito sus nombres en mi intento por comprender qué fue lo que pasó. En mi intento de no olvidarlos. En mi intento de darle un sentido a estos días de terror. Yo conocí a Javier Ortega en la cobertura del caso Odebrecht, que llevó al hombre duro del entramado de corrupción en los Sectores Estratégicos, el exvicepresidente Jorge Glas, tras las rejas. Recuerdo haberme sentado junto a él en varias de las audiencias judiciales. Tengo la sensación de haber descubierto, en los pocos comentarios que cruzamos, su personalidad alegre, afable y generosa, así como en sus textos observé su rigor y ese periodismo instintivo que en él era natural como el sentido de la vista o el olfato.

Penélope espera durante 20 años el retorno de Ulises a Ítaca, en medio del desastre teje y desteje un sudario. Ecuador descubre, por boca del presidente Lenín Moreno, que Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra fueron asesinados y no volverán. Llego a mi casa. Veo mi rostro en el espejo y me pregunto si la imagen que aparece ante mis ojos es la de un periodista. Dicen, en mi país, que para ser periodista hay que tener un título universitario que lo acredite. Yo estudié Derecho. Me pregunto: ¿Qué es el periodismo? ¿Por qué me gusta tanto? Porque me gusta contar historias, me respondo, porque me gustan las palabras.

Escribo un reportaje que nunca imaginé: Presidente Lenín Moreno confirma el asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. Me duelen las palabras. Vienen imágenes a mi mente: yo tengo 21 años y estoy en la redacción de El Comercio y no concibo el mundo sin contar historias. Veo a Paúl Rivas, alegre, con su cámara. Otras imágenes. Tengo 26 años y trabajo como reportero de La Hora. Estoy con Guadalupe, la madre de Paúl Rivas, frente a las cámaras análogas que él exhibe en vitrinas al interior de su habitación. Le preguntó si Paúl es un buen hijo. Demasiado, me dice, demasiado buen hijo. Llora. Siento, en ese momento, que no voy a poder escribir esta historia, que no voy a poder poner en palabras la magnitud del horror. Quizá Javier Ortega podría escribir esta historia que yo no puedo.

Tomo aire. Me digo: pronto volverán, pronto volverán los periodistas. Pronto podré enseñarles los perfiles que en su ausencia redacté sobre ellos en La Hora, tratando de reconstruir sus vidas por medio de las palabras. Y las imágenes que de ellos conservan, muy adentro en la memoria, sus seres queridos. Llego a la casa de los hermanos Cristian y Patricio Segarra. Veo las fotos de Efraín y encuentro sus rasgos en los rostros de sus hijos. Pienso: a Paúl Rivas, que le gusta hacer retratos, le fascinaría encontrar la presencia palpitante de don Segarrita en los rostros de sus hijos. Es el ciclo de la vida. De nuestros padres venimos y hacia nuestros padres vamos. Paúl se hizo fotógrafo para seguir los pasos de su padre. Cristian y Patricio son gente buena, como su padre. Cristian de hecho, es periodista, como su padre que, como yo, no estudió periodismo pero no concibe la vida sin contar historias.

Tengo 21 años otra vez. Estoy en Ámsterdam y observo el autoretrato de Vincent Van Gogh. Pienso: las historias de nuestras vidas se narran en nuestros rostros. Recuerdo ese momento de catarsis años después en la Plaza de la Independencia de Quito. Horas antes el ministro César Navas, sin claridad ni valor, sugirió la muerte de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. Fue la rueda de prensa más dolorosa de mi vida y de la de muchos colegas reporteros y fotógrafos. Gritos. Llantos. Dolor. Hay en el castellano palabras que describen emociones, pero no totalmente. Horror. Fin. Muerte. Pensando en esas palabras llego al centro de Quito y al Palacio de Carondelet. Atravieso la pequeña multitud que llora y grita consignas en la plaza y en el suelo encuentro una pancarta, rodeada de velas, donde están los rostros de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. Repito sus nombres. En silencio. Ahora son silencio.

Siempre pensé que escribía porque me gustaba el silencio. Las palabras no son ruido. Las palabras son aquello que creó al mundo. Hágase la luz. Háganse los mares y los ríos. Hágase el periodismo para que los humanos tengan consciencia. Los rostros de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra ya no son palabras sino aquello que buscamos desesperadamente cuando invocamos las palabras. Aquello que queremos lograr cuando empezamos a narrar una historia. Aquellas imágenes que te marcan profundamente y te acompañan. Aquello que dolorosa e inevitablemente te da sentido. Da vitalidad a lo que haces. Me digo: escribiré historias con la pasión que a las palabras le ponía Javier Ortega. Nunca más haré periodismo sin pensar que Javier Ortega podría escribirlo o investigarlo mejor y que es mi obligación esforzarme, tener ese rigor y ese olfato periodístico que en sus textos admiré.

Ulises. Los griegos. La tragedia de la existencia humana. Las palabras. ¿Qué nos queda después de este desastre? Es algo que el periodismo no puede explicar. El miserable asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra es tan doloroso como un yaraví. Y tan silencioso. Pienso en los Andes. Javier Ortega dejó Valencia para hacer periodismo en los Andes. En 1946 César Dávila Andrade publicó su poema “Espacio, me has vencido”. Quizá la poesía puede explicar con palabras lo que nos sucede. Lo leo en voz alta. “Adiós canción antigua en la aldea de junio,/ tardes en las que todos, con los ojos cerrados/ viajaban silenciosos hacia un país de incienso”. ¿Hacia donde viajaron, Javier, Paúl y Efraín? La vida humana es una tragedia insoportable. Pero los antepasados contaron historias para hacer que la existencia sea soportable. Sea vivible, libre, alegre, como los rostros de la gente buena. Inventamos las palabras que dicen la verdad para que la humanidad no se desboque. Para que lloremos. Para no olvidar a los muertos y las causas atroces que se los llevaron. Para ser cada vez más humanos. ¿Qué es el periodismo? El periodismo es memoria.

Javier. Paúl. Segarrita. Hasta pronto.

Miguel Molina Díaz/elpais.com

 
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