Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Viernes, 24 noviembre 2017
Informe Especial


El periodismo según García Márquez

Gabriel García Márquez fue arduo y crítico defensor del oficio de periodista, y durante su vida reflexionó sobre su trascendencia en la sociedad y la importancia de la ética en la profesión: “La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor”.

Además de su vastísima carrera literaria, Gabriel García Márquez profesó un gran amor al oficio del periodista, que llegó a calificar como “el mejor del mundo”. Crítico y vigilante con la profesión, reflexionó con viveza sobre su salud y las claves para hacer un buen trabajo.

Les ofrecemos una selección de diez frases elegidas por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, que reproducimos a continuación:

Las 10 frases sobre el periodismo de García Márquez

“Mis padres durmieron tranquilos desde que les hice saber que en el periódico ganaba bastante para sobrevivir. No era cierto. El sueldo mensual de aprendiz no me alcanzaba para una semana”, (frase extraída de su autobiografía, Vivir para contarla).

“El periodismo es la profesión que más se parece al boxeo, con la ventaja de que siempre gana la máquina y la desventaja de que no se permite tirar la toalla”, (extraída de Textos costeños, 1992).

“El periodismo me ha ayudado a establecer un estrecho contacto con la vida y me ha enseñado a escribir. La obra creativa, de fantasía, ha dado valor literario a mis trabajos como periodista” (declaración realizada en los años setenta).

“La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor” (extraído del discurso “El mejor oficio del mundo”, pronunciado ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Los Ángeles, el 7 octubre de 1996).

“Los periódicos han priorizado el equipamiento material e industrial, pero han invertido muy poco en la formación de los periodistas. La calidad de la noticia se ha perdido por culpa de la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia” (entrevista concedida a Boris Muñoz para Radar, Nueva York).

“En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobre la enorme responsabilidad que tienen” (artículo para Semana de Colombia, 1989).

“Los directores del periódico colocan a los reporteros en la escala de los aprendices, y cuando de veras aprenden y su lenguaje deja de ser pobre, los asientan a arreglar el mundo en un escritorio, desde donde es más fácil llegar a ser diputado que escritor”. (declaración concedida a Miguel Fernández-Braso para Una conversación infinita, en 1968).

“Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad” (declaración concedida a Alex Grijelmo para El País en 1998).

“Cuando uno se aburre escribiendo, el lector se aburre leyendo” (declaración extraída de la entrevista anterior).

“La crónica es la novela de la realidad”. (entrevista en El Espectador, 1991).

 
¿Mordaza o ficción?

Hace muchos años que leemos a la China Tudela, el personaje creado por Rafo León para la revista Caretas. Una mujer adinerada, elegante, que solo se reúne con gente como ella. Racista, indecorosamente discriminadora y elemental en sus odios y pasiones políticas como sucede con muchas mujeres que podrían identificarse con estos rasgos negativos. La China Tudela ejerce con suficiente desenfado su total libertad de decir lo que se le antoja. En mucho de lo que dice representa lo que muchas mujeres no deben ser, muchas de sus opiniones no las asumiríamos ni en esta vida ni en otra. Algunas de sus críticas están llenas de supina ignorancia, de auto complacencia y de un supuesto refinamiento que nos hace ver las taras de la gente que tiene demasiado dinero, que es halagada por ello y se siente pagada de su suerte. La China Tudela puede hacernos reír por la habilidad de su creador que es el primero que acepta que su personaje puede no ser positivo.

Pero siendo su progenitor no piensa como ella ni es la misma persona así como el avaro Tío Rico Mc Pato, el ocioso Pato Donald o el habilidoso Ratón Mickey no son Walt Disney.

Su personaje es una cubierta para la sátira política que puede ser ofensiva o no, dependiendo de quién se sienta tocado por ella y de si tiene el suficiente equilibrio mental y emocional para distinguir un personaje de ficción de la realidad.

Pero no es ficción ni irrealidad el desmesurado ataque que el Presidente del Congreso, Luis Galarreta, ha propinado al humorista y a la revista Caretas que lo acoge. Haciendo coincidir el mundo del absurdo con la realidad concreta -sin reparar en la pequeña diferencia de pelear con un dibujo parlante que ha cobrado vida al convertirse en la carátula de respuesta de la revista- ha deslizado hasta un llamado a la agresión personal contra el autor de la parodia.

Defender a la mujer es una cosa y pelearse con un personaje de ficción trasladado irracionalmente a la realidad es otra. Rafo León pone censurable racismo en las líneas de la China Tudela, odio incivilizado y primario por ciertas personas con las que disiente, en este caso del fujimorismo. Pero no es su pensamiento como periodista, no se trata de un ensayo o de una columna que lleve su firma con lo que cree y sostiene. Es una sátira con rasgos humorísticos que pueden gustar a unos y disgustar a otros.

Caer en excesos en el humor político no es recomendable y aquí cabe la autoregulación. Pero es una tendencia que se ve en todo el mundo. Que no siempre es bien recibida como sucedió con el terrorismo islámico que no perdonó al parisino semanario Charlie Hebdo la burla del profeta Mahoma con el luctuoso resultado de la muerte de su director y de varios de sus periodistas en un atentado que movió la solidaridad del mundo entero.

Aquí nadie matará a nadie pero la violenta campaña contra Rafo León linda con el boicot, desde el poderoso fujimorismo, contra la revista Caretas. Y contra el mismo periodista a quien quisieran dejar sin trabajo y sin auspicios. El acoso a las empresas que respaldan su programa de turismo, que nada tiene que ver con la China Tudela, es inaceptable. Y lamentablemente no es fantasía, es presión concreta.

Todos los excesos son malignos y deben evitarse. Los que pueden afectar sensibilidades y los que quisieran limitar la absoluta libertad para la crítica que -como ha dicho Mario Vargas Llosa- durante muchos años el personaje de marras ha dirigido a la izquierda, a la derecha y al centro. A tenerlo en cuenta y pasar la página.

María del Pilar Tello

 
Fair Play’ (Lima, Perú)

Hay cosas más graves que el fútbol, pero no mientras sucede el partido, no una semana después. En Colombia, que es el ejemplo que pongo, esta semana ha continuado la historia de cómo ciertos magistrados de la Corte Suprema de Justicia vendían sus fallos a ciertos políticos corruptos, ha seguido creciendo el número de líderes sociales asesinados por quién sabe cuál paramilitarismo, ha avanzado esta campaña presidencial asediada por una derecha nacionalista que busca desesperadamente a un par de enemigos temibles –las FARC, Venezuela, “los guerrilleros disfrazados de campesinos”– que le den forma al populismo. Pero no ha querido parar la discusión sobre el supuesto pacto que hizo la selección colombiana con la selección peruana en el último partido de la Eliminatoria al Mundial del 2018.

Fue en Lima. Por eso es que hablan del “Pacto de Lima”: qué ocio. El partido iba 1 a 1 en el minuto 89 porque ningún equipo –sólo Brasil– logró ser superior o al menos ser el mismo equipo en la larga eliminatoria suramericana. Y, como ese resultado les servía a las dos selecciones para seguir su camino al Mundial –porque Chile, el rival más cercano en la tabla de clasificaciones, acababa de ser derrotado–, tanto Colombia como Perú se dedicaron a hacer jugadas inofensivas mientras el árbitro decretaba el final. Se vio mediocre, triste. Pero quienes han jugado fútbol alguna vez, quienes se han tomado el fútbol como su misa de domingo, no le vieron sordidez a la escena: eran un puñado de jugadores espantados, y agotados, que habían caído en cuenta de que aquel empate era más que suficiente, y ya

El periodista argentino Martín Liberman llevó al extremo la teoría de conspiración cuando se conoció la imagen de Falcao García, el corajudo capitán colombiano, secreteándose con los jugadores peruanos como recordándoles que con el 1 a 1 ganaban los dos equipos: “Esto de Falcao ensombrece su carrera porque es el actor intelectual del arreglo en la cancha”, dijo Liberman, y pidió que el caso fuera investigado por la FIFA. Y sonó desproporcionado, como todo lo de hoy, pero sobre todo sonó ridículo, pues si una institución ha perdido su autoridad en el mundo es la FIFA. Y si algo ha sido obvio en esta eliminatoria –que por algo se resolvió en el último minuto– ha sido el juego limpio que no se vio en las eliminatorias en las que Argentina empataba o perdía con Uruguay el último partido para dejar por fuera a Colombia.

Colombia es un equipo incierto sin mariscales ni genios: no es mejor ni es peor que las demás selecciones suramericanas. Pero hasta ahí llega el misterio.

La columnista cristiana Azucena Lizcano escribió, en el portal Las2orillas, una carta abierta titulada Falcao: has decepcionado a tu Dios y tu iglesia: “¿Cómo le explico a mi hijo que su ídolo es tan deshonesto que puede proponer pactar un empate?”, se preguntó. Pero cuestionar la ética del 9 colombiano, que no compró nada, es perder el tiempo valioso que podría emplearse preguntándose por qué –si la justicia gringa sí es implacable– no se conocen aún sentencias contra los veintitantos dirigentes que hace apenas dos años protagonizaron el obsceno caso de corrupción de la FIFA: ¿qué pasó con el expresidente Joseph Blatter?, ¿qué pasó con Luis Bedoya, la cabeza de la Federación Colombiana de Fútbol, que aceptó cargos?, ¿no aparecieron jamás las evidencias de que las sedes de los próximos mundiales fueron compradas?

Hay cosas más graves que el fútbol, pero quizás sea bueno seguir hablando de esos dirigentes caraduras que hacen lo que les viene en gana mientras las noticias nos crean la ilusión de que los únicos corruptos del mundo –los únicos tramposos que se escudan en los nacionalismos– son estos políticos.

Ricardo Silva Romero/elpais.com

 
Derechos indígenas no pasan del papel a la acción

Una década después de adoptada la histórica Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, estos todavía tienen por delante enormes desafíos, alertó un grupo de entidades especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Los Estados deben pasar de las palabras a la acción para terminar con la discriminación, la exclusión y la falta de protección, esto último se evidencia en el alto número de asesinatos de defensores de derechos humanos, reclamaron antes del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se conmemora este 9 de agosto.

El comunicado fue divulgado en conjunto por el presidente del Foro Permanente de la ONU para las Cuestiones Indígenas, el Mecanismo de Expertos de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas y la relatora especial de la ONU para los derechos de los pueblos indígenas.

“Ya pasaron 10 años desde que la Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el instrumento internacional más completo sobre derechos humanos de los pueblos indígenas”, recuerdan expertos y especialistas.

“La declaración, que llevó más de 20 años de negociaciones, es en la actualidad un modelo de progreso, un marco para la reconciliación y una referencia en materia de derechos”, reza el comunicado.

Pero una década después, tenemos que reconocer los grandes desafíos que quedan por delante. Las dificultades que afrontan en la actualidad son, en demasiados casos, luchas y violaciones más graves que las que sufrieron hace 10 años.

Los indígenas todavía soportan racismo, discriminación y un acceso desigual a servicios básicos, como atención médica y educación. Y en los casos en que hay datos, se ve claramente que siguen rezagados en muchos frentes, sufriendo un grado de pobreza desproporcionadamente elevado, menor esperanza de vida y peores resultados en materia educativa.

Los indígenas sufren dificultades particularmente graves por la pérdida de tierras y de derechos sobre los recursos, que son la base de sus estilos de vida y de sus identidades culturales.

Y las mujeres indígenas sufren una doble discriminación, por su condición de mujer y de indígena. Suelen quedar excluidas de los procesos de decisión y de derechos sobre la tierra, y muchas son víctimas de violencia.

Los especialistas piden a todos los estados que garanticen a las indígenas el pleno goce de sus derechos, tal como está consagrado en la declaración, y subrayan que sus derechos son una preocupación de todos.

El agravamiento de la situación de los derechos humanos en el mundo se hace patente en las condiciones laborales extremas y arriesgadas en las que trabajan los indígenas defensores de los derechos humanos.

Las personas y las comunidades que se atreven a defender los derechos indígenas son tildados de obstáculos para el progreso, fuerzas contra el desarrollo y, en algunos casos, enemigos del Estado o terroristas.

Incluso, los activistas indígenas arriesgan su vida. Hay datos que revelan que solo en 2016, unos 281 defensores de derechos humanos habrían sido asesinados en 25 países, más del doble de los que mataron en 2014. La mitad de ellos murieron defendiendo sus derechos a la tierra, al ambiente y a su cultura.

Urgimos a los Estados a proteger a los defensores de derechos humanos indígenas. Los delitos de los que son víctimas deben investigarse y procesarse debidamente, y los responsables comparecer ante la justicia.

Los indígenas se ven envueltos cada vez más en conflictos por sus tierras, recursos y derechos. La paz duradera exige que los Estados, con apoyo de la comunidad internacional, creen mecanismos de resolución de conflictos con la total y efectiva participación de los pueblos autóctonos, y en particular las mujeres.

Muchos países todavía no reconocen a los pueblos indígenas, y en particular, las mujeres y los jóvenes carecen de reconocimiento oficial y de participación política directa. Aun donde rige el Estado de derecho, todavía no se ha implementado totalmente la declaración de la ONU.

Ya es hora de reconocer y de fortalecer las formas de gobernanza y de representación propias de los indígenas para crear un diálogo constructivo y relacionarse con las autoridades nacionales e internacionales, funcionarios públicos y sector privado.

Es necesario alcanzar estándares mínimos para la supervivencia, el bienestar y la dignidad de los indígenas en todo el mundo, como quedó establecido en la declaración de la ONU.

Ese mínimo contempla el derecho a la identidad, a la lengua, a la salud, a la educación y a la auodeterminación, además del deber de los Estados de consultar y de cooperar con los pueblos indígenas para obtener el consentimiento previo, libre e informado antes de adoptar e implementar medidas que puedan afectarlos.

La declaración de la ONU representa cambios importantes, tanto en la estructura como en la práctica de la política mundial, y en los últimos 10 años hubo algunos cambios positivos en la situación de los pueblos indígenas, así como un mayor respeto por ellos en todo el mundo.

“Pero todavía nos queda mucho por hacer antes de que los indígenas puedan estar en pleno goce de sus derechos humanos, como lo expresa la declaración. Exhortamos a los Estados a achicar la brecha entre las palabras y las acciones y a actuar para lograr la equidad y el pleno goce de sus derechos para todas las personas de origen indígena”, reza el comunicado.

Esta es una columna de opinión de Mariam Wallet Aboubakrine, presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas, Albert K. Barume, presidente del Mecanismo de Expertos de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, y Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial para los derechos de los pueblos indígenas.

Por Mariam Wallet Aboubakrine, Albert K. Barume, y Victoria Tauli-Corpuz/ Traducido por Verónica Firme

 
“Le voy a contar una historia” sobre violencia de género en Perú

El grado de violencia de género en el ámbito familiar que existe en Perú es alarmante. No solo las estadísticas reflejan una práctica generalizada, sino que muchas peruanas tienden a aceptarla como “parte del matrimonio”.

Por ello, fue sorprendente y también comprensible que las clases sobre ese tipo de violencia en un centro de mujeres de la región de Cajamarca, estuviera siempre repletas de adolescentes y mujeres animadas.

“Muchas mujeres no protestan contra la violencia dentro del hogar porque no están tan educadas y no saben mucho”, señaló una de las participantes, y sus compañeras asintieron. “Sus esposos las insultan y les pegan, y las mujeres creen que es su culpa, que se merecen ese tipo de trato”, observó.

“Cuando la ve hablando con alguien, empieza a enojarse y ahí la golpea": Cecilia.

Cecilia, otra de las participantes, se mostró renuente a hablar, a pesar de que se había ofrecido, y bajó la mirada hacia su falda, tras lo cual su amiga Yolanda le preguntó: “¿Estás lista para hablar?”, y ella le respondió que no.

Al ser consultada sobre si ella o alguna conocida había sufrido violencia de género por sus parejas o familiares masculinos, los ojos de Yolanda inmediatamente se volvieron hacia Cecilia. “Muchas de mis amigas la sufrieron”, respondió.

Y al ser consultada sobre si algunas mujeres no cuestionaban la situación porque creían que era parte del matrimonio o de la cultura, Yolanda le susurró: “anda, dile, dile”, pero Cecilia no respondió.

En muchas familias peruanas, la educación de los hombres es prioritaria frente a la de las mujeres. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas concluyó que 56,3 por ciento de las mujeres consultadas en Perú habían llegado a la enseñanza secundaria, por debajo de 66,1 por ciento de los hombres.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, solo 6,3 por ciento de los hombres adultos son analfabetos, muy por debajo de 17,5 por ciento de las mujeres.

En muchos aspectos de la vida, el nivel de educación alcanzado representa una gran diferencia, pero en especial en lo que respecta a la violencia intrafamiliar.

Según un estudio de la estadounidense Universidad de Princeton, cuantos menos años de educación formal, más probabilidades tienen ellas de sufrir abusos en el ámbito doméstico: 42,04 por ciento de las mujeres no escolarizadas y 42,8 de las que había hecho la enseñanza primaria habrían sufrido violencia, muy por encima de 28,93 por ciento de las que llegaron a la enseñanza terciaria o más.

“Las madres enseñan a sus hijos varones a no hacer el trabajo de las mujeres, que no cocinen ni limpien; ese es el trabajo de las mujeres”, comentó otras de las participantes. “Si ellas no cocinan ni hacen las tareas domésticas, entonces las agreden. No pueden salir de la situación porque no tienen formación, no tienen recursos”,

Las participantes se dividían en dos grupos, las que llevaban pantalones vaqueros y camisetas sin mangas y las que preferían las largas faldas tradicionales, camisas y cárdiganes. Algunas eran tímidas, y otras no.

Las que condenaban abiertamente la cultura machista y sermoneaban a las otras sobre la importancia de casarse con su mejor amigo, lucían mallas ceñidas a las piernas, mientras que las que llevaban trenzas hasta la cintura y botines permanecían calladas.

La antigua cultura tradicional convive en Perú con un estilo de vida contemporáneo. Muchas personas manejan automóviles, tienen teléfonos móviles y visten ropa actual, pero es en el estilo de vida rural vigente donde se enmarca y se arraiga la cultura patriarcal.

La violencia contra las mujeres dentro de sus hogares prevalece entre las campesinas debido a su propensión a tolerarla.

“Es aun peor en las áreas rurales”, subrayó. “Se espera que se queden en la casa y nada más”, apuntó.

“Las mujeres de afuera (de la capital) son calladas. No hablan ni dicen nada. Las criaron en esa casa. Su padre golpea a su madre, y cuando se casan, las golpearán. Lo ven como normal”, explicó.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la violencia física en el ambiente doméstico, a diferencia del emocional, sexual o verbal, es “mucho más frecuente entre mujeres de bajos recursos económicos” en Perú.

Y la Organización Mundial de la Salud señala que la prevalencia de la violencia física de parte de la pareja asciende a 50 por ciento en las ciudades, a diferencia de 62 por ciento en las áreas rurales, donde a menudo la violencia doméstica resulta fatal, lo que ocurre mucho más que en otros países.

Según el diario peruano La República, hubo 365 feminicidos en los últimos cuatro años, con 174 intentos fallidos.

Para peor, la justicia se ha mostrado indulgente a la hora de castigar a los responsables, pues casi la mitad de los condenados recibieron menos de 15 años de prisión y dos, menos de siete, eso en los pocos casos procesados, que solo fueron 84.

Tras mirar de a ratos a Yolanda hablar, y visiblemente en reacción a una de sus respuestas, Cecilia se animó a responder. Al ser consultada si conocía historias de violencia doméstica, volvió a mirar para abajo en silencio y asintió.

“Sí, podría contarles una historia”, ofreció, y relató lo que le había pasado a una integrante de su familia que casualmente tenía su misma edad, 29 años.

“Se comprometió con ese hombre. Siempre le dice que la ama y que la quieren todo el tiempo”, relató. “Y siempre diciéndole cuánto la quiere y que está dispuesto a darle todo, ¿no? Pero en realidad, puedo ver que eso no es bueno”, reconoció.

“Cuando le dice que la necesita, ella va y está con él. Pero ella está sola. Él le dice que la quiere tanto que no quiere que trabaje y que solo tiene que dedicarse a su hija. Ella tiene una niña y por eso no puede trabajar”, prosiguió Cecilia.

“A cada rato suena el teléfono y le pregunta ‘¿dónde estás?’ ‘¿qué estás haciendo?’ ‘¿con quién estás?’ y la va a buscar”, añadió.

“Él la obliga a quedarse. Ella trata de irse, pero él está siempre ahí, siempre detrás de ella, escuchando y esperándola”, detalló.

“Cuando la ve hablando con alguien, empieza a enojarse y ahí la golpea. Ella trata de escapar, pero él la obliga, porque en este momento vive más con miedo, teme que vaya a matarla si fuera a tener otra pareja”, acotó.

La renuencia de Cecilia a hablar, independientemente de que hablara realmente de un familiar, dice mucho sobre su situación y sobre la de todas las mujeres víctimas de la cultura machista imperante en Perú.

Es muy difícil hacer frente a un asunto que está tan vinculado a la historia, la economía y la política que hacen que siga existiendo una cultura rural anacrónica.

La educación que reciben en clases como la del centro de mujeres, es un comienzo necesario, pero solo si se acompaña con empoderamiento, para que mujeres como Cecilia sepan que no tienen que tener miedo de contar sus historias.

Por Andrea Vale / Traducido por Verónica Firme

 
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